En memoria de Armando Bauleo
 
                                                                                           Loredana Boscolo

 

                                                                                                         No se es rico en conocimiento
                                                                                                         por el simple hecho de poseerlo
                                                                                                         sino esencialmente por el modo
                                                                                                  en que se está en grado de aplicarlo
                          
                                                                                                                                       Prof. Bauleo
 
           
            ¡Todo es demasiado “irreal”!  La vívida presencia intelectual y afectiva de Armando, ha iluminado mi camino personal y profesional desde los inicios de los años ochenta, problematizándolo y enriqueciéndolo.  Los recuerdos se confunden entre pasado y presente.  La pérdida, como sabemos, aun cuando tal vez lo neguemos, necesita de un tiempo para elaborar las emociones, las vicisitudes de las relaciones y las diversas identificaciones que nos han atravesado.
 
            Se necesita tiempo-espacio para ordenar y sistematizar los pensamientos, para poner palabras al dolor causado por el profundo vacío que él ha dejado.
 
            Permanece su Viva Presencia en las ideas que nos ha transmitido con gran entusiasmo, generosidad y pasión: el desarrollo de la teoría sobre los grupos, la investigación original sobre psicoanálisis y grupalidad, la capacidad para comprender psicoanalíticamente los fenómenos grupales.
 
            Con esta trayectoria ha contribuido a equiparnos con un sólido “aparato mental y social” para la comprensión de la grupalidad.
            La vida cotidiana es estudiada como lugar en la cual se manifiesta y se esconde la complejidad y el conjunto de las relaciones, que determinan el emerger y desarrollan la subjetividad como fenómeno histórico y social.

 

            Desde el comienzo me apasionó su visión dialéctica de la relación hombre-contexto, su capacidad de análisis y de observación de los sujetos, insertos en sus condiciones concretas de existencia. Rompe con una ideología individualista y un pensamiento  reduccionista de tipo causa-efecto, afirmando que “siempre hay una multi-causalidad que provoca un efecto”.
            Encontré un Hombre y un Maestro con una valiente coherencia entre pensamiento y acción, entre teoría y práctica.
            Un intelectual orgánico, en el sentido gramsciano del término, que utilizaba la interrogación como método y la aplicaba en una praxis continua: acción-teoría-acción.
 
            La transmisión de una concepción vincular ha sido uno de los mayores empeños en la elaboración y desarrollo de la concepción operativa de grupo, ya sea en la aplicación al campo clínico como en el ámbito institucional.
 
            El vínculo es lo central de cualquier sujeto. Estamos siempre inmersos en una situación vincular. A partir de la situación vincular ligaba y entraba en la problemática de la complejidad. El decía que entrar en la complejidad significa e implica “geometrizar la comprensión”. Siempre, en el vínculo con el paciente está implicado el operador o el profesional.
 
            Es el vínculo el que complica la relación entre sujeto y objeto, entre quien observa y quien es observado: “los cuadros nosográficos no son externos y “objetivos”, sino que en su configuración vincular siempre implican a quien los observa. La diagnosis y el pronóstico dependen siempre de quien los observa”.
 
            Insistía mucho sobre la formación, el estudio y la aplicación de los dispositivos y de las teorías, con la actitud del investigador.
 
            Ponía en guardia sobre las dificultades que se encuentran en el campo laboral al aplicar una teoría de grupo, y señalaba que la dificultad estaba sobre todo “en el hecho que las personas tienen una experiencia de grupo desde el nacimiento, por esto se confunde la experiencia de grupo con la teoría de grupo”.
 
            Esta confusión no es menor, porque lleva a pensar que los profesionales pueden hacer un grupo de prevención o terapéutico sin estar formados.
            Ponía la atención sobre la contratransferencia como elemento de análisis y revisión contínuos.
            La contratransferencia no es la pura reacción afectiva del terapeuta ante ciertos contenidos contados por el analizante, sino que a estos se le agregan otros elementos: “ en estos momentos se dice que el coordinador de grupo ritualiza(conciente e inconscientemente), ante una estructura grupal, sus “viejas experiencias grupales”, desde la familia de origen hasta los grupos contemporáneos. Con esto agregamos que se ponen en movimiento los núcleos de teoría que utilizamos en cada intervención”.
 
            Profundiza (y articula en gran medida respecto de Bleger) la distinción entre psicólogo en la institución y psicólogo de la institución, afirmando que es sólo una distinción de tipo operativo-funcional con el fin de partir de un lugar. Son tan solo fronteras acordadas por convención. “No hay una geografía delimitada para el mar y para la montaña”.
            El “lugar intermedio” entre psicólogo en la o de la institución, lo ocupan las reflexiones sobre el setting o encuadre realizadas por Winnicott, Bion, Jacques y Bleger.
“El setting no es tan solo la formalidad de base para el desarrollo de un trabajo formal, sino que deben tenerse en cuenta los niveles de las fantasías que funcionan y son depositadas en el encuadre”
 
            Su mayor contribución en el estudio sobre la producción de subjetividad a partir de la teoría de los grupos, ha sido el de poner en evidencia la centralidad de los vínculos y no sólo de los sujetos: “No se puede negar que la subjetividad está construida sobre los vínculos, sobre las ligazones y sobre la noción de tarea”.
 
            En el último período pudimos discutir acerca de la dificultad del trabajo con las familias, la importancia “de reconocer los vínculos que están en juego y no los individuos”.  ,El individuo puede ser tan sólo el emergente, el producto y el resultado de esos vínculos.
            Actualmente se sigue trabajando sobre la noción de emergente como una de las nociones teóricas de base de la concepción operativa de grupo. La noción de emergente amplía el “campo de observación” y pone una interrogante sobre la relación entre usuario, grupo familiar y contexto de vida.
 
            Los síntomas y la enfermedad son analizados e interpretados en los movimientos vinculares del grupo familiar, operando una distinción con la teoría sistémica del paciente designado. “No siempre el emergente es el paciente”.  El paciente de nuestro esquema de referencia es “el emergente dado”, luego deberemos buscar el emergente en los movimientos vinculares latentes y en la estructura grupal. El emergente también nos sirve para ver qué le sucede al terapeuta y al coordinador en el aquí y ahora grupal.
 
            Es importante la búsqueda de los instrumentos para entrar en este campo complejo, sin complicidad con el paciente. Lo que aprendemos de la experiencia debemos transformarlo en un “instrumento de trabajo”, para no quedar entrampados en la repetición o en el estereotipo. “El estereotipo es el enemigo central, debemos matarlo o él nos mata”.
 
            Seguiremos trabajando con una atención fluctuante para que, como diría Bauleo:
“una repetición no sea un círculo vicioso como del que habla Nietzsche, sino que sea una repetición que se transforme en una reproducción que evoluciona hacia una situación de mejoramiento.
            Una espiral dialéctica que retrocede de nuevo para luego adelantarse en el futuro.
 
13-10-2008

 

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