Maria Luisa Azocar
"...Tambien es posible intervenir en el mundo exterior alterándolo y
produciendo en él deliberadamente aquellas condiciones que posibiliten la
satisfacción. Esta actividad se convierte luego en la operación suprema
del yo; decidir cuándo es mas acorde al fín: dominar sus pasiones e
inclinarse ante la realidad, o tomar partido por ellas y ponerse en pie de
guerra frente al mundo exterior : he aquí el alfa y omega de la sabiduría
de la vida".(Freud, 1926,p.188.)
En la práctica del psicoanálisis es cotidiano hacer trabajar al concepto
de represión psíquica en nuestra escucha. Incluso, plantearnos que una
conflictiva psíquica está mediada por la represión ,que los fenómenos
psíquicos que observamos son efecto de la acción de la represión,
puede tranquilizarnos en tanto esto nos asegura una mayor posibilidad de
tramitación intrapsíquica del conflicto y la presencia estable
de una realidad producto de una interpretación del mundo, de las
relaciones y lo vivenciado , que acude a causalidades socioculturalmente
compartidas.
Nuestro yo no se ve cuestionado en sus certezas en relación a los límites
entre realidad y fantasía , percepción y alucinación, delirio y
pensamiento.
Pero, al menos a nosotras, nos ocurre algo muy distinto al plantearnos los
efectos de la represión política y la posibilidad de su inclusión en
nuestra escucha , en nuestra práctica psicoanalítica.
Aunque nos hemos constituído como sujetos, en un tiempo en que la
violencia de la represión política ha dejado huellas directas en la
mayoria de las familias chilenas e indirectas en todas, es dificil
encontrar, en el discurso encargado de dar cuenta oficial de
nuestra historia nacional, recursos que hagan compartibles estos
vivenciados. Es el Estado a través de sus representantes,sus sedes y
voceros que instituye un recuento e interpretación de lo acontecido y
experienciado por un pueblo al interior de las fronteras de su pais
,produciendo así una historia oficial. La historia oficial es
producida desde un lugar de poder y es necesario ocuparlo para poderla
escribir. Es una historia necesariamente implicada en el
resguardo de los intereses de quienes la sustentan, por tanto dice y deja
de decir, omite, censura y desfigura sus contenidos con este preciso
cometido. Hasta ahora las " historias oficiales" han sido
necesariamente lacunares en tanto intentan negar el conflicto político
que las moviliza.
Consecuentemente, en Chile, fue despues de muchos años y algunos
acontecimientos que el discurso oficial estuvo dispuesto a reconocer como
tales a las atrocidades , cometidas por el propio Estado en contra de su
pueblo. El informe Rettig marcó en este sentido un hito. Nombra el
asesinato y desaparecimiento de personas . No se refiere a la tortura que
otros mas sufrieron , así como al exilio, etc.. Tal parece que este
informe y sin querer desmerecer su importancia, hace frontera con la
sobrevivencia.
Hasta ahora , el Estado ha preferido referirse a las consecuencias de esos
actos transgresores de lo humano en las víctimas de los mismos, al daño
sufrido por ellas. Ciertamente las víctimas han sufrido daño y han
vivido pérdidas dificilmente reparables , por no decir
irreparables. Probablemente tampoco resultan elaborables en lo psíquico ,
por tanto son huellas del pasado que calan el presente , todo futuro
presente. Pero , ¿será cierto que sólo las víctimas directas de
la represión se vieron dañadas si se toma en cuenta que toda la
sociedad estuvo expuesta a la convivencia en el escenario de lo cotidiano
con lo ominoso ? En este sentido, toda la sociedad fue "víctima" de la
impunidad de la que gozaron los prácticantes de actos que ni siquiera
atendían a la contemplación de una de las prohibiciones mas básicas que
constituyen a lo social : no exterminar al otro. Tampoco es dable pensar
que los ejecutores de tales actos no quedaron dañados por esas
transgresiones básicas. No es posible imaginar que quienes se
relacionaron afectivamente con ellos quedaron incólumes; menos aún sus
parientes directos, hijos, nietos, etc. Son y seguirán siendo,
hijos, nietos, esposas, madres, de asesinos y violadores que actuaron con
impunidad . ¿Cómo se hace para historizar, para hacer aceptable a un yo
de nuestra cultura, el ser hijo de un torturador o nieto talvez?
Mientras la historia oficial no los nombre como tales y ellos
mismos no se
reconozcan en esos nombres, continuarán en la impunidad. La figura
de la impunidad , al implicar la negación de toda sanción a un acto
punible, deja como representante del acto al sujeto impune. Un asesino que
ha sido condenado tiene esa condición impuesta por los pares para optar a
dejar de serlo. Un asesino impune no puede dejar de ser tal para los
otros. Cualquier otro. No hay eufemismo posible para hacer elaborable una
condición así.
Entonces , ¿porqué cargar a los sufrientes directos de la represión
con todo el daño?. ¿Porqué al nombrarlos como "víctimas" se
les rotula de "dañados", liberando de "ese daño" a quienes no
correspondan a esa denominación ?.¿Porqué el Estado instituye así su
discurso?
Castoriadis dice que la historia oficial es una especie de novela que
pretende dar explicación, incluir en una causalidad socio-culturalmente
compartida, a los acontecimientos vividos por un pueblo. Lourau dice que
sancionar como legitimos , éticos , legales o ilegales a los hechos
y actores que los desarrollan es tal vez su función central pues se la
escribe para legitimar las acciones del Estado ,de sus personeros.
Su trama pretende sobre todo fundamentar como legales, legítimas y éticas
todas las acciones de poder ejecutadas por él o en su nombre. Es que
instituye causas para legitimar su ejercicio del poder. Castoriadis
recuerda tambien que la historia oficial no es la única historia
que intenta explicar ese vivido. Afortunadamente, siempre hay otros
decires que , aunque no siendo hegemónicos a nivel de las instituciones,
sirven a un fin historizador. Todos los rincones grupales y las
identidades colectivas, incluso la familia, generan discursos que en
su transmisión van haciendo versiones interpretativas de lo vivido.
Pero, es el discurso oficial el único que tiene el poder de "amparar" o "desamparar" a los acontecimientos sufridos por las personas
de un sentido que los instaure en relación a la
legalidad dominante. En nuestro pais,
este discurso ha avanzado hasta nombrar y describir estos actos pero no se
ha hecho cargo de incluirlos en una causalidad, de explicitar las causas
que se suponen a esos acontecimientos transformados en hechos a raiz del
nombre y la descripción adquiridas. Por lo tanto hasta ahora el discurso
oficial no es capaz de tolerar un tono de denuncia frente a ellos,
de develar lo que se esconde tras ellos. Es así como la historia oficial
de este pais aún no
puede colaborar con la historización de la violencia social vivida por su
pueblo sea desde el lugar de víctima , victimario o cómplice.
Oficialmente, los chilenos dificilmente podemos des-situarnos de uno de
estos tres lugares sociales oficiales. Ninguno de ellos facilita la
construcción de un proyecto identificatorio , al decir de Piera
Aulagnier. Tal vez la única posibilidad de un proyecto de futuro es como
exiliado de esa historia que el Estado avala. Es sólo en movimientos
instituyentes que se pueden encontrar discursos que provean de una
respuesta compartida con otros en relación a por qué se violaron los
derechos humanos en Chile, por qué el Estado pudo someter a horrores a su
pueblo, por qué todavía los asesinos siguen usufructuando de posiciones
oficiales y de bienes mal habidos. ...No es mediante un diccionario que se
puede entender que alguien sea "un desaparecido". De hecho, tanto
el diccionario de María Moliner como el diccionario ideológico de Julio
Casares , y el de la Real Academia Española, no registran la palabra "desaparecido".
Sí dan cuenta de las palabras desaparecer y desaparición. La segunda es
definida como efecto de la primera. Respecto de "desaparecer" dicen :"ocultar,
quitar de delante con presteza una cosa","quitarse de la vista una
persona o cosa, por lo común con rapidez" .
Huelga cualquier comentario. Pero, y por suerte, en el exilio
de la oficialidad insiste la pregunta sobre qué quisieron desaparecer con
"los desaparecidos". Qué de lo vivenciado por el pueblo del que
somos parte, quieren mutilar de todo sentido. ¿Estaremos en condiciones
de transformar en palabras lo que hoy, nuestros muy presentes "desaparecidos",
continúan encarnando?
Queremos continuar estas reflexiones en torno a la represión política
y el conflicto psiquico recordando lo que al respecto comenta un escritor,
Hernán Rivera Letelier, en relación a su enorme dificultad para rescatar
la historia, de su "propio viejo", como él mismo dice, de la matanza
ocurrida en la escuela Santa María de Iquique, el 21 de Diciembre de
1907: "cuando era chico, mi madre daba pensión; entonces, 40
pampinos venían a comer a mi
casa, y después se quedaban de sobremesa, yo, de 5 ó 6 años me metía
debajo de la mesa para escuchar lo que decían, escuché millones de
historias pero nunca oí lo de Santa María, quizá fue tal la censura que
se transformó en autocensura de los mismos obreros; al principio, por
temor; después, por desgarro de contar eso tan horrible, por dolor." "La
novela que escribo tiene su gérmen en los años 60 cuando escuchó
por primera vez la Cantata Santa María, por los Quilapayún.
Escucharla realmente fue un mazazo. Yo, que me había criado en la
pampa y nunca había escuchado hablar antes de esta masacreS." "Esta
novela es una reivindicación de este suceso que en Chile han querido
olvidar desde siempre. Porque Chile quería olvidar la matanza.
Cuando sucedieron los hechos la censura fue horrenda, fue terrible, ...
con toda la fuerza; incluso se requisaron diarios de la época, no dejaron
que se hablara ni se comentara esa matanza." 2
Preocupación de Freud ha sido, por ejemplo en "Recordar, repetir y
reelaborar" o en "El hombre de los lobos", articular los
acontecimientos históricos significativos con los montajes fantasmáticos
en que se inscriben y la posibilidad de su aparición en la vida psíquica
, ya sea como recuerdos o como formaciones del inconciente que se
manifiesten sintomáticamente tanto en inhibiciones yoicas como en el
pensamiento, el cuerpo o, en actos y
sentimientos que tiñen, inexplicadamente para el actor , su presente.
En este sentido, Rivera Letelier dice suponer que en las memorias
individuales de los testigos de la matanza, ésta no ha sido olvidada, es
factible de conciencia. Que si su padre y compañeros no dicen de tal
acontecimiento , no es porque les resulte poco importante sino primero, en
años cercanos , por temor a la acción represiva del Estado sobre sus
vidas y despues por evitar el tremendo montante de dolor que su recuerdo
evoca, por evitar algo que ya es interno a cada psiquísmo pero
grupalmente compartido. Para Rivera Letelier mismo, el hijo del testigo,
pareciera que la muda presencia -¿la desaparecida presencia ?- del
acontecimiento en sus antecesores hiciera posible que ante la escucha de
una obra de arte, éste se presentificara precipitadamente con todo su
montante de afecto, incluyéndose ahora en su historia personal , haciendo
de la puesta en palabras de ese no dicho , de una historización que lo
incumbe, una tarea imperiosa. Produce una novela. En el discurso
oficial la matanza no figura, por supuesto tampoco la alusión a la
prohibición de hablar sobre ella. Menos aún lo que se quería "matar"
con ella. La prohibición era acatada por miedo y dolor a un peligro
ejemplificado no en la fantasía sino en la siniestra presencia en el
recuerdo de la escena de una masacre insertada en el transcurrir
cotidiano. El miedo es a una acción externa, es consecuencia de una
lectura de la realidad que indica que la vida depende de ese sometimiento.
El dolor es interno a cada psiquismo , es dependiente del deseo de
evitarlo por displacentero, por la sensación de desgarro que causa. La
acción externa que atemoriza es el ejercicio de un poder que no se atiene
a reconocer su límite en el respeto a la vida del otro. Por lo tanto,
cualquier discurso que intentase dar cuenta de él sería de denuncia de
ese atropello de lo humano, sería posibilidad de oposición , de rebelión
a ese poder que lo causó. El silenciamiento de esta rebelión
reduce finalmente a ese acontecimiento de incumbencia social a la condición
de un duelo personal por lo perdido: ¿será posible decir que tanto en
relación a los objetos amados como a la propia integridad como ser humano
? , ¿a la cualidad de sujeto de la propia historia ?
Cantata y novela , obras de arte, parecen intentar saldar esta deuda de
palabras. Ambas intentan hacer sobrevivir al silencio, a eso acontecido
transformado en mudo. Cantata y novela son intentos de puesta en vivencia,
a través de personajes singulares, con amores y odios, de la parte
de la historia de un pueblo escamoteada en sus hechos y sentido por el
ejercicio de un poder político represor; por el intento del Estado de
encubrir su toma de posición frente al conflicto social. ¿Nos será
posibilitado por las producciones artísticas, a los hijos de los testigos
, recuperar a través de la historización ese sentido renegado, que
pueda explicar ese terror y dolor vivido por un pueblo enmudecido que nos
incluye? La ausencia en el discurso oficial, del
conflicto sociopolítico que decidió a los personeros del Estado a
asesinar al pueblo que se supone representa, ha propuesto
transformar las acciones punibles del Estado, en duelos personales , a sus
actos represivos en pérdidas privadas. Dicho toscamente: ¿ de reprimidos
políticamente , de sometidos por violencia, nos han transformado en
deprimidos? ¿Es ésta una hipótesis posible respecto de la relación
entre represión política y conflicto psíquico? ¿Es posible de ser
incluída en nuestra escucha como psicoanalistas? ¿Es necesario que "los
desaparecidos" sigan encarnando solo la representación de lo amado y
perdido o los podremos "aparecer" haciendo retornar en nosotros
nuestra cualidad de sujetos históricos?
En "Tótem y Tabú", Freud plantea que ninguna generación es capaz de
ocultar a la que sigue sus procesos anímicos de mayor importancia. Elina
Aguilar, en "Transmisión de la violencia social:los antepasados y su
herencia", sostiene, que la transmisión de la violencia social padecida
se hará bajo la forma de una repetición en la medida en que
conserva su carga traumática. ¿Cómo se puede transmitir la violencia
padecida si, como dice Janine Puget, la memoria social es a menudo
coartada? ;¿es que el trabajo de los analistas debería estar centrado,
entre otros, en el despertar del deseo de saber; siendo éste,
justamente, el coartado, limitado o anulado y, por ende, prohibido en un
contexto de violencia de Estado?*3
¿ Es que la represión social en los llamados estados democráticos
ocurre logrando ser inocua en lo psíquico?. S. Zizek sostiene en su
artículo "El underground de la política" que a diferencia de la
violencia explícita - de los estados autoritarios y totalitarios - ,
donde la exigencia es el sometimiento, al "sistema liberal-permisivo" le preocupa , fundamentalmente, que quede obturada
toda posibilidad de politización de la cotidianeidad, del reconocimiento
en ella del conflicto de poder como un asunto político. La despolitización
transforma las luchas políticas en problemas, por ejemplo, de tolerancia
cultural, generando una suerte de domesticación donde la
represión política toma cada vez más la forma de una censura interna,
una inadvertencia del conflicto de poder que subyace.
Robert Castel, en "La gestión de los riesgos" plantea la
importancia estratégica que tiene la construcción de modos de
fragilización de determinados grupos sociales, que luego necesitarán
ayuda psicológica para abordar conflictos de índole social considerados
ahora como psíquicos. Sería a partir de allí, que tanto profesionales
como asistidos, "pacientes," considerarán sus dificultades como
personales, individuales, privadas, y se diseñarán abordajes de cura
acordes con este universo de significaciones imaginarias. Como señala
A.M. Fernández en su artículo "Orden simbolico.¿Orden político?", lo
que queda impensado, imposible de teorizar, es la dimensión política de
la subjetividad, y en esto lo que se consolida es la psicologización de
lo social; A Fernández le preocupa que la "cultura psi"
pueda ser, más que moda o recurso sofisticado de ciertos ámbitos
culturales , una pieza estratégica de lo que Deleuze llama el paso de las
sociedades disciplinarias a las sociedades de control.
Por otra parte, la analogía con la que Freud ejemplifica la acción de la
represión en "Análisis terminable e interminable" cobra textualidad en
las diversas formas de ejercicio de la represión política . La censura
oficial de nuestros dias, dice Freud, no haría mas que confiscar un
texto indeseable. Antes,cuando los textos se escribían a mano , ésta
podía optar entre uno de dos procedimientos:
1.- El copista tachaba los pasajes objetables para que el
siguiente escribiente no los transcribira, de suerte que el resultado era
un texto lagunoso y en algunas partes incomprensible,
o
-
- 2.- "... no conformes con ello, querían
evitar (...) el indicio de la mutilación del texto". En este caso "lo mejor era suprimir todo el pasaje e insertar en su lugar otro, que
quería decir exactamente lo contrario. El copista siguiente del libro podía
producir entonces un texto insospechable, pero que estaba falsificado; ya
no contenía lo que el autor había querido comunicar(...) Podía
evitar toda referencia a la mutilación del texto, desfigurarlo, omitir
palabras, o sustituirlas, intercalar nuevas frases; " Freud dice que la
represión equivale a una tachadura o a una omisión, los otros métodos
de defensa que desembocan en una alteración del yo des-figuran
activamente el texto,"lo falsean con el fin de no dejar huellas de su
mutilación."(Freud, 1937,p.238).
De este párrafo queremos destacar que para Freud lo mas avasallante de
las posibilidades de tramitación psíquica de un conflicto es el intento
de dejar sin soporte representacional, a algo ya sucedido. Dejarlo
sin posibilidad de transcripción aunque sea ésta solo un signo. En todo
caso, todas las operaciones represivas acaban por mutilar el saber
intentando evitar que se nombre lo que el poder instituido querría hacer
innombrable. Así parece señalarlo también Freud cuando en "La
Interpretación de los Sueños" dice: "va en la naturaleza de toda
censura el autorizar, que de las cosas no permitidas, se digan falsedades
y no la verdad"; ¿Será casual que cuando, confinamos
estos decires freudianos a los manejos intrapsíquicos de un sujeto,
pierdan toda la fuerza y el
reconocimiento del conflicto con el poder que encierran en su dimensión
política? H. Foladori en "Represión psíquica, represión política",
recuerda que Freud importa la operación de la represión
desde el campo socio-político al campo psíquico. Pero, ¿es necesario
que cruce esta frontera censurado, despolitizado?.
A.M. Fernández en su artículo "Psicoanálisis en lo social y en lo
político"
cuenta una referencia tomada de su práctica clínica : "Corrían
los años duros de la dictadura militar y un analizante, un joven con hábitos
de consumo de drogas y que circulaba en circuitos de extrema marginalidad
social, en un momento de su tratamiento, produce un acto fallido.
Frente a mi invitación a que asociara libremente en relación al mismo,
se sonríe y no sin ironía me dice : "sos el patrullero del inconsciente
(...) en época de controles policiales permanentes, asociar mi
labor como psicoanalista con "las fuerzas del orden" me ponía en una
incomodidad muy particular". Fernández dice que vale la pena hacer de la
incomodidad un concepto, o sea, poder crear condiciones para hacer posible
que lo que es invisible se torne visible, lo impensado se vuelva
nombrable, enunciable, quizás como único modo de sostener la tensión.
Propone asumir la incomodidad de repensar o pensar de otro modo,
desde otro lugar, algunas certezas psicoanalíticas ... y de otros tipos,
que, lejos de sostener la cualidad subversiva del psicoanálisis ...y del
pensamiento ,y de la palabra, los transforman en colaboradores
de lo instituído , tornándolos estereotipantes.
Esta incomodidad es posible cuando no se omite la lucha de poder entramada
en el saber. No hay lugar para la neutralidad.
Des-hacernos de la dimensión política de los saberes y de sus prácticas
nos hace cómplices de la mejor de las estrategias de la represión política,
haciendo de cuentas que allí donde el conflicto sostiene las diferencias,
éste es inexistente e impensable. Foucault advierte que es mas
eficientemente mutilador el vigilar que el castigar.
Por otra parte, no está de mas recordar , como lo destaca Piera
Aulagnier, que el contacto con la realidad y el funcionamiento del
proceso secundario ,son tributarios de las posibilidades de incluir lo
propio vivido en un discurso culturalmente compartido. Cuando la
causalidad del origen , de la filiación y de las sensaciones y
afectos vivenciados, es encontrada en un discurso social , cultural
e historicamente compartido, es que el psiquismo individual puede
sustentar a un sujeto instalado en un presente que encuentra explicación
en un pasado y proyección en un futuro. Un sujeto que se historiza acorde
a un tiempo y un espacio social.
Volvamos ahora a la novela de Rivera Letelier, recreando lo tachado y
omitido en los testigos de la matanza y lo desfigurado y "desaparecido"
en la historia oficial . ¿Es posible respondernos que esa desfiguración
tuvo y tiene, como dice Freud, autorización para ser falseada en la
verdad de que el detentor del poder asesinó impunemente?, ¿de que lo
hizo con la intención de eliminar toda huella de lo actuado , pensado y
sentido por un pueblo en tanto actor de su tiempo y sujeto de su historia?
Que, y siguiendo nuevamente a Freud , ¿el método de la desfiguración
activa del texto, además de falsearlo con "el fín de no dejar huella de
su mutilación (...)
desemboca en una alteración del yo?" Si esto es así, ¿es
necesario que los psicoanalistas escuchemos ese discurso singular, en que
se da cuenta de tales alteraciones , omitiendo su despliegue en el
conflicto social?
¿Desconociendo que al enajenarlo de esta dimensión contribuímos con "desfigurarlo"
haciéndolo solo parte de una historia singular y privada, cuando
también atañe a la historia de un pueblo y al ámbito
público ? Es mas, ¿es posible? o inevitablemente , sea por exclusión
o inclusión ,¿nos situamos, nos implicamos respecto de él? ¿Se
puede hablar de neutralidad mutilando a esta palabra de la dimensión
política que conlleva?
Del texto freudiano se desprende también que tanto el ejercicio del arte
como de la ciencia guardan relación con la capacidad del artista o
cientifico de transformar en transmisible, en enunciable, lo que sino
produciría síntomas o alteraciones yoicas. Ambas producciones hacen
sobrevivir para otros, nosotros, como soportes significantes y
condensados, a esas partes de lo vivenciado que el poder instituído teme
e intenta hacer desaparecer. Ambas pueden sostener condensadamente aquello
de lo que nos quieren mutilar. Pensamos que actualmente es la Unidad
Popular en tanto presentificación de la posibilidad de incluir al
conflicto social, al conflicto de poder en lo cotidiano, en las vidas
singulares, lo que todavía quiere ser "desaparecido" . Vale la pena,
entonces, siguiendo a Alfredo Grande,. señalar que sí, que
hay que hablar de la soga en la casa del ahorcado .
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Citas a pie de página:
1 En el segundo párrafo del Decreto Supremo nº 355 que crea la Comisión
de Verdad y Reconciliación se lee "... se entenderá por graves
violaciones las situaciones de detenidos desaparecidos , ejecutados y
torturados con
resultado de muerte..."
2 Tomado textual de entrevista periodística aparecida en Internet.
3 Marie Langer en Memoria, Historia y Diálogo Psicoanalítico hace
referencia a las dificultades a las cuales se vieron enfrentados los
psicoanalistas a comienzos del nazismo . En Berlín, Hitler ya estaba en
el poder y en Austria los psicoanalistas se reunieron en torno a Freud y
se " dictaminó que ningún analista podía militar en ningún
partido clandestino, ni, menos aún, tratar a personas que lo estuvieran
haciendo." (pág 55). Más adelante ella se entera que esta medida
fue promovida por Federn. En otro momento ella alude " a la gente que
jugaba a que no pasaba nada, y los psicoanalistas jugaban mejor que nadie
a este peligroso juego de negación". ( pág 58)
Bibliografía
Fernández , Ana Maria.2000, Morales incómodas:algunos impensados
del psicoanálisis en lo social y en lo político, archivo Internet de
revista Les etats generaux de la psyshanalyse 1999,Orden simbólico
¿orden
político?, revista Zona Erógena, mayo.
Foladori, Horacio.2003,Represión psíquica-represión política, Campos
de interferencia: subjetividad e institución, U.Arcis, p 37 Freud,S.
1900, La interpretación de los sueños, .Bs.As.,Amorrortu ,p- 436.,T.
V.
- 1926, ¿Pueden los legos ejercer el
psicoanálisis?,Bs. As., Amorrortu,p.188, TXX.
937,Análisis terminable e interminable, Bs.As.,Amorrortu, p.238, TXXIII
- Grande, Alfredo. 2002, El psicoanálisis
implicado ,Bs. As.,Ed. Topia, Informe de la Comisión Nacional de Verdad y
Reconciliación , p. VIII ,Santiago, febrerro, 1991.
- Laing, R.D. 1986, El cuestionamiento de la
familia, Bs.As., Paidos,
Langer, Marie.1983, Memoria, Historia y Diálogo Psicoanalítico,México
DF, Folio Ediciones , Colección Alternativas, pags. 55 - 58.
Rivera Letelier, Hernán. 2002,Santa Maria de las flores negras,Seix
Barral.