¿Cómo se constituyen los grupos para Freud y Lewin?[1]
 
(LEWIN V/S FREUD)

 

Andres Leiva G.

 

            Todo grupo afecta a sus integrantes y todo grupo pareciera tener un líder, así mismo todo grupo no puede ser explicado por la mera instancia de reunión. Estas afirmaciones que parecen de una inmensa obviedad, llevan una pregunta que atraviesa a los autores trabajados en este escrito, ésta es ¿Qué le sucede a los sujetos cuando están en grupo?.

 

            Esta pregunta pareciera atravesar las teorías, sobre los movimientos sociales colectivos en Freud y Lewin. Ambos autores tendrán en sus manos explicaciones sobre aquella formación que se les aparece por diversas razones, el grupo cómo un lugar de trabajo donde están comninados a dar una respuesta a fenómenos como los señalados.

 

            Tanto Freud como Lewin, desde sus propias trincheras, se pronunciarán sobre los hechos de la masa y del colectivo. Para ambos la masa será irracional, compulsiva, de difícil manejo, en donde se devuelve al individuo a lo más primitivo, lejos de toda civilización, y ambos verán en la función de la masa una fuerte influencia que lleva a esta a constituirse como tal, llevando o arrastrando a los sujetos presentes más allá de lo que harían en estado individual.    

 

Lo que constituye a los grupos para Lewin

 

            El objeto grupo, aparece para Lewin desde su preocupación por las determinaciones de los sujetos en situaciones colectivas, definiendo al grupo como una formación de personas que tiene una interdependencia dinámica entre los miembros. Esta característica es de suma relevancia para Lewin, ya que toda agrupación, sólo será determinada por su interdependencia dentro del juego de fuerzas presentes en el grupo y que son parte del campo.

 

            Para Lewin lo grupos no se constituyen por los rasgos de similitud, o de tarea. Por ejemplo, serán grupos las familias en tanto sus integrantes mantienen una relación de interdependencia entre ellos, a pesar de que sus acciones estén altamente organizadas por razones institucionales, en su fundamento de las relaciones de parentesco.

 

            Lewin habla de la conformación de los grupos en su texto de 1958, Teoría del campo y experimentación en psicología social, criticando el modo de abordaje de los psicólogos que excesivamente sostenían y sostienen, sus teorías o hallazgos en un excesivo biologicismo y formalismo (del Conductismo y de la Gestalt principalmente), los cuales subrayaban los hechos físicos, o fisiológicos de la conducta, sospechando de los hechos sociales.

 

            Para esto fundamenta que las investigaciones de esa época, sostienen la importancia del escenario social en el que viven los sujetos, el que influencia y moldea su comportamiento por su situación social. Para Lewin las tensiones presentes en el campo en el cual el individuo interactúa, dependerán del particular marco cultural y social en el que esté.

 

            Para Lewin, el intento de poder dar cuenta de las determinaciones de la conducta por el medio en la cual se da, reviste ciertas preocupaciones epistemológicas y científicas. Por un lado Lewin cree que al avanzar en la determinación de la conducta incluyendo una teoría que permita incluir los factores sociales, borrará las diferencias, entre sociólogos y psicólogos, debido a aclarar las influencias directas y concretas de lo social en la conducta, no siendo ya necesaria las explicaciones parciales, biológicas o históricas, supeditando estas dimensiones a la interacción de fuerzas presentes en el aquí y ahora del campo en el cual se trabaje.

 

            Por otra lado esta preocupación, sobre el lugar de conocimiento de la psicología social, y su aporte científico, no puede declararse satisfecha con la idea de generalidades, sino que, debe juzgar sus conceptos científicos en tanto su capacidad de manejar problemas de interdependencia dinámica, para poder en ese manejo especifico, permitir la investigación tanto de laboratorio cómo en la clínica, lo que de nuevo es usado por Lewin, para criticar la idea de disciplinas separadas en sus abordajes, es decir la psicología y la sociología, considerando a la psicología social como mejor preparada para ver estas determinaciones, cómo una teoría general de la conducta. 

 

            Así la ciencia deberá ser a) una jurisdicción de problemas más que de una jurisdicción de material, b) las diferentes jurisdicciones de problemas necesitan diversos discursos de construcciones y leyes, y c) que esas jurisdicciones se refieren más o menos al mismo material.

 

           Todo lo anterior sirve para determinar dos hechos de importancia, por un lado, la idea de trabajar en un campo de fuerzas deslinda, separa, y recorta, un método de trabajo diferentes a los del psicológico individual y del sociólogo, y señala al campo de fuerzas presentes en el cual se dan las interacciones como el verdadero motor de la conducta de los individuos.

 

            Esta crítica a los modelos imperantes en la sociología y psicología, llevará a Lewin a postular que lo importante de una teoría es determinar los grados de influencia o tipos de reacción, es decir, sus propiedades dinámicas en tanto pertenecientes al campo de fuerzas que los atraviesan, cómo requisito para toda ciencia que quiera resolver problemas de causación. Y ¿cuál es la causa de los grupos?, veremos que nos dice Lewin.

 

            Para Lewin, el concepto grupo tiene una definición caótica, que no puede dejar de asociar a cuestiones filosóficas y religiosas. Señala que la discusión, es a propósito de si los grupos tienen mente o no, constituyendo una unidad supraindividual. El argumenta que “a la Psicología le costo mucho tiempo en descubrir que un todo dinámico posee propiedades diferentes de las propiedades de sus partes o de la suma de sus partes” (Lewin, 1958: 133), concluyendo que el todo no es más que la suma de las partes, el todo y las partes, son igualmente reales, no revistiendo diferencias en su importancia. De ahí que el grupo sea un  “todo dinámico (…) que se basa en la interdependencia de los miembros (o mejor de las sub-partes del grupo)” (1958: ídem, paréntesis en el original).

 

            Con esta definición además deja claro que no se constituye grupo por sus rasgos de semejanza, lo que incluye los grupos por tareas comunes u objetivos, ni por sentimientos de lealtad o de pertenencia, aunque reconozca en estas formaciones, una variedad de los componentes de interdependencia, las que, de existir, configurarían un grupo.

 

            Así para explicar, estos hechos de la teoría, abordará el fenómeno de la adolescencia, y con éste se referirá a las diferencias del campo de acción a los que se ve enfrentado el joven.

 

            Para explicar los cambios conductuales sabidos de los adolescentes, Lewin propondrá la idea de que los cambios descritos en este periodo del desarrollo humano, están determinados por la capacidad cognitiva de los sujetos de dar cuenta de las condiciones presentes en el campo en el que interactúan.

 

            Para el adolescente, que se encuentra en una etapa de transición entre la niñez y la adultez, sufre por este hecho un cambio en los grupos de pertenencia. Lo que pone al sujeto en una situación de crisis, ya que “cualquier cambio en la pertenencia de un grupo a otro es de gran importancia para el comportamiento de una persona; cuanto más central para una persona es esta pertenencia, tanto más importante es el cambio. Un cambio  en la pertenencia a un grupo es una “locomoción social”, esto es, cambia la posición de una persona en cuestión” (Lewin,  pág. 124, comillas en original), lo que gracias  a que, al depender el comportamiento de una persona a su posición momentánea, el sujeto no tiene otra opción que cambiar su conducta. 

 

            En el caso del adolescente, al cambiar el grupo de pertenencia, y con el su lugar de posicionamiento en el conjunto de fuerzas sociales dadas en su campo vital, el sujeto ve que nuevas regiones del escenario en el cual se mueve son asequibles para él, pero otras ya no lo son. El escenario cambia en tanto lugares que antes estaban prohibidos, ahora son permitidos, y lugares permitidos ahora proscritos.

 

            El cambio que se produce en el adolescente, se refiere a un desplazamiento a una zona más o menos desconocida, lo que es psicológicamente hablando equivalente al ingreso a “una región cognitivamente inestructurada. Esto significa que dicha región no está diferenciada en partes claramente distinguibles (…) lo que no permite que el sujeto pueda establecer hacia que dirección conducirá tal o cuál  acción, o en que dirección deberá moverse para determinada meta, lo que explica  “la típica “incertidumbre de comportamiento” que se revela en los ámbitos desconocidos” (ídem, comillas en el original).

 

            Todo lo anterior permitirá a Lewin, considerar que la carencia de una estructura cognitiva clara, transforma toda acción en una acción conflictual, lo que a la larga permite que el sujeto sea influenciado por las presiones sociales en un medio que no le es familiar, ya que no sabe “lo que debe hacerse” (1958: 125), y consecuentemente con esta des-estructuración del campo cognitivo, el adolescente podría ser llevado a conductas de tipo agresivo, o de inseguridad en el comportamiento.

 

            La idea de “locomoción social” usada por Lewin, le servirá para explicar  como se dan los cambios al interior del campo que se este estudiando, ya que este transito genera  en los sujetos mayor plasticidad-inestabilidad, y con ellos mayor capacidad de influencia de los hechos sociales.

 

            Además en esta idea está el germen de la teoría del campo en tanto, conjunto de fuerzas interdependientes, donde el sujeto es otra parte del mismo, presentando así la conocida formula de,  Comportamiento = función de la persona y el ambiente = función del espacio vital, lo que es C=F [p, a] = F [Esp. V.]. (ídem).

 

            Con todo, el adolescente al ver su campo en continua modificación, verá en los referentes grupales nuevos, es decir, el mundo adulto, señales de orden contradictorio, lo que lo llevará  a anhelar que se estructure el campo de acción en un mundo definido, buscando resolver el conflicto que parece entre las fuerzas presentes, vía el seguimiento de cualquier patrón definido desde el exterior-adulto, rigidizando sus percepciones y juicios sobre la realidad, cómo correlato de las experiencias de des-estructuración, que vive en los diferentes niveles de su desarrollo y cambio, ya sea corporal, cognitivos, social, etc. 

 

            Finalmente y de acuerdo a la teoría del campo, el comportamiento real (del adolescente), dependerá de todos los sectores del campo en el cual se encuentre, es decir, el grado de inestabilidad o estabilidad de la persona, depende del grado de estabilidad del campo.

 

            La conclusión de Lewin, es que “la discrepancia entre lo que la gente “debería hacer, si se guiara por su interés real”, y lo que hace, es debida frecuentemente al hecho de que una persona se siente identificada con aquellos a los que se parece o a las que desea parecerse. Por un lado, su “interés real” exigiría que se sintiese identificada con aquellos de los que su dependencia es mayor”. (Ídem: 135) Así el conflicto presente en los individuos, se explica por tener “en cuenta que la condición  de miembro de un grupo (…) está determinada por la interdependencia real”, pero que las personas a menudo se sienten más similares a personas de otro grupo, así lo que determina el conflicto en los grupos es el nivel de interdependencia y dependencia a los grupos, en su expresión de identificación y pertenencia.         

 

Lo que constituye a los grupos en Freud

 

            Cierta fama rodea al texto de Freud Psicología de las masas y análisis del yo,  debido a que en su introducción, el mismo autor del psicoanálisis se refiere a la ilusión de la separación entre una psicología de las masas (o social) y una psicología individual (quién diría que en esto están de acuerdo Freud y Lewin)

 

Freud se referirá a que en un análisis profundo de las psicologías, se podrá establecer que el individuo no puede dejar de estar determinado en cierta medida, una medida pulsional pareciera deducirse en el texto, a partir de los vínculos o relaciones de objeto, esto es, con otros.

           

Aunque Freud ofrece una explicación orientada a dar cuenta de la forma de ligazón que establece el fenómeno de la masa y sus consecuencias en relación con el líder o conductor, no se acerca a establecer las distinciones necesarias entre, grupo, masa, institución u organización.  

 

Para Freud estos sustantivos sólo remitirán a momentos de la organización de la masa, por lo que un grupo, sólo se diferencia de una masa, o de una institución como el ejército o la iglesia, desde la óptica de su nivel de organización en el tiempo, en una progresión desde la conducta irracional hacia una racionalidad, que se encuentra en la organización.

           

Veamos los argumentos freudianos para las conductas vistas en la masa y el por qué de su irracionalidad entre otras cosas. Según Le Bon, cuya exposición de las masas sigue Freud, el individuo en situación de masa, perdería las adquisiciones de orden social que le permiten dejar en el inconciente (no en el sentido freudiano), las motivaciones oscuras de la especie, que según este autor debe su contenido a las huellas ancestrales del alma de la raza; por lo tanto se comportaría como un ser salvaje, que no controla sus más arcaicos impulsos. El sujeto heterogéneo se hunde en lo homogéneo, y pierde el resultado de la socialización, esto es la razón, o su operación, es decir, la inteligencia.

 

Freud dirá que es fácil deducir que la pérdida o caída de las represiones dejará libre las mociones pulsionales que urgen por salir, y que contienen, como disposición constitucional toda la maldad humana.

 

La segunda causa expuesta por Le Bon, es que en la masa se producen estados de contagio y sugestión tal como parecieran ser los expuestos por los sujetos hipnotizados en relación con su hipnotizador.

 

Para Freud ésta descripción de la conducta de la masa no está en discusión, más bien su querella, esta destinada a determinar el modo de ligazón que permite dar explicación a estas conductas, y su relación con el líder, lo que no pareciera ser abordado por Le Bon.

 

Con ese objetivo en frente, Freud estimará que la ligazón de toda masa está determinada por pulsiones de orden sexual, particularmente de vínculo tierno o de meta inhibida. Veamos ahora estos argumentos.

 

Freud asume qué en la masa, el individuo es influenciado en su conducta por los otros al menos en dos direcciones, una hacia el aumento de la afectividad y la otra hacia la disminución del rendimiento intelectual.

 

Frente a esto se propondrá el concepto de libido como fundamento de los vínculos en la masa; lo que permitirá establecer que en el interior de aquella los vínculos serán de orden amoroso, es decir que la ligazón, el contagio y la sugestionabilidad que se expresan en la masa está basado en relaciones de amor, es decir, del orden del placer o satisfacción que puedan proveer entre los integrantes de la misma.

           

Es así como Freud ve en los ejemplos de la iglesia y el ejército, formaciones de orden amoroso inconciente entre los diferentes rangos o jerarquías, es decir, entre los diferentes lugares de poder dentro de estas instituciones, que se basa en la promesa de ser objeto de amor desde los lugares con más poder hacia los de menor poder, de manera igualitaria.

 

            Estos ejemplos ponen de relieve la importancia del líder o conductor de las masas artificiales como llama Freud al ejército y a la iglesia, debido a ser soporte de esas promesas de amor general, lo que pone a los con menor poder o menor jerarquía, en una relación de obediencia, como estando a merced de la posibilidad de ser objetos de amor o ser excluidos de este, como correlato de la identificación y sus fundamento en el complejo de Edipo.

 

            Luego de manera general se describe en el texto la diferencia de las pulsiones sexuales que persiguen la satisfacción directa, y las que se encuentran bajo la descripción de una meta inhibida, ambas de carácter inconciente.

 

            Estas últimas mantienen aquella meta debido a que su satisfacción provocaría displacer al sistema conciente, es decir, tal como está descrito en Más allá del principio del placer, la satisfacción provocaría placer en un sistema y displacer en otro, por lo que se muda en meta inhibida buscando tramitar la tensión provocada en el aparato, vía la desviación de su meta sexual, y mudándose en relaciones de orden tierno.

 

            En este punto y para poder dar cuenta de la naturaleza de las ligazones de amor, Freud abordará las llamadas relaciones de objeto y las relaciones narcisisticas, formaciones en las que la libido esta volcada sobre los otros en el primer caso, o hacia el sujeto mismo, en el segundo. Es así cómo “el amor por sí mismo no encuentra más barrera que el amor por lo ajeno, el amor por objetos” (Freud, 1920:97). Freud dirá que a partir de la satisfacción de grandes necesidades vitales, se ha escogido como objeto a las demás personas, por lo que lo único que ha vuelto el egoísmo en altruismo es el amor.

 

Además, existen otros mecanismos de ligazón afectiva, de los cuales destaca a la identificación, que consiste según lo descrito en Psicología de las masas… en incorporar al otro como modelo. En el caso expuesto en este texto, repasa Freud el ejemplo de la identificación del varoncito con su padre, en tanto objeto de identificación en oposición al objeto investidura de orden sexual que sería la madre. Así ésta se mantiene como el objeto de las pulsiones sexuales directas que se encuentran en el niño, lo que permite que posteriormente el niño enriquezca su yo con el modelo del padre.

 

Luego en el Complejo de Edipo, esta misma identificación se vuelve hostil hacia el padre generando rivalidad en la obtención del amor de la madre y debe ser traslada al deseo del niño de sustituir al padre en los beneficios de ese amor.

 

Ya qué la identificación es considerada la más primigenia relación de objeto, en donde el otro debe incorporarse para ser amado como parte del yo, es decir se desea ser el objeto; luego debe ser destinatario de un deseo de tener lo que el objeto tiene, ya no como parte del yo, sino que debe trasladarse desde las pulsiones narcisisticas, hacia las pulsiones de objeto.

 

Esta teorización determina que en el fondo de la identificación en la masa, ya secundaria debemos decir, se daría el caso que, al no poder dar satisfacción a las pulsiones por el monto de displacer que conllevaría la relación de objeto de carácter sexual, retrocede a una identificación, es decir, en vez de tener al objeto, se desea ser el objeto; todo esto como forma de tramitación de la tensión en el aparato. Así finalmente el yo debe tomar en sí las propiedades del objeto como modelo, en desmedro de una relación de objeto (directa) con el líder.

 

Todo este rodeo sirve para exponer el fundamento último de las masas, esto es, la división del yo, en una parte introyectada, que es el objeto en el yo, y en una instancia que tomara el nombre de Ideal del yo.

 

Esta Introyección del objeto, se realiza a partir de la prohibición del comercio sexual entre el sujeto y el objeto (o en este caso entre el líder y el sujeto de la masa), comercio que sólo en la fantasía puede realizarse para conseguir satisfacción.

 

En el caso del Ideal del yo, se desarrolla en el devenir del propio yo. Este incluye a la conciencia moral, la observación de sí, la censura onírica, la influencia principal en la represión, y es considerado la herencia del narcisismo infantil. Todo este contenido plantea exigencias al yo que no siempre puede satisfacer.

 

Respecto con esta última instancia, pueden suceder varias cosas de su relación con el yo. La primera sucede cuando el objeto ha sido incorporado como modelo, en el cual el yo es enriquecido.

 

La segunda cuando el objeto identificado se pone en el lugar del Ideal del yo, a lo que se llama idealización.

 

Y en la tercera, cuando el objeto ha sido perdido, y es objeto de identificación por el yo. En este caso el Ideal del yo descarga su furia sobre el yo, en tanto que, la sombra del objeto ha caído sobre el yo (Freud, 1917: 246), y es destinatario de la venganza del Ideal, hacia el objeto en el yo.

           

Así la ecuación final es la siguiente, en la masa a partir del mito originario que permite pensar en una promesa de amor para todos por igual, apuntalada a partir de una pulsión sexual en el sujeto, genera una relación de objeto con el líder o conductor. Pero al existir una prohibición del comercio necesario con el objeto para la satisfacción, se genera una idealización del objeto o líder, lo que genera una identificación entre los integrantes incorporando a los otros como modelo en el yo.

 

De esto se desprende que el sujeto en la masa al poner al objeto en su ideal del yo, se comporte como un salvaje que ha perdido el control de sí mismo, que en todo obedece al objeto. Ya que Freud le adscribe a este Ideal del yo la función del examen de la realidad, por lo que todo lo que sea visto desde este Ideal, el yo lo tomará como verdadero.

 

Es claro entonces que todo lo anterior permite un vínculo duradero en las masas, debido a que la ausencia de satisfacciones de las pulsiones directas hacia el objeto, permiten que éstas mantengan su influyo en el yo, y de paso evitar que con su descargada la tensión, estas se extingan y con ellas el interés.

 

Así, las pulsiones de meta inhibida permiten que en el fondo las pulsiones mantengan su influyo y por tanto el vínculo entre los objetos y el yo, vía la identificación y la idealización.

 

La primera por el enriquecimiento del yo, y la otra por la puesta del objeto en el ideal del yo, poniendo a este a merced del objeto, todo lo que esta orientado a la tramitación de la tensión en el aparato, pero evitando su descarga.

 

Un ejemplo de esto es el mito neurótico, en el cuál sólo en la fantasía se puede dar la satisfacción a la pulsión originaria, ya que de llevarla a cabo en la realidad le provocaría displacer al sistema conciente y al yo, a pesar del placer provocado al sistema inconciente.

 

Esto en definitiva será lo que constituye a la masa, y de paso al grupo, debido a que Freud no hace ningún distingo entre masa, grupo, o institución, para el son todas masas con grados de diferenciación desde una espontánea y fugaz, hasta una masa con un grado de organización rígido.

 

Lo que realmente pareciera interesar a Freud más allá de pensar en qué es la diferencia de cada formación, es abordar el tema de la irracionalidad de la masa como manifestación colectiva. De ahí que el se interese en señalar, junto con MacDougall, las condiciones que una masa debe tener para que se “eleve de nivel”, es decir, abandone su operar visceral a uno cognitivo. Estas condiciones son; 1) Tener cierto grado de continuidad, 2) debe tener una idea o concepto de sí misma, 3) Debe tener identidad, en relación con otras, esto puede ser un nosotros en referencia a un ellos, 4) debe tener tradiciones o normativas y 5) debe tener claro los papeles de cada uno.

 

Frente a esta masa, sólo cabe pensar en lo que hoy llamamos una institución, bastaste lejos de la movilidad e irracionalidad de la masa temporal o espontánea.

 

 

 

Los líderes grupales

 

            ¿Cómo entonces pensar las formaciones grupales?, ¿Qué las constituye como tal?, en ambos casos, tanto en Freud como en Lewin, aparece una constelación de fuerzas, en el primer caso ligazones de orden libidinal inconciente, y en el segundo ligazones de orden físico ligadas al campo en el cual se encuentra la persona, con un correlato cognitivo.

           

Para ambos las formaciones grupales, tendrán una decisiva influencia en los sujetos que las componen, tanto a nivel individual cómo social. Si bien las motivaciones de ambos son diferentes (y exceden la capacidad de este texto), en su teorizaciones no se puede dejar de ver cierta idea de la masa o del grupo como una manifestación irracional. En la cual el sujeto es sujetado por las determinaciones, tanto inconcientes, como del campo, restando posibilidades a la emergencia del sujeto en la masa.

 

            Si bien para Lewin el cambio social y su control, es una de sus aspiraciones centrales, en Freud el tema del cambio social, no es un tema de la masa, sino de los individuos que la componen. Así para ambos el proyecto de cambio que las sociedades pueden o no considerar, está determinado desde una relación externa al sujeto mismo de la experiencia de la masa o del grupo.

 

            Pero debido a que el grupo esta siempre en cambio, y siempre mantiene en su fundamento la irracionalidad de la conducta de la masa, lo que ambos autores ven es la necesidad de que se le pueda proveer un cierto ordenamiento a estas formaciones.

 

            En el caso de estos dos autores ambos comienzan sus teorizaciones, desde el supuesto de que la masa o el grupo influyen en el individuo determinando su conducta directamente, pero ambos ven la necesidad de que a la masa se le provea un ordenamiento, o un funcionamiento apegado a la racionalidad de los individuos, tanto para Lewin desde su óptica de fuerzas en conflicto en un campo dado, y para Freud desde el juego de identificación e idealización, las masas o los grupos, son formas de influencia que de no ser dirigida no podrá realizar lo que se propone, ya sea una simple tarea o un proyecto de todo orden.

 

            Frente a esta necesidad de ordenamiento que esta en la naturaleza misma de la masa, ambos verán en la figura del líder la función necesaria, tal y como lo describe Foladori el liderazgo aparece como “aquel que hace laborar al grupo, organizarlo en aras de un determinado objetivo que lo ha reunido (…) es el que concita y desencadena estados particulares, a veces regresivos manteniendo en muchos casos lazos muy profundos con sus seguidores”. (Foladori, Op. Cit.).

 

            Para Lewin el líder está encargado de la conducción de los grupos, poniendo sobre si mismo, la responsabilidad de que el grupo funcione en base a lo que se ha propuesto. De ahí que en el caso de los grupos bajo la conducción de líderes autocrático y less-affair los grupos, no consiguen, los objetivos propuestos. En el caso de los líderes democráticos, en donde éste esta encargado de que los sujetos se incorporen al trabajo global, los grupos logran realizar lo que se han propuesto.

 

            El mecanismo que parece ocupar Lewin para que los sujetos puedan hacer caso de lo que el líder proponga, parece estar dado por dificultades de dar cuenta del campo en el que están los sujetos, generándose así una inestabilidad del campo cognitivo, lo que pone al sujeto en una búsqueda de sustento; algo (el líder) que lo oriente en las acciones que debe emprender, y que permita aliviar la tensión presente en la situación dada. 

 

            Para Freud el líder guarda una relación con los individuos de la masa, igual a la del hipnotizador. Al despertar la relación con el líder mociones pulsionales que tienden a la satisfacción, y al encontrarse estas con la imposibilidad de que se pueda llevar a cabo el comercio necesario para su descarga, posibilita que se idealice al líder, debido a que no se puede tener eso que el líder tiene, se desea ser lo que el líder es, como una forma regresiva de identificación más originaria. Así el sujeto pasa a estar a merced de aquel, al mismo tiempo que sólo le queda identificarse con los demás integrantes de la masa.          

 

            Finalmente el líder viene a ser una manifestación del orden grupal, más allá de los mismos sujetos, y de la totalidad de su formación, cumpliendo una función de ordenamiento, articulador, agente, de las manifestaciones de lo grupal.  La diferencia más evidente, es que el líder en Lewin es impuesto, y para Freud este corresponde a la actualización de registros inconcientes, pero en ambos el líder es determinante en la conducta tanto del grupo como de los individuos aislados.

   

 

 

              

Bibliografía Consultada

 

Freud, S. (1920-1922) Psicología de las masas y análisis del yo, Obras Completas, Volumen XVIII, Amorrortu Editores, Buenos Aires, Argentina.

-          (1920-1922) Más allá del principio del placer, Ídem., Volumen XVIII.

-          (1914-1916) Introducción del narcisismo, Ídem, Volumen XIV.

-          (1915-1917) Duelo y melancolía. Ídem, volumen XIV.

Schellemberg, J. (1978) los fundadores de la psicología social, Alianza, Ed., Madrid.

Foladori, H. (s/f) La concepción de liderazgo en Kurt Lewin. www.psicologiagrupal.cl

Lewin, K, (1958) Teoría del campo y experimentación en psicología social, Cuaderno Nº 10 del instituto de sociología de la Fac. de Filosofía de la UBA. Buenos Aires.

Karmy, R, (2002) Kurt lewin, historía de un conquistador. Texto para la cátedra Seminario de psicología social, de la Universidad Bolivariana.         


 

[1] Texto producido para el módulo de Grupos y Grupalidad, del Magíster de Psicología, mención análisis institucional y grupos, de la Universidad ARCIS. Santiago. 2006.

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