- La
interrogación como método
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“Nuestra meta es la interrogación como
método, nunca la respuesta. La respuesta pertenece a cada uno”
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La interrogación como método: palabras
prestadas de Armando Bauleo, el maestro que me enseñó a
interrogarme, a huir de certezas que obstaculizan el
cuestionamiento, que me permitió acercarme a un pensamiento
dialéctico en lucha con el estereotipo, y a encontrarme con una
Psicología Social que trata de sacar a las ciencias sociales de un
neutralismo y desvelar la ideología subyacente.
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Tal como él nos dice, “con el término
contraideología tratamos de señalar la intención de elaborar una
técnica a partir de los supuestos de lucha con la ideología
dominante, es decir, que la ideología esté explicitada en nuestra
misma practica científica, y sea contraria a la que impone la clase
en el poder”. (1)
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Y así, acompañándome de sus palabras, sus textos,
iré haciendo un breve recorrido por su pensamiento y
conceptualizaciones.
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No me ha resultado nada fácil esta tarea; quizás
por el deseo de poder continuar un diálogo con su pensamiento y con
lo que de él aprendí. Será entonces un diálogo a través de sus
textos, sus libros, los recuerdos que permanecen en mí de sus
enseñanzas, de su afecto, los momentos pasados juntos, los
encuentros y desencuentros, a los que recurro para reencontrarme de
nuevo con él. Un diálogo interno, que se reactuliza y confronta en
la lectura.
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No pretendo abarcar todo su desarrollo conceptual.
Rastreando en sus libros, una vez más he encontrado de nuevo que su
producción intelectual fue amplísima, y su esfuerzo por transmitir
sus acercamientos científicos a los grupos, una tarea incansable.
Una y otra vez el grupo es fuente y fin de sus producciones.
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Todavía hay en mí mucha tristeza, y apenas puedo, no
sin dolor, recordar el tiempo pasado junto a él y sus enseñanzas.
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Nos conocimos hace 30 años, con él
inicié un camino, en mi proceso de formación en psicología social,
en psicoanálisis en mi aprendizaje y mi profesión. Armando estaba
siempre ahí, con diálogos reales e imaginarios, que me confrontaban
con mi posición en la clínica, tanto en los ámbitos institucionales
como en mis encuentros con los grupos.
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Entonces con la tristeza y el dolor de
saber que ya no podré escucharle, acudo a sus textos a sus
publicaciones, para volver a dialogar con este amplio pensamiento y
conceptualizaciones que nos ha dejado, para sentirme más acompañada
en esa búsqueda permanente que él impulsó.
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Tengo muchos recuerdos del día que le
conocí. En alguna ocasión, se preguntaba acerca de los efectos que
tendría la introducción de la Psicología Social en una España que
apenas salía del franquismo; y se respondía que la historia y
“otros” en el futuro, tendrían que responder a cuales fueron estos
efectos.
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En mí y seguramente en otros
compañeros, supuso el abrirnos a un campo de posibilidades, y a una
inquietante curiosidad hacia el conocimiento del psicoanálisis, la
psicología social y los grupos.
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Recuerdo que uno de los trabajos que nos
invitó a leer era la “Ideología Alemana” de Marx, y el “Estudio de
la familia” de Engels.
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Seguramente nos interpretó.
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Con Armando mi acercamiento al psicoanálisis fue a
través de la Psicología Social y los grupos.
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Una Psicología Social que, como él nos
dice en “Actualidad del grupo operativo”, “se encarga de estudiar
los intercambios existentes entre estructura social y organización
psíquica de los sujetos, un estudio recortado de la subjetividad
surgida en un momento histórico-social y económico. El contexto
proporciona las condiciones de posibilidad que promueven la
aparición de la subjetividad”; y continua, “los grupos aparecen como
situación colectiva trabajada en forma colectiva”. (2)
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Fue un enemigo de los saberes
tecnicistas que ahogan el conocimiento, y sitúan al sujeto fuera de
cualquier realidad y contexto social.
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Su pensamiento y desarrollos teóricos
para construir un cuerpo nocional sobre los grupos ha sido un
empeño continuado a través de todos sus libros y artículos: “Notas
acerca de una psicología social”, “Problemas de Psicología grupal
(el grupo operativo-productivo)” “Notas para la conceptualización
sobre grupos”, “Psicología social y grupo”, “Concepción operativa de
grupo y psiquiatría” “El área de lo grupal”, “Un grupo”. Estos
títulos y sus contenidos dan cuenta de su empeño en trabajar y
reelaborar cada cierto tiempo las problemáticas e interrogantes que
se nos abren en este campo conceptual, Armando arma un cuerpo
nocional propio. Acompañándose, acercándose, y dialogando con Pichon-Rivière,
José Bleger, Bion,
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Winnicott, entre otros.
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En todos sus textos, observamos un
incesante diálogo con autores, y con pensamientos a los que se
acerca, incorpora, discute, y le acompañan en sus
conceptualizaciones.
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“mas allá de toda cuestión teórica,
siempre emerge una prioridad, la clínica como campo inicial de
observación e investigación”. “los casos clínicos demandan la
complementariedad y no un juego arbitrario de comunicación
disciplinar”(3).
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Son textos en los que podemos seguir su
pensamiento y el recorrido de su cuerpo nocional, y siempre vuelve
una y otra vez al grupo y a la psicología social. Con una posición
de apertura y de interrogantes, nos invita a compartir, a repensar,
a crear con él las nociones, los conceptos, el pensamiento grupal.
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En estos escritos, como en casi toda su
producción, intenta producir en el lector un aprendizaje. No busca
saberes estáticos, ni verdades encerradas en si mismas; son
interrogantes, aperturas del pensamiento. Me atrevería a insinuar
que son interpretaciones a las resistencias y obstáculos que él
encontraba en la comprensión e incorporación de un pensamiento
acerca de la grupalidad.
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Y siempre acompañándose del hacer clínico, de la
intervención en el campo y sobre el objeto de estudio, como nos dice
en “Psicoanálisis Operativo”: “El método clínico, que siempre
brinda, a través de la observación-diagnóstico de
situación-intervención (interpretación), ciertos ritmo de
elaboración útil frente a campos a veces totalmente novedosos”. (4)
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Su pensamiento dialéctico nos va
empujando a acompañarlo en sus escritos. Se interrogaba con
frecuencia sobre la transmisión de conocimientos, y hace suyo en
cada uno de sus textos, lo que Bleger apuntaba: “pensar equivale a
abandonar un marco de seguridad y verse lanzado a una corriente de
posibilidades” (5)
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Así cuando nos acercamos a sus textos y tenemos la
ilusión de aprehender y asir las ideas que va desgranando, nos abre
un nuevo interrogante. Cuando creíamos haber entendido y recortado
el objeto de estudio, provoca otro movimiento. Su pensamiento
dialéctico se impone una y otra vez, abriendo nuevos interrogantes y
nuevos cuestionamientos; nos da poca tregua, somos invitados a
repensar, a volver sobre lo conocido.
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La transmisión del cuerpo teórico de la
concepción operativa de grupo que tanto le preocupaba, nos coloca a
los lectores en sujetos activos que tienen que producir un nuevo
conocimiento. No cierra los conocimientos y saberes, nos empuja a
construir.
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Ese lugar de incompletud que transita en sus
escritos, es una provocación para salir de la búsqueda de certezas y
verdades que calmen nuestra ansiedad.
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A Armando le apasionaba la didáctica grupal.
Consideraba que el aprendizaje debiera tener un carácter
instrumental y operativo. Rehuye de un pensamiento idealista y no
abandona la vieja noción de Marx sobre la praxis, como una necesidad
de transformar la realidad y no quedarse en el mundo ilusorio de las
ideas.
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El aprendizaje grupal, nos dirá, posibilita que la
información sea transformada en una acción sobre el campo de
conocimiento, y esta acción transforma de nuevo dicho conocimiento.
El aprendizaje grupal no es aprender en grupo, el aprendizaje es una
producción.
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Se trata de construir un ECRO. Los
integrantes del grupo traen inicialmente su esquema de referencia; a
través de ese diálogo entre el sujeto y su realidad, que va a ser
provocado por el proceso grupal, podrá ir construyendo instrumentos
de indagación que le permitan operar.
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Información, emoción, producción,
atraviesan sus enseñanzas y sus textos.
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Su pensamiento, sus desarrollos teóricos y su
posición ideológica, marcada por el marxismo y el compromiso con
realidades sociales y políticas dictatoriales, se hacen más
necesarios en la situación social actual, así como en el marco de
una ciencia que persigue negar los contextos y, por tanto, negar la
producción social de la enfermedad.
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Estamos en un momento social, y político
y científico, donde se deslizan ideologías que persiguen silenciar
lo que con tanto entusiasmo Armando nos transmitió.
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El pensar, los espacios de escucha y de
palabra, se van arrinconando a favor de una ideología donde la
eficacia y los saberes sancionados institucionalmente, nos atrapan y
se configuran como instrumentos para la acción social y terapéutica,
donde la interrogación no tiene espacio.
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Es ahora el momento de volver a
escucharle preguntarse acerca de “cómo salimos de las opciones
institucionales del pensar, del accionar, del sentir”, y “de qué
manera se puede aprender a pensar distintas situaciones cuyos
caminos están fijados de antemano”. (6)
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Y nos apunta algunas ideas: “si no se
ubican espacios sociales para llevar a cabo experiencias
alternativas, lo expresado en los discursos tendentes a ciertos
cambios en las estructuras sociales queda circunscrito a enunciados
ideológicos de buena voluntad sin implementación practica”, y añade,
“el grupo puede desempeñar el papel de una especie de organizador
social de espacios de experiencia, son lugares sociales posibles
para la experiencia ya que aparecen como un momento práctico para
ejecutar y elaborar un pensamiento de cambio”. (7)
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No dejó de señalar que el psicoanálisis y el
marxismo nos han enseñado que la experiencia es fuente y fin del
conocimiento. Son por tanto puntos de partida, posiciones teóricas,
presentes en todos sus desarrollos sobre los grupos. Estas
disciplinas le ayudarán a repensar los hechos, los fenómenos
psicosociales y la salud mental.
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Armando no abandonó nunca el pensamiento
psicoanalítico. Desde esta persistencia avisaba de la banalización
del pensamiento sobre lo grupal y la grupalidad, si ésta se
constituye en una mera técnica y abandona el psicoanálisis y la
psicología social como fuente y trasfondo de la grupalidad.
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No necesitaba ninguna ruptura con este pensamiento,
porque lo grupal, como él decía, estaba en el pensamiento de Freud.
No hay discurso sobre lo grupal, sobre la intersubjetividad, sobre
lo vincular que no esté intrínsecamente ligado al pensamiento
psicoanalítico.
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Nos sigue diciendo que en la “investigación clínica
se abre un campo múltiple y complejo cuando pasamos del dispositivo
tradicional analítico y ensayamos entender psicoanalíticamente otros
objetos o casos que ya se han instalados en la práctica clínica
cotidiana”. (8)
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Su posición fue crítica con las instituciones
psicoanaliticas y con un psicoanálisis que no quiere dar cuenta de
lo que Armando llamó nuevos objetos de la clínica y que hoy son
realidades con las que tenemos que trabajar en el campo de la salud
mental. Esos nuevos objetos son hoy los que nos obligan a repensar
la enfermedad, la intervención clínica, la curación.
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Desde esta posición crítica recorre el pensamiento
psicoanalítico, acompañándose de Ferenzci, Abraham, Fairbain,
Winnicott, Bion, Searles, y de tantos otros, para señalar que no es
posible un pensamiento psicoanalítico que no de cuenta de lo
colectivo, de la producción social, de la subjetividad.
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Nos dice que "estos cuerpos nocionales son el
trasfondo para comenzar nuevas espirales dialécticas de pensamiento
sobre los procesos del enfermarse y del tratamiento, las cuestiones
entorno a la comunicación, las problemáticas de la formación y de la
transmisión”. (9)
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Hay que repensar, nos insiste en el proceso de
enfermedad y de curación. Toma a Pichon-Rivière y la noción de
vínculo para, ampliándola y complejizándola, cuestionar e
interrogarse acerca de las posibilidades de repensar la
psicopatología. Consideraba que a partir de la teoría del vínculo se
da un movimiento de descentramiento de la psicopatología
tradicional. La idea central de una grupalidad de la que emerge el
individuo, provoca otra mirada sobre los cuadros clínicos.
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Se planteaba que debíamos volver a revisar y a
realizar de nuevo una lectura de la noción de Enfermedad Única de
Pichon-Rivière.
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En el artículo “Concepción Operativa de Grupo y
Psiquiatría”, texto que sugiero volver sobre él, señala que en la
evolución de un cuadro clínico depende de factores como la
subjetividad y la presencia del terapeuta, y necesariamente va a
llevar a modificar las intervenciones terapéuticas. “Los
tratamientos como los aprendizajes serían efectos del grupo”, así
“los grupos emergen como soporte natural del dispositivo intermedio
entre la institución y la comunidad”. (10)
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Nos recuerda que los grupos operativos nacen dentro
del sistema psiquiátrico y tienen un lugar en la elaboración de un
campo conceptual que implica otros enfoques de la psicopatología.
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En este mismo texto sigue diciendo: “desde su
nacimiento los grupos operativos no fueron sólo una cuestión de otra
técnica de psicoterapia, sino también otra comprensión de diferentes
problemáticas psiquiátricas, proceso de enfermarse, proceso de
tratamiento, el paciente como emergente de una situación grupal,
grupo externo, grupo interno, la noción de tarea, aprendizaje. En la
base de estas ideas esta la noción de vínculo”. (11)
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Armando repite una y otra vez en sus textos, que la
noción de grupo no es una técnica más, que es un modelo de entender
los procesos de enfermedad, tratamiento, comunicación y aprendizaje.
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En sus artículos realiza una elaboración exhaustiva
sobre la noción de tarea, emergente, resistencia al cambio,
contratransferencia, latencia grupal y grupo interno. El grupo se
nos presenta como un objeto que permite observar estas nociones, y
dar cuenta de la producción social de la subjetividad.
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El punto de mira instrumental para operar en el
campo es la intersubjetividad, ese diálogo entre lo intersubjetivo y
la intrasubjetivo.
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Así el campo se va ampliando y la clínica pasa a ser
mirada desde la perspectiva de la clínica grupal. Añadiendo, de esta
forma, otro movimiento, otra complejidad.
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Su libro “La clínica grupal y la clínica
institucional” es otro momento donde da forma a la Psicología
Social, ahora preguntándonos por nuestras prácticas y nuestra
inserción institucional. Son artículos, escritos junto a Marta de
Brassi, que abren un campo para repensar la clínica grupal.
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Ahora el contexto son las instituciones y los
profesionales, los interrogantes son acerca de la creación de
espacios instituyentes y de cómo “la implicación lleva a cuestiones
cada vez mas íntimas, en tanto el encargo psico-social nos lleva a
cuestiones cada vez mas políticas” (12)
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Desde la perspectiva de la clínica grupal, nos
señala que cada “intervención terapéutica reorganiza nuestro grupo
de pertenencia y de referencia. Es el lugar de las intersecciones de
historias individuales, grupal e institucionales” (13)
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Y en estos textos al igual que introduce en
“Psicoanálisis y grupalidad”, trabaja uno de los ejes centrales para
Armando, tanto en la clínica como en la formación y en la
transmisión de los modelos conceptuales: la contratransferencia. “La
estructura y consistencia del grupo interno del terapeuta son los
factores que posibilitan una lectura del grupo actual. Por tanto
aquello que se ha tejido en sus análisis y en su formación teórica y
en grupo”. (14)
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“La contratransferencia se configura en la
formación, se reafirma en la supervisión, y se confronta en el
ejercicio cotidiano de la práctica, así como en la comunicación
entre colegas”(15)
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Hay muchas más inquietudes, e investigaciones que
encontramos, si seguimos su rastro, en sus libros y artículos. Entre
ellas, su preocupación constante por continuar el desarrollo de los
grupos, del psicoanálisis operativo. Sobre lo cual, de alguna forma,
nos hizo un encargo: cómo continuar el desarrollo de este modelo;
junto al problema de la transmisión. Sin olvidar que el cuerpo
nocional se organiza a partir de las necesidades del campo de
intervención; respecto a lo cual insistía en que en una Concepción
sobre lo grupal, es necesario incorporar los aprendizajes que nos
proporcionan las prácticas.
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Con este interés se organiza el Centro Internacional
de Investigación en Psicología Social y Grupal y años más tade, la
Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica (APOP), como
espacios que posibilitaban el crecimiento y desarrollo de la
Concepción operativa de grupo.
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Finalizo, de nuevo, con sus palabras:
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“Nosotros sostenemos que somos mas científicos
cuanto más podemos aplicar a nosotros mismos y a la ciencia nuestros
conocimientos, sobre todo allí donde nuestra inserción ideológica
puede aparentar una cosa y ser otra.”
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“Nuestra función será siempre la crítica, el
levantar resistencias, señalar lo reprimido y hacer consciente lo
inconsciente. Interpretaremos y denunciaremos si lo creemos
necesario en el campo individual y social.” (16)
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BIBLIOGRAFÍA
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A. Bauleo. Contrainstitución y grupos. Ed. Atuel,
2ª edición, Buenos Aires, 1989
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A. Bauleo. “Sobre la actualidad en grupo operativo”
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A. Bauleo, S, Alvano. Avatares de la clínica Un
proyecto de complementariedad entre neurociencias y Psicoanálisis.
Ed. Mediciencia s.a, Buenos Aires 2004
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A. Bauleo, A. Montserrat, F. Suárez. Psicoanálisis
operativo. A propósito de la grupalidad. Ed. Atuel, Buenos Aires
2004
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J. Bleger. Temas de psicología (la entrevista y el
grupo). Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1977
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A. Bauleo. Contrainstitución y Grupo. Ed. Atuel, 2ª
edición, Buenos Aires, 1988
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Baremblitt, Bauleo, De Brasi, Frydlewsky, Pavlovsky,
Saidon. Lo Grupal. Ed. Busqueda, Buenos Aires 1983
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A. Bauleo. Psicoanálisis y Grupalidad. Reflexiones
acerca de los nuevos objetos del psicoanálisis. Ed. Paidós, Buenos
Aires 1977
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(9) (10) (11) A. Bauleo, JC Duro, R. Vignale
(compiladores). La Concepción Operativa de Grupo. Ed. Asociación
española de Neuropsiquiatría, Madrid, 1990
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(12) (13) M. de Brasi, A. Bauleo. Clínica grupal,
Clínica Institucional. Ed. Atuel, Madrid 1990
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(14) A. Bauleo. Psicoanálisis y Grupalidad. Ed.
Paidós, Buenos Aires, 1977
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(15) A. Bauleo, A. Montserrat, F. Suárez.
Psicoanálisis operativo. A propósito de la grupalidad. Ed. Atuel,
Buenos Aires 2004
-
(16) M. Langer (Compiladora). Cuestionamos 2. Ed.
Granica Buenos Aires 1973
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Psicóloga social. Miembro fundador de la Asociación de
Psicoterapia Operativa Psicoanalítica.(APOP). Psicóloga Clínica,
Hospital de Día de Salud Mental. Sevilla
REGRESAS
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