La interrogación como método
 
Lola Lorenzo López [1]
 
 
            “Nuestra meta es la interrogación como método, nunca la respuesta. La respuesta pertenece a cada uno”
 
            La interrogación como método: palabras prestadas de Armando Bauleo, el maestro que me enseñó a interrogarme, a huir de certezas que obstaculizan el cuestionamiento, que me permitió acercarme a un pensamiento dialéctico en lucha con el estereotipo, y a encontrarme con una Psicología Social que trata de sacar a las ciencias sociales de un neutralismo y desvelar la ideología subyacente.
 
            Tal como él nos dice, “con el término contraideología tratamos de señalar la intención de elaborar una técnica a partir de los supuestos de lucha con la ideología dominante, es decir, que la ideología esté explicitada en nuestra misma practica científica, y sea contraria a la que impone la clase en el poder”. (1)
Y así, acompañándome de sus palabras, sus textos, iré haciendo un breve recorrido por su pensamiento y conceptualizaciones.
 
  No me ha resultado nada fácil esta tarea; quizás por el deseo de poder continuar un diálogo con su pensamiento y con lo que de él aprendí. Será entonces un diálogo a través de sus textos, sus libros, los recuerdos que permanecen en mí de sus enseñanzas, de su afecto, los momentos pasados juntos, los encuentros y desencuentros, a los que recurro para reencontrarme de nuevo con él. Un diálogo interno, que se reactuliza  y confronta en la lectura.
 
No pretendo abarcar todo su desarrollo conceptual. Rastreando en sus libros, una vez más he encontrado de nuevo que su producción intelectual fue amplísima, y su esfuerzo por transmitir sus acercamientos científicos a los grupos, una tarea incansable. Una y otra vez el grupo es fuente y fin de sus producciones.
Todavía hay en mí mucha tristeza, y apenas puedo, no sin dolor, recordar el tiempo pasado junto a él y sus enseñanzas.
 
            Nos conocimos hace 30 años, con él inicié un camino, en mi proceso de formación en psicología social, en psicoanálisis  en mi aprendizaje y mi profesión. Armando estaba siempre ahí, con diálogos reales e imaginarios, que me confrontaban con mi posición en la clínica, tanto en los ámbitos institucionales como en mis encuentros con los grupos.
 
             Entonces con la tristeza y el dolor de saber que ya no podré escucharle, acudo a sus textos a sus publicaciones, para volver a dialogar con este amplio pensamiento y conceptualizaciones que nos ha dejado, para sentirme más acompañada en esa búsqueda permanente que él impulsó.
 
            Tengo muchos recuerdos del día que le conocí. En alguna ocasión, se preguntaba acerca de los efectos que tendría la introducción de la Psicología Social en una España que apenas salía del franquismo; y se respondía que  la historia y “otros” en el futuro, tendrían que responder a cuales fueron estos  efectos.
 
              En mí y seguramente en otros compañeros, supuso el  abrirnos a un campo de posibilidades, y a una inquietante curiosidad hacia el conocimiento del psicoanálisis, la psicología social y los grupos.
            Recuerdo que uno de los trabajos que nos invitó a leer era la “Ideología Alemana” de Marx, y el “Estudio de la familia” de Engels.
 
            Seguramente nos interpretó.
           
Con Armando mi acercamiento al psicoanálisis fue a través de la Psicología Social y los grupos.
 
            Una Psicología Social que, como él nos dice en “Actualidad del grupo operativo”, “se encarga de estudiar los intercambios existentes entre estructura social y organización psíquica de los sujetos, un estudio recortado de la subjetividad surgida en un momento histórico-social y económico. El contexto proporciona las condiciones de posibilidad que promueven la aparición de la subjetividad”; y continua, “los grupos aparecen como situación colectiva trabajada en forma colectiva”. (2)
 
            Fue un enemigo de los saberes tecnicistas que ahogan el conocimiento, y sitúan al sujeto fuera de cualquier realidad y contexto social.
 
            Su pensamiento y desarrollos teóricos para construir un cuerpo nocional sobre los grupos  ha sido un empeño continuado a través de todos sus libros y artículos: “Notas acerca de una psicología social”, “Problemas de Psicología grupal (el grupo operativo-productivo)”  “Notas para la conceptualización sobre grupos”, “Psicología social y grupo”, “Concepción operativa de grupo y psiquiatría”  “El área de lo grupal”, “Un grupo”. Estos títulos y sus contenidos dan cuenta de su empeño en trabajar y reelaborar cada cierto tiempo las problemáticas e interrogantes que se nos abren en este campo conceptual, Armando arma un cuerpo nocional propio. Acompañándose, acercándose, y dialogando con Pichon-Rivière, José Bleger, Bion,
Winnicott, entre otros.
 
            En todos sus textos, observamos un incesante diálogo con autores, y con pensamientos a los que se acerca, incorpora, discute, y le acompañan en sus conceptualizaciones.
 
            “mas allá de toda cuestión teórica, siempre emerge una prioridad, la clínica como campo inicial de observación e investigación”. “los casos clínicos demandan la complementariedad y no un juego arbitrario de comunicación disciplinar”(3).
 
            Son textos en los que podemos seguir su pensamiento y el recorrido de su cuerpo nocional, y siempre vuelve una y otra vez al grupo y a la psicología social. Con una posición de apertura y de interrogantes, nos invita a  compartir, a repensar, a crear con él las nociones, los conceptos, el pensamiento grupal.
 
            En estos escritos, como en casi toda su producción, intenta producir en el lector un aprendizaje. No busca saberes estáticos, ni verdades encerradas en si mismas; son interrogantes, aperturas del pensamiento. Me atrevería a insinuar  que son interpretaciones a las resistencias y obstáculos que él encontraba en la comprensión e incorporación de un pensamiento acerca de la grupalidad.
 
 Y siempre acompañándose del hacer clínico, de la intervención en el campo y sobre el objeto de estudio, como nos dice en “Psicoanálisis Operativo”: “El método clínico, que siempre brinda, a través de la observación-diagnóstico de situación-intervención (interpretación), ciertos ritmo de elaboración útil frente a campos a veces totalmente novedosos”. (4)
 
            Su pensamiento dialéctico nos va empujando a acompañarlo en sus escritos. Se interrogaba con frecuencia sobre la transmisión de conocimientos, y hace suyo  en cada uno de sus textos, lo que Bleger apuntaba: “pensar equivale a abandonar un marco de seguridad y verse lanzado a una corriente de posibilidades” (5)
 
 Así cuando nos acercamos a sus textos y tenemos la ilusión de aprehender y asir las ideas que va desgranando, nos abre un nuevo interrogante. Cuando creíamos haber entendido y recortado el objeto de estudio, provoca otro movimiento. Su pensamiento dialéctico se impone una y otra vez, abriendo nuevos interrogantes y nuevos cuestionamientos; nos da poca tregua, somos invitados a repensar, a volver sobre lo conocido.
 
            La transmisión  del cuerpo teórico de la concepción operativa de grupo que tanto le preocupaba, nos coloca a los lectores en sujetos activos que tienen que producir un nuevo conocimiento. No cierra los conocimientos y saberes, nos  empuja a construir.
 
Ese lugar de incompletud que transita en sus escritos, es una provocación para salir de la búsqueda de certezas y verdades que calmen nuestra ansiedad.
 
A Armando le apasionaba la didáctica grupal. Consideraba que el aprendizaje debiera tener un carácter instrumental y operativo. Rehuye de un pensamiento idealista y no abandona la vieja noción de Marx sobre la praxis, como una necesidad de transformar la realidad y no quedarse en el mundo ilusorio de las ideas.
El aprendizaje grupal, nos dirá, posibilita que la información sea transformada en una acción sobre el campo de conocimiento, y esta acción transforma de nuevo dicho conocimiento. El aprendizaje grupal no es aprender en grupo, el aprendizaje es una producción.
 
            Se trata de construir un ECRO. Los integrantes del grupo traen inicialmente su esquema de referencia; a través de ese diálogo entre el sujeto y su realidad, que va a ser provocado por el proceso grupal, podrá ir construyendo instrumentos de indagación que le permitan operar. 
 
            Información, emoción, producción, atraviesan sus enseñanzas y sus textos.
           
Su pensamiento, sus desarrollos teóricos y su posición ideológica, marcada por el marxismo y el compromiso con realidades sociales y políticas dictatoriales, se hacen más necesarios en la situación social actual, así como en el marco de una ciencia que persigue negar los contextos y, por tanto, negar la producción social de la enfermedad.

 

            Estamos en un momento social, y político y científico, donde se deslizan ideologías que persiguen silenciar lo que con tanto entusiasmo Armando nos transmitió.

 

            El pensar, los espacios de escucha y de palabra, se van arrinconando a favor de una ideología donde la eficacia y los saberes sancionados institucionalmente, nos atrapan y se configuran como instrumentos para la acción social y terapéutica, donde la interrogación no tiene espacio.

 

            Es ahora el momento de volver a escucharle preguntarse acerca de “cómo salimos de las opciones institucionales del pensar, del accionar, del sentir”, y “de qué manera se puede aprender a pensar distintas situaciones cuyos caminos están fijados de antemano”. (6)

 

            Y nos apunta algunas ideas: “si no se ubican espacios sociales para llevar a cabo experiencias alternativas, lo expresado en los discursos tendentes a ciertos cambios en las estructuras sociales queda circunscrito a enunciados ideológicos de buena voluntad sin implementación practica”, y añade, “el grupo puede desempeñar el papel de una especie de organizador social de espacios de experiencia, son lugares sociales posibles para la experiencia ya que aparecen como un momento práctico para ejecutar y elaborar un pensamiento de cambio”. (7)

 

No dejó de señalar que el psicoanálisis y el marxismo nos han enseñado que la experiencia es fuente y fin del conocimiento. Son por tanto puntos de partida, posiciones teóricas, presentes en todos sus desarrollos sobre los grupos. Estas disciplinas le ayudarán a repensar los hechos, los fenómenos psicosociales y la salud mental.

 

            Armando no abandonó nunca el pensamiento psicoanalítico. Desde esta persistencia avisaba de la banalización del pensamiento sobre lo grupal y la grupalidad, si ésta se constituye en una mera técnica y abandona el psicoanálisis y la psicología social como fuente y trasfondo de la grupalidad.

 

No necesitaba ninguna ruptura con este pensamiento, porque lo grupal, como él decía, estaba en el pensamiento de Freud. No hay discurso sobre lo grupal, sobre la intersubjetividad, sobre lo vincular que no esté intrínsecamente ligado al pensamiento psicoanalítico.

 

 Nos sigue diciendo que en la “investigación clínica se abre un campo múltiple y complejo cuando pasamos del dispositivo tradicional analítico y ensayamos entender psicoanalíticamente otros objetos o casos que ya se han instalados en la práctica clínica cotidiana”. (8)

 

Su posición  fue crítica con las instituciones psicoanaliticas y con un psicoanálisis que no quiere dar cuenta de lo que Armando llamó nuevos objetos de la clínica y que hoy son realidades con las que tenemos que trabajar en el campo de la salud mental. Esos nuevos objetos son hoy los que nos obligan a repensar la enfermedad, la intervención clínica, la curación.

 

  Desde esta posición crítica recorre el pensamiento psicoanalítico, acompañándose de Ferenzci, Abraham, Fairbain, Winnicott, Bion, Searles, y de tantos otros, para señalar que no es posible un pensamiento psicoanalítico que no de cuenta de lo colectivo, de la producción social, de la subjetividad.

 

Nos dice que "estos cuerpos nocionales son el trasfondo para comenzar nuevas espirales dialécticas de pensamiento sobre los procesos del enfermarse y del tratamiento, las cuestiones entorno a la comunicación, las problemáticas de la formación y de la transmisión”. (9)

 

Hay que repensar, nos insiste en el proceso de enfermedad y de curación. Toma a Pichon-Rivière y la noción de vínculo para, ampliándola y complejizándola, cuestionar e interrogarse acerca de las posibilidades de repensar la psicopatología. Consideraba que a partir de la teoría del vínculo se da un movimiento de descentramiento de la psicopatología tradicional. La idea central de una grupalidad de la que emerge el individuo, provoca otra mirada sobre los cuadros clínicos.

 

Se planteaba que debíamos volver a revisar y a realizar de nuevo una lectura de la noción de Enfermedad Única de Pichon-Rivière.

 

En el artículo “Concepción Operativa de Grupo y Psiquiatría”, texto que sugiero volver sobre él, señala que en la evolución de un cuadro clínico depende de factores como la subjetividad y la presencia del terapeuta, y necesariamente va a llevar a modificar las intervenciones terapéuticas. “Los tratamientos como los aprendizajes serían efectos del grupo”, así “los grupos emergen como soporte natural del dispositivo intermedio entre la institución y la comunidad”. (10)

 

Nos recuerda que los grupos operativos nacen dentro del sistema psiquiátrico  y tienen un lugar en la elaboración de un campo conceptual que implica otros enfoques de la psicopatología.

 

 En este mismo texto sigue diciendo: “desde su nacimiento los grupos operativos no fueron sólo una cuestión de otra técnica de psicoterapia, sino también otra comprensión de diferentes problemáticas psiquiátricas, proceso de enfermarse, proceso de tratamiento, el paciente como emergente de una situación grupal, grupo externo, grupo interno, la noción de tarea, aprendizaje. En la base de estas ideas esta la noción de vínculo”. (11)

 

Armando repite una y otra vez en sus textos, que la noción de grupo no es una técnica más, que es un modelo de entender los procesos de enfermedad, tratamiento, comunicación y aprendizaje.

 

En sus artículos realiza una elaboración exhaustiva sobre la noción de tarea, emergente, resistencia al cambio, contratransferencia, latencia grupal y grupo interno. El grupo se nos presenta como un objeto que permite observar estas nociones, y dar cuenta de la producción social de la subjetividad.

 

El punto de mira instrumental para operar en el campo es la intersubjetividad, ese diálogo entre lo intersubjetivo y la intrasubjetivo.

 

Así el campo se va ampliando y la clínica pasa a ser mirada desde la perspectiva de la clínica grupal. Añadiendo, de esta forma, otro movimiento, otra complejidad.

 

  Su libro “La clínica grupal y la clínica institucional” es otro momento donde da forma a la Psicología Social, ahora preguntándonos por nuestras prácticas y nuestra inserción institucional. Son artículos, escritos junto a  Marta de Brassi, que abren un campo para repensar la clínica grupal.

 

Ahora el contexto son las instituciones y los profesionales, los interrogantes son acerca de la creación de espacios instituyentes y de cómo “la implicación lleva a cuestiones cada vez mas íntimas, en tanto el encargo psico-social nos lleva a cuestiones cada vez mas políticas” (12)

 

Desde la perspectiva de la clínica grupal, nos señala que cada “intervención terapéutica reorganiza nuestro grupo de pertenencia y de referencia. Es el lugar de las intersecciones de historias individuales, grupal e institucionales” (13)

 

Y en estos textos al igual que introduce en “Psicoanálisis y grupalidad”, trabaja uno de los ejes centrales para Armando, tanto en la clínica como en la formación y en la transmisión de los modelos conceptuales: la contratransferencia. “La estructura y consistencia del grupo interno del terapeuta son los factores que posibilitan una lectura del grupo actual. Por tanto aquello que se ha tejido en sus análisis y en su formación teórica y en grupo”. (14)

 

“La contratransferencia se configura en la formación, se reafirma en la supervisión, y se confronta en el ejercicio cotidiano de la práctica, así como en la comunicación entre colegas”(15)

 

Hay muchas más inquietudes, e investigaciones que encontramos, si seguimos su rastro, en sus libros y artículos. Entre ellas, su preocupación constante por continuar el desarrollo de los grupos, del psicoanálisis operativo. Sobre lo cual, de alguna forma, nos hizo un encargo: cómo continuar el desarrollo de este modelo; junto al  problema de la transmisión. Sin olvidar que el cuerpo nocional se organiza a partir de las necesidades del campo de intervención; respecto a lo cual insistía en que en una Concepción sobre lo grupal, es necesario incorporar los aprendizajes que nos proporcionan las prácticas.

 

Con este interés se organiza el Centro Internacional de Investigación en Psicología Social y Grupal y años más tade, la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica (APOP), como espacios que posibilitaban el crecimiento y desarrollo de la Concepción operativa de grupo.
 
Finalizo, de nuevo, con sus palabras:
 
“Nosotros sostenemos que somos mas científicos cuanto más podemos aplicar a nosotros mismos y a la ciencia nuestros conocimientos, sobre todo allí donde nuestra inserción ideológica puede aparentar una cosa y ser otra.”
“Nuestra función será siempre la crítica, el levantar resistencias, señalar lo reprimido y hacer consciente lo inconsciente. Interpretaremos y denunciaremos si lo creemos necesario en el campo individual y social.” (16)
 
 
 
BIBLIOGRAFÍA
 
 
A. Bauleo. Contrainstitución y grupos. Ed. Atuel,  2ª edición, Buenos Aires, 1989
A. Bauleo. “Sobre la actualidad en grupo operativo” Revista Área 3, Madrid 2006
A. Bauleo, S, Alvano. Avatares de la clínica Un proyecto de complementariedad entre neurociencias y Psicoanálisis. Ed. Mediciencia s.a, Buenos Aires 2004
A. Bauleo, A. Montserrat, F. Suárez. Psicoanálisis operativo. A propósito de la grupalidad. Ed. Atuel, Buenos Aires 2004
J. Bleger. Temas de psicología (la entrevista y el grupo). Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1977
A. Bauleo. Contrainstitución y Grupo. Ed. Atuel, 2ª edición, Buenos Aires, 1988
Baremblitt, Bauleo, De Brasi, Frydlewsky, Pavlovsky, Saidon. Lo Grupal. Ed. Busqueda, Buenos Aires 1983
A. Bauleo. Psicoanálisis y Grupalidad. Reflexiones acerca de los nuevos objetos del psicoanálisis. Ed. Paidós, Buenos Aires 1977
(9) (10) (11) A. Bauleo, JC Duro, R. Vignale (compiladores). La Concepción Operativa de Grupo. Ed. Asociación española de Neuropsiquiatría, Madrid, 1990
(12) (13)  M. de Brasi, A. Bauleo. Clínica grupal, Clínica Institucional. Ed. Atuel, Madrid 1990
(14)  A. Bauleo. Psicoanálisis y Grupalidad. Ed. Paidós, Buenos Aires, 1977
(15)  A. Bauleo, A. Montserrat, F. Suárez. Psicoanálisis operativo. A propósito de la grupalidad. Ed. Atuel, Buenos Aires 2004
(16) M. Langer (Compiladora). Cuestionamos 2. Ed. Granica Buenos Aires 1973
 

[1] Psicóloga social. Miembro fundador de la Asociación de Psicoterapia Operativa Psicoanalítica.(APOP). Psicóloga Clínica, Hospital de Día de Salud Mental. Sevilla

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