El
Campo grupal: cura e imaginario social*
Ana
María Fernández
- El
universo de la significación clausura
- toda
posibilidad de acceso a la singularidad del sentido.
- Jean
Oury
-
- I.
-
- El
campo grupal se despliega en la compleja labor de desmontar dos ficciones,
siempre recurrentes: la ficción del individuo (sujeto indiviso de
conciencia) que impide cualquier pensar grupal, y la ficción del grupo como
intencionalidad que permite imaginar que tal plus grupal radicaría en que
ese colectivo –como unidad- posee intenciones, deseos y sentimientos.
-
- El
análisis crítico de tales ficciones implica la revisión permanente de los
paradigmas teóricos y de las prácticas grupales que se instituyen.
-
- Esta
permanente revisión de los criterios teóricos y de los dispositivos diseñados
ha constituido una constante epistémica de nuestro trabajo con grupos.
Desde tal perspectiva se abordan en esta ponencia una serie de
consideraciones sostenidas desde una interrogación: ¿qué instituimos
cuando instituimos grupos?
-
- Los
dispositivos grupales, en tanto espacios tácticos pueden diseñarse e
implementarse de maneras muy diferentes.
-
- Si
por cura entendemos aquel operador conceptual –pero también ético- que
ha permitido desmarcar las intervenciones “psi” de los discursos y
dispositivos médicos de la curación, pero también aquel conjunto de
nociones que permiten interrogar a una intervención “psi” por sus
eventuales efectos de sugestión, supresión de síntomas, ortopedias del
yo, maternajes terapéuticos, etc., la problemática de la cura abre en el
campo grupal varias cuestiones específicas. Si bien tales cuestiones suelen
hacerse más evidentes en el diseño del lugar del coordinador, atraviesan
todo el dispositivo grupal.
-
- El
lugar de la coordinación se instituye desde la renuncia al liderazgo y al
saber-certeza de lo que en un grupo acontece. Implica, por ende, crear
condiciones para superar los efectos de sugestión y el tipo de violencia
simbólica que caracteriza a sus mecanismos de inducción. Sus
intervenciones puntúan insistencias, interrogan rarezas, resaltan sin
sentidos y paradojas de manera tal que al interrogar el universo de
significaciones circulantes, crea
- condiciones
de acceso a la singularidad de sentido.
-
- La
cuestión de la articulación singular-colectivo que supera la antinomia
individuo-grupo, como la redefinición de la latencia grupa como aquello que
late-insiste en los pliegues de la superficie, permiten sortear algunos
lugares comunes en las prácticas grupales, tales como interpretar al grupo,
leer estructuras subyacentes, buscar un inconsciente grupal, etcétera.
Asimismo evita sobreimpresiones de efecto-masa, que en realidad, más que
una característica esencial o inherente a los dispositivos grupales, son un
efecto producido por un tipo particular de coordinación que confunde lo
colectivo con lo homogéneo y busca lo idéntico donde debería encontrar
resonancias de singularidades.
-
- Cuando
los dispositivos grupales trabajan con montajes de escenas (psicodrama
psicoanalítico) se vuelve imprescindible un trabajo que evite la escena
como catarsis, expresión de sentimientos y7o exhibición, es decir, es
necesario desmontar aquellas significaciones que vuelven sinónimos cura y
descarga. Festivales narcisistas, coordinador-mago, animadores grupales, son
las denominaciones con que algunos colegas1
han caracterizado estas formas de trabajo con las que venimos polemizando
hace mucho tiempo.
-
- Estas
sinonimias suelen apoyarse en ideologías que valoran la espontaneidad y la
creatividad fruto de los “buenos” vínculos, soslayando en relaciones
humanas no conflictivas la irreductible violencia.
-
- La
preocupación con respecto al montaje de dispositivos grupales eficaces en
disponer condiciones para la gestión y la producción colectiva versus la
manipulación y la sugestión de los colectivos humanos -bien denunciada
hace tiempo por Pontalis-, es un debate teórico-técnico, pero también ético,
de absoluta vigencia en el campo grupal. Así muchos trabajos de elucidación
sobre el lugar del coordinador sostienen este tipo de interés: cómo crear,
desde la coordinación, condiciones de posibilidad para la producción
colectiva, cómo evitar deslizarse hacia la sugestión, la manipulación; en
síntesis cómo no inducir. Estas indagaciones se despliegan a partir de una
convicción. Aquella por la cual los pequeños grupos son pensados como
espacios virtuales de producción colectiva. En tal sentido del coordinador
no es quien descifra o traduce una verdad oculta, sino alguien interrogador
de lo obvio (universo de significaciones). Provocador o disparador, pero no
propietario de las producciones colectivas, alguien que más que presenciar
el desfile de juegos especulares en un escenario grupal, se implica al abrir condiciones para que, desde el universo de significaciones que
circulan en un grupo, se acceda a diversas singularidades de sentido.
-
- En
síntesis, posición que vacila en su neutralidad, pero insiste en ella
permitiendo identificaciones y transferencias en red.
-
- La
complejidad del lugar del coordinador, como la especificidad teórico-técnica
de los dispositivos grupales, hace necesario un proceso de formación del
coordinador, que no siempre suele visualizarse en su complejidad. Para
sostener un posicionamiento de coordinador de grupo es necesaria una formación
específica, y no agregar algunas técnicas o juegos a la formación
preexistente. Incluye, junto a formación teórica multidisciplinaria, una
experiencia prolongada en un grupo terapéutico o de formación; adquirir el
oficio de la coordinación supone tanto el pasaje por experiencias grupales
como formación teórica específica.
-
- Las
formas de coordinación criticadas líneas arriba suelen ser fallidas por
falta de formación especializada.
-
- Estos
son algunos de los requisitos de confiabilidad que, desde la perspectiva que
aquí se supone, es necesario instrumentar al diseñar dispositivos
grupales. Tales requisitos no son excluidos de los diseños grupales del área
clínica. Muy por el contrario, son condiciones de formación y coordinación
de todo dispositivo grupal. En tal sentido, otro requisito que podría
agregarse a los ya enunciados es que quien instrumentaliza este tipo de prácticas,
junto al entrenamiento de pensar en escenas, va organizando una particular
disposición: la producción permanente de diferentes diseños de intervención.
Esta capacidad imaginante implica el desarrollo
de otra disposición: la elucidación crítica
de los instrumentos que se instituyen evitando su autonomización es
una pragmática.
-
- Si
estos requisitos son inherentes a todo dispositivo grupal que sostenga las
prioridades antes señaladas, la dimensión institucional –ese impensable
de los grupos al decir de Lapassade- atraviesa sus producciones marcando de
manera particular sus formaciones. En tal sentido, se hace necesario señalar
que la inscripción institucional en la que el dispositivo grupal despliega
sus acciones y sus ficciones produce efectos que si bien una “dinámica de
grupos” invisibilizó, hoy han permitido importantes reflexiones teóricas
y técnicas.
-
- Estas
son –en muy apretada síntesis- algunas de las líneas de debate que se
despliegan hoy en el interior del campo grupal en los avatares de su
legitimación.
-
-
- II.
-
- Otro
punto que interesa abordar en esta ponencia se refiere a la implementación
de dispositivos grupales clínicos en servicios hospitalarios.
-
- Dicha
implementación no se agota con “abrir grupos psicoterapéuticos”. Los
grupos en serie o serie de grupos resuelven sólo un problema: la cantidad
de pacientes abordados, pero no la calidad y la continuidad de las
prestaciones. Si la oferta es grupal, para que ella sea efectiva debe
asentarse en una organización también grupal2.
Es decir que el conjunto de profesionales involucrados se instituya como
equipo, esto es que diseñe colectivamente los dispositivos a implementar,
evalúe su desarrollo, trabaje como conjunto en sus actividades de formación,
analice las demandas que recibe, elabore sus estrategias y políticas
institucionales con otros servicios y con la comunidad, participe de la
gestión de las políticas en salud, etcétera.
-
- La
institución de equipos hospitalarios debería tender a una integración
multidisciplinaria, donde si no priva una noción restringida de su lugar
institucional, enfermeros y asistentes sociales juegan un papel destacado.
Esto implica, por supuesto, re-pensar las territorializaciones -muchas veces
excesivas-, de nuestra práctica.
- Un
equipo supone, asimismo, la periódica institución del mismo como grupo,
creando un espacio para pensarse a si mismo en sus logros y dificultades, en
sus conflictos, en sus atravesamientos, políticas, etc. Es importante
diferenciar esta propuesta de algunas concepciones que estimulan un grupismo
en los equipos y que tiende a producir narrativas afectivo-familiaristas del
acontecer de los mismos.
-
- Cuando
algo de todo esto logra implementarse, es interesante constatar que los
equipos adquieren una dinámica muy particular donde inventan diseños de
intervenciones de todo tipo: grupos de admisión, trabajos comunitarios,
grupos de reflexión, asambleas de sala, grupos de lectura de diarios,
talleres expresivos, actividades de huerta, etcétera. Las supervisiones en
dispositivos psicodramáticos colaboran sustancialmente en esta modalidad3. Se crean mejores condiciones
para escuchar demandas de la comunidad más abarcativas que lo asistencial
y, si el territorio no se ha compartimentado con excesiva violencia, se
establecen relaciones con otros servicios de interés mutuo.
-
- En
síntesis, interesa subrayar dos ideas:
- -
una oferta de grupos, presupone una organización grupal del
servicio;
- -
tal oferta y tal organización diseñan sus dispositivos, sus
necesidades de formación a partir de la especificidad de la institución
donde inscriben sus prácticas.
-
- Para
transformar estos lineamientos generales en el cotidiano de un servicio, las
dificultades son de todo tipo; desde aquellas más generales que implican
desmarcarse de fuertes pautas de la cultura hospitalaria, donde oferta y
demanda se sostienen desde criterios de curación, pasando por la
inestabilidad de los equipos por concurrencias ad honorem, las inercias
burocráticas, la falta de presupuesto, etcétera.
-
- Junto
a estas dificultades generales quiere subrayarse un obstáculo
particularmente efectivo en la organización grupal de los servicios: un
peculiar imaginario “psi” que vuelve invisible lo específico del
espacio público y trata de re-producir en espejo los dispositivos y
contratos privados4.
-
-
- III.
-
- Antes
de comenzar a desarrollar las reflexiones al respecto, se hace necesario
demarcar el uso que se da al término imaginario en esta ponencia. Tal término
no se utiliza aquí en su acepción psicoanalítica. Por el contrario, se
trabaja con la acepción que en los últimos años va adquiriendo en
Historia y ciencias Sociales.
-
- ¿A
qué se alude con el término Imaginario social? Este término, de uso
frecuente pero ambiguo en la Historia de las Mentalidades es precisado pos
C. Castoriadis5
para referirse al conjunto de significaciones por las cuales un colectivo,
un grupo, una sociedad, se instituye como tal, inventando no sólo sus
formas de relación social y sus formas contractuales, sino también sus
figuraciones subjetivas. Así, por ejemplo, la Antigüedad, para instituir
la esclavitud, tuvo que inventar, imaginar, que un grupo de personas fueran
percibidas como animales. En tal sentido, la esclavitud –como otras
figuras de la Grecia antigua: el ciudadano, la polis, etc.- conforman el
conjunto de significaciones imaginarias que instituyeron la sociedad democrática
griega como tal, estipulando, lo bueno y lo malo, lo bello y lo feo.
-
- Lo
imaginario social cuenta con mitos, rituales y emblemas (lo imaginado o
imaginario efectivo) que tienden a la reproducción de tal instituido y por
tanto, permiten anudar el deseo al
poder e instancias instituyentes que darían lugar a prácticas
transformadoras y diseñan las utopías (lo imaginario radical) en tanto
conjuntos de deseos no anudados al
poder.
-
-
- IV.
-
- El
imaginario “psi” al que hacemos referencia produce sus contratos,
dispositivos rituales y emblemas invisibilizando la especificidad del público.
En tanto re-produce en espejo el privado –se trata de que los tratamientos
hospitalarios se parezcan lo más posible a los abordajes privados- se
produce una inevitable degradación
de contratos y dispositivos privados.
-
- Esta
degradación pareciera que no llega a constituir un eje de preocupación, ya
que tales prácticas –de todos modos- forman parte de los actos de
legitimación necesarios para la institución de la emblemática profesional
y posibilitan un entrenamiento que, si bien beneficiará al usuario privado
más que al hospitalario, van otorgando un saber-hacer del profesional
“psi” considerado básico. Como el Estado sostiene desde siempre la
salud mental en la Argentina con un voluntario ad
honorem -somos aves de
paso-, decía un concurrente- se incluye activamente en tal particular pacto
entre el privado y el público.
-
- Como
consecuencia de ello al denegarse la especificidad del espacio público, se
despilfarran aquellas potencialidades y posibilidades que éste ofrece; al
no existir en el privado se transforman en impensables o su rechazo los
vuelve inviables.
-
- Este
imaginario profesional que reduce el despliegue de su capacidad imaginante (imaginario
radical) a la reproducción de rituales y emblemas válidos para otro
espacio (imaginario efectivo), debe encontrar alternativas que permitan
sostener las tensiones y contradicciones que tal denegación con sus
consecuencias (degradación-despilfarro) producen.
-
- En
tal sentido sostiene sus tensiones a través de un proceso de reducción
semiológica de sus referentes teórico-técnicos por el cual se establecen
complejos procesos de autonomización de sus códigos6. Se organizan varios mecanismos
que, si bien en algún momento fundacional podrían actuar por separado,
operan generalmente a los efectos de su mejor comprensión):
-
- a)
Institución de un sistema de significaciones que tiene la
particularidad de formarse en un conjunto de oposiciones distintivas. De esta manera toda práctica o propuesta
de trabajo es evaluada en función de este sistema de oposiciones; lo que se
organiza entonces es un proceso de
significación: institución de un conjunto de significaciones
imaginarias que establecen lo permitido y lo prohibido, lo bueno y lo malo,
lo bello y lo feo, las prácticas legitimadas y aquellas que deben
sancionarse en su trasgresión.
-
- b)
Pero este sistema de oposiciones que establece la significación no
es neutro; siempre jerarquiza en privilegio de uno de los términos del
sistema de oposiciones. Se establece un proceso de discriminación. Es importante aclarar que la significación
no implica necesariamente procesos de discriminación jerarquizada (sí de
diferencia) pero que, por el contrario, la discriminación jerarquizada
supone siempre la función/signo reductora de las significaciones.
-
- c)
Estos procesos de significación y discriminación conducen a una
autonomía formal de los sistemas de signos: autonomización
del código. Los referentes así autonomizados trabajan sobre sí
mismos, permitiendo que tal trabajo se realice sobre un material homogéneo-homogeneizado
que la autonomización del código hizo posible.
-
- d)
La reducción semiológica genera una función de coherencia, sutura
de contradicciones y limitaciones. Allí radica su poder de fascinación: se
instituye la Fetichización del código.
-
- Es
interesante la observación que realiza Baudrillard al respecto. Plantea que
el efecto de fascinación no es producido por virtudes intrínsecas del código,
sino porque el sistema de significaciones que establece permite “olvidar
las diferencias”.
-
- Esta
totalización permite no sólo olvidar las diferencias fetichizando el código,
sino que –al mismo tiempo- en su reproducción especular funda y perpetúa
hegemonías y discriminaciones reales7.
-
- Opera
desde lo imaginario efectivo, instituyendo
las significaciones imaginarias en un universo que clausura –una vez más-
el acceso a la singularidad del sentido. Opera así desde aquella
dimensión imaginaria que anuda el deseo al poder.
-
-
- V.
-
- Retomando
lo planteado en el punto II, una oferta de grupos presupone una organización
grupal del servicio. Esta hace posible el diseño de dispositivos de trabajo
y planes de formación en virtud de las características de la institución
donde inscribe sus prácticas. Si esto es así, se vuelve imprescindible
incluir en nuestro instrumento de trabajo de la reflexión y acción en
relación a las organizaciones hospitalarias y las características de las
regiones de la comunidad que utilizan los servicios hospitalarios a los que
concurrimos.
- Si
bien en la historia de sus abordajes hospitalarios, las intervenciones
“psi” –en general- se han delimitado a sí mismas en su diferenciación
de las formas y los valores médicos de operar con el sufrimiento –y esta
ha sido posible en función de la noción de cura operando como organizador-
todavía se nos presentan algunas confusiones que es necesario trabajar y
debatir.
-
- Dos
son las características de la Argentina hoy que hacen más necesarios estos
debates. Por una parte, la comunidad democrática, que más allá de sus
inconsistencias y debilidades permite otra articulación entre una comunidad
profesional y el Estado. Esto hace posible y necesaria nuestra participación
en la planificación de políticas en salud. Por otra parte, la crisis económica,
de una dimensión que es difícil imaginar aún, va configurando un
angustiante perfil de patologías en relación a la violencia y a carencia
extrema para lo cual, bueno es reconocerlo, estamos poco preparados.
-
- Volviendo
a la primera cuestión, ¿cuál es el lugar de los “psi” en la
planificación de salud?, ¿cuál es su lugar, esto es, qué
debe hacer por ejemplo en un servicio de psicopatología infantil en
relación a otra institución, la escuela, derivadora de fracasos
escolares?, ¿qué acciones “psi” implementar, más allá de “atender
el caos”? Obsérvese que transformar ese niño en paciente, y por lo tanto
“ponerlo en tratamiento”, supone obturar muchas cuestiones al mismo
tiempo. Otra vez: un universo de
significaciones clausura la posibilidad de captar la singularidad del
sentido.
-
- Si
no pensamos el lugar social y político de los “psi” –más allá de
las preferencias personales- en la planificación de políticas en salud, si
no pensamos su lugar frente a diversas demandas de la comunidad, más allá
de lo asistencial, si restringimos nuestros dispositivos a la asistencia de
pacientes, aunque esta cubra todos los requisitos teórico-técnicos, el
fantasma de la noción médica de curación que habíamos echado por la
puerta grande de la conceptualización teórica, vuelve a colarse por la
pequeña pero implacable ventana de las prácticas cotidianas.
-
Ponencia presentada en el V congreso metropolitano de Psicología:
Buenos Aires, 1989. (Addenda
final en “El Campo Grupal”, Nueva Visión, B. A., 1988)
-
-
Albizuri de García olga. “Riesgos del grupalismo y del
psicodramatismo”. Gili, Edgardo, Percia, Marcelo. “el riego del
psicodramatismo. Apuntes para un debate interno”. En Rev. Arg. de
Psicodrama Técnicas Grupales, n° 4, Buenos aires, 1987.
- Fatalla,
Nelly. “Psicodrama en Instituciones: perpetuación o transformación”
Mesa redonda. Rev. Arg. de psicodrama y técnicas Grupales, n°3, Buenos
Aires, mayo 1988.
-
Fatalla, Nelly. Op. Cit. También Kononvich, B. “Psicodrama
comunitario con psicóticos”, Amorrortu, Buenos Aires, 1981.
-
Vélez de Gallegos, Edith: “Algunas reflexiones acerca de los obstáculos
al intercambio en el ámbito institucional”, Rev. Arg. de psicodrama,
n°2, Buenos Aires, 1987. También Fernández, Ana M. “¿Legitimar lo
grupal? (Contrato público y contrato privado)”, en Lo Grupal 6 Búsqueda,
Buenos Aires, 1988.
-
Castoriadis, C. La institución imaginaria de la sociedad, Tusquets,
Barcelona. 1983. También Domaines de l´homme. Les carrefours du
Labyrinthr, Du Seuil, Paris, 1986. Véase Cap.VII.
-
Baudrillard, Jean. “Fetichisme et ideologie: la reduction semiologique”,
en Nouvelle Revue de PsYchanalise, N°2, paris, 1970.
-
Baubrillard, Jean. Op cit. También De Brasi J.C. “Crítica y
transformación de fetiches”, en Lo grupal 6, Búsqueda, Buenos Aires,
1988.
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