Roland
Sefcick
Nuestro propósito será el
de reexaminar la noción de encuadre psicoanalítico y proponer la noción de
metaencuadre, sin por ello negar el fundamento freudiano : el inconsciente, el
trabajo acerca de la transferencia y el sostén rigoroso del encuadre.
Además
propondremos una instancia psíquica, lo institual, que en espejo con la
institución posee, entre otras, una función desnarcisizante.
Los
conceptos psicosociales utilizados aquí para plantear un encuadre terapéutico
tripartito, que puede aplicarse en terapia individual o familial, quizás
sorprendan al terapeuta acostumbrado a los conceptos psicoanalíticos. No
obstante, esos conceptos permiten plantear la noción de encuadre institucional
y de metaencuadre que desarrollaremos más adelante. Planteadas estas nociones,
el proceso psíquico queda igual. El
juego transferencial se modificara, no en su expresión, sino en su repartición.
En efecto, el triple encuadre hará que la transferencia del paciente,
individuo o familia, se efectúe en tres planos: individual, grupal e
institucionalmente.
¿ Por qué este paso?
Sobre el plan de terapia psicoanalítica individual, el encuadre
psicoanalítico clásico, hecho de rigurosidad y duración, se ve en
dificultades frente a las problemáticas perversas, narcisistas, a las cuales se
agrega hoy en día un tipo de funcionamiento de urgencia para un público
“nuevo” cuyos síntomas pueden hacer pensar en poblaciones con desórdenes
psiquiátricos. Este público llega psicológicamente “desnudo”,
desorganizado, desestructurado, regresivo, movilizando falsos-selfs, defensas
arcaicas y actuaciones. A menudo pacientes abandónicos y precozmente
carenciados. Forzados a una huída hacia soluciones cada vez más tóxicas y
destructivas, están en una espera ansiosa de soluciones rápidas y con cada vez
menos implicancias personales.
Por su lado, la familia
presenta cada vez más problemáticas sociales y grupales que se agregan a los
conflictos transgeneracionales.
En Terapia familiar hay tres
aspectos que vuelven compleja la situación:
1)
–la demanda proveniente a menudo de uno solo de los miembros de la
familia.
2)
–la familia,contrariamente al grupo terapéutico, es un grupo constituído
teniendo ya una historia grupal.
3)
– se lo acepte o no, la familia es una unidad institucional.
De este modo, los terapeutas se ven confrontados a una dificultad de
contener y encuadrar las acciones, las salidas y detenciones prematuras del
trabajo en el que se comprometieron.
Aportar una respuesta a estos
problemas será el objetivo de este artículo que resume mis opciones luego de
haber puesto en marcha centros terapéuticos y gerontológicos (1980 y 1989), y
reinserción y acompañamiento familiar (1993 y 1998). Estos tres tipos de
acciones apuntan a afianzar al individuo o al grupo sometido a vivencias de
regresión psíquica.
Propongo
aquí dos conceptos. Lo institual en tanto instancia psíquica y lo
institucional en tanto metaencuadre
:
- Lo institual, para introducir una instancia psíquica diferenciadora
que aparece en el individuo, la pareja, la familia y el grupo.
- El metaencuadre, elemento
de un dispositivo terapéutico tripartito pudiendo encuadrar separadamente;
tratar y diferenciar los elementos arcaicos pre-edípicos y los edípicos.
Esta doble aproximación
contiene las angustias catastróficas y sus acciones que, de otro modo trabarían
todo el transcurso terapeutico psicoanalítico. Con el fin de situar lo
institucional como elemento fundador del metaencuadre, es necesario precisar la
noción de Forma social y sus tres lógicas.
Primer postulado: la
Forma social[1]
está constituída por tres registros de lógicas bien diferenciadas:
- lo organizacional, lo que es necesario para funcionar
: locales, mobiliario, métodos, teorías, etc. Define la función[2]
de los individuos;
- lo
grupal, releva vínculos intertransferenciales que se van a poner en juego. Es
pues, el registro de los sentimientos y afectos. Define los roles[3].
- lo institucional, conjunto de reglas que
conciernen al grupo humano y que articulan a los individuos con sus funciones y
con los objetivos fijados por la Forma social. Define el status[4]
de los individuos. Este conjunto articulado por una parte a la Ley (Constitución)
y por otra, a las necesidades del terreno (objetivos institucionales), no es,
contrariamente al registro grupal, sede de emociones y afectos.
Segundo postulado: llamaremos “institual”
a la competencia interna del sujeto a integrarse a la Forma social movilizando su capacidad para comprender,
integrar y manejar un conjunto de reglas. A lo largo de toda su vida el sujeto
va a indagar en su contexto social y por diferentes medios, a desplegar su
institual, interfaz entre su Yo (moi) y su envoltura identitaria externa.
Es un juego de imágenes entre dos espejos,
permitiendo asir la realidad y su historia.
Lo institual requiere de una Forma social. El sujeto podrá entonces
investirla narcisística y libidinalmente.
Tercer postulado: lo institual del sujeto (compuesto por el
superyo y por el ideal de Yo) que no encuentre
una superficie institucional sobre la cual proyectarse (ideal de Yo),
cesa súbitamente de estar anclado al proceso secundario, se hunde y se disloca
bajo el empuje de elementos arcaicos pertenecientes al proceso primario, al
registro pre-edípico, fragilizando así al sujeto bajo el efecto de una regresión.
La proyección, no pudiendo hacerse sobre lo institucional, va a
efectuarse entonces sobre la grupalidad (Ilusión grupal de D.Anzieu). Una parte
de las defensas va a fijarse en lo organizacional, tal como lo señala también
D.Anzieu en 1970 en los grupos pequeños (p.12-1981). Lo
mismo puede ocurrir durante el trabajo individual, cuando la transferencia se
vuelve masivamente negativa y sin remisión, llevando por cierto a la ruptura
del tratamiento.
CASO:
M.P., 38 años, cesante desde hace 5 años. Organizado, acude regularmente al
ANPE[5],
lo que le permite descargar su ira contra el personal, atribuyéndole
exactamente aquello de lo cual se reprocha : incapaces, haraganes,
aprovechadores, etc. Su función no
es la de utilizar los servicios propuestos sino la de producir un semblante de
grupo en el que se siente reconocido, en el cual tiene un lugar, un rol. Pero él
no está en la institución ya que no obtiene otro status que el de cesante,
hecho que no soporta. Su institual, no pudiendo proyectarse en una institución
valorada, se hunde y este individuo funciona como si estuviese psíquicamente
enfermo. Manifiesta persecución y depresión, no pudiendo decirse sin embargo
que sea delirante o esté verdaderamente deprimido. Está muy regresivo. Toda
psicoterapia clásica le es insoportable y, desde nuestra óptica, comprensible.
Así que podríamos postular
una ley : lo que no puede ser tratado por el sujeto y la Forma social en el
plano institucional/institual, será volcado inevitablemente en el plano grupal
y organizacional, a través del aplanamiento y la regresión.
Por el
contrario, habiendo el sujeto (re)constituido su institual, es capaz
eventualmente de contención interna de sus partes psicóticas y puede proyectar
su Ideal del Yo en un sujeto del sexo opuesto, primer acto de la institución-familia,
o en otras instituciones capaces de “vestirlo” con un status social que
ellas entregan y de “nutrirlo” narcisísticamente por la idealización
introyectada : “somos buenos y nos completamos”.
Hoy,
este funcionamiento resulta cada vez mas difícil para un público fragilizado.
Es así que cada vez son más frecuentes aquellas familias con un Yo grupal psicótico,
cesantes y jubilados desocializados, desinstitucionalizados que, sin ser
personas particularmente inmaduras o frágiles, están algo así como castradas
de institual, incapaces de reconstruirse, cargando una patología a menudo
pesada, discapacitados de la reinserción o de la competencia parental,
incapaces de estructurar una familia.
En un plano
conceptual referido a la investidura que efectúa el sujeto en lo
institucional, ¿Podríamos decir que hay un proceso de sublimación? Freud
alude a la sublimación en relación a las actividades de investigación
intelectual y artística. Pienso que la actividad institucional es portadora de
ideal y puede ser investida libidinalmente y, por consiguiente, podría resultar
de ella la sublimación. Esas personas discapacitadas de institual son - a
nuestro juicio - privadas de sublimación, si admitimos que se puede sublimar en
lo institucional.
Comentarios
teóricos.
La tendencia natural del ser
humano de constituir lazos en grupos y la indiferenciación regresiva que de
ello puede resultar, mecanismos descritos por Freud, muestran la necesidad de un
funcionamiento individual diferenciado y de una flexibilidad a nivel de
las instancias para los pacientes que sufren de una falencia de la diferenciación
en ese registro.
Para introducir una instancia
diferenciadora propongo el concepto de institual. Esta instancia aparece en el
individuo, la pareja, el grupo y la institución. Enraizada en el Superyo
y en el Ideal del Yo, requiere anclarse en lo real social-Ley.
De otro modo, al ser descuidada, irá a fijarse en la relación grupal o
transferencial en situación psicoanalítica individual y regresar, movilizando
las partes psicóticas individuales o grupales. El Superyo, aislado y regresivo,
puede volverse ley tiránica y, por otra parte, el Ideal del
Yo, al dejar de estar anclado en el narcisismo secundario, en la relación
de objeto, regresa en conjunto y es reabsorbido en la reserva del narcisismo
primario, desarrollando en particular un
sentimiento de omnipotencia-impotencia en relación con el mundo.
En el plano tópico, lo
institual se nos aparece entonces como una instancia[6]
psíquica. Se funda en el Superyo y en el Ideal del Yo. Del Superyo toma los
valores morales fundando su ética institual (el bien, el mal, la culpa, etc.) y
del Ideal del Yo, proyectado en lo institucional, toma la valorización
narcisista por idealización del objeto de amor elegido (G. Decherf,1991).
Postulo entonces la hipótesis
que lo institual se arraiga, por una parte en el Superyo el cual, proyectado en
la institución, es vivido por el sujeto como la instancia exterior interdictora
y coercitiva. Pero, al mismo tiempo, lo institual se arraiga en el Ideal del Yo.
Este segundo aporte es capital puesto que va a colorear de un matiz edípico el
valor y la fuerza de lo institucional, en el que lo institual del sujeto va a
posarse y va a poder dar a la regla una función de reaseguramiento que logra
equilibrar, sin excluirlo, el aspecto coercitivo dado por el Superyo.
En un plano fantasmático lo
institual proyectado en lo institucional, en caso de regresión, podrá
ser vivido por el sujeto como objeto bueno nutricio u objeto malo
persecutorio. Pudiendo asimismo vivirse persecutorias las reglas
institucionales. Así, las partes arcaicas del Yo se depositan en la grupalidad
de la Forma social.
En un plano económico
aparece -en el encuadre terapéutico tripartito- la importancia de mantener
clivados en la transferencia el Ideal del Yo y las partes psicóticas del Yo,
manteniendo en el plano dinámico el sentimiento -para el sujeto- de unidad del
conjunto terapéutico. Dicho de otro modo, las partes psicóticas pueden ser
proyectadas y trabajadas en el grupo terapéutico en la medida que, al mismo tiempo, el
dispositivo terapéutico disocia y pone en lo institucional el Ideal del Yo del
sujeto. En la situación de trabajo individual, el paciente inviste su Ideal del
Yo en la institución psicoanálisis. El paciente se engloba con su analista en
la institución psicoanálisis y ambos, sometidos a las mismas “reglas”
viven “juntos” la aventura. Entonces, las partes “malas” proyectadas no
vienen a englobar y destruir a las partes “buenas” proyectadas en otra
parte.
En el Yo, desplazándose el conflicto por no
ser vivido en el plano de lo objetal en general y de lo institucional en
particular, va a manifestarse en términos de ansiedades catastróficas junto
con el grupo de defensas de este registro. A. Eiguer (1991, p.11) nos muestra
muy bien el desplazamiento del conflicto objetal por regresión hacia niveles
narcisísticos primarios y las alternativas conflictuales que allí se
manifiestan (p.16) : “El conflicto narcisista opone la tendencia a la contención
a la tendencia a la ausencia de contención ; la tendencia a utilizar el aparato
pensante a aquella de privarse de
él ; aquella de admitir el vacío a aquella de perderse en él ”.
Estas tres alternativas
conflictuales del registro narcisista pueden obrar en un cuadro terapéutico
regresivo, individual o grupal o pueden ser también posteriores a la regresión
consecutiva a la pérdida de anclaje de la instancia diferenciadora en lo real e
institucional. Durante el proceso terapéutico la regresión es indispensable,
pero para aquellos que sufren este proceso sin encuadre terapéutico, ya sea un
individuo o una familia, las alternativas conflictuales están presentes ; la
tendencia contención/ no contención es central ; la confusión de pensamiento
es impactante, aún para un público docto y cultivado ; el sentimiento de vacío,
con angustias de caída, despojo y pérdida de la sustancia corporal y psíquica
son casi una constante.
Esta fluctuación entre dos
extremos no deja de evocar la oscilación de la posición paradojal mostrada por
G. Decherf y J.P. Caillot (1989, p.87). Esta oscilación se manifiesta en
particular para las personas desinsertas o familias grupalmente regresivas, en
las cuales la confusión de pensamiento y la representación del mundo alternan
entre dos posiciones paradójicas adjuntas al tipo de alternativas conflictuales
proyectadas en el mundo, no en términos de delirio, ya que estas personas no
tienen necesariamente estructura psicótica, sino en términos de representación
del mundo, pudiendo este aparecérseles loco e intrusivo. Sometidos a una
regresión grupal sin grupo, en un mundo regulado, pero sin encuadre para ellos,
la representación espacial se disloca y el tiempo ya no tiene sentido. La
sensación y la imagen remplazan al concepto y el análisis, en un mundo
percibido e interpretado, pero no analizable.
Ensayo
de análisis de los componentes fundamentales del dispositivo psicoterapéutico
psicoanalítico
El dispositivo terapéutico freudiano plantea dos agenciamientos. El
primero, terapéutico, permite al paciente de producir una sustancia psíquica
suficientemente limpia de todo parásito que no le pertenezca, dándole así una
seguridad de estar trabajando con su propio psiquismo. El segundo
agenciamiento, científico, consiste para el terapeuta, en efectuar un
trabajo de recolección de datos basado en la precisión de su dispositivo de
observación de los fenómenos inconscientes. No pudiendo el psicoanalista
reproducir los fenómenos que observa, deberá fundar su cientificismo en el
rigor y cualidad del dispositivo (tal como el telescopio del astrónomo le
permite “ver” mejor) y en la
precisión de sus conceptos y su teoría . Pero, hay distintos tipos de
telescopios.
¿ Cuáles son las características
del dispositivo terapéutico? ; ¿ Podremos modificarlo si se quieren conservar
aspectos que fundan el dispositivo psicoanalítico, uno terapéutico y el otro,
científico?
Breve
reseña histórica
Freud
toma prestado su encuadre terapéutico
al método hipnótico. Después, el
proceso terapéutico fue solicitado por otros mediadores[7]
que la asociación libre : el cuerpo (bioenergía Reichiana), el teatro (
psicodrama de Moreno ), etc. Después de la guerra, el grupo va adquirir con
Lewin todo su lustre.
Es así que nuevas reglas van
a permitir encuadrar las particularidades grupales : no conocerse fuera del
grupo, regla de restitución, de discreción, etc. La regla fundamental de la
libre asociación productora de psiquismo en la cura, podrá desarrollarse en el
grupo mediante la palabra libre “hic et nunc” (aquí y ahora) y la
intertransferencia.
Bajo el impulso de Tosquelles
las corrientes política, psiquiátrica, grupal y psicoanalítica, van a
reunirse en la teoría institucional. Parece evidente que primero hay que curar
la institución para poder sanar al enfermo. Durante la etapa heróica de los años
60/70 en Francia, se tratará de curar al enfermo por medio del funcionamiento
de la institución, pero, como lo subraya J.P. Vidal (1966, p.80
): “¿ Bajo qué
condición es
posible, o aún legítimo, recurrir al psicoanálisis como práctica teórica
en la inteligibilidad de los fenómenos sociales que son las instituciones ? Y
la respuesta es inevitablemente siempre la misma : a condición de poder reducir
toda institución a la institución familiar, pudiendo ella misma ser reducida a
un personaje familiar ”.
Pero,
¿ Se trata de institución o de grupalidad ? Aquí hay riezgo de confusión entre el grupo hecho
de lazos instertransferenciales y la institution hecha de un conjunto de reglas
y leyes.
Observando mejor, la
institución es a menudo un lugar que alberga grupos, sin que lo institucional
sea verdaderamente movilizado.
Durante esta época si el
encuadre se desarrolla para el trabajo terapéutico grupal, la terapia
institucional no se dotará particularmente de reglas propias. La institución
se limitara a ser un “lugar”, y aún hoy, donde un conjunto de grupos terapéuticos
funcionan y donde un colectivo de “sanadores”
regula y supervisa su acción .
El
metaencuadre
El
metaencuadre corresponde a la parte institucional del dispositivo terapéutico
tripartito. El metaencuadre, por medio de reglas, es capaz de abarcar status
terapéuticos diferenciados y, por consiguiente, diferentes encuadres. Cada uno
de los encuadres así definidos con “espacio-tiempos” institucionales y con
mediadores proprios, van a actuar de común acuerdo para una misma persona o
grupo familiar. El metaencuadre es sostenido en el dispositivo por un terapeuta
específico llamado guía.
Los encuadres terapéuticos
inscritos en el metaencuadre, sean cuales fueren los mediadores, son asumidos
por otros terapeutas. El terapeuta-guía y su metaencuadre articulan lo real del
paciente con su avance psíquico terapéutico al interior del dispositivo terapéutico
tripartito. El terapeuta-guía está dispensado de la regla de
abstinencia y puede intervenir de manera interpretativa, didáctica, encuadrante
y renegociar con el paciente el metaencuadre y encuadres que le han sido
propuestos, según regulación con el o los
terapeuta(s) sostenedor(es) de los encuadres terapáuticos individual o
grupal.
El terapeuta guía, portador
del metaencuadre, es el representante de la institución, el referente del trabajo.
Está limitado por los efectos de la regulación, pero no por un poder jerárquico.
Es objeto de transferencia y, por consiguiente, la interpretación deberá
relevar también de su función.
Las
tres dimensiones del espacio terapéutico y psíquico
Todo
ocurre como si el espacio de trabajo psíquico terapéutico necesitara, hoy en día,
movilizar todas las dimensiones del espacio simbólico de los individuos y
grupos. E. Granjon habla de los grupos “conejas” (en col.
Padres/familia/institución ,1997 ).
Primera
dimensión: el dispositivo individual freudiano. La línea
¿ Qué hay de la función, del rol y del status en esta Forma social? El
paciente demanda a su terapeuta :
-
una función bien precisa,
asegurarle el encuadre al interior del cual ambos podrán producir la libre
asociación y la interpretación ;
-
un rol : comportarse como un terapeuta y permanecer en su lugar/status.
Nos damos cuenta que el rol esperado se conforma a la función de cada uno : el
paciente asocia y el terapeuta interpreta. Todos los otros roles que el paciente
espera de su terapeuta son fantasmáticos y objetos de interpretación.
-
Un status : también se conforma a la función. Sin otra institución que
aquella resultante de su acuerdo, su status se limita al lugar realmente ocupado
: el sillón y el diván . La institución es fantasmática, pero existente. Es
reconocida por ambos y por nadie más. Sostenida por los dos partenaires del diálogo
terapéutico, la “institución” sería el “psicoanálisis” en su
conjunto. En este campo, el terapeuta obtiene un status social, su oficio, pero
el paciente no tiene ninguno otro que el de ser paciente.
La línea es, pues, el vínculo
entre los dos protagonistas, en el cual está desde luego, la transferencia y
también el acuerdo-compromiso .
Segunda
dimensión : lo grupal. El círculo y el cuadrado.
El
dispositivo freudiano puede extenderse hasta el grupo, a condición que las
personas no tengan vínculos preexistentes. Así, sin historia común previa
(contrariamente a la familia), podrán generar juntos - por el juego de la
intertransferencia y de la regresión - una historia y con ello constituir con
amplia libertad su Yo (Moi) grupal, susceptible de deconstrucción y
reconstrucción, tal como el Yo individual. Esto es posible por medio del juego
de “desocialización ” provisoria de los individuos, gracias al encuadre que
los aisla de lo real. Su “envoltura
identitaria social” dejada fuera del grupo, permite un hundimiento controlado
de su institual en el proceso regresivo contenido por el encuadre terapéutico
grupal. Una entrevista previa apunta a disuadir a aquel público frágil que
correría el riesgo de no poder soportar una
confrontación con la fantasmática preedípica grupal .
Tomadas estas precauciones,
el dispositivo freudiano puede contener al Yo grupal que podrá así regresar a
lo preedípico, los individuos se indiferencian y fusionan, deviniendo punto y línea
en la unidad de la ilusión grupal (D. Anzieu ,1981) “tenemos un buen
psicoanalista, somos un buen grupo, somos todos parecidos, no tenemos
violencia”. Depués de este momento de ilusión grupal, el grupo podra
reconstruirse y volver a partir diferenciados.
Sin embargo en la dimensión
plana del círculo grupal, si la función permanece sensiblemente igual que en
el dispositivo individual, en el grupo, por los efectos de la intertransferencia
el rol va a desplegarse con fuerza, cada uno va a ser solicitado por la
expectativa de los otros. Si los terapeutas están protegidos, situados,
diferenciados por su status, no sucede lo mismo para los miembros del grupo,
teniendo estos un status identico que los conduce a ser entre ellos “ lo mismo
”,” lo similar ”, “lo no diferente” .
En el encuadre terapéutico
individual la forma líneal de la relación, uno a uno, permite el desarollo del
espacio psíquico. En cambio, el espacio psíquico y el encuadre del dispositivo
grupal se modifican para acoger el grupo en forma de círculo. Este espacio psíquico
y terapéutico posee dos dimensiones. Además del vínculo funcional hacia el
terapeuta, hay vínculos laterales que fundan el rol. Sin la protección del
encuadre dando un status, podrá desplegarse los roles y el juego del poder :
seducción, violencia, emprendimiento, etc., marcados por la falta y por las
angustias catastróficas.
Por consiguiente, el
dispositivo individual freudiano podrá ser ampliado al grupo mediando ciertas
reglas y a condición de incluir personas lo suficientemente maduras dentro del
grupo.
¿ Sería lo mismo para
familias cuya grupalidad es muy regresiva? El estado del grupo familial,
“desenganchado” del registro institucional, obliga a buscar soluciones
diferentes. El dispositivo clásico, demasiado frustrante e insuficientemente
contenedor de las angustias catastróficas, no permite elaborar los procesos
arcaicos cuyas manifestaciones llegarían a ser demasiado violentas. El
individuo o la familia ya no tienen la contención interna que tienen
los individuos socializados y neuróticos o las familias no regresivas a
posiciones preedípicas .
Se plantea entonces la cuestión
de una envoltura capaz de permitir al público fragilizado, hacer un trabajo psíquico
respetando lo que funda el trabajo psicoanalítico. En el caso del individuo o
de la familia, se trata de encuadrar y contener procesos primarios traído de
buenas a primeras al terapeuta, en un contexto no psiquiátrico, por personas
con un gran sufrimiento psíquico, sin ser psicóticas. Este proceso primario en
estado bruto, no ha sido - por supuesto - “producido” en un contexto, un
encuadre, controlado por el terapeuta, como lo sería el caso de un grupo que se
vuelve regresivo durante el proceso y con el encuadre de
trabajo psicoterapéutico. Aquí, con estos pacientes fragilizados, no
está el beneficio del apego transferencial producido a través de las sesiones
previas.
Un circulo, el grupo, en un
cuadrado, el encuadre, podría ser la imagen de esta segunda dimensión. Este
dispositivo puede existir en una institución[8]
o fuera de ella, sin que esta haga otra cosa que albergar al grupo. En este
caso, la institución no es todavía actuante. Es fantasmática (individual),
lugar organizacional (universidad, hospital, centro), dando al grupo un espacio
y un tiempo pero no aún lo simbólico. La
institución, referencia social, no interviene en tanto tal.
El grupo puede funcionar sin implicar lo institucional . El encuadre, que
la institución autoriza y acoge es suficiente, pero el grupo permanece en lo
bidimensional.
Tercera
dimensión: lo institucional/institual. La pirámide y la esfera.
Institución :”Conjunto de reglas que organizan a la sociedad o a
alguna de sus instancias” (Dicc.
De sociología , 1995 ,p.123) .
El hecho de juntar diferentes
encuadres terapéuticos no producirá lo institucional en sentido tripartito.
Todos esos encuadres no son sino un “lugar” en la “institución”,
definiendo un espacio/tiempo. Es así como el terapeuta es “autorizado” por
la institución a ejercer, pero el paciente permanece en lo grupal sin que este
sea diferenciado de lo institucional. En nuestra
concepción tripartita estos encuadres correponden a organizar, limitándose
a otorgar un espacio tiempo productivo/físico, es decir, un lugar/función
incapaz de otorgar un espacio tiempo social simbólico, es decir un
status/autorización.
El encuadre no es la
institución, dice J.Bleger, no es más que su símbolo. El encuadre es
resultante de un contrato, de un acuerdo entre dos o varias personas sin que
forzosamente haya una estructura a su alrededor tal como sería la venta de un
objeto entre dos vecinos, que se concluye con un apretón de manos, o bien como
en la consulta privada de un psicoanalista. Que este mismo tipo de encuadre esté
inscrito en una institución no basta para
generar el metaencuadre y movilizar lo institual del paciente. En este caso, el
encuadre se limita a institucionalizar, a autorizar, mediante contrato de
trabajo, la competencia del terapeuta que conduce la terapia, pero no otorga
otro status al paciente, que sigue manteniendo su relación linear a su
terapeuta o circular a su grupo. No obtenemos todavía que la institución sea terapéutica, en el sentido
de desplegar lo institual de la persona o del grupo familial.
El
tercero encarnado
Así pues, hago la hipótesis que la transferencia de lo institucional
familiar no encuentra en forma automática, alguien que responda, encarnando lo
institucional terapéutico, es decir, en posición de tercero encarnado
representante de lo institucional. Es por esto que el encuadre clásico pudiendo
contener los aspectos psicóticos del Yo para elaborarlos, no tiene
obligatoriamente la fuerza para contenerlos. El Ideal del Yo que no encuentra en
el terapeuta clásico superficie institutional sobre la cual proyectarse no
podra contribuir a estabilizar la relación. En la alternativa todo o nada
regresivo y a carácter psicotico, el encuadre clásico muestra su fragilidad,
es ansiógeno para el terapeuta amenazado de abandono y culpabilizante en caso
de detención del trabajo.
La transferencia, elemento de
estabilidad y de duración del encuadre clásico con pacientes de estructura
neurótica o límite, muestra su fragilidad si este encuadre no esta
metaencuadrado por otro encuadre arrimado al institucional, único capaz de
acoger la transferencia institual y de reforzar el encuadre clásico.
Lo
institucional y el Ideal del Yo.
En efecto, lo institucional del dispositivo
terapéutico o metaencuadre encarnado en el guia, funciona como superficie de
proyección del Ideal del Yo del sujeto o de la familia . De este modo, la
transferencia se distribuye en diferentes “portadores” terapéuticos, que
tendrán un rol diferente. Según nuestra experiencia acerca de personalidades
narcisistas, borderline o psíquicamente muy desorganizadas, es reasegurador
abarcar el conjunto del trabajo terapéutico con el metaencuadre institucional,
en el cual se inserta(n) el o los encuadres grupales e individuales sostenidos
por otro(s) terapeuta(s) con un status diferenciado. No es sino bajo esta
condición que el paciente podrá, de una parte, diferenciar su Yo, que conlleva
sus aspectos psicóticos, depositándolos en el encuadre grupal o individual y,
de otra parte, podrá proyectar su Ideal del Yo y trabajar de manera durable,
sostenido por el metaencuadre institucional, representado por el guía .
La Sra. F. 41 años. Un hijo
de 11 años. Presenta dificultades graves de inserción. Ha hecho todos los
recorridos posibles y tratamientos indicados. Es incapaz de permanecer en un
lugar profesional mucho tiempo, tan solo por algunos días. Llega ansiosa y
desengañada. Se fusiona con su hijo el cual “está siempre enfermo”. Luego
de algunas sesiones de demanda una vez por semana, se establece un contrato con
su guía. Incapaz de integrarse a
un grupo, se le proporcionará una terapia individual dos veces por semana con
un colega. Pero serán necesarias varias semanas para que ella acepte separarse
de su guía a pesar que el contrato estipula que su guía la sigue viendo una
vez al mes. Luego, después de algunas entrevistas con su terapeuta, ella
rehusa, por “problemas de tiempo, su hijo enfermo, etc.”, volver a ver a su
guía, del cual, tal como habíamos dicho, no podía separarse poco tiempo atrás.
Su modalidad de relación fusional le impide establecer dos relaciones.
Como regla, se llega a convenir que el guía y el terapeuta la citen a
una reunión conjunta. Esta reunión será el comienzo de un verdadero trabajo
tripartito .
La Sra. F. tuvo que constatar
físicamente la unidad del dispositivo y así despegarse de las personas para
movilizar su transferencia institucional. Esta persona gravemente desorganizada
podrá, con su guía una vez cada dos meses y terapia dos veces por semana, al
cabo de seis meses comenzar a tomar distancia en relación a su hijo (ya no está
enfermo y trabaja bien en el colegio), integrar un grupo y, recientemente,
participar a un seminario acerca de inserción laboral, después de 15 años de
cesantía, soledad, consultas psiquiátricas y otras.
El
caso particular de la familia grupo-institución
La
diferencia que existe entre familia e institución reside en el hecho que la
familia es una grupalidad pre-existente a lo institucional. La parte
institucional de la familia es posterior, tanto en el plano de evolución de la
humanidad como en el plano de la historia del grupo familiar. La familia es una
grupalidad reconocida, legalizada. El grupo posede una historia que precede la
institucionalización. Por otra parte, la institucionalización de la familia va
a proporcionar un encuadre (status) a sus miembros, padres, hijos, etc.
canalizando los roles naturales del grupo.
Por medio de la confirmación del apellido y de la descendencia, lo
institucional delimita al grupo familiar de otros grupos familiares de modo
indisoluble y definitivo. Diferencia, y al mismo tiempo, confirma la interdicción
del incesto. Sin embargo los efectos grupales, regresión,
fusión, clivaje, etc., no están ausentes a pesar del encuadre institucional
familiar. La omnipotencia, la perversión, la depresión, pueden manifestarse,
hecho que conlleva un derrumbe de lo institual familiar. El refugio-familia
funciona entonces como un grupo dejado a la deriva, en el cual los status
internos pierden su autoridad-valor en pro de los roles grupales habituales. La
instancia institual del grupo familiar es entonces corroída por ansiedades
arcaicas de tipo abandono, aplastamiento-ahogo, sofocamiento y pérdida de
sustancia corporal familiar. La fusión-estallido podría resultar de ello si
este fenómeno no es socorrido por una “reinstitucionalización” que pasará
por la triple transferencia : institucional, grupal e individual. Esta es
nuestra tesis tripartita .
El
dispositivo terapéutico tripartito
Varios factores son
necesarios para que este tipo de estructura terapéutica funcione. El fundamento
consiste en tratar a cada paciente o familia bajo dos o más referentes terapéuticos
de status diferenciado, incluidos en el mismo metaencuadre institucional. No
basta una suma de terapeutas con métodos diferentes. Deben ser simbólicamente
diferenciados. En la institución el
portador del trabajo sobre lo institual es el terapeuta-guía, el otro o los
otros son los terapeutas clásicos. El guía sostiene el metaencuadre y es
sostenido a su vez por la institución. La transferencia focaliza la proyección
del Ideal del Yo sobre el guía, los terapeutas clásicos sostienen el encuadre
terapéutico y reciben la transferencia que conlleva en particular los aspectos
psicóticos del Yo. Se observa que muy rápidamente el paciente va a diferenciar
y fijar su expectativa idealizada en lo institucional y profundizará con el
terapeuta clásico el trabajo inconsciente .
En el plano del recorrido es
esencial respetar un período inicial - quatro/cinco encuentros -
dedicado al análisis de la demanda, capaz de acarrear un acuerdo
contraactualizado con un terapeuta-guía. En caso de debilitamiento con respecto
a las reglas, de abandono, etc., el terapeuta guía puede, desde luego,
interpretar pero también reencuadrar, relanzar al paciente, reorientar el
trabajo terapéutico. Puede ocupar el lugar de Superyo, de “conciencia”,
puede pensar “con” el paciente
y aún de enseñanza.
El guía con
su metaencuadre (canalización de las angustias destructivas) y refocalizando
durante la transferencia sobre si los elementos vitales y la esperanza del
sujeto permitiéndole volver a “creer” en él, podrá acompañar el
desarrollo del Ideal del Yo del paciente volviendo a anclar sur institual
reconstituido sobre un stutus, intermediario : el status que la institución
terapéutica le otorga y que luego podrá desplazar hacia otros status
socializados, que son la construcción o la recuperación de un status
familial y profesional, siempre con el encuadre de su guía.
En el plano organizacional (físico)
de las funciones terapéuticas se trata de proporcionar mediadores que pueden
ser proyectivos, psicodramáticos, corporales, de palabra, creativos,
informativos, de reflexión, etc. Lo importante no es la técnica
utilizada sino la capacidad del mediador y del terapeuta de permitir al paciente
verbalizar, elaborar su pensamiento y a metabolizar sus afectos.
Si el círculo corresponde al
grupo horizontal de status indiferenciado de homólogos rodeados por el
encuadre, la esfera integra además verticalmente, la jerarquía (generaciones)
terapéutica circuscrita por el metaencuadre-institución, que constituye la cúspide
de la “pirámide” del dispositivo terapéutico tripartito diferenciado y
verticalizado.
El metaencuadre/institucional
es la tercera dimensión terapéutica. Integra las dos dimensiones anteriores,
individual y grupal. Despliega su espacio psíquico plano de dos dimensiones
hacia un tercero, en la medida en que este tercero simbólico se mantenga en la
cúspide, por una autoridad que hace ley : la constitución del país y sus
leyes, la voluntad del pueblo, Dios, el totem, etc. lo que sea, de momento que
esté capacitado de atribuir a los individuos un sitio social definido, diferenciante y reconocido por cada uno. Esta
autoridad puede ser representada y entonces deviene transmisible por el
terapeuta-guía.
El
terapeuta guía
El terapeuta guía establecerá el diálogo entre lo institucional terapéutico
y lo institual individual o grupal. Es, por consiguiente, el guardián del
objetivo institucional. El guía representa la cúspide de la jerarquía
institucional. Se rodea de las competencias del conjunto del personal implicado,
comprendida la dirección. Esto debe ser una realidad al interior del
dispositivo institucional para que la proyección del Ideal del Yo se encarne en
un elemento del dispositivo plenamente responsable y autónomo en su
funcionamiento. Hay que agregar que la institución gana en ser portadora de un
solo objetivo claramente señalado : familiar, de inserción , gerontológico,
etc., fundando la identidad del dispositivo terapéutico tripartito.
Progresivamente, la parte institucional del sujeto (lo
institual) se desplegará a medida
que su cimiento psicoafectivo grupo-familiar se afirme en su capacidad de
aceptar la doble pérdida fundamental, la que señala la salida de la posición
depresiva (Klein) y aquella que marca su estabilidad edípica por la capacidad
de oir-comprender las reglas como una protección y como un medio para poner en
acción la parte compleja de las relaciones humanas familiares y
socio-profesionales .
El
guía estabiliza el proceso primario, sin implicarse como el terapeuta, y acompaña
el proceso secundario, siendo referente institucional para lo institual
individual o grupal, con el fin de que este se despliegue. Es su función
desnarcisizante. En efecto, el guía no debe abordar los aspectos psicóticos
individuales o grupo-familiares con el fin de dejar que el terapeuta, individual
o grupal, tenga la función de recogerlos y trabajarlos. Es así como, a través
de una dosificación de los encuentros con el guía, se logrará la diferenciación.
Familia L. : -una pareja vive desde hace 4 años una fusión amorosa .
Amigos de infancia se reencuentran
“por casualidad” y se casan 3 días después. “Perdimos todo”, dicen
ellos. El perdió a su hijo, a su madre y a su suegra en un incendio criminal.
Ella, su hija de 23 años se droga y su hijo de 10 años, internado,”no sabe
caminar ni hablar”. No hacen nada el uno sin el otro. Sin trabajo, imaginan
encontrar un empleo que no los separe. De una pobreza casi total, prefieren
quedarse en su pieza y recibir todos los fines de semana al hijo discapacitado,
al que aman. Unos amigos les dan algunos francos para cigarrillos, comen sólo
cuando el niño está con ellos. Desconocen las ayudas sociales, a excepción de
una pequeña pensión mensual de cesantía y una asistente social implicada con
el niño “que viene a revolver el refrigerador”.
¿Se sienten desgraciados? “Nos amamos
y somos celosos”, dicen con una sonrisa de complicidad.
Pero querrían tener una habitación más grande para no verse obligados
a dormir de a tres en la cama “que no es muy grande”, precisan. Pero ¿Cómo
lograrlo sin separarse?
Los
encuadres y metaencuadre serán de gran ayuda para acompañar a esta pareja
“fusional”, defensa contra un mundo no necesariamente percibido como hostil,
sino más bien inexistente. ¿Cómo acompañar sin romper el todo o nada que
conforman? Recibidos desde el comienzo en entrevistas de pareja, serán llevados
progresivamente a abordar el metaencuadre con guias distintos e
individualizados. Suavemente se trata de acompañar un proceso de des-regresión,
sin dejar de lado lo que ellos poseen, sin duda defensivo, pero constituyendo
una base viable para conservar su vínculo.
Las regulaciones de equipo no toman en
este caso el sesgo de un trabajo sobre la grupalidad
de la institución, sino más bien se centran en la capacidad de cada uno
de los interventores de sostener el encuadre en pro de la evolución del proceso
de acompañamiento terapéutico. Es un trámite exigente para los terapeutas. El
guía, más que cualquier otro, está sometido a la regulación. Es también
para él, el momento de reunir las competencias terapeuticas comprometidas y
todos los actores implicados (incluso externos a la institución). En el plano
institucional, es la ocasión de verificar en grupo la correcta fundamentación
del metaencuadre y encuadres propuestos .
En
conclusión
Para la persona o grupo familiar regresivo, la carencia de inscripción
institucional es tal que, sin un previo reconocimiento de lo institucional
representado y asumido por un terapeuta guía, su angustia básica es difícil
de canalizar . Pienso también que si aparecen tantos fracasos en la contención
terapeutica de las familias, es porque el encuadre que los envuelve es
insuficientemente sólido y que terapeutas-individuos establecen un contrato con
una familia-institución. Lo institucional curativo en tanto tal no aparece en
la relación dialogante con la institución familiar. El tercero institucional
encarnado está ausente. Se crea también una asimetría transferencial que
llega a reforzar la grupalidad de los pacientes sin que estos tengan siempre la
capacidad de contener las ansiedades psicóticas.
La demanda de integración social es búsqueda de nutrición psíquica y
de “verticalización”. A causa de la proyección del Ideal del Yo en lo
institucional, el tercer registro, institucional-institual, despliega lo
“alto”, verticaliza al Hombre, le devuelve su dignidad, tal como se lanza
hacia lo alto la catedral gótica . Las catedrales del tercer milenio ¿Serán
institucionales?
¿Cuáles
son las características del dispositivo terapéutico? ¿Podemos modificarlo si
queremos conservar los aspectos que fundan el dispositivo psicoanalítico, uno,
terapéutico, el otro, científico ? Estas preguntas, planteadas al comienzo de este
texto, han recibido aquí cierto número de respuestas
positivas : sí, el doble encuadre : encuadre y metaencuadre permiten
conservar el aspecto científico y terapéutico. Los interesantes resultados
obtenidos en terreno son otra respuesta.
Mediante el concepto de institual, quizás hayamos podido responder a la
antigua pregunta de D. Anzieu (1973, p.154, nota 1) : “Esto plantea a su vez
una pregunta importante que no ha sido objeto, hasta ahora, de atención de los
psicoanalistas, sociólogos, dinamizadores de grupo : ¿ Cuál es, en el aparato
psíquico, el lugar “tópico” de lo social?”. Pienso que lo institual en
tanto instancia psíquica, no es sólo el lugar “tópico” de lo
socio-institucional, sino también el vector de un doble flujo : la investidura
libidinal objetal (falo) y, de vuelta, por donde se absorbe, se introyecta la
valorización narcisista (cordón umbilical del Yo) .
Pienso que lo institual fijado a lo institucional posede una función
triple :
-fundar, en la parte arcaica del Yo, el espacio
transicional entre lo psíquico y lo social ;
- fundar el psiquismo en su aspecto objetal edípico
“el padre intrapsíquico”, en su rol superyoico y de Ideal del Yo ;
- servir de
lugar de “pasaje” en dos sentidos, hacia la “nutrición” narcisista y
hacia la investidura libidinal objetal .
En fin, con el concepto de metaencuadre en el dispositivo terapéutico
tripartito, articulando los status, roles y funciones diferenciados de los
terapeutas guías y clásicos actuando en consonancia, he propuesto un medio
terapéutico adaptado al tratamiento de sujetos o de familias gravemente
regresivas a registros arcaicos por falta de anclaje de su institual con lo
socio-institucional .
Para terminar, E. Enríquez (1996, p.62)
: “ Ellas – las instituciones - tienen por finalidad básica ayudar al
mantenimiento y a la renovación de las fuerzas vivas de una comunidad,
permitiendo a los seres humanos ser capaces de vivir, amar, trabajar, cambiar y
quizás, crear el mundo a su imagen” ; y también C. Castoriadis (1975, p.364)
: “ Ellos (los cambios) no pueden ser mantenidos sino en y por sus
instituciones, por la creación de la institución en general, tanto como fijación
de lo aleatorio y facultativo en sistemático y obligatorio, como por la
conservación y transmisión de lo que así ha sido fijado y, finalmente, como
posibilidad de variación y alteración (a su vez posible de fijar y
transmitir), que no depende para nada del ‘sustrato
biológico’ y no lo afectan en nada“.
RESUMEN
El
encuadre terapéutico psicoanalítico clásico se ve, hoy en día,
frecuentemente confrontado a la demanda de un público fragilizado por
regresiones psíquicas importantes. Las ansiedades catastróficas y los
conflictos narcisistas que movilizan defensas arcaicas no tienen respuesta en el
dispositivo psicoanalítico, percibido como una frustración a la urgencia de
respuestas terapéuticas breves.
Se proponen aquí dos conceptos que permiten un encuadre para este tipo de
público respetando los fundamentos psicoanalíticos : el inconsciente, la
transferencia y el rigor del encuadre. Estos conceptos son el institual,
instancia psíquica, y el metaencuadre que, vinculados ambos, permiten canalizar
las ansiedades catastróficas y mantener la duración del tratamiento .
PALABRAS
CLAVE : Encuadre -
Institución – Regresión grupal.
Bibliografía
Anzieu
,D. (1981) “El grupo y el inconsciente”, París, Dunod .
Anzieu, D y Col. (1972)
“El trabajo psicoanalítico en los grupos”, París, Dunod .
Castoriadis, C. (1975)
“La institución imaginaria de la sociedad” , París, Seuil .
Decherf, G. y Caillot, J.P. (1989),
“Psicoanálisis de la pareja y de la familia”, París,
Apsygée .
Decherf, G. (1991) “Principales fantasmas
organizadores de la vida amorosa” GRUPPO 7, París Apsygée .
Eiguer, A. (1991), “La locura de narciso”,
París, Dunod .
Enríquez, E. (1996) “El trabajo de duelo en
las instituciones” - La institución y las instituciones, París, Dunod .
Ferreol, G. y col. (1995) Diccionario de
Sociología , París, Armand
Colin .
Granjon, E. ; André-Fustier,F. ; Aubertel, F.
y otros (1997) « Padres, Familia, Institución” Publicación del Centro
de investigación sobre las inadaptaciones, Lyon II .
Vidal, J.P. ;Kaës, R y col. (1996) “La
institución y las instituciones”, París, Dunod .
Texto
traducido del francés por : Marcella
Chiarappa C.- Año 2002-
[1]
Forma social es toda agrupación humana constituída,organizada y perpetuada
por reglas que le son propias (familia, iglesia, sindicato, etc.)
[2]
La
función se define por el conjunto de tareas que la componen y que subtienden
un hacer, una producción.
[3]
El
rol es definido por el conjunto de respuestas dadas a las expectativas del
otro
[4]
El
status otorga un lugar definido y garantizado por reglas.
[5]
Asociación Nacional Para el Empleo francesa.
[6]
Instancia
en el sentido freudiano,que lo utiliza para hablar del Superyo o de la Censura.
[7]
Mediador:
todo elemento del dispositivo terapéutico capaz de producir lo psíquico, no
perteneciente ni al encuadre ni al metaencuadre (ver más allá), ni a la
presencia de personas, pero utilizado como un equivalente de la regla de libre
asociación.
[8]
Institución
en el sentido usual, recubriendo
una función social (institución de producción, empresa, de seguro, terapéutica,
etc.)