- Pensar con
Armando Bauleo
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Me gusta la idea de “memoria pensante”
evocada en muchos momentos por J. Derridá con motivo de la muerte de
su amigo Paul de Man[2],
porque tiene la virtud de sugerir no sólo la potencia de las marcas,
las huellas de ciertas experiencias decisivas, sino que lejos de
arraigar a la memoria en el pasado, congelarla, y así ponernos en
paz con las pérdidas –según una lectura un tanto reduccionista de la
cuestión del duelo-, impulsa la memoria hacia el futuro, al
porvenir, desde un principio de acción que reconozco como esencial y
que se refiere a la responsabilidad ético-política ante la vida,
personal y social. No concibo mejor homenaje a la memoria de Armando
Bauleo que dejar testimonio de que su obra –representada no sólo por
sus numerosas publicaciones en forma de libros, escritos diversos,
ensayos y artículos, clases y conferencias, sino también por las
múltiples tareas que emprendió y las experiencias colectivas que
promovió- tiene la fuerza incomparable de la memoria que se hace
presente, aquella que nos hace recordar y nos reconecta con un mundo
-aquí y ahora-, lo que exige una postura y un compromiso con la
acción. Entonces la memoria hace sentido, crea sentido, genera
horizontes. Estos horizontes no tienen la figura de la certidumbre
sino la forma de direcciones, de apuestas y, si se quiere, de
utopías.
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Armando mismo nunca cesó de reflexionar sobre su
vida, las circunstancias que atravesó y las experiencias vividas.
Algunas tuvieron la forma de marcas de procedencia (como la
psiquiatría, el psicoanálisis y el marxismo), que se constituyeron
en puntos de referencia que pensó y problematizó. Otras fueron
ciertos momentos inaugurales de una historia colectiva que gestaría
una psicología alternativa (como el haber sido joven ayudante en
clases de las que fue titular José Bleger y un poco más tarde la
participación en el proyecto de la Escuela de Pichon-Rivière).
También rupturas decisivas para el rumbo que tomaría su
posicionamiento profesional y político, como es el caso de la
historia con la APA (Asociación Psicoanalítica Argentina), y
momentos culminantes derivados de luchas colectivas como fueron
ciertos proyectos alternativos, muy señaladamente Plataforma (la
búsqueda de un psicoanálisis “en el sentido completo y amplio del
término” después del enfrentamiento con el psicoanálisis
institucionalizado) y la publicación Cuestionamos. Tales
experiencias, y tantas otras que conocemos por sus relatos, actuaron
para Armando, me parece, como esa “memoria pensante” que dio sentido
a una postura rigurosamente crítica de las instituciones, y
alimentaron una voluntad política inquebrantable propia de esa
subjetividad rebelde que lo caracterizó.
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Recuerdo a Armando como brillante
coordinador grupal que invariablemente lo confrontaba a uno a
pensar, a “no quedarse en lo manifiesto”, y a la acción
comprometida, es decir, a no quedarse congelado al borde del camino[3].
Conectarse con su memoria es dejar actuar ese diálogo interrogativo,
esa sacudida a la familiaridad que adormece, a la conciencia
opacada, a la indiferencia. Me asumo como parte de una memoria
colectiva que quiere dar cuenta, productivamente, de su legado, para
lo cual pretendo abrir algunas reflexiones acerca de ciertos
aspectos de su obra que en este momento me resuenan y convocan.
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La interrogación como potencia
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“En los momentos agudos de incertidumbre, la
interrogación se convierte en el método esencial” (Bauleo,1997:13).
La acción de interrogar, en el pleno sentido dialéctico que
involucra tanto a los aconteceres del mundo como a las modalidades
del vínculo consigo mismo y con los otros, así como con los ámbitos,
tareas y prácticas en los que estamos implicados, supone un desafío
a los lugares cómodos, ausentes del sentido del devenir, en los que
con facilidad nos refugiamos. La interrogación genera
irremediablemente una tensión, en la medida en que interpela las
formas de sentir, de estar, de pensar y actuar que nos son
familiares. Nos conduce al extrañamiento como primer movimiento de
desprendimiento, de discriminación, de cambio, de expansión de
mirada y conexión con el mundo. Pero la interrogación sólo se gesta
como fuerza de transformación, como potencia de la subjetividad, en
las condiciones significativas del vínculo. Es decir, que no hay
pregunta que con-mueva si no está adherida a una travesía hacia el
otro, a una experiencia de lo colectivo.
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Al postular la interrogación como
método[4],
Bauleo apostó a un proceso crítico para promover tanto la creación
de un flujo continuo de reflexión analítica sobre las miradas,
saberes y prácticas que sostienen nuestro quehacer cotidiano, como
la construcción de un vínculo historizado con el propio hacer. Esta
modalidad de vínculo se nutre de “la conciencia de la situación
social” y de una “teoría de la acción” (Bauleo, 1977). Ubicar y
denunciar los procesos de pensamiento y práctica parcializados y
desconectados, es reflexionar desde un sentido profundo de
grupalidad, es decir, de las conexiones múltiples -tensas y
palpitantes- de las historias singulares y colectivas y de las
tramas complejas que constituyen todo campo de acción. La
disociación -en los distintos planos y modalidades que aparece- es
finalmente un mecanismo ideológico que fomenta la alienación del ser
humano y que instaura fracturas con los procesos de conexión con la
vida, constituidos esencialmente por el deseo, el vínculo social, la
dimensión del otro y la dimensión ética.
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De ahí que Armando afirme que la función central de
una psicología social crítica “es la de dar material para la toma de
conciencia de situación” (1977:36), ya que la acción parte
precisamente de la ubicación y la apropiación de esa conciencia.
“Tengamos presente que siempre praxis transformadora es acción
social, cambio de valores en las relaciones interpersonales, por lo
tanto otra ética de la conducta cotidiana” (1977:72)
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A sus escritos frecuentemente los tituló “notas”
como anticipo de una modalidad de escritura abierta e interrogativa.
Reacio a postular tesis, jugó constantemente con preguntas y con
hipótesis de trabajo; no obstante, éstas revelaron siempre una
direccionalidad: interrogar latencias, emergentes, obstáculos y
tensiones con una visión de grupalidad, de recreación del vínculo
entre lo individual y lo social. En su forma de preguntar reconoció
una epistemología de la complejidad y una epistemología convergente,
sobre la idea de que: las múltiples dimensiones que constituyen los
procesos y las prácticas de la vida cotidiana, demandan para su
esclarecimiento no sólo una articulación conceptual que va ampliando
la comprensión de las problemáticas implicadas sino una redefinición
de los términos de la construcción del conocimiento, distanciándose
de posturas que pretenden concebir al sujeto separado del objeto de
conocimiento. Le gustaba recordar que Freud había sugerido que
pensar analíticamente era viajar, trasladarnos por diferentes
dominios que alimentaran otras perspectivas. Y añadía, “ser viajero,
no turista”. ¿Cómo armar ese camino abierto, curioso, incansable?
La condición de diálogo, de experiencia en la confrontación de
distintos campos problemáticos, los horizontes permanentemente
abiertos, se hacen posibles cuando se inicia con la mirada crítica
sobre las propias prácticas y pensamientos, iluminando así el
sentido de la propia acción.
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El modelo de acción privilegiado sobre el que
Armando apostó a una acción transformadora fue la praxis grupal. “A
través de la experiencia grupal, centrada alrededor de un tema, se
trata de elaborar, viviéndola, una experiencia de corte con los
modelos instituidos, en los cuales la afectividad y el pensamiento
aparecen como opuestos y sin ninguna conexión”; “...se busca que el
sujeto pueda pensar su contexto de existencia, rompiendo con los
límites impuestos por las determinaciones estructurales, o las
condiciones de soporte” (Bauleo,1977:14) Un esquema referencial
sustentado en la concepción operativa de grupo reveló su
operatividad, su capacidad de articulación entre teoría y práctica,
y su potencialidad en dos sentidos fundamentales: para orientar la
investigación y para operar sobre un campo específico.
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En correspondencia con su postura indagatoria, la
función de la coordinación grupal (papel que desempeñó en infinidad
de grupos con distintas tareas y en muy diversos escenarios) fue
incisivamente pensada, no sólo insistiendo en su posición
descentrada, de “copensor” como lo estableció el pensamiento
pichoniano, sino también abriendo con gran lucidez la discusión
sobre el sentido de su tarea en el contexto de un proceso grupal.
“Para nosotros el operar sobre un campo era la posibilidad de
interpretarlo” (1990:23). La tarea de coordinación se ejerce desde
una modalidad de interrogación que es interpretativa, pero siempre
en el sentido de conjetura cuyo destino en la producción grupal es
incierto. La interpretación del coordinador de grupo es exploradora
e impulsora, nunca “oracular” (Bauleo, 2006). Tal planteamiento
recuerda, sin duda, el trabajo de Ch. A. Pierce sobre el proceso de
abducción, que Armando mismo evocó en alguno de sus trabajos más
recientes (1997). En el proceso grupal, observando la
intersubjetividad, se interrogan latencias, grupales e
institucionales, y “se tratará de organizar una interpretación para
provocar un movimiento de sentidos” (1982:7). Dice Bauleo: “Lo que
interesa en el grupo es lo que irrumpe, lo que no está programado,
lo que desordena” (1997:46).
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La noción de experiencia es crucial para comprender
sus apuestas sobre la situación grupal en la medida en que apunta a
recuperar la sorpresa ante el acontecer, a reconocer la riqueza de
la emergencia de lo nuevo, a asumir en el presente el juego complejo
de fuerzas y procesos en tensión, y donde la tarea será pensada como
metáfora que indica las condiciones de posibilidad de funcionamiento
del grupo. En la experiencia grupal se dirimen las cuestiones en
torno a la multiplicidad y la singularidad, la alteridad y lo
colectivo. Bauleo ironizó sobre las tendencias a indiferenciarse, a
fundirse en una ilusión de igualdad. “No es necesario estar todos
juntos amarrados, especulando y queriendo las mismas cosas, para
configurar una escena colectiva: ésta ocurre fundamentalmente cuando
se desencadenan efectos, y para ello es preciso pensar el grupo (en
el psiquismo de los sujetos) a partir de la dispersión y no de la
unificación”. (1997:46).
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El coordinador en el campo grupal deberá atravesar
sus propios “grupos internos” (la historia grupal del coordinador
que se pone en juego en cada sesión), sus miedos, su
contratransferencia. Nunca cesó Armando de alertar contra “el
control narcisístico de la situación” (1990:27), de insistir en que
el grupo no es propiedad del coordinador, ni es su líder, afirmando
que la aparición de tales mecanismos defensivos colapsan toda
operatividad de la situación. Apostó, en cambio, al trabajo de
promoción de autonomía, es decir, a que el grupo, el equipo o la
comunidad con la que se trabaje, se apropie y se haga responsable de
sus procesos. Para aclarar este movimiento productivo del grupo, una
noción clave es la de trabajo, básicamente en el sentido de trabajo
psíquico y elaboración. Entonces, sobre esa comprensión, el
coordinador puede concebir su intervención como una “alianza para el
trabajo”. En cambio, fomentar la dependencia sería instalar una
situación paralizante que limitaría o harían imposibles los procesos
de esclarecimiento y de creación. Desprenderse, despedirse,
descentrarse para abrir nuevos procesos fue el gesto solidario y
congruente que nunca abandonó ese apasionado de los grupos que fue
Armando, recordando desde luego que el tránsito grupal fue la forma
de caminar, de operar e investigar, pero que su finalidad trasciende
al grupo como espacio concreto. “Para nosotros, el fenómeno
empírico grupo nos ha conducido a pensar en lo colectivo como
sujeto” (1988:50)
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Si la interrogación es acción y proyecto, si hay un
campo problemático que demanda producción de conocimientos como
realimentación de las prácticas y si éstas son también dispositivos
de indagación, la investigación como tarea sistemática y organizada
es una alternativa ineludible. La fundación del Centro Internacional
de Investigación en Psicología Social y Grupal, a propuesta de
Armando Bauleo en julio de 1981, fue descrita por él mismo como
“constituido como una interpretación en un contexto histórico
recortado” (1982:7). Su separación del Centro, anunciada en el
congreso de Rimini, en febrero de 1992, tiene seguramente el valor
de una interpretación. El proyecto de constitución de una psicología
social que interrogue la articulación entre lo singular y lo
colectivo, y opere en el campo de los vínculos desde una conciencia
del momento histórico y del hacer historizado y comprometido con la
transformación social, sigue latiendo y alentando muchos espacios en
distintas geografías de América y Europa; no depende de Armando
porque él ya hizo, brillantemente, su tarea.
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Grupalidad: memoria y proyectos
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Hay encuentros que son decisivos. La convergencia de
momentos históricos, surgimiento de nuevos proyectos, y
subjetividades anhelantes de mundos diferentes son condiciones que
propician vínculos de crecimiento y expansión incomparables.
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Ese tipo de circunstancias se dieron en el año 1975
en la ciudad de México, cuando conocimos a Armando Bauleo, que se
había asomado a las instalaciones de la recién creada Unidad
Xochimilco de la Universidad Autónoma Metropolitana, fundada con un
proyecto educativo innovador, que consistía esencialmente en
plantear la necesidad de desarrollar un vínculo universidad/sociedad
distinto al tradicional a partir de la investigación centrada en
“objetos de transformación” y del trabajo grupal como estrategia
educativa y como modalidad organizativa de los profesores.
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Una comunidad universitaria en formación, con
profesores muy jóvenes en su mayoría (y nutrida con la inteligencia
y la fuerza del exilio de los países del Cono Sur que llegaron a
México en esos años), se daba a la tarea de crear los planes de
estudio y diseñar los procesos didácticos sobre esta nueva
concepción. En ese contexto, un grupo de profesores hicimos –en
forma privada, fuera de la Universidad- un proceso de formación con
Armando -que incluyó a los siempre recordados Juan Carlos y Marta De
Brasi- que luego derivó en un proyecto que algunos de nosotros
gestionamos llamado “Curso de Psicología Social crítica y
alternativa”.
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En la Universidad hicimos la licenciatura en
Psicología como primer proyecto académico, con un perfil
radicalmente instituyente en relación a otros modelos de psicología
entonces imperantes en México. Armando y Juan Carlos fueron en esos
primeros años constantemente invitados a actividades académicas
(conferencias magistrales, intervenciones grupales, asesorías a
equipos, etc.), situaciones que yo viví como acontecimientos muy
significativos. Unos pocos años después, creamos en la Universidad
el área de investigación Procesos grupales e institucionales y sus
interrelaciones y, a mediados de los 90’s, propusimos la Maestría en
Psicología Social de Grupos e Instituciones (hoy iniciando su octava
generación) y la línea del mismo nombre en el Doctorado en Ciencias
Sociales.
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Tuve el privilegio de ser la coordinadora fundadora
de todos esos proyectos. Una larga y memorable historia de la que
puedo decir que lleva la huella imborrable del vínculo con Armando,
y que sus enseñanzas fueron para mí decisivas, inspiradoras y
productivas, constituyendo un referente permanente de diálogo e
inspiración. A ese diálogo pertenece el gesto del agradecimiento
ilimitado, la conexión con el dolor de asumir su ausencia física
definitiva y el homenaje a un intenso vínculo de pensamiento y
afecto.
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Bibliografía consultada de Armando Bauleo
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LIBROS
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(1979) Ideología, grupo y familia. Folios, México.
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(1977) Contrainstitución y grupos, Fundamentos,
Madrid
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(1988) Notas de psicología y psiquiatría social,
Atuel, Madrid
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(1997) Psicoanálisis y grupalidad. Reflexiones
acerca de los nuevos objetos del psicoanálisis, Paidós, Buenos
Aires.
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(1990) Clínica grupal, Clínica institucional (en
coautoría con Marta de Brasi), Atuel, Madrid.
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(1973) (Armando Bauleo, compilador) Vicisitudes de
una relación. Ayer y hoy: un espectro de posiciones marxistas ante
el psicoanálisis, Granica, Buenos Aires.
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CAPÍTULOS DE LIBROS
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(1983) “Señalamientos para una búsqueda”, en Bauleo,
A. De Brasi, J:C. y otros La propuesta grupal, Folios, México
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CONFERENCIAS
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“Del tiempo y de aquellos tiempos”, ponencia
presentada en el homenaje a Marie Langer. Ciudad de México,
noviembre 1997
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“Sobre la actualidad el grupo operativo”.
Conferencia inaugural del Congreso Actualidad del grupo operativo,
Madrid, 2006.
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DOCUMENTOS
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Boletín. Centro Internacional de Investigación en
Psicología Social y Grupal, número 1, México, 1982.
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Revue de Clinique Groupale et Recherche
Institutionelle, CIR, no. 1, Padova, Italia, 1991
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Doctora en Psicología. Profesora e investigadora de la
Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Xochimilco, en la
ciudad de Mëxico.
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Derrida, J, (1998) Memorias para
Paul de Man, Gedisa, Barcelona.
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Frase del poeta Mario Benedetti
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Título de una conferencia pronunciada
en el año 1976, posteriormente publicada en Clínica y
Análisis Grupal, no. 2, año I,1976, Madrid.
REGRESAS
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