ACERCA DEL APRENDIZAJE(*)
Marta Susana De
Brasi
Introducción
El
objetivo de este trabajo es plantear un modelo pedagógico centrado en el
proceso de aprendizaje, donde lo fundamental a tener en cuenta son los factores
que impiden la incorporación de la información recibida, así como la
posibilidad de pensar sobre ella y su cuestionamiento crítico.
Cuando
intentamos abordar un campo tan complejo como el pedagógico, nos vemos
conducidos de inmediato a plantearnos una serie de interrogantes que nos
permiten esclarecer y poner de manifiesto las modalidades de enseñanza en el
proceso de transmisión de conocimientos.
Lo
primero que observamos en las instituciones encargadas de esta transmisión
(escuela, universidad etc.), es una forma de relación jerárquica entre el
educador y el educando basada en la existencia de un sistema de intercambio que
comprende, desde las representaciones atribuidas socialmente a las funciones
tanto del que enseña como del que aprende, hasta los modos de transmisión, de
control, de sanción, y criterios de evaluación.
El
supuesto es que hay alguien que sabe y alguien que desconoce, siendo éste un
receptáculo vacío que hay que ”llenar” con la información y el
“saber” del emisor, que queda sí como poseedor no sólo de la información
sino también del conocimiento del otro, del alumno-receptor, sus necesidades,
deseos, etc., como si aquel fuera transparente.
Es una posesión de conocimientos que además tiende a la apropiación del
educando, ya que lo conoce, cuando en verdad lo desconoce, negándolo así como
sujeto activo productor de nuevos conocimientos.
Es
así que lo principal pasa a ser el contenido (“materia”) de lo que se
transmite, se deja de lado los obstáculos
y procesos que intervienen en la situación de aprendizaje y queda silenciado lo
fundamental del mismo. Es decir, se dejan de lado los procesos de identificación y transferencia que operan en forma no manifiesta, no consciente, negando con
eso la posibilidad de comprender y manejar los obstáculos afectivos que se
ponen en marcha al tratar de
incorporar la información.
Estas
dificultades en el proceso de aprendizaje deben ser tomadas como un aspecto
esencial del mismo, ya que su desconocimiento oculta la posibilidad de llegar a
descubrir que el aprendizaje es un acto de permanente cuestionamiento. Ceguera
ésta que no se da sólo entre el educador y el educando,
sino que ya está instituida por la institución educativa de la que
forman parte. Práctica de un saber considerado como absoluto y aceptado como
natural, características éstas presentes en todas las instituciones por
diferentes que sean sus finalidades.
Lo
que se siente como natural o no
natural es algo que el individuo va aprendiendo desde que nace, en el seno de su
familia, que luego reproducirá en otras instituciones (escuela, fábrica,
etc.), es decir, que lo absoluto y natural impide, “sospechosamente”,
comprender que toda producción humana surge en un contexto social y en un
momento histórico determinado.
Para
producir la ruptura en este modelo instituido y la comprensión de las
dificultades en el aprendizaje, uno de los aspectos más importantes a tener en
cuenta es la formación del equipo docente. La premisa fundamental es motivar a
ellos el aprender, y de ahí surgirá el enseñar, como consecuencia de la
“dialéctica que comienza a
desenvolverse”. Es decir que es imposible enseñar sin aprender, siendo
este último el paso previo que desencadenar el proceso pedagógico. Formación
que debería llevarse a cabo bajo el supuesto de que en él se condensa gran
parte de los obstáculos del proceso de aprendizaje. Es el lugar donde opera un
doble desconocimiento. Por un lado, de las determinaciones a que la función
docente está sujeta en la institución educativa. O sea: sistema de sanciones,
retribuciones, incentivos, etc. Por otro lado, de los procesos afectivos que se
desencadenan y acompañan la práctica docente.
Esto es importante tenerlo en cuenta si queremos producir algún
efecto que tienda a modificar la concepción en la que se asienta el sistema
educativo y lograr desarticular en algún punto este andamiaje que no por muy sólido
es menos problemático.
Un
error que se comete frecuentemente es pensar que las modificaciones introducidas
en el “contenido de la información” son en sí mismas decisivas para
cambiar este sistema y contribuir a la formación de un nuevo modelo de
pensamiento.
Queremos
agregar por último que si bien el acceso a la mayor cantidad de información
posible en un campo dado es importante y
necesario, su papal es siempre relativo, ya que hasta la “mejor formación”
corre el riesgo de quedar absorbida
o neutralizada por el sistema dentro del cual opera.
Vamos
a relatar a continuación una experiencia que nos permitió analizar la
estructura educacional vigente y a tratar de implementar ciertos cambios dentro
de los límites posibles de esa estructura.
Ubicación
de la experiencia
Organización de la cátedra.
En
el año 1974, debido al nombramiento del doctor Armando Bauleo como profesor
titular, colaboramos en la cátedra de Psicología Social I de la carrera de
psicología de la Universidad Nacional de la Plata (Argentina). El titular
anterior había renunciado a pedido de los alumnos y hacía dos años que no se
dictaba la materia.
Psicología
Social I era una materia del segundo año de la carrera de psicología. Esta
carrera, de cinco años de duración, estaba compuesta por aproximadamente 30
materias de orientaciones heterogéneas (reflexología, psicoanálisis,
behaviorismo), carentes de una conexión coherente. La materia Psicología
Social I era cuatrimestral, con clases teóricas tres veces por semana de una
hora cada una, dictadas por el profesor titular o un
adjunto, y con comisiones de trabajos prácticos de no mas de veinte
alumnos a cargo de un ayudante (docente o estudiante) que se reunían una vez
por semana durante hora y media. La asistencia de los alumnos a las clases teóricas
no estaba controlada, en cambio sí lo estaba su asistencia a los prácticos, ya
que para ser considerado alumnos regulares de la materia que cursaban,
necesitaban haber concurrido por lo menos al
75% de los mismos. La evaluación del estudiante se realizaba a través
de pruebas que se hacían durante el curso y un examen final.
Al
hacernos cargo de la cátedra nos propusimos como objetivo ofrecer una situación
de aprendizaje que permitiera por un lado un acercamiento a material de psicología
social que había sido significativamente omitido en los programas anteriores y,
por otro, una lectura distinta de ese material.
Este
segundo objeto implicaba, dentro de los límites del marco institucional
universitario, la realización de ciertos cambios en la organización del curso.
El titular de la cátedra, pensando en presentar a los alumnos más de una
fuente de información y de identificación, distribuyó las clases teóricas
entre distintos profesores de acuerdo a temas que eran de la especialidad de
cada uno, y utilizó las comisiones de trabajos prácticos para que los alumnos
tuviesen otro modelo de situación
en la cual se maneja información. De este manera se quebró la estructura de
las clases magistrales en las cuales el profesor se presenta como el dueño
absoluto del saber, en tanto la información llegaba a través de diversas
fuentes y canales.
En
lo que hace a las comisiones, usualmente éstas funcionaban como un apéndice de
las clases teóricas, pero en esta experiencia se utilizaron como uno de los
lugares fundamentales del aprendizaje.
Los alumnos trabajaban en grupo, con uno de los ayudantes de cátedra como
coordinador. El tratamiento que se hizo del material bibliográfico fue
programado en forma específica para cada uno de los lugares de enseñanza. Por
ejemplo, el tema sobre grupo fue
desarrollado en las clases teóricas y puesto en práctica y vivenciado en las
comisiones en las cuales todo el trabajo fue hecho con técnicas grupales.
Durante la primera parte del curso se utilizó la técnica de grupo operativo.
Para la segunda mitad del curso (que no se
pudo llevar a cabo por el
cierre de la universidad) se había planificado que cada reunión fuera
coordinada con una técnica grupal distinta para que los alumnos, además de un
acercamiento teórico, tuvieran una experiencia práctica y vivencial de las
mismas.
Estos
cambios organizativos tendían a contraponerse a la desconexión o incoherencia
imperante en otras materias de la carrera a la vez que ofrecían condiciones de
aprendizaje que posibilitaban el cuestionamiento, el develamiento a través de
la lectura de lo latente.
Sistema
de evaluación.
El
sistema de evaluación habitual se realizaba a través de
un puntaje obtenido en una prueba que pretendía medir la cantidad de
información acumulada durante el curso. Nosotros nos propusimos utilizar este
requisito institucional para que también esta situación fuera de aprendizaje.
Se planificó utilizar el tiempo que usualmente se dedica a tomar las pruebas (
3 horas), de la siguiente manera: una reunión de aproximadamente una hora, con
todos los alumnos e integrantes de la cátedra, para comentar los temas vistos
hasta ese momento en los teóricos y en los prácticos. Luego los alumnos se dividirían en pequeños grupos durante dos horas con un
coordinador, para profundizar y retrabajar los temas que habían
surgido en la reunión general; al cabo de este tiempo volverían a
reunirse todos, aportando cada grupo una síntesis de lo trabajado.
Para
poder cumplir con el requisito exigido por la universidad se utilizaría la
participación de los alumnos como índice para la evaluación individual.
Consideramos
que la evaluación no debe ser hecha solamente por el polo docente. Para que éste
pueda evaluar y revisar o sea tomar una actitud crítica de cuestionamiento, con
respecto a lo que está haciendo, necesita recibir lo que el estudiante tiene
que aportar al respecto ya que éste le puede dar elementos que hasta entonces
el docente ignoraba o interpretaba de otra manera.
Formación
del equipo docente.
Como
habíamos dicho anteriormente, era fundamental, para poner en marcha un nuevo
modelo de aprendizaje, la formación del equipo docente, ya que tiene que
transmitirlo a través de un proceso que el equipo, hasta ese momento,
desconoce.
La
forma en que se abordó este problema fue la de crear, para los docentes,
oportunidades de vivenciar experiencias grupales y de elaborar el material
bibliográfico de los prácticos en una situación de aprendizaje similar a la
que ellos tenían que presentar a los alumnos.
De
esta experiencia grupal conjunta se esperaba que los docentes internalizaran un
esquema referencial y un modelo de coordinación comunes a la cátedra que
operaran lentamente en ellos cuando estuvieran con los estudiantes, y además
que les permitiera cuestionar modelos previos de enseñanza, a través de una
actitud crítica y reflexiva que posibilitara la emergencia de nuevas
estructuras de pensamiento.
Como
todo proceso de aprendizaje, esto
implica la ruptura y el abandono de
viejos esquemas y conocimientos internalizados, ponía en movimiento afectos y
despertaba ansiedades que operaban como resistencias contra la incorporación de
otros. Se temía la pérdida de lo aprendido por el empobrecimiento que se sentía
ante la desestructuración personal, sin que lo nuevo formara parte aún de los
“nuevos” docentes.
El
grupo sería como continente de la situación de desestructuración que acompaña
todo aprendizaje, ya que se ofrecía un lugar que permitía visualizar los obstáculos
afectivos que impedían que una información fuera recibida.
En
el grupo el coordinador toma en cuenta los procesos de identificación y
transferencia como reconociendo la historicidad de sus integrantes. Reconoce que
hay un obstáculo en el aprendizaje por los procesos afectivos,
pero no por que el otro es transparente ni porque el coordinador lo sabe todo,
sino porque hay un inconsciente y por eso hay transferencia y procesos de
identificación. De ahí que, reconociendo que el otro tiene una historia,
aunque no la conozca está abierto a escucharla.
Nuestro
a priori de trabajo en
grupo se fundamenta de este modo, por considerarlo una fuerza vivía y dinámica
que se opone a la rigidez de lo instituido, en este caso a nivel de la institución
universitaria, y que permite, desde
su interior, producir resquebrajamientos en los pensamientos institucionalizados
de sus integrantes.
El
proceso de formación de un esquema referencial común en el equipo docente pasó
entonces por lo que pueden considerarse tres etapas.
La
primera transcurrió durante el mes previo a la fecha de iniciación del curso.
Con el propósito de prepararse para su nueva función, los ayudantes se reunían
una vez por semana durante dos horas y media bajo la dirección del titular. La
primera hora se utilizaba para resolver problemas administrativos de la cátedra.
Durante la hora y media
restante se formaba un grupo de trabajo con el titular como coordinador, cuya
tarea era la de elaborar el material bibliográfico que luego iba a ser el tema
de las comisiones de trabajos prácticos.
Los
obstáculos principales que observamos durante este período de preparación
provenían de la composición heterogénea
de un equipo docente que, en
su mayor parte, estaba ya constituido al hacerse cargo de la cátedra el nuevo
titular. Dada la situación política imperante en la universidad, la mayoría
de los ayudantes tenía o había tenido una
militancia activa en distintas agrupaciones políticas estudiantiles, y su
inclusión en la cátedra estaba influida por la necesidad de implementar entre
los estudiantes las propuestas de sus respectivas tendencias, ya que el cargo
docente permitía un contacto directo con ellos. Esto
determinó que en las
primeras reuniones se diera un juego de fuerzas donde el que hablaba era
inmediatamente aceptado o descalificado, no por sus contribuciones o aportes a
las tareas sino por las imágenes que suscitaba su pertenencia o simpatía por
alguna de las agrupaciones. Sólo
en el proceso grupal y paralelamente a un mayor compromiso con la tarea, se pudo
poner de manifiesto esta situación y cómo estos prejuicios actuaban como obstáculos
para la formación de un esquema referencial común en el equipo docente.
La
segunda etapa se dio al confrontar lo aprendido con la práctica docente, o sea
cuando los ayudantes coordinaban los grupos de alumnos.
La
tercera comenzó cuando, transcurridos un mes de trabajo con los estudiantes,
los docentes volvieron a reunirse
como integrantes de un grupo coordinado esta vez por el profesor adjunto. La
tarea era plantear las dudas y las dificultades que habían aparecido en el
trabajo con los alumnos en cada comisión,
o sea posibilitar un distanciamiento del campo de la práctica para poder pensar
sobre ella.
En
esta reunión se pudo ver qué situaciones se repetían en los diferentes
grupos, integrar la experiencia de cada uno con los aportes de los demás y
tener mayor contacto y comprensión de las situaciones grupales en general.
El trabajo en equipo permitió develar la disfuncionalidad del sistema de adjudicación de roles con el cual se manejaba la universidad. Por ejemplo, en el caso de la jefa de trabajos prácticos se superponía en su rol funciones administrativas y connotaciones jerárquicas basadas en el supuesto de que quien desempeña esa función tenía mayor conocimiento de la materia que el resto de los docentes auxiliares. En el trabajo grupal, en el que todos los ayudantes funcionaban como integrantes, aparecieron liderazgos funcionales y dinámicos relacionados con el aporte a la tarea, que no necesariamente coincidían con los roles adscritos fijados por la universidad. La jefa de trabajos prácticos siguió desempeñando las funciones administrativas que le correspondían y dentro del grupo llegó a funcionar como un integrante más, ya que todos pudieron que se estaba frente a una nueva tarea. Concomitantemente hubo una menor depositación de responsabilidades y un mayor apoyo y esfuerzo común ya que la tarea era compartida.
También
en la reunión mencionada se puso de manifiesto que uno de los obstáculos
principales de los ayudantes provenía de sus múltiples
pertenencias institucionales. O sea cómo el coordinador docente estaba
determinado no sólo por su inserción en la universidad sino también por las
instituciones profesionales que tenía somos referentes.
Esto
se reflejaba en el manejo que hacían de las situaciones grupales en las
comisiones de trabajos prácticos. Casi todos eran psicólogos, pero aquellos
cuya experiencia era predominantemente clínica, frente
a una dificultad en el grupo tendían a interpretar los afectos como
manera de dinamizarlo, mientras que los que tenían mayor trayectoria en el
campo de la enseñanza enfrentaban el obstáculo dando información.
Como
decíamos antes, la posibilidad de llevar a cabo un trabajo coherente se basaba
en la incorporación de un esquema referencial elaborado por todos en ese
proceso de formación del equipo y
de una técnica apropiada para operar en el campo. En la experiencia se utilizó
la técnica de grupo operativo que permitía conjugar esa doble pertenencia de
los docentes: la de coordinadores descentrados de la tarea del grupo y la de
docentes de la universidad con responsabilidad por el aprendizaje de los
alumnos. En el rol del coordinador de un grupo operativo opera una latencia que
incluye tanto el conocimiento de la información sobre la que deben trabajar los
alumnos como el manejo de las
situaciones afectivas que surgen en el proceso de aprendizaje. Pero el
coordinador no da información ni interpreta directamente los afectos, sino que
utiliza esos conocimientos para la comprensión de cada situación y para
dinamizar al grupo mediante recursos, como remitirlo a
la tarea cuando se ha alejado de ella, estimular la participación,
mostrar qué aspectos quedaron claros , cuáles confusos o cuáles fueron
omitidos, etc.
Esta
manera de encarar la formación del equipo docente apuntaba
a desarrollar una actividad docente coherente con el modelo de
aprendizaje que la cátedra ofrecía a los estudiantes.
Por
medio de esta experiencia intentamos mostrar cómo se podrían utilizar
determinados lugares de una institución que, por una coyuntura histórica, se
hacen accesibles para implementar un proyecto de aprendizaje que pueda inducir
ciertas modificaciones en la coyuntura. En este caso se dio a través de la enseñanza
de una materia universitaria, pero nuestra finalidad era la de presentar un
modelo de intervención que permitiera pensar y cuestionar lo instituido.
Conclusión
Las
reflexiones hechas durante el trabajo nos llevan a extraer dos conclusiones
fundamentales. En primer lugar, la definición más acabada de nuestro
proyecto. El fin de éste no es el de crear instituciones
“de avanzada”, sino el de develar las fuerzas y dinamismos que “lo
instituido” no deja manifestar con toda su potencia creadora.
En
segundo término la que toca a un
“modelo operatorio”. Este deberá ser aplicado a situaciones tanto de
aprendizaje como terapéuticas, y tendrá que posibilitar la gestación de un
pensamiento crítico, que lleve al reconocimiento lúcido de las múltiples
determinaciones a las cuales
estamos sujetos. Pero también, a las formas inéditas
de transformarlas.
(*) Publicado en Bauleo, Armando et. al (1983) La Propuesta Grupal, Folios Ed. México D.F.