Colecciones
dirigidas por René Kaës y Didier Anzieu
1 LA PAREJA Y EL AMOR. DE LO ORIGINARIO A LO GRUPAL
INTRODUCCION
La pareja persigue manifiestamente dos fines:
-
uno, biológico: la reproducción
de lo mismo (la conservación de la especie) y la crianza de los niños.
-
El otro, bio-psicológico,
pulsional: la satisfacción del impulso de acoplamiento, de la pulsión sexual,
en condiciones de seguridad, regularidad y secreto.
“El individuo, efectivamente,lleva una doble existencia: en tanto que
su finalidad está en sí mismo y en tanto eslabón de una cadena a la cual está
sujeto en contra de su voluntad,o, por lo menos, sin la intervención de ella.
El mismo toma su sexualidad como uno de sus fines, mientras que otra perspectiva
nos muestra que es un simple apéndice de su plasma germinal, a disposición del
cual pone sus fuerzas, a cambio de una primicia de placer; que es el portador
mortal de una sustancia- quizás –inmortal, tal como el hijo mayor de una
familia que sólo detenta el mayorazgo por un tiempo, un mayorazgo que le
sobrevivirá “( S. Freud, 1914; trad.fr. 85-86).
Es así como el creador del psicoanálisis esquematizaba, en 1914, la
dialéctica individuo-especie. En
eco a esta declaración freudiana, no desmentida por Schopenhauer, un biólogo
connotado mundialmente, F. Jacob (1982, 17-24) considera la sexualidad como “
una máquina para hacer lo diferente “. Subraya que la sexualidad no es una condición necesaria para la vida: “
Numerosos individuos prescinden de ella, se reproducen por fisión o por yemación.
Basta un solo individuo para producir dos idénticos. Entonces, ¿Por qué no
nosotros?, ¿Por qué la mayoría de los animales y plantas deben ponerse de a
dos para obtener el mismo resultado? Y luego, ¿ Por qué dos sexos y no tres?
Puesto que nada impide imaginar un mundo en el que la producción de un
ser humano exigiera la cooperación, no de dos sino de tres individuos
diferentes. Un mundo donde, para ser fecundo, el acto sexual pondría en juego
simultáneamente un macho, una hembra y un tercer sexo que tendríamos la
libertad de bautizarlo a nuestro antojo “
F.
Jacob recuerda enseguida los mitos que , en todas las civilizaciones han puesto
en imagen, figurado , la necesidad del dos de la pareja:
a)
mitos monistas, explicando la producción de la pareja a partir de una
unidad inicial;
b)
mitos dualistas, dando a la sexualidad la dualidad sexual como fenómeno
primario, existiendo los dos sexos de base , reflejo de la dualidad cósmica y
dotados de fuerzas de atracción que los empujan a realizar la unidad al
acoplarse.
Estos mitos se ocupan de rendir cuenta de una “mutilación
originaria” cuyo resultado es que el cuerpo humano contiene todo lo que es
necesario para respirar, digerir, pensar, pero no para reproducirse. Con la
separación de los sexos, no se le ha dado al individuo el verdadero poder de
creación, de dar vida, sino que se le ha otorgado a la especie. “Procrear es
encontrar la unidad inicial. <es desaparecer en tanto individuo para
refundirse en la especie”. Por medio del acto sexual, hombre y mujer buscan
incansablemente recomponer al ser
único. “ Se justifica así la eterna solicitación del otro: es a causa de la
separación de los sexos que nació la incurable soledad del ser humano”.
2.
La pareja como máquina para hacer lo diferente.
Una de las grandes ventajas de la reproducción sexuada, mediante dos
individuos, es que cada programa genético inscrito en los cromosomas-del
producto de la pareja- es el resultado de dos programas diferentes. Así, cada
individuo será diferente a todos los otros (a excepción de los gemelos
monocigotos). Cada niño concebido por la pareja es el resultado de una lotería
genética. “Si nos damos el trabajo de mezclar nuestros genes con los de otro-
dice F. Jacob- es para estar seguros que nuestro hijo será diferente de
nosotros mismos y de todos nuestros otros hijos. Si es necesario ser dos para
reproducirnos,es para hacer otro”.
Me parece útil recordar en este preámbulo, a partir de voces
autorizadas, la finalidad objetiva, biológica de la pareja y de la cópula :
necesidad biológica, fundamento y símbolo de la especie, la pareja es una “máquina”
para crear lo específico, otro de lo mismo, lo diferente. Es sobre esta roca biológica donde se desarrolla una
psicología de a dos, la psicología amorosa. Pero, describiendo la vivencia
amorosa, tendremos siempre en el horizonte a la pareja como medio de
supervivencia, de perpetuación de la especie, es decir, del grupo al que
pertenece. Volveremos a encontrar todas
las implicaciones psicológicas profundas de esta función grupal de la pareja
La pareja en su
relación con la especie, no será pues objeto de este estudio. mos de la pareja “pulsional”, en tanto que medio de
satisfacción del ) y desde más
“instinto” sensual, el que Freud identificó en 1921 como “el amor
común, sensual, que no es otra cosa que un apego libidinal pasajero a un
objeto, con el fin de satisfacción sexual directa “. Esto tampoco será
abordado en este trabajo.
No se tratará entonces del amor-pasaje—paso, simple descarga de energía
(1)
Trataré
al amor en tanto estado amoroso, lo que Freud (1921,trad.fr.p.57) llama amor
verdadero, mezcla de ternura y sensualidad, resultante de la acción conjugada
de tendencias sexuales libres y de tendencias sexuales ligadas. “ Es, en
efecto, desde la parte que retorna a la vida sexual, a los unos y a los otros,
que se puede medir el grado de amor verdadero, en oposición al deseo puramente
sexual”.
Mi
reflexión acerca de la pareja se basa en la siguiente experiencia clinica :
además de la cura psicoanalítica individual, la práctica y la supervisión
(2) desde hace 20 años, de terapias conyugales (3)estando presentes al mismo
tiempo los dos partenaires de la pareja) y desde más de diez años, la
práctica de la terapia familiar psicoanalítica (los hijos participando en
sesiones junto con sus padres).
En lo que concierne a la terapia conyugal, en la que la pareja hace una
demanda específica, la evolución
del encuadre terapéutico de grupo que yo superviso, ha sido
la siguiente: en 1962, la práctica del “consejo
conyugal
Era
a tientas y se inspiraba en el modelo del equipo londinense supervisado y
encuadrado por Michael y Enid Balint, con el encuadre de Family discussion
bureau(4) . Se trataba en ese entonces de
una relación de tipo case work de inspiración psicoanalítica. Pero se
estructuró muy rápidamente la experiencia de los asistentes conyugales de
Grenoble. También podemos esquematizar el recorrido, desde el punto de vista
del encuadre terapéutico.
Hasta 1970, cuando una pareja venía a consultar, la costumbre prevalente
era que cada cónyuge que así lo deseara era “asistido” psicológicamente
por un asistente diferente; de este modo la pareja era separada sistemáticamente
en la ayuda que se le otorgaba. Ya a comienzos de 1970, esta práctica fue vista
como “contra-natura” y de allí, cada pareja que así lo quisiera, era
tomada en terapia conyugal conjunta. Desde este momento la indicación más
frecuente hecha por los terapeutas conyugales fue esta forma de tratamiento
conjunto, estando presentes en sesión ambos miembros de la pareja.
A partir de 1975, (con la experiencia de la terapia familiar psicoanalítica
en otros ámbitos que aquellos de las dificultades conyugales), son cada vez más
frecuentes las indicaciones y la terapia para aquellos cónyuges que solicitan
una ayuda para la pareja y cada vez más numerosas las demandas hechas para todo
el grupo familiar, comprendidos los hijos. Las terapias más eficaces y
beneficiosas (ya sea que se separe o se reúna), parecen ser las terapias del
grupo familiar completo.
La continuación de este estudio justificará el encuadre terapéutico y
esta metodología. Sus tres partes sucesivas –la mónada, la díada, el grupo
–pueden ser consideradas como el reflejo de este itinerario de la terapia de
pareja y de la investigación acerca de la pareja.
Este trabajo se presenta en cuatro partes. En la primera sitúo la
dificultad en la que se encontró Freud para describir metapsicológicamente la
reciprocidad amorosa, por lo mucho que estaba empapado de su impregnación física
y de su contexto científico de orígen, como para aprehender al individuo-mónada
y sus instancias internas: recordaré la riqueza de su aporte para la comprensión
de la mónada amorosa.
En un segundo
tiempo,diseño una presentación del funcionamiento de un aparato psíquico diádico,
que tiende a realizar una unidad dual psíquica
corporal.
En
la tercera parte, intento una síntesis metapsicológica, señalando una tópica
del amor y buscando a qué vivencia arcaica reeenvía la experiencia amorosa, qué
espacio psíquico original la contiene. En
último lugar,me permito emitir y me esfuerzo en afianzar una hipótesis acerca
de la grupalidad de la pareja humana.
Al inicio de este estudio, importa mencionar mis fuentes teóricas y clínicas,
que no aparecen referidas en el curso de mi exposición por cuanto forman parte
de un corpus común producto de la asimilación que he hecho de ellas.
Este trabajo no habría sido posible sin los aportes de trabajos
anteriores de D. Anzieu
y R. Kaës acerca del inconsciente grupal y el aparato psíquico grupal,
aquellos de J. Lemaire acerca de la pareja.
Les debo mucho también a J. Bergeret, J. Cosnier, M. Fain, J.
Guillaumin, S. Lebovici, F. Pasche, M. de M’ Uzan, J.P. Recamier y varios
otros cuyas posturas teóricas aseguran las bases de mis investigaciones.
Por último, los analistas practicantes de la teoría familiar psicoanalítica-
en particular J. P. Caillot, G. Decherf, A. Eiguer, E. Granjon – han
facilitado mi conceptualización en el curso de intercambios orales o escritos
(5).
I.-
FREUD Y LA MONADA AMOROSA
S. Freud, cuya obra se basa en una concepción libidinal del hombre, habló
poco de la pareja en tanto entidad. En
su cuidado por demarcar, aprehender al individuo, señalar su homeostasis,
delimitar sus instancias internas (cuando trata al objeto es en su aspecto
internalizado), conceptualizó y volvió operativa la noción de individuo-mónada.
1.-
El objeto internalizado:puntos de vista dinámico, tópico y económico:
1)
– El conflicto dinámico sobre el que descansa toda vida psíquica, es un
conflicto interno entre pulsiones antagónicas, entre instancias en desacuerdo o
entre grandes fuerzas (Eros-Tanatos) enfrentándose en su campo.
2)
– La tópica que describe es un señalamiento de lugares internos y de una
escena interna en la que se juegan los conflictos.
3)
– Por último, y sobre todo, la economía psíquica que Freud persiguió
obstinadamente, es una tentativa de cuantificar en valores relativos- a falta de
poder estimar cantidades absolutas –una energía interna, lo que supone un
sistema cerrado, o casi, que tiene por tarea principal defenderse de grandes
cantidades exteriores, siendo los órganos sensoriales filtros que transformaban
esas grandes cantidades de energía provenientes del mundo exterior, en pequeñas
unidades asimilables, internalizables, utilizables al interior.
Este modelo físico del cual Freud estaba empapado y al cual permanece
fiel hasta sus últimos escritos, requería en efecto, como objeto de estudio,
un sistema cerrado o semi-cerrado: el individuo-mónada.
En un estudio anterior (6) A. Ruffiot, 1979), alrededor de los años
1912-15, a partir del cual,bajo la presión de los hechos clínicos (el Yo no
estructurado, no cerrado de los psicóticos y, sobre todo la necesidad de
explicar esta apertura hacia el otro que es la transferencia),señalé que Freud
se sintió impulsado a tomar en consideración las imágenes, incluso las
fuerzas actuantes desde el exterior, para llegar a una concepción del Yo –del
Sujeto – estructurándose esencialmente por identificación…con el objeto.
No nos queda más que la comprensión metapsicológica que conserva de
base hasta 1939 su requisito cuantitativo y aún monádico: el psiquismo, a
semejanza del soma, se defiende contra las grandes excitaciones, las grandes
energías externas, para mantener estable, constante, y al más bajo nivel el
quantum de energía interna.
Todos los postulados relativos al narcisismo, en particular, el concepto
de narcisismo primario que domina la conceptualización psicoanalítica, son
consecuencias de esta perspectiva unitaria, unificadora, individualizadora
prevalente en la cual se desarrolló la observación y el descubrimiento
freudianos.
Freud intentó describir el psiquismo conforme al modelo del soma: un
organismo cerrado por tegumentos y entreabierto por necesidad vital a los
intercambios de energía, materia, e información indispensables para la
supervivencia de la mónada somato-psíquica.
El hecho de recurrir a metáforas biológicas para describir el aparato
psíquico, suscribe la inspiración bio-física de Freud, que intenta
conformarse al programa de la Escuela fisicalista: “La lengua de la física es
la lengua universal; toda proposición de fisiología o de psicología puede ser
formulada en términos de la lengua de la física”.
Rescatando este modelo, Freud definirá en 1923 al Yo instancia como
siendo :”primero y antes que nada, un Yo corporal; no es sólo un ser de
superficie, sino también la proyección de una superficie”. Lo cual permite a
D. Anzieu (1981) afirmar que para Freud “El Yo es explícitamente designado
como “envoltura psíquica” ”.
2.
La relación de objeto y la corriente “objetológica”
Fue necesario esperar hasta 1930 para que la noción de relación de
objeto fuera introducida al lenguaje psicoanalitico, para que el OBJETO fuera
reconocido como proveedor de energía y ya no como un simple lugar de descarga
de la libido. El objeto deviene, junto con el Yo, uno de los dos polos de
investidura y de descarga de la libido. La
libido se inviste en el Yo y en el objeto, y le compete al Yo realizar la tarea
de llevar a estas dos investiduras
a un justo equilibrio. (Cosnier,J.,1970).
Es así que el objeto toma un real status de sujeto en la teoría
psicoanalítica: llega a ser un objeto-sujeto, fuente de energía utilizable.
Los trabajos de M. Balint y D. Winnicott, los de I. Hermann, J. Bowlby, etólogos
y, más recientemente, los descubrimientos de los neonatólogos (en particular
T.B. Brazelton)(7) contribuyeron grandemente al florecimiento de lo que algunos
llaman objetología psicoanalítica (B. Cramer).
Por cierto, la relación madre-recién nacido ha sido considerada siempre
central. La MADRE-OBJETO ha sido tomada en cuenta – desde los primeros
escritos de Freud – como “matriz” de todas las relaciones ulteriores. Y
esta madre-objeto , objeto de investidura, es SUJETO cuya investidura es
primordial.
Sin embargo, la realidad psicoanalítica debía concordar en forma más
adecuada a las realidades clínicas.
“Que Freud no haya sido un objetólogo, es evidente. Es probable que el
progreso más importante hecho en psicoanálisis ,desde Freud, es sobre todo el
que se realizó en el campo de la objetología con, en primer lugar, M.Klein y
luego por los que se llamaron “La Escuela inglesa del medioambiente”, y
también por autores tales como Mahler, o, en Francia, Bouvet, etc… No hay
duda que, en nuestros días, uno de los ejes de comprension de la cura psicoanalítica,
por una parte y del funcionamiento psíquico en general, es la dialéctica entre
narcisismo y relación de objeto
Que el término “objetología” haya debido ser forjado, como para completar una “subjetología”, es
signo de una perpetuación, de una perseveración de la concepción cartesiana
del individuo, autosubsistente y autonutriéndose de su COGITO.
La excelente síntesis de B. Cramer, que precede los descubrimientos más
recientes acerca de la competencia de los recién nacidos, de su apertura de
base hacia el objeto, de su apetito inicial de objeto, confirma la “salida”
de Winnicott : “Un bebé, eso no existe…”.
Es
así que las actuales corrientes de la psicología proponen como primaria la díada
madre-niño. La matriz psíquica ya no es la madre: es la relación madre-bebé.
Pero una vez que el Yo se constituye como instancia – para situar ontogenéticamente:hacia
fines del primer subestadio anal – la idea de una unidad narcisista
individualizada que el humano preserva hasta la muerte, consagración paradojal
de la autosuficiencia del ser individual, aún se impone: si el ser individual
desaparece solo (Nacemos varios, morimos solos, escribía P. Valery)es que vivió
en autarquía…¿ Acaso la muerte no es esa roca con la que tropezamos todos
los psicólogos occidentales, que ponen el acento en el individuo, la
independencia, la autonomía del ser humano?.
Privilegiando el status individual del hombre ¿No lo refieren- con
palabras veladas- a su muerte la cual, en sí misma, lo individualiza para
siempre con sus nombres grabados, coagulados en la inscripción funeraria? La
muerte, con su poder de señuelo, hace derivar a las psicologías hacia un
sentido autárquico, individual, monádico, que no constituye la marca esencial
del ser vivo.
Decía anteriormente que el Yo (moi) (en el sentido freudiano de
instancia), una vez constituído o en vía sólida de hacerlo,hace considerar al
niño utilizando el Yo (Je), luego al adolescente y, por último al adulto, como
unidades adquiridas, conquistadas sobre la díada primitiva; es sólo en este
momento cuando la unidad-Yo(Je) podrá unirse a otras unidades, rozar su mónada
con otras mónadas y aún intentar la fusión de su mónada somato-psíquica con
otra mónada somato-psíquica, en la relación amorosa. El UNO –la unidad
individual – nunca es una adquisición total, y no es una vivencia psíquica
corriente.La prueba psíquica más frecuente en el desarrollo de una vida humana
normal, está subtendida por una libido de objeto, una aspiración hacia el
objeto.
La libido narcisista es, en verdad, una realidad concerniente a la
defensa del cuerpo biológico y sus resonancias psíquicas, pero aún debemos-
según M. de M’Uzan (1974), deducir de este stock egoico, gran parte de
“libido narcisista extra ego” destinada a amar a sí mismo en el otro, en el
sentido de darse, perderse en el otro.
F. Pasche , desde 1964, hizo una demostración clínica brillante del
componente pulsional anti narcisista : “una investidura realmente centrífuga
mediante la cual el sujeto tiende a desasirse de sí mismo, a privarse de su
propia substancia o del stoock de amor del cual dispone, y eso
independientemente de factores económicos “.
Se
trata, para el Sujeto, de una tendencia original “a desprenderse literalmente
de sí mismo, de ceder su libido en provecho de lo que está en el afuera”.
Estamos consagrados de base al OBJETO en un movimiento espontáneo de efusión.
“El estado amoroso y la psicosis hacen manifiesto esta efusión permanente del
Yo (Je), que llamamos anti-narcisismo”. (F.Pasche,1964,p.227-242).
En lo que concierne al aparato psíquico
que funciona en el sueño, por ejemplo, cuando los vínculos somatopsíquicos
y sensoriomotores están aflojados, la sensorialidad y la motricidad habiendo
sido relativamente puestas fuera de
circuito, vemos claramente una organización sin limitaciones, un Yo
abierto, un Yo sin fronteras nítidas, que traduce quizás la verdadera
naturaleza de la “materia”psíquica, del psiquismo puro.
El soma está provisto de un sistema de defensa inmunitario (el sistema
H.L.A.) que lo protege de las agresiones externas e internas, y que permite que
los biólogos hablen de un sí mismo biológico, capaz de reconocer el Yo y el
No-Yo con una agudeza y rapidez increíbles, en base a recientes
descubrimientos. El sueño de todos los psicólogos y filósofos monádicos ha
sido el de imaginar un sistema idéntico de protección para el Sí mismo psíquico,
para el Yo(moi).
La teoría freudiana del Yo (Moi) psíquico ha sido calcada en el modelo
de la organización biológica y sus defensas (se puede notar el carácter
precursor de Freud, describiendo las defensas psíquicas según el modelo de las
defensas inmunitarias, a penas conocidas en su época; por ejemplo, lo que es
malo al interior de sí es proyectado al exterior…para que la lucha sea más fácil).
Resulta sin embargo, que el psiquismo no posee defensa inmunitaria. La defensa
psíquica individual más común es sobre la base de fusión con el otro, una
proyección en el otro (los mecanismos de condensación y desplazamiento del sueño
son testigo de esta no-limitación del Ello).
¿Existe el UNO psíquico ? ¿Acaso el individuo no es pareja o
grupo antes de ser mónada ?
Si
el individuo no existe como mónada, ¿la pareja-unidad dual es un compuesto
estable? ¿La pertenencia al grupo no es el paradigma de todos los vínculos
humanos,comprendidos los vínculos amorosos ?
Los próximos tres capítulos debatirán estas preguntas.
3.
El “amor verdadero” según Freud. Cinco jalones.
Y no obstante Freud, en su metodología y su teoría, escuchando uno solo
de los partenaires amorosos, dedujo lo esencial de la vivencia del sujeto
enamorado y supo describirlo en términos dinámicos y tópicos. Veremos que los
puntos con los cuales tropieza son aquellos en los que enfrenta la díada
sujeto-sujeto y el problema de la economía psíquica que de ello resulta.
Analizaré suscintamente cinco textos (8) que a mi parecer son los
pivotes de la comprensión freudiana acerca de la pareja amorosa:
-
“Tres ensayos de una teoría sexual”(1905); -“Introducción al
narcisismo”(1914); “Observaciones acerca del amor de transferencia”
(1915);”Psicología de las masas y análisis del Yo” (1921) y “Malestar en
la cultura” (1929).
3.1.
1905: La pubertad y el descubrimiento del objeto (9)
Se trata de un texto primero acerca del “descubrimiento del objeto de
amor”. El desarrollo fisiológico puberal engendra la primacía de lo genital,
la sumisión de las pulsiones
parciales y de las zonas erógenas
(oral,anal,fálica pura) a esta primacía. Pulsiones que, independientes unas de
otras, buscaban como único fin el placer. Asigna al psiquismo un nuevo fin
altruísta, que corresponde a las exigencias de la perpetuación de la especie.
“lejos de ser ajeno al antiguo fin, que era el placer, la nueva finalidad se
le parece en lo que hay de máximo placer ligado al acto final del proceso
sexual: el coito y el orgasmo” (S.Freud,op.cit.,p.112).
Freud, en este ensayo y en las conclusiones de esta obra, releva al
adolescente los efectos lejanos de la elección de objeto infantil. Subraya que
nadie escapa a una relativa fijación incestuosa “en sus primeros amores
serios”(p.139) exteriores al entorno familiar. El período de latencia sirvió
para establecer, en un desarrollo normal, una barrera nítida en contra del
incesto. Pero el niño guarda- del afecto hacia sus padres- “las más
profundas impresiones que quizás-renovadas durante la pubertad- gobiernan la
dirección de la elección de objeto”.
Es en este texto donde Freud explica lo que entiende por “carácter
normal de la vida sexual”, es decir, el estado amoroso, mezcla de sensualidad
y ternura. El amor es psíquico en esencia y orígen. Proviene de la “irrupción
de un movimiento amoroso intenso, de carácter psíquico, repercutiendo en las
inervaciones de las partes genitales”; es así que se realiza la “unidad (física
y psíquica) característica de la vida amorosa normal” (op.cit. p.158).
Podemos destacar que Freud hace preceder, en el momento de la
adolescencia, esta fase propiamente psíquica, amorosa, de una fase
preparatoria- esencialmente física, puberal- en la que “el proceso de
desarrollo físico y psíquico se logra inicialmente sin vínculo entre
ambos”.
El capítulo relativo a la teoría de la libido, introducido en 1920,
retoma los aspectos desarrollados en 1914 en “Introducción al narcisismo”.
3.2.
La elección de objeto
Es
en “Introducción al narcisismo” donde se estudia el problema económico
provocado por la distinción entre libido narcisista y libido de objeto,que
inviste al objeto amado y deseado.
Freud describe aquí las dos modalidades de elección de objeto, de
elección amorosa (trad.fr.,p.93-95):
-
según el tipo narcisista, amamos
:-aquello que es uno mismo;- lo que ha sido uno mismo;- lo que uno mismo desearía
ser;- a la persona que ha sido parte de uno mismo.
-
Según el tipo objetal o por
apuntalamiento, amamos: - a la mujer que cría;
-
al hombre que protege.
Freud se defiende al comienzo de categorizar a los seres entre dos grupos
rigurosamente distintos. Prefiere proponer la hipótesis que cada ser humano,
teniendo dos objetos originarios: él mismo y la mujer que le dedica sus
cuidados, tiene dos vías abiertas y le dará preferencia a una u otra.
Sin embargo, le parece que “el pleno amor de objeto, según el tipo
apoyo, es particularmente característico del hombre”, la sobreestimación
sexual de la amada marcando este tipo de amor y desprendiendo “el particular
estado de la pasión amorosa que hace pensar en una compulsión neurótica y que
conlleva un empobrecimiento del Yo y una libido en provecho del objeto”. Por
el contrario, la elección amorosa narcisista le parece ser “el desarrollo de
tipo femenino más frecuente, y en verdad, el más puro y auténtico”. Las
mujeres, cuya constitución sexual acrecentó el arraigo en el narcisimo
primario, “no aman- hablando estrictamente- sino a sí mismas, casi tan
intensamente como el hombre que las ama”. Además ellas tienen el encanto, el
poder de seducción de los seres narcisistas, tal como los gatos o los grandes
depredadores.(op.cit. p.93-94).
3.3.
1915 : El amor de
transferencia, modelo del amor.
Las
“Observaciones acerca del amor de transferencia” (1915) constituyen, a mi
juicio, uno de los textos más ricos de Freud acerca del estado amoroso, la
seducción amorosa y el problema de la reciprocidad – si bien se trata de un
escrito técnico en el cual está ausente toda reflexión metapsicológica –
tiene la ventaja, en relación a otros textos freudianos, de presentar la
vivencia amorosa en su lugar natural, quiero decir: la situación dual. Espacio
artificialmente “natural”, recreado experimentalmente por el encuadre
psicoanalítico. Estado amoroso “dual”, con todo lo que comporta de asimétrica
la relación analítica. Pero es justamente sobre esos aspectos de artificio y
asimetría donde Freud atrae la atención del lector.
En su discusión técnica, parece ir y venir sin plan preestablecido,este
texto gana en fescura y espontaneidad. Freud toma como ejemplo-tipo el caso de
una
paciente quien, ya sea a través de transparentes alusiones, ya sea
abiertamente, hace comprender a su analista-hombre y simple mortal- que ella está
prendada de él. Cuando – hasta
este momento-daba pruebas en su cura de una notable comprensión y gran
inteligencia, “he aquí que la enferma ha perdido toda comprensión: no quiere
oir hablar ni hablar ella misma más que de su amor por su analista, del cual
demanda reciprocidad, renuncia a sus síntomas o los minimiza y, hasta llega a
declararse curada”.
Freud aborda para el practicante, diversas soluciones a intentar:”sobre
todo los jóvenes que aún no han establecido vínculos duraderos de pareja”
(en el momento en que escribe este artículo, Freud tiene 56 años y casi 20 años
de práctica en la cura-tipo) con el fin de encontrar salida a “este amor
tumultuoso”. Su posición de analista, dictada por la deontología, la ética
y, sobre todo, la técnica, es clara: el tratamiento debe seguirse, “a pesar
de y a través de esta transferencia amorosa”, que no es más que una de las
formas que toma la resistencia en ese momento de la cura. El analista no deberá,
en ningún caso, apartarse de su “indiferencia” y obligar a “mantener a
raya la contratransferencia”.
Pero, ¿Cuál es la naturaleza de este “amor de transferencia”?. Es
en respuesta a esta pregunta que van a aportarse señalamientos preciosos
concernientes al amor “sin más explicación”.
El amor de transferencia está “determinado por la situación analítica
y no por las ventajas personales de las cuales pudiera jactarse el analista.
Entonces, ¿Acaso no es auténtico?”. Respuesta: “Se trata de un conjunto de
réplicas y de clichés de ciertas situaciones pasadas y también de reacciones
infantiles”,todas producto de una regresión inducida por el encuadre
psicoanalítico. Sin embargo, es que ¿No se trata de un “verdadero amor”,
normal? Respuesta: el amor de transferencia es, por cierto, “una reedición de
hechos antiguos, una repetición de hechos infantiles, pero he aquí lo propio
de todo amor, y no existe ninguno que no tenga su prototipo en la infancia. El
factor infantil determinante confiere al amor su carácter compulsivo que frisa
lo patológico”. Freud concluye: “Nada nos permite negar- al estado amoroso
que surge en el curso del análisis- el carácter de un amor verdadero. Su
apariencia poco normal se explica lo suficiente si soñamos que todo estado
amoroso recuerda más bien los fenómenos psíquicos anormales que los
normales… No olvidemos que estos caracteres anormales son los que,
precisamente,conforman lo esencial de un estado amoroso” (10).
3.4.
1921: Amor, hipnosis y grupo
En “Psicología de las masas y análisis del Yo”, Freud hace una
descripción metapsicológica, o, por lo menos tópica, del estado amoroso en
comparación, por una parte, con los fenómenos colectivos y, por otra, con la
hipnosis.
En “el amor verdadero”, que resulta de la confluencia de dos
corrientes, la de la sensualidad y la de la ternura, el objeto amado se
encuentra en cierta medida carente de crítica; está idealizado; es tratado
como el propio Yo del sujeto. Cuando la tendencia tierna lo exalta, a expensas
de la tendencia sensual, tal como en el “amor poético de la adolescencia”,
el estado amoroso exacerbado hace que el “objeto
absorba, devore –por así decirlo- al Yo”. Y en el caso de amor no correspondido, el objeto toma el lugar del Ideal del
Yo. “El estado amoroso puede ser concebido como una introyección del objeto
en el Yo”.
En la hipnosis, el hipnotizado está en un abandono amoroso total en
relación al hipnotizador, estando trabadas las tendencias sexuales, pone al
hipnotizador en el lugar de su Ideal del Yo.
Con el fin de explicar que la multitud, en tanto fenómeno primario,
resulta de “la reunión de individuos que han reemplazado su Ideal del Yo por
el mismo objeto, lo que tiene como consecuencia una identificación de su propio
Yo”. Freud juzga útil comparar
este fenómeno colectivo de idealización con- por una parte- la hipnosis y
–por otra- el estado amoroso. En la hipnosis “ multitud de a dos” (implica
que las tendencias sexuales directas sean entorpecidas),como en el estado
amoroso ( considerado en su aspecto tierno, platónico), hay idealización del
objeto, en un caso, del hipnotizador, en el otro, se idealiza el objeto amado.
El objeto ocupa así –tal como sucede en el fenómeno colectivo primario- el
lugar del Ideal del Yo. Hipnosis y
amor (en el caso de coartación de la corriente sensual) son de este modo
asimilados.
Se puede notar simultáneamente la osadía y la penetración de esta síntesis
operada por Freud entre tres fenómenos de apariencia muy diversa, pero también
se nota la dificultad hacia el final del capítulo titulado: “Estado amoroso e
hipnosis”: “Del estado amoroso a la hipnosis, no hay gran distancia. Los
puntos de semejanza entre ambos son evidentes “. Hay “abandono amoroso
total” en las dos situaciones. También el estado amoroso es susceptible de
darnos la clave de la hipnosis.
Pero muy pronto Freud invierte su proposición y pretende que, dado que
la hipnosis pone de relieve particularmente el fenómeno de sustitución del
objeto por el Ideal del Yo, “pareciera más indicado explicar el estado
amoroso por la hipnosis que plantear la vía inversa”. Y algunas líneas más
adelante, a pesar de la coherencia lógica del paralelo que acaba de establecer,
se refugiará ante una X,una incógnita, para recurrir a un factor irracional.
El estado amoroso sin tendencias sexuales directas, que caracteriza la hipnosis,
es uno de los “ aspectos que escapan aún a toda explicación racional. Bajo
muchos puntos de vista, la hipnosis es aún difícil de comprender y se presenta
con un carácter místico”.
¿ Manifestación de modestia del que busca? ¿Sentimiento de
inquietante extrañeza por la aproximación a un campo inexplorado, tabú ?. La
ambigüedad del desarrollo freudiano en este texto ha llamado mi atención,
porque ella despierta resonancias con respecto a otro texto en el que Freud, de
la misma manera,reconoce los límites de su “competencia” e invita a
explorar un “más allá”: un más allá de la tópica individual, quizás.
¿El campo del funcionamiento psíquico grupal?
3.5.
1929 : Malestar… en la
teorización del amor
La
misma problemática –lo que respecta a los orígenes de la psiquis primitiva,
y a la psiquis dual o grupal –parecen relevar los propósitos ambiguos de
Freud concernientes al “sentimiento oceánico”, al comienzo del “Malestar
en la cultura”. Pretendiendo
que-en sí mismo- es “imposible descubrir tal sentimiento oceánico” y que de modo general “le produce un
malestar tratar en forma científica los sentimientos”, Freud va a justificar
esta experiencia psiquica refiriéndola a las vivencias más precoces.
Considerado
del exterior, el Yo –escribe – parece tener límites netos y precisos.
Asimismo, del interior, nada es más estable que el sentimiento de nosotros
mismos, de nuestro propio Yo. “No hay sino un solo estado-excepcional pero que
no podríamos calificar de mórbido- cuya naturaleza modifique esta situación:
en lo más intenso del estado amoroso, la demarcación entre el
Yo y el objeto corre el riesgo de borrarse. El enamorado sostendrá que el Yo y
el Tu no son sino uno”.
Es así como
Freud señala, en un plano fenomenológico, la vivencia “sentimental” diádica,
que permitirá revivir entre dos el “sentimiento oceánico”. Este
sentimiento –querido por su amigo Romain Rolland –de no limitación, de
infinitud, de universalidad, “de no ser sino Uno con el gran Todo”, parece
corresponder al restablecimiento del narcisismo ilimitado del primer tiempo de
la vida, y explica tanto el estado amoroso como “otras modificaciones oscuras
del alma tales como el trance y el éxtasis”.
Pero
Freud, luego de esta expliacción por medio de una regresión a un “Yo-placer
puro”, se mantiene ahí, refunfuñando ante el obstáculo, evita intentar una
descripción metapsicológica completa, y concluye abruptamente-eludiendo la
cuestión- el primer capítulo del “Malestar”, a través de una cita de
Schiller: “Se regocja aquel que respira en la rosada luz”.
Volveré en
otro punto a esta renuncia- a la que Freud no está acostumbrado –a
comprometerse en las “Profundidades”, proponiendo la hipótesis que le faltó
a Freud para conceptualizar tanto la primera vivencia humana, como la
experiencia diádica o la comunicación grupal sincrética, la noción de un
espacio, de un registro y un proceso anteriores al primario: el espacio, el
registro y el proceso originarios.
II.
LA DIADA AMOROSA
Mi propósito, en esta segunda parte, es situar el funcionamiento psíquico
de a dos que, en la descripción clásica se origina en el apego, el
aferramiento infante-madre designado como “unidad dual” por I. Hermann
(1943) y retomado por N. Abraham (1972), luego por R. Barande (1975) bajo el
nombre de “unidad-pareja”.
A comienzos de los años 60, en Francia, los desarrollos, a partir de
Freud, de la comprensión y de la terapia psicoanalítica de la pareja son otras
tantas contribuciones a lo que actualmente puede considerarse como un corpus clínico
y teórico que contiene las bases psicoanalíticas, ya conocidas, de la vida
amorosa.(11)
Entonces no desarrollaré aquí esos elementos clásicos del
descubrimiento diádico (elección del partenaire) y de la vida diádica en
general: es decir, los mecanismos de idealización,clivaje y negación, que
constituyen de los estados amorosos los “prototipos normales de las
psicosis” (S.Freud,1912, p.105). En
esta parte, me inclinaré hacia aquellos aspectos dejados a la sombra, o no
tomados en cuenta, o, a mi juicio, no conceptualizados en forma clara hasta el
momento.
1.-
RESISTENCIAS A LA TEORIA DE LA UNIDAD DUAL
La intervención psicoanalítica en Occidente ha adoptado el modelo médico:
un médico – un paciente, conformándose con un principio de
investigación científica que consiste en analizar, en reducir lo real para estudiarlo,
en la más pequeña unidad observable. En el campo de lo humano, la más pequeña
unidad indivisa, no divisible, no reducible a más pequeño, fue el
individuo-soma, y, después de Descartes, el individuo soma-psiquis, fuente del
Cogito (12).
Por otra parte, todas nuestras concepciones psicológicas actuales están
teñidas por las teorías paralelistas y epifenoménicas (T.Ribot) de fines del siglo XIX, que contienen un postulado
subyacente: el pensamiento está ligado a lo psicológico tal como el contenido
a su continente; el pensamiento-el espíritu- asimilado al cerebro, está
normalmente fantasmatizado como estando al interior del soma, haciendo parte
integrante del soma, a la manera de un órgano hiperespecializado,es decir capaz
de registrar, de asociar, de crear.
Pues bien, la psiquis (si bien supeditada
a la actividad cerebral del sistema nervioso central y perisférico) no se deja
encerrar, limitar. Está en constante desborde, tal como Sartre, después de
Husserl, la axiomatizó: “Toda conciencia es conciencia de alguna cosa”;
“Conocer , es estallar hacia, arrancarse…más allá de sí hacia lo que no
es sí”; “La consciencia es un movimiento para huir, un deslizamiento hacia
fuera de sí mismo… ella no tiene un adentro, no es más que el afuera de ella
misma y esta huída absoluta” (J.P. Sartre, 1936,p.110).
Si el hecho de pensar no puede tener lugar sin el órgano-cerebro, el
acto de pensar es salida hacia, y
el contenido del pensar es el fruto
de
identificaciones con el pensamiento del otro, con el pensamiento y el
hablar del grupo.
El Yo(Moi) es un condensado de los amores del Ello, del cual emanan toda
representación y todo afecto. El Yo individual es una “puesta en conserva”, una “puesta en límites”,
una presentación bajo embalaje individual, bajo condicionamiento yoico
individual, de un pensamiento y de una palabra grupales.
Freud
tuvo la idea de calificar y
relativamente cuantificar la energía que resulta del “trabajo impuesto a la
psiquis por el hecho de su ligazón con lo somático”, y que se manifiesta en
las pulsiones individuales de vida y de muerte.¿ No podríamos pensar que él
fue más lejos en el estudio de la mónada psiquis-soma ? La mónada
humana psiquis-soma posee una energía interna que la empuja:
-
por una parte, a conservarse en
las mejores condiciones de seguridad, de estabilidad, de homeostasis, de calma:
asimilando del mundo exterior los aportes de materia, energía e información
que son necesarios para su subsistencia; y evacuando las cantidades de energía
que corren el riesgo de hacer peligrar su unidad y estabilidad internas.
-
Por otra parte, a reproducirse.
Siendo esta toda la dinámica libidinal que describió Freud en el plano interno.
Pero la
mónada se apega, se aferra a las otras monadas´; no se deja aislar. Escuchemos
pues a la díada.
2. LA ESCUCHA
PSICOANALITICA DE LA DIADA
La
escucha, dentro de un encuadre analítico, de la díada (pareja hombre-mujer)
considerada como un todo, como una unidad, era poco concebible antes de 1965-70
en Francia. La expresión “terapia conyugal” fue introducida por J.G.
Lemaire (1971). Por cierto, siempre existieron sesiones de pareja (aseguradas
por el médico, el sacerdote,etc.) que no tenían como objeto la fantasmática
inconsciente de la pareja, sino más bien el posicionamiento, a menudo, del
terapeuta conyugal en un lugar de mediador, conciliador, escuchando a uno y al
otro: dos versiones de una misma realidad, dos composiciones yuxtapuestas a
partir de un mismo tema e interviniendo como voz en off
sobre un libreto doble (13)
Desde hace diez años en Francia, bajo la influencia de los trabajos de
D. Anzieu y R. Kaës (aún cuando su objeto de investigación no fuese la
pareja), numerosos terapeutas conyugales se volcaron a la escucha de la pareja-díada,
de la unidad-pareja, considerada como dos cuerpos, por cierto, dos fuentes
diferenciadas, pero escribiendo juntas una historia psíquica. Esta díada psíquica
posee todas las características de una psiquis transindividual supraindividual,
es decir, teniendo una tópica propia, una dinámica y una economía claramente
específicas.
2.1.
Una tópica diádica
Cuando nace una pareja ,producto de un amor recíproco,compartido, se
produce en cada uno de los partenaires psíquicos( ya sea que haya una vida en
común o no, que este amor sea declarado o no) un trastorno tópico, una suerte
de “desprendimiento”, de disyunción yoica interna, de descentración, de
puesta en común de espacios psíquicos que hasta ese momento eran
percibidos como irreductiblemente yoicos.
Los dos Yo presentes experimentan una inquietante
y extraña semejanza, bajo el impacto del deseo y de la admiración recíprocos
que puede traducirse como :
“ ¿Por qué yo? ¿Por qué
ella?”. Esta experiencia
inquietante de lo mismo está fundada en
la desemejanza y la complementariedad de los sexos que engendra una
sobreestimación del otro y una suerte de reconocimiento de gemelaridad.
Este “¿Por qué yo ?¿Por
qué ella?” hace eco de forma irresistible a la célebre formula de
Montaigne:” porque era él, porque era yo”.
El fenómeno amoroso realiza un “encaje” (con todas las evocaciones
que esta palabra pueda suscitar) de los dos Yo psíquicos como si por naturaleza
o por orígen estuviesen hechos
para encajarse uno en el otro. Los enamorados no tendrán más que funcionar
como un Yo único, despojándose transitoriamente de su narcisismo; tendrán
proyectos comunes,tomarán decisiones comunes, encontrarán un lugar común; un
espacio matricial común; harán una creación común, y se maravillarán de
este auto-engendramiento de su pareja.
Ello,
Superyo, Ideal del Yo, Yo Ideal.
La pareja amorosa en luna de miel vive la ilusión de un Ello común, único.
El fenómeno de sobreestimación sexual, idealización del cuerpo del otro, crea
el sentimiento de una psiquis única y de un fondo instintual idéntico.
El Superyo de la pareja se disipa, los Superyo individuales tienden a
disolverse bajo el efecto de la revelación de la reciprocidad del deseo; la
pareja se siente pronta para enfrentar
los más grandes peligros externos
e internos.
La culpabilidad (Producto del Superyo) desaparece por el hecho de la
reciprocidad de los deseos. La vergüenza (Producto del Ideal del Yo), asumida
en común, ya no es vergüenza, sino en tanto que formación reactiva, vuelve a
encontrar la pulsión parcial original, el placer exibicionista y voyerista
asumido entre dos, en el mutuo descubrimiento de los cuerpos complementarios.
Queda un Yo Ideal de la pareja que es una aspiración a la fusión
imposible, y una creencia en esta simbiosis posible: no ser sino uno, en todo
momento,según el modelo experimentado de forma pasajera en la vivencia orgiástica
compartida.
El objeto – pareja
Una descripción de la tópica diádica- la ubicación de los lugares psíquicos
de la pareja- sería incompleta e incomprensible sin el reconocimiento de una
psiquis extraterritorial, resultante de la colusión de la “ libido narcisista
extra-ego”(M.de M’Uzan) de cada uno de los partenaires.
El Sujeto-Pareja, tal como intento circuscribirlo, delimitarlo, en su
envoltura externa y en su núcleo, no es concebible sin la noción de
Objeto-Pareja.
La ilusión amorosa, el fantasma fusional, no pueden comprenderse
metapsicológicamente, y en un plano tópico en particular, si no se incluye en
el espacio “pareja”, la investidura especular del Objeto-Pareja.
Más allá del plano manifiesto, más allá de la búsqueda de fusión de
los cuerpos, la psiquis, en el fenómeno de señuelo propio de toda investidura
psíquica, no sabe que inviste la relación en sí misma, es decir el
Objeto-grupo (14) en el cual se contempla.
Aquello que es amado e investido amorosamente por las psiquis de la
pareja, es la pareja en tanto Objeto, fascinados por el vínculo mismo, más allá
de la atracción corporal o psíquica del otro. Lo esencial de la ilusión
amorosa reside en esta fascinación especular, en esta espejización de la
pareja y, tal como lo veremos en la cuarta parte, esta ilusión de pareja no es
más que una ilusión grupal, búsqueda o huida grupal.
La pareja- el Objeto-Pareja- para los enamorados, tiene lugar, llena una
función de instancia. Instancia no interna sino extraterritorial, psiquis
transindividual, superyoica, en la cual el Sujeto-Pareja, la díada amante, no
puede distinguirse del
Objeto-pareja, la díada amada, en la relación doblemente especular.
La pareja se ama de la misma manera en que el Yo individual se inviste
narcisísticamente, se ama. En el amor, la investidura narcisista y la
investidura objetal, siendo indisociables, revelan a la evidencia su
indisociabilidad de orígen(15).
2.2.
Una dinámica diádica
La escucha psicoanalítica de la pareja en terapia conyugal nos da a
entender el conflicto bajo la forma de una defensa de los límites de la
unidad-pareja contra la intrusión del mundo circundante. La pareja se esconde
para sus contactos íntimos. Y si se muestra en sociedad, es para afianzar mejor
esta nueva frontera adquirida; todos los gestos de apropiación están allí
para testimoniar su separación del mundo exterior banalizado.
Desde el punto de vista estructural interno, el conflicto tiende a
reducirse a un reconocimiento respectivo del ser-hombre y del ser-mujer. Todos
los conflictos son-aparentemente-fácilmente resueltos al ser descubierta la
complementación
Anatómica, ilusoriamente extendida a la psiquis en
complementación psíquica,en una vivencia ambigua correspondiente al sueño
arcaico de un ser bisexuado.
2.2.
Una economía diádica
El punto de vista económico diádico es el menos frecuentemente descrito
en los trabajos psicoanalíticos. Freud
siempre eludió el tema, contentándose a no considerar sino una homeostasis
estrictamente individual. Pero, si la pareja puede constituirse, puede durar un
tiempo, y a menudo perdurar hasta la muerte del cónyugue, es porque un
intercambio y una regulación de la energía psíquica se instalan desde el
comienzo de la constitución de la díada amorosa.
En efecto qué apuesta parece ser este proyecto de asociación dual entre
dos seres tan disímiles anatómicamente y funcionalmente cual es un hombre y
una mujer, acaso la mutación económica no fue engendrada por el “
emparejamiento”!
Por cierto, el “servicio” del placer, El “servicio” de la especie
(en el sentido de “servicio dérmico”, en etología animal), la
“crianza” de los hijos, son factores importantes en la estabilidad de la
pareja. Pero estos factores, por importantes que sean, no serían suficientes
para mantener la pareja, el emparejamiento, si no existiera más que una simple
yuxtaposición,aún cuando bien engranada, de dos narcisismos individuales, si
una nueva economía libidinal no rigiera a la díada, independientemente del
tipo de elección de objeto efectuada por los partenaires.
¿Es que los hombres hacen una elección de objeto más bien anaclítica?
¿El objeto amoroso de la mujer es elegido según un modo más particularmente
narcisista, tal como Freud lo pensó? Nada
es menos seguro.
Pero, sea cual fuere el tipo de elección, constatamos una modificación
estructural, económica de la repartición de la energía puesta en común. La
energía libidinal diádica no es la simple adición de un “quantum” energético
a otro “quantum” energético de los dos soma-psiquis emparejados.
La constante constatación de Freud es la siguiente: el enamorado se
empobrece derivando una parte de su libido narcisista hacia el objeto que
inviste amorosamente. El amor sería una suerte de hemorragia narcisítica, o de
transfusión de energía en un solo sentido.
La óptica económica amorosa freudiana es una perspectiva de pérdida
del Objeto amado, de un duelo próximo a realizar, como si la reciprocidad económica
no pudiera existir .
Recordemos que Freud se ubicó siempre como observador de la mónada, tan
solo consideró el quantum de energía disponible en el soma-psiquis individual.
Cuando considera la pareja en cuanto tal desde un punto de vista económico (en
“Malestar en la cultura”,por ejemplo), si describe fenomenológicamente el
funcionamiento amoroso, el estado amoroso recíproco, mutuo,colmado, es- así lo
hemos visto- desde una distancia teñida de desprecio: “ Al encuentro de todos
los testimonios de los sentidos, el enamorado sostendrá que Tu y Yo no son sino
uno”, y sugerirá que el sentimiento oceánico no amerita un estudio científico.
Y sin embargo, la clínica de la pareja nos enseña que entre dos seres
se instala un regimen nuevo, en el caso de un amor recíproco. Se constata, no
una suma de dos
potenciales
energéticos, con empobrecimiento de uno y del otro, sino una puesta en común
de los Ellos individuales, fuentes de energía libidinal del individuo, y
un surtimiento contínuo de los Yo “ reservorios de energía “ a esta
nueva fuente común.
Sucede como si la libido oral, anal, y fálico genital, ya sea narcisista
u objetal, se regeneraría de modo contínuo, se amplificaría, se intensificaría,
se desplegaría, como si los objetos mutuamente investidos no fueran sino
receptores de un “demasiado-lleno” energético constituído por una masa
libidinal desbordante por todos lados. La nueva psiquis diádica de la pareja,
apoyada en dos somas en
consonancia, parece llenarse y desbordar de un Eros, engendrando un sentimiento
de energía inagotable. Es verdad que Thanatos
no está lejos, pero , en los casos no patológicos, permanece silencioso
tal como lo es en su naturaleza del ser, e impotente
para frenar esa corriente de vida diádica que se caracteriza por un
gasto psíquico intenso, compensada por un crédito constantemente renovado.
¿ Ilusión de esta vivencia de riqueza energética
del Sujeto-pareja ?
¿Fenómeno
pasajero que la realidad concreta de la vivencia de pareja cotidiana llegará a
desmentir?
Por cierto, fenómeno ilusorio y pasajero, si consideramos su intensidad.
Pero, ese tiempo del amor, en su intensidad y pureza original, permanecerá como
fondo representativo sobre el cual se desarrollará una vida conyugal
expandida, el referente al cual se asirá la pareja, sobre el cual
se apoyará la pareja en su
cotidianeidad ulterior, y el momento fecundo que la pareja reproducirá, revivirá,con
igual intensidad, pero de modo momentáneo, en los intercambios de placer
corporal o mental, huellas de ese período fecundo y de las crisis inevitables
de la vida conyugal.
El continuum amoroso de la pareja se alimenta de esta ilusión primera,
de esta relación “pensada” del descubrimiento del otro, físico y psíquico.
Ilusión de descubrimiento, puesto que se trata de redescubrimiento:
redescubrimiento del Objeto edípico y, más allá, de la relación primaria con
la madre, reescritura sobre una página virgen en apariencia , de una partitura
ya compuesta en hueco, se podría
decir, o en filigrana.
Más adelante veremos que el amor, si es reedición, reimpresión,
re-vivencia de experiencias reprimidas o clivadas, no es que esta reescritura-la
más profunda (originaria), sea una vivencia jamás inscrita aún en la psiquis
en tanto que fantasma (primario) o en tanto dicho (secundario).
¿Ilusión por lo tanto? ¿ Momento
de expansión pasajera? Quizás, en parte. Pero esta ilusión ¿Es acaso
más ilusoria que el descubrimiento del
Yo por el Yo, en su estructuración primera?
La identidad individual es, también, una ilusión, una idealización del
Yo, una fascinación contínua, desde los primeros momentos del estadio del
espejo. D. Lagache (1957) denunció la ambigüedad semántica del término
“Yo” de la lengua francesa (Siendo “Je” el caso
sujeto, “Moi” el caso complemento) , intentando aclarar las
relaciones del Sujeto consciente y del Objeto-Yo(Moi).
El Yo (Moi) de la existencia concreta es, para el autor, el Sujeto cuya
consciencia es un atributo esencial, pero no permanente. Yo (Moi) plantea la
persona como objeto uno y permanente que opone al no-Yo y a los otros Yo.
El Yo (Moi) que no puede ser jamás objetivado en una representación
clara y distinguible, es una tenattiva de conceptualización de las partes de la
consciencia extraídas de la propia persona; es la representación explícita
e implícita que el Sujeto
consciente se hace de la persona.
La consciencia tiende hacia una organización unitaria, busca allí la
ilusión al apegarse a ciertas marcas o señales, tales como el nombre, y
desconociendo la multiplicidad de roles interpsíquicos de las identificaciones.
Asimilando el Sujeto a la Consciencia, D. Lagache sostiene que el Sujeto
se identifica con el Yo (Moi), se aliena en el Yo (Moi) : “Se toma por
alguien, el Yo” (ibid.p.41). Esta alienación de la consciencia hecha por el
Yo recubre dos fenómenos de ilusión:
1)
La ilusión reflexiva, introspectiva, mediante la cual el sujeto no logra asir su experiencia más que en primera persona, de
allí la ilusión de que el Yo es un habitante de la consciencia.
2)
La ilusión “bovaryca”, mediante la cual el sujeto se toma como tal
Yo (Moi), en tal rol, en tal identificación.
“La consciencia está infiltrada, alienada, captada, fascinada,
encantada, embrujada por el Yo (Moi), el Yo que ella ha hecho…;está alienada
por los prestigios del Yo”. Asimismo “alienarse está en la esencia y la
función de la consciencia”. Así,
“la consciencia se aliena en el Yo(Moi), se toma por el YO; se pierde en tanto
consciencia” (Ibid.,p.42 ).
La finalidad del análisis es desprender la Consciencia del imperio del
Yo (Moi): por una parte, desalienar la consciencia que se restituye a sí misma para, por cierto, alienarse de
nuevo, pero en una comunicación auténtica; por otra parte, permitir a la
consciencia objetivar al Yo y desprenderse de él. Y D. Lagache enuncia así la
finalidad del proceso analítico “Allí donde el Yo estaba debe estar la
Consciencia” (Ibid.,p.42).
Si el Yo es un señuelo, si “El Yo no es más que el saber acerca del
Yo” (P. Aulagnier,op.cit.,p.28), si “el individuo no es más que una parcela
de grupo” (S.H. Foulkes), la ilusión amorosa diádica no es sino un aspecto
de la ilusión yoica: es una de las artimañas – y no de las menos ingeniosas,
ni de las menos creativas-del espíritu, que da su sal a la vida cotidiana, su
vectorización hacia el futuro y hacia el exterior. Yo que amo otro Yo no es más ilusión que Yo que Me amo.
III.
LA PAREJA Y LO ORIGINARIO
1.
Planteamiento del problema
En “El estado amoroso”,
C. David desarrolla la tesis según la cual el amor-reproducción de los amores
infantiles edípicos por una parte, de la relación primaria con la madre por
otra parte- es también una creación. Este sentimiento de creación, es
experimentado, en el amor, como un “jamás vivido aún”, ¿Es producto de un
simple retorno de lo reprimido edípico, o de un desclivaje, o de una reproyección-
con sobreclivaje del Yo y del objeto- en lo real de una relación de la fase
esquizo-paranoide, relación toda buena con una madre
que mantiene la ilusión de la fusión y de la creación ? Es la posición
clásica de los autores psicoanalíticos que han escrito acerca del amor y la
pareja.
En esta tercera parte, mi propósito es mostrar:
1)
Que la investigación de la pareja y del amor reenvían a una inscripción
psíquica más arcaica: el pictograma, descrito por P. Aulagnier como una marca
en el espacio psíquico originario.
2)
Que la búsqueda y el
descubrimiento amorosos comportan –en su base- las mismas características que
las vicisitudes de la integración de la psiquis y del soma a lo largo del
primer año de vida.
2.
Lo Originario y el pictograma según P.
Castoriadis- Aulagnier
Estas hipótesis no son
resultantes de una necesidad de teorización, sino de la escucha clínica de la
asociación libre de la pareja o de la familia completa en terapia conyugal
de pareja o en terapia familiar psicoanalítica.
Una síntesis previa de la conceptualización –por Piera Aulagnier- del
funcionamiento del aparato psíquico más arcaico, el proceso originario, me
parece un preliminar indispensable (16).
Para P. Aulagnier, el encuentro inaugural entre el recién nacido y el
mundo se concretiza en la primera e inaugural experiencia de placer: el
encuentro entre boca y seno, que constituye lo que ella llama “objeto-zona
complementaria”. El psiquismo del recién nacido deberá metabolizar, asimilar
un espacio fuera de la psiquis, a volverlo homogéneo con su espacio psíquico,
aún no creado ni delimitado, de allí el carácter paradojal de este primer
modelo relacional del encuentro originario.
El aparato psíquico humano comporta tres registros de inscripción, tres
“espacios”, tres funciones específicas engendrando tres tipos de procesos,
tres diferentes producciones:
-
el registro originario engendra un
pictograma;
-
el registro primario está en la
fuente del fantasma (17): produce una representación escénica, una puesta en
escena;
-
el registro secundario produce una
representación ideica, una puesta en sentido que es obra del Yo (Je) constituído.
Los registros
primario y secundario, para P. Aulagnier, recubren en
lo medular las concepciones freudianas, ya clásicas, que tenemos de los
procesos primario y secundario. En cuanto al registro originario, es postulado
por la autora como anterior- en la ontogénesis y en todo funcionamiento psíquico
actual- al funcionamiento primario y secundario, e indispensable para comprender
la potencialidad psicótica y, yo agregaría, la potencialidad amorosa.
El
bebé humano, naciendo al mundo exterior, no tiene ni fantasma, ni pensamiento
por cierto. Utiliza un modo de funcionamiento regido por la ley del “Todo o
todo”,en el sentido que sólo el placer tiene el derecho a emplazarse en el
psiquismo precoz. En su encuentro con el mundo exterior con el cual “hace
cuerpo”(tomando estas palabras al pie de la letra, cuerpo y mundo exterior no
constituyen sino uno),el recién nacido tiene la tarea de metabolizar psíquicamente
lo que es sufrimiento,espera, frustración. Al inicio no conoce más que dos
pruebas corporales: placer y dolor.
El proceso originario tiene por función inscribir en
la psiquis las experiencias corporales. Pero el funcionamiento originario
presenta la siguiente particularidad:
Las
experiencias corporales positivas, agradables, o comportando una frustración
“normal”, es decir, no sobrepasando cierto margen de tolerancia, se
inscriben naturalmente en la psiquis precoz y desencadenan, por la alucinación
primaria del placer esperado, un proceso de fantasmatización primaria que
contribuye a constituir un verdadero aparato psíquico.
Por el contrario – y es aquí donde lo Originario se ditingue del
Primario – si las experiencias corporales del bebé son intolerables, el
proceso originario no inscribirá psíquicamente sino la nada, rehusándose a
inscribir el dolor. De este modo se constituirá en el psiquismo un blanco, un
vacío, lugar de aspiración de la violencia y odio originarios: violencia y
odio contra lo fuera-de-sí demasiado prematuramente experimentado, y contra el
sí, contra el funcionamiento psíquico mismo. La psiquis precoz (que
normalmente se constituye representándose, reflejándose en su propia producción),
no cesará entonces de autodestruirse, rechazando su producción. Es así como
se crea la potencialidad psicótica.
Una de las funciones esenciales de la psiquis es la de registrar, en cada
momento de la vida, las experiencias corporales, las sensaciones y percepciones,
en los tres registros originario, primario y secundario. Así, todo psiquismo
adulto normal, en estado de vigilia, se encuentra siendo
en todo momento el lugar de tres tipos de inscripción: una inscripción
originaria, una inscripción primaria (el fantasma) y una inscripción
secundaria (la palabra, el enunciado, obra del Yo(Je)).
Recordemos que al comienzo de la vida, el registro y el proceso
originarios solo funcionan bajo una forma específica de inscripción que P.
Castoriadis Aulagnier llama pictograma, que comporta dos formas: el pictograma
positivo, que inscribe el placer, y el pictograma negativo o de rechazo (del
dolor) que no inscribe sino un blanco, un deseo de no-deseo.
Por último insistiremos en
la idea de que el pictograma, primera actividad del aparato psíquico, que
permanecerá como “fondo representativo” de todo nuestro funcionamiento psíquico
ulterior, no es fantasma, sino que es una marca, una impresión en la psiquis
que es “ a la vez representación del afecto y afecto de la representación”.
El afecto, en tanto que experimentado de lo Originario,no conlleva una fantasmática;
tiende hacia una acción: de atracción o de rechazo. Lo Originario es un
impensado, un nofasmatizado y un no fasmatizable. Pero, sobre esta base de
vivencia bruta es donde se desplegará secundariamente la fantasmatización en
un desarrollo normal..
En el caso en que prevalezca el pictograma de rechazo, el odio, la
violencia, la muerte y al extremo, el silencio psíquico , se instalarán para
dar orígen a la psicosis.
La explicación de la vivencia amorosa y del desamor parece necesitar, a
mi juicio, recurrir al concepto de originario para dar cuenta del carácter de
experiencia original, originario,- de lo aún jamás vivido- y sin embargo
resurgiendo de lo familiar más natural, dando una sensación de extraña
familiaridad, y, por momentos, de inquietante extrañeza-, para explicar en
profundidad el descubrimiento amoroso, así como la desinvestidura amorosa en la
ruptura de la pareja.
3.
EL AMOR – CREACION
El amor-creación, este aspecto innovador del amor- por muy numerosos que
pudiesen ser los apegos amorosos sucesivos a partir de la adolescencia – ha
sido, he dicho, descrito de forma excelente por C. David. El autor, sin querer
predicar una mística del estado amoroso o del éxtasis amoroso, explica: “Si
existe un estado amoroso no mórbido, es lo contrario a una disociación o a una
regresión desestructurante aislada; la pareja realiza, gracias a una intensa
actividad psíquica (Freud), una síntesis original que permite la expresión de
la aspiración sexual total” (C. David, 1971,p.63 ).
Las parejas enamoradas experimentan, a pesar de los recuerdos de amor
precedentes, “un estado que no haya aún jamás existido” (ibid.,p.63). El
estado amoroso revela “la existencia de un movimiento dinámico regresivo(…)
y de una suerte de desestructuración acompañados, a veces, de ciertas
impresiones episódicas de despersonalizacion, movimiento que representa la
condición y el primer momento de una neo-estructuración progresiva;(…)
representa un nuevo nacimiento, y no sólo la repetición o la melodía
transformada de una experiencia olvidada”.
Junto con un indudable colmado narcisista, el estado amoroso realiza una
efracción de los límites del Yo (Moi), y “el acceso virtual a una
intersubjetividad en acto, acceso que se puede experimentar a través de la metáfora
poética de una nueva alma nacida de la fusión amorosa” (p.63).
El autor pone el acento en el valor espontáneamente madurativo del amor,
en la innovación (y no la repetición) y en la síntesis (y no la disociación)
realizados en el amor, alude al poder de innovación y de invención que hace
mención a la parte creadora del
dinamismo mental. El campo amoroso
es un espacio de creación auténtica. C.
David, ante esta dinámica creadora del amor, se opone a todo reduccionismo analítico.
“Si la analizabilidad del amor no se pone en duda, cierta opacidad, cierta
indeterminación innata, me parece que hacen parte de su naturaleza, condenando
al fracaso todo radicalismo analítico” (ibid.,p.16). Retomando la palabra de
A. Breton acerca del mundo sexual, afirma que el estado amoroso contiene un
“infracasable núcleo de noche”.
¿De dónde proviene que el vínculo amoroso comporte esta creatividad,
este carácter de novedad, esta experiencia de nuevo nacimiento?
¿ De dónde viene esto que los enamorados reviven “un estado no
habiendo aún jamás existido? ¿De dónde proviene esta parte
de indecible, de impensable en el amor, este núcleo “infracasable”
que resistiría la analizabilidad ? Para explicar estos fenómenos que escapan a
nuestra lógica secundaria o primaria, propongo la hipótesis de recurrir al
registro originario que P. Aulagnier describe como un espacio en el cual se
inscriben las huellas más arcaicas, bajo forma de pictograma, y que son del
orden de lo indecible, impensable, no-fantasmatizable.
Por cierto, todas las investigaciones analíticas de Freud y de sus
sucesores han mostado que el amor es una repetición de los apegos edípicos
reprimidos y, más aún, de la relación fusional con la madre, cuyo pensamiento
anticipador hace que el bebé “cree” el placer, el mundo, por cuanto le son
presentados, ofrecidos en el mismo
momento en que su deseo quiere hacerlos aparecer. Sin embargo, estas “explicaciones” del amor, que ya son
clásicas, no pueden dar cuenta del sentimiento de extraña familiaridad que
acompaña la creación amorosa.
La efervescencia de pensamiento engendrada por la sobreestimación sexual
(del otro sexo) posterior al descubrimiento- físico y mental- del amado,
tampoco es apto para dar cuenta de la naturaleza profunda del amor. Asimismo,
las ideas etológicas (Lorenz, Tinberg, Bowlby), la programación genética del
instinto amoroso, la noción de apego, si justifican lo que comporta de
“ciego”, de espontáneo, de regido por el instinto –un mando interno- el
comportamiento amoroso, no pueden sin embrago explicar los mecanismos del
“pensamiento amoroso”, ni permitir otorgarle una descripción metapsicológica.
4.
LO ORIGINARIO AMOROSO. RAZONES QUE APOYAN ESTA
HIPOTESIS
Me parece que el amor postula el concepto de originario por cuatro
razones,relacionadas con las características comunes del registro originario y
del registro amoroso.
4.1.
Primera razón: el amor es un sueño-acto
Desde el punto de vista representativo, el amor es un sueño, pero un sueño
de naturaleza especial: no utiliza sólo los elementos del proceso primario
(condensación, desplazamiento,simbolización). Es un sueño-acto, un sueño que
se realiza de día; la apariencia de fluidez mental, de no ligazón de afectos,
esconde mal la realidad estructural del amor: su monoideismo y su funcionamiento
“operatorio”. Lo que hace la riqueza del sentimiento amoroso es justamente
esta búsqueda incesante de representaciones aptas para ligar un demasiado
colmado de afectos. En cuanto el
sueño del registro primario desplaza y condensa las representaciones, juega
libremente con ellas, el amor es un sueño encadenado en el cual “son
indisociables la representación del afecto y el afecto de la representación”,
la que ha sido definida como característica esencial del pictograma originario.
4.2.
Segunda razón: el amor es especularización de la relación
El amor es un intento de negación entre dos del medio ambiente: la
pareja aparece, en efecto, siempre “huyendo”,
con un fin de fusión diádica, empujados por una fuerza irresistible a
escribir una historia de a dos, a inscribir a toda costa un pasado que sella la
unidad dual.
Esta fuerza que magnetiza
los dos cuerpos está, más allá de la sobreestimación sexual,, subtendida por
una representación-afecto del objeto-zona complementario. Se trata aquí no sólo
de la colusión boca-pecho (según el esquema oral en el que se basa P.
Aulagnier) sino de una representación sincrética de los dos existentes,
intentando representar, “presentar”, representarse una psiquis única en un
fenómeno de especularización. Esta
búsqueda desenfrenada de una unidad psíquica dual, de una contemplación de la
relación misma en el espejo de la pareja recientemente creada – y en
constante creación- me parece homólogo con la relación originaria bebé-entorno
materno, especularizándose en el pictograma.
4.3.
Tercera razón: la ley del
“todo o todo”
La psiquis diádica amorosa y la psiquis originaria tienen la
particularidad de funcionar según el modo binario: placer o displacer. Por
cierto, es también el modo de funcionamiento del proceso primario: las categorías
del bueno-interno-homogéneo, y de lo malo-extranjero-heterogéneo, son la
manifestación más clara del principio de placer-displacer que reina en el
espacio primario. El proceso originario difiere de ello en esto: mientras que el
proceso primario está regido por la ley del “todo o nada “(amar-odiar; ser
amado-ser odiado),cuyo mecamismo prevalente es la proyección en el otro o sobre
el otro de lo malo de sí mismo, lo Originario está siempre bajo el dominio de
la ley del “Todo o todo”, tal como lo sugiere P. Aulagnier, originando dos
mecanismos: la absorción o el rechazo puro y simple. Ser todo amor o todo odio:
“lo originario siempre lleva a correr el riesgo de una irrupción en el Yo
(Je) de un afecto inmanejable que podría indistintamente precipitar al sujeto
en la vorágine de la fusión o en aquella del asesinato (de sí mismo o del
otro)” (Ibid.,p.68-69). Los enamorados
se absorben, se digieren, metabolizan recíprocamente su Yo(Moi) individual, en
el proceso de autoengendramiento de la pareja. La pareja en creación es todo
amor, intento de fusión de dos psiquis y dos somas, de dos psiquis-soma
en desaferencia máxima en
relación al entorno. Veremos más adelante que la pareja en conflicto, en
desamor,tiende,como díada, a funcionar según esta ley del “Todo o todo” en
la cual el “Todo-odio” se sustituye al “Todo-amor” inicial, reproducción
del pictograma de rechazo propio del originario.
4.4.
Cuarta razón: el amor es una tentativa de inscripción de dos cuerpos en
una
única psiquis.
Esta razón me parece la más consistente. El amor es una
página nueva, vírgen, en la cual nada se ha escrito aún(18),
comparable con la psiquis originaria
del recién nacido, quien tiene como tarea
escribir, registrar la historia del cuerpo y constituirse como psiquis
pulsional, psiquis de deseo y de placer, efectuando el “trabajo”
al que por naturaleza tiene derecho, por
su vínculo con lo somático. Los enamorados escriben una historia de
cuerpo:realizan fácilmente la creación de una única psiquis, pero intentando
desesperadamente inscribir en ella
un cuerpo único, un cuerpo experienciado de a dos. Este intento es desesperado,
vano, consagrado al fracaso: el cuerpo es y permanece individual a pesar de los
intercambios, por más prolongados e intensos que sean; no son sino préstamos:
el cuerpo se presta, pero no se da. Aún cuando se preste a la vida, no es más
que un usufructo;la propiedad desnuda volverá siempre hacia “la tercera hija
del Destino, la silenciosa diosa de la muerte,(quien) lo recogerá entre sus
brazos (19).”
Esta tentativa desesperada de inscribir una sola vivencia corporal en una
única psiquis es propia de la ilusión amorosa y de la ilusión originaria. El
recién nacido y el enamorado tienen en común la tarea de Sísifo de inscribir
en un psiquismo vivido como único-madre niño o pareja- la experiencia corporal
de un soma que aún no es el propio, el suyo (para el bebé) o que no lo será
jamás (para el enamorado).
Esta función de inscripción
de una experiencia corporal extranjera (de placer o displacer) en una psiquis-psíquis
del recién nacido o psiquis dual de la pareja amorosa- nos aparecerá mejor si
nos referimos, por una parte a la concepción winnicottiana de la integración
psiquis-soma y, por otra parte, a los avatares de la relación psiquis-soma en
el período de la adolescencia, período del amor genital naciente.
a)
La adolescencia: acceso a la
pareja genital
Para
introducir la problemática del descubrimiento del amor en la adolescencia y la
discordancia psiquis-soma luego y a
continuación del empuje sexual y amoroso puberal, me parece útil recordar cómo
se realiza la integración psique-soma posterior al primer desarrollo del recién
nacido, es decir hasta alrededor del primer año, según Winnicott.
En una publicación anterior (20) expuse sus puntos de vista
concernientes a la experiencia originaria ,basándome esencialmente en un texto
de 1958 y una revisión de ese tema en 1971. Los recordaré brevemente aquí.
b) La integración
psique-soma
Según D.W.
Winnicott, el recien nacido alcanza el “estado de individuo” hacia fines del
primer año: es en ese momento cuando realiza una relativa integración
psique-soma, es decir, que se vive “firmemente anclado
en su cuerpo”. En casos de un trastorno del desarrollo, la psiquis
tenderá a desarrollarse sín un vínculo estrecho con la experiencia corporal.
En un desarrollo normal, el bebé de un año “no se vive como integrado sino
por momentos ,por ciertos períodos”: la psiquis de un bebé normal puede
entonces perder fácilmente el contacto con el cuerpo.
Así,
para Winnicott (1958), la psiquis inmadura, basada en el funcionamiento
corporal, no está en estrecho contacto con el cuerpo. La integración
psique-soma “aparece gradualmente a partir de un estado primario no
integrado” La solicitud materna primaria facilitará esta integración.
El autor precisará
cada vez más su concepción de la integración, definiendo el proceso de
individuación, de personalización, luego de aquel primer
desarrollo (D.W. Winnicott,1971). La
psiquis debe realizar “Su residencia, su habitación en el cuerpo y sus
funciones”. Mientras la psiquis no haya realizado su anclaje firme en lo
corporal, las huellas que en ella se marcan son inscritas en un espacio arcaico
que constituye un tipo de inconsciente original que “no es el inconsciente
reprimido de la psiconeurosis…, tampoco es aquel de la formulación
freudiana…, tampoco es el inconsciente de Jung”.
Se trata de un inconsciente de tipo originario, conteniendo
“experiencias-no experiencias”, algo de lo inefable que no puede ser
repetido, reproducido en la transferencia habitual.
Es esa experiencia no inscrita que es la fuente, en el sujeto psicótico,
de ansiedades primitivas, “ansiedades sin nombre”, puros afectos de
angustia.
c)Una actividad pictográfica constante
El
primer trabajo de la psiquis es el de metabolizar lo corporal, lo somático,
para hacer de ello lo psíquico, lo pulsional.
No es sino secundariamente que forjará escenas, fantasmas (registro
primario), y pensamientos-palabras (registro secundario).
Esta transformación de lo somático en psíquico, que se efectúa de
modo intenso a lo largo de las primeras semanas, y que es necesario para que se
constituya un aparato psíquico, un “aparato para pensar los pensamientos”
(Bion) para que se realice una buena integración psique-soma, es una tarea
constante del aparato psíquico. Toda
modificación corporal-superficial o interna-, toda transformación del
soma-accidental o fisiológica –(resultado de una enfermedad, de un accidente,
o de la maduración biológica natural) conlleva una nueva inscripción psíquica
de la experiencia corporal: un nuevo pictograma. Se podría pensar que toda
información de la sensibilidad extero, intero o propioceptiva es objeto de un
pictograma que se inscribe en el espacio originario. El desarrollo y prevalencia
de tal o cual zona erógena en el curso del desarrollo obliga al aparato psíquico
a registrar psíquicamente los cambios de sensibilidad erógena.En un desarrollo
normal, esta engramación no
plantea ningún problema: el pictograma del placer se inscribe
a medida y de acuerdo a la maduración pulsional.
El período de latencia constituye una pausa relativa, una calma relativa
en la actividad pictográfica.
d)
El desorden puberal
“ Con el comienzo de la pubertad, aparecen transformaciones que
conducirán la vida sexual infantil a su forma definitiva y normal…La pulsión
sexual descubrirá ahora al objeto sexual” (Freud,1905).
Es así como inicia el último de los Tres ensayos acerca de la teoría
sexual: “Las transformaciones de la pubertad”. Freud anuncia aquí de
entrada los dos mayores aspectos que dan su especificidad a la
adolescencia: el descubrimiento, desde la psiquis, de un objeto-cuerpo en
plena mutación (libido del Yo(Moi)) y el descubrimiento de un objeto-otro
genital (libido de objeto); en otras palabras, una potencialidad somática
genital que provee a las pulsiones sexuales de una nueva finalidad por una
parte, y el descubrimiento del objeto adecuado para permitir la realización de
esta potencialidad, por otra parte.
En suma, el adolescente descubre simultáneamente su cuerpo genital y el
amor. Estos dos rasgos específicos de la adolescencia interesan a nuestro
adolescente en un doble sentido: porque retratan al amor en estado naciente(21),
y porque tocan el problema de lo originario y de la integración psique-soma.
Voy a abordar sucesivamente el trabajo psíquico impuesto a la psiquis,
en principio por razones de la
integración que deberá realizar del cuerpo puberal, y enseguida por el hecho
de la investidura de otro cuerpo en el marco del deseo amoroso.
e)
Un cuerpo genital para integrar psíquicamente
No expondré aquí el
trastorno corporal puberal (22), descrito clásicamente ya sea como una
“crisis”, ya sea como una “mutación transitoria”.
El adolescente ve y siente que poco a poco se desarrolla en él “un
aparato sexual de gran complejidad, pronto a ser utilizado”(Freud,
1905,p.112), que puede ser activado por estímulos exteriores, interiores, o psíquicos,
creándose una excitación sexual. En efecto, luego de la fase de latencia
hormonal hacia fines del décimo año, bajo la influencia de un programa innato
y del entorno, la hipófisis induce un despertar hormonal manifestado por la
maduración de las glándulas sexuales, la aparición de los caracteres sexuales
secundarios, y modificaciones morfológicas y estaturo ponderales.
Esta experiencia interna y externa de cambio corporal compele al
adolescente a inscribir psíquicamente “otro” cuerpo que aquel del período
de latencia. Podríamos decir que la actividad de representación pictográfica
relativa a las primeras experiencias perinatales se reactiva en la pubertad con
una intensidad igual a la que se desarrolló en las primeras épocas. Pero, en
este momento (la adolescencia), lo primario fantasmático y lo secundario
ideativo invaden el campo psíquico y disimulan ese fondo representativo
originario. Lo que a veces es designado como la paradoja de la adolescencia, o
la imposibilidad de abarcar completamente el fenómeno adolescencia, “este
esencial siempre en otra parte”
(R.Ebtinger,
A.Bolzinger, 1978) corresponde, a mi juicio, a este registro psíquico de tipo
pictográfico , en el espacio originario, cuya propiedad es la de escapar a lo
decible, a lo pensable.
No sin razón Freud, en su tercer ensayo acerca de las transformaciones
de la pubertad (1905), agregó en la edición de 1920 un capítulo sobre la teoría
de la libido, en el cual dice que
se trata esencialmente de las vicisitudes de la libido del Yo,o libido
narcisista y de sus relaciones con la libido de objeto.
Describe esta investidura libidinal del Yo como “una región que no nos
es permitido explorar por el psicoanálisis”; sin embargo agrega que es “el
estado original realizado en la infancia, estado que posteriormente se encubrió,
cuando la libido se orientó hacia el exterior, pero en el fondo está
conservado” (S.Freud, 1905,p.127). Esta prudencia y esta suavidad freudianas
¿No son acaso el presentimiento de un registro especial de inscripción
psíquica que correspondería a lo Originario y que sería de una importancia
capital? “fácilmente se supondrá que las transformaciones de la libido del
Yo serán de una importancia mayor allí donde se trata de explicar trastornos
profundos de naturaleza psicótica”(ibid.).
Y cuando Freud recurre a “ una química particular de la función
sexual”, es decir, a una explicación puramente biológica, ¿no es a falta de
haber podido concebir una topología propiamente psíquica de la investidura del
Yo, el modo más arcaico de inscripción de las experiencias corporales?
f)
Dos “cuerpos extranjeros” a inscribir en una psíquis
Quisiera mostrar aquí que la constitución de la pareja se basa en un
intento de inscripción pictográfica de la experiencia corporal de un “cuerpo
extranjero” en una psiquis. La
efervescencia amorosa consiste esencialmente en el trabajo impuesto a una
psiquis para “vincularla” a lo corporal, pero a un corporal extranjero.
La adolescencia será nuestro punto de partida puesto que permite
observar el amor propiamente genital en su
eclosión, y la pareja en su estado de naturaleza, antes que los factores
culturales la impregnen.
El primer amor genital o, más bien, los primeros amores adolescentes-ya
sea realizados o pensados- son el prototipo de todos los amores posteriores.
g)
La problemática adolescente
Todo amor genital es, por naturaleza, adolescente: un “recuerdo” de
la mutación psicológica o psíquica del período puberal y post-puberal. Además
de la dificultad en la integración
del cuerpo propio en mutación ¿Cuál es la nueva problemática específica de
la adolescencia?
Es en la pubertad cuando la vida sexual alcanza su “carácter normal”
al conjugar-hacia el fin y hacia el objeto sexual-dos corrientes: aquella
de la ternura, y la de la sensualidad. La
pulsión sexual, al encontrar su objeto sexual adecuado “deviene, por decirlo
así,altruísta”; se pone al servicio de la función de reproducción; la
primacía genital que se instala hace que la pulsión “ya no desconozca sus
fines” (Freud,1905,p.57). Pero la
adolescencia resulta ser el lugar de dos procesos contradictorios (P.Gutton,
A.Birraux,1982) : - la pubertad pone
en marcha la búsqueda y el “descubrimiento del objeto”; -“Encontrar el
objeto no es en suma sino reencontrarlo” (S.Freud, 1905,p.132).
Freud, asignando a la pubertad esta función de descubrimiento del otro,
objeto y fin, objeto-fin de la pulsión, reenvía inmediatamente este proceso a
una relación arcaica: los amores incestuosos edípicos por una parte, la
primera relación oral con la madre, por otra. “No es sin razón que el niño
tomado al pecho de su madre se haya vuelto prototipo de toda relación
amorosa”. Pero, bajo la pluma de Freud, la noción “prototipo” equivale a
una simple metáfora, que exigiría de su parte una descripción metapsicológica
o, en tal caso, tópica.
h)
El descubrimiento de la complementariedad de los sexos
Pediré prestado a P. Gutton y a A. Birraux (op.cit.) su concepción de
la pubertad como preludio a mi hipótesis acerca de las relaciones entre
adolescencia y originario.
Para estos autores,
la revolución, la turbulencia, la perplejidad puberales consisten en el
descubrimiento de la complementariedad de los sexos.
Bajo la primacía erógena
de lo genital, el adolescente tiene la revelación del sexo complementario:
complementariedad de lo genital (joven-niña) y complementariedad de órgano
(pene-vagina) (ibid.,p.673). Esta síntesis
que se opera en la pubertad, y que está a la base de un nuevo funcionamiento
simbólico, viene a contradecir, a desmentir “la locura de las
construcciones infantiles”, de las “teorías” sexuales infantiles. La lógica
infantil era fálica: un solo sexo, el pene, presente o ausente, traduciendo la
diferencia de los sexos en términos de “tener o no “ y la amenaza de la
castración.
En la teoría
puberal, la primacía genital se opone a la primacía del falo. La pubertad se
impone por esta “intuición etológica de la complementariedad de los sexos
como un sistema de representaciones-actos” (ibid.,p.674), es en este sentido
que el fantasma puberal no es una simple representación de órganos anatómicos,
sino un acto, realizado por esos órganos complementarios, representación de
una escena primitiva en la cual los actores han cambiado de generación, en la
que los protagonistas son los sujetos mismos.
Es así que el amor adolescente –y todo amor ulterior lo repetirá- se
basa en la experiencia de la complementariedad donde “dos son necesarios para
la constitución de lo uno…; para ser adolescente, hay que ser dos”
(ibid.,p.675-676).
La pareja
fantasmatizada, luego realizada de la adolescencia es- les decía- un intento de
inscribir dos cuerpos en una única psíquis. Se puede concebir fácilmente-así
lo he mostrado en esta segunda parte- la fusión de los dos aparatos psíquicos
en una psíquis diádica. “En el amor, la identificación de uno con el otro,
igualmente profunda, es una identificación cruzada” (C.David,1971,p.242).
Freud lo había notado, es verdad, con un sentimiento de escepticismo y con un
movimiento de retroceso científico: “En lo más intenso del estado amoroso,
la demarcación entre el Yo y el Objeto corre el riesgo de borrarse. Al
encuentro de todos los testimonios de los sentidos, el enamorado sostendrá que
Yo y Tu no son sino uno, y está presto a comportarse como si ello fuera
realmente así” (S.Freud, 1929,p.7-8). Pero los enamorados van más allá. El
objetivo del amor es el de realizar la palabra de la Escritura : “Ellos no serán
más que una sola carne”, esta fusión de los cuerpos cantada con melodías y
ritmos variados, por los poetas de todos los tiempos.
Decía que el intento de los amantes es inscribir dos cuerpos en una única
psíquis.
i)
El amor como inscripción psíquica del cuerpo del otro
Para
claridad de mi exposición, comenzaré por explicitar el trabajo psíquico
(considerado arbitrariamente en su funcionamiento monádico) que debe efectuar
el enamorado frente a otra mónada: trabajo de inscripción, en su psiquismo
individual , de la experiencia corporal del amado, del otro-amado.
El enamorado quiere metabolizar el cuerpo del otro, asimilar ese soma
extranjero por medio de todos sus receptores sensoriales; lo absorbe, lo
introduce “en su piel”. Lo come, lo saborea, lo bebe, lo siente, lo palpa,
lo escucha, y otras tantas tentativas para ponerlo dentro de
sí. Tiene el sentimiento de interiorizarlo, de ser ese otro, por
momentos fugaces es verdad, momentos de conjunción orgásmica.
Los amantes realizan la identificación cruzada de los cuerpos, en una
experiencia de ser bisexual único, luego que realizado “el triple puente del
beso, el abrazo y la penetración”,escribe S. Ferenczi (1924). Pero estas
experiencias intensas, episódicas, a través de su espontaneidad natural,
traducen mal el esfuerzo sostenido a lo largo del descubrimiento y de la
experiencia amorosos, de parte del estar enamorados, para inscribir el cuerpo
del otro en su propia psíquis. Encontramos aquí la réplica perfecta del
esfuerzo del recién nacido para inscribir su experiencia corporal en una psíquis
originaria que aun no es la de él, individualizada, o en otros términos, para
que su psíquis habite ese cuerpo que aun le resulta extranjero.
El trabajo amoroso parece estar constituído esencialmente por esta tensión
psíquica, esta “pasión” de inscribir en sí la vivencia de un cuerpo
extranjero. El “trabajo” amoroso esencial reside en este pictograma de
placer que es también de sufrimiento: inscripción en un espacio originario que
escapa al Yo primario y al Yo (Je) pensante. Trabajo de Sísifo, a rehacer
constantemente para que el amor dure, para que el cuerpo del otro permanezca
para siempre un bien inalienable, un territorio individual extranjero, que puede
ser ocupado por un tiempo, pero nunca anexado. Y por lo tanto, la pareja no se
sostiene sino por esta tensión recíproca, consagrada al fracaso, excepto si se
resigna a una simple asociación de servicios mutuos de placer y de bienes.
Pero en este caso¿ está lo que podríamos llamar una pareja?
j)
El amor como ilusión de dos cuerpos para una única psiquis
Para simplificar la explicación de una inscripción del registro
originario en el fenómeno amoroso, consideré separadamente la experiencia de
uno y del otro enamorado. Pero la realidad psíquica de la pareja enamorada es más
compleja: no es sólo mutualidad, reciprocidad, paralelismo y concomitancia de
os esfuerzos psíquicos individuales para inscribir el cuerpo del amado. Es una
psíquis dual, diádica, unificada en su funcionamiento, es un aparato psíquico
común que intenta esta inscripción de dos somas distintos.
La experiencia clínica de la pareja y de la familia nos proporciona la
evidencia de la existencia de una psíquis grupal,(las psíquis son extensibles
(23) al arbitrio),fusional en su origen y naturaleza; el soma no le proporciona
sino una apariencia de límites, o bien un pretexto para límites, un señuelo
de limitación.En cambio, el cuerpo quedará siempre limitado en un Yo-Piel
(24),y experimentado a distancia de los otros cuerpos, excepto en una
experiencia de ilusión grupal corporal experimentada en el momento corporal
post-natal, en el proceso grupal terapéutico, en el estado amoroso y otros
estados normales o patológicos de desaferencia psique-soma. Estos estados son
la reproducción de una matriz psíquica grupal, tal como lo veremos
precisamente en el caso del estado amoroso.
IV.
EL AMOR COMO BUSQUEDA GRUPAL
La pareja, que hasta ahora he descrito dentro de una perspectiva
individual o en su funcionamiento dual, presente en su base una dimensión
grupal que me queda por desarrollar, o por lo menos por señalar.
La constitución de
las parejas-muchas de las cuales son duraderas-es un desafío impuesto por una
sociedad mercantil, una explotación por los más ricos, los más hermosos, los
más inteligentes,es decir: “una de las dos formas en que el hombre se apropie
de la mujer”(el matrimonio y la prostitución)(25), un medio de compra o, en
rigor, de trueque de placer y bienes?
A
Freud mismo le tocó denunciar a la pareja clásica “civilizada” como
generadora de neurosis (26). Sucede
que la díada amorosa es de todas las épocas y satisface una de las grandes
exigencias del individuo y de la especie, aportando seguridad al amado y a la
descendencia. Aun cuando es una perogrullada constatar que el vínculo amoroso
se distiende, el sentimiento se debilita, el amor se desgasta
con el tiempo. La díada amorosa se desmorona, se marchita en la
cotidianeidad, si no se regenera en
lo Originario de donde nace.
No haré más que
recordar aquí las explicaciones –ya clásicas hoy en día- de las disarmonías
conyugales, de los conflictos y rupturas de la pareja.(27)
La idealización
resultante de las “tendencias sexuales coartadas” (Freud) ocasiona
inevitablemente una desidealización ulterior del partenaire amoroso. Esta
desidealización se acompaña a menudo de una idealización de un tercero
exterior a la pareja. Entonces sobreviene la crisis de la pareja, que pone en
juego en los cónyuges los mismos mecanismos de defensa que han presidido la
instauración del amor:negación y clivaje.
El cónyuge transformado en “malo” objeto interno es negado en sus
cualidades “buenas” que impulsaron su elección en el período de
enamoramiento.
La tarea del Yo
tanto en desamor como en amor, es mantener clivadas las dos experiencias en
relación al objeto: si ya no es todo bueno, es porque es malo, luego,
peligroso. Presenciamos, en los conflictos conyugales sin solución, un
descuartizamiento de la díada, un desarraigo de las psiquis y una excorporación
en su desanclaje con respecto al cuerpo de los partenaires. Es entonces cuando
Thanatos remplaza a Eros. He aquí en forma esquemática la dinámica más clásica
del desamor en términos individuales o duales.
Pero lo que aparece
como una crisis de la unidad-dual ¿No presenta acaso también los caracteres de
una crisis grupal? Es lo que por último
examinaremos de este capítulo. En esta parte final, quisiera en efecto destacar
la grupalidad que está en la base de la pareja humana, y la fantasmática
grupal inconsciente que está en el centro del amor y del desamor.
Freud observó que la pareja y el grupo son dos realidades antinómicas,
siendo la pareja un fermento de heterogeneidad, de discordia en el grupo, el
cual no mantiene su cohesión sino alrededor de una fantasmática homosexual. Mi
propósito es sostener que la pareja es por esencia grupal. El establecimiento
del vínculo amoroso es, en el fondo, una búsqueda o una huída grupal, el
“dos” sería un señuelo. Esta hipótesis se impuso ante la realidad clínica,
en la escucha analítica grupal de las parejas y de las familias que sufren.
El “fondo
representativo”, espacio originario, que recoge, registra, inscribe nuestras
vivencias corporales más primitivas para “psiquisarlas”, aun no pertenece
al espacio individual. Es un Sï-mundo indiferenciado que se construye
especularizándose en sí mismo, que se autoengendra en y por esta
especularización. Todos los autores que han escrito acerca de lo arcaico,
acerca del psiquismo perinatal, han insistido en la fusión madre-recién
nacido, en la “solicitud materna primaria” (D.W.Winnicott), en el “amor
primario” (M.Balint), en la “admiración primaria” (F.Pasche)entre madre y
niño.
Las observaciones de
los neonatólogos, desde hace unos diez años, ponen en evidencia la competencia
del bebé a ponerse acorde al medio que lo rodea, y no solamente a responder al
aporte y deseo maternos: la realidad física y psíquica paterna y fraterna
están también presentes en el universo infantil precoz. La escucha del
grupo familiar al asociar libremente revela que las imágenes paternas y
fraternas también son pregnantes, y que la psíquis del bebé se fusionará en
un aparato psíquico familiar. Lo originario es, en esencia, familiar.
El análisis del grupo familiar reunido nos enseña que las inscripciones
pictográficas de lo originario que P. Aulagnier (1975,p.74) describe como “
forcluído del espacio de lo primario-secundario”, es decir, escapando al
orden de lo fantasmatizable, y, más aun, de lo decible, no son sin embargo
escritura muerta o borrada.
Freud, en 1929, reafirma que “De la vida psíquica nada
puede perderse, nada desaparece de lo que se ha formado, todo se conserva
___de un modo cualquiera (subrayado por mí) y puede reaparecer en
determinadas circunstancias favorables, por ejemplo, en el curso de una regresión
suficiente” (p.15-16). Estos jeroglíficos psíquicos del Sí-Mundo o del Sí-
Nada inscritos en el espacio originario reaparecen en el espacio terapéutico de
la cura analítica del grupo familiar: de este lado del discurso de los Yo
miembros de la familia, de este lado de la fantasmática onírica suscitada por
la asociación libre del grupo familiar, estos “impensables” aparecen en las
vivencias de ilusión grupal-por una parte, y en las experiencias de sufrimiento
de todo el grupo familiar, por otra.
Varios argumentos teóricos
y clínicos apoyan la hipótesis del amor como búsqueda o huída grupal (y del
desamor como duelo grupal).
1.- PRIMER ARGUMENTO:
LO ORIGINARIO ES UN ESPACIO GRUPAL
He
mostrado cómo todo amor, por el hecho de sus coordenadas psíquicas y somáticas,
por el hecho de tener que realizar la integración de otro cuerpo, se inscribía
en tanto pictograma en el espacio originario.
Ahora bien, el
espacio originario es un espacio no individuado, un espacio grupal. La inscripción
pictográfica es una marca en un psiquismo grupal que engendra, en la regresión
natural (amorosa), patológica (psicótica), o terapéutica (cura psicoanalítica),vivencias
ya sea ilusionales correspondientes al pictograma positivo, de placer, ya sea
negativas, de sideración, de vacío interior, de angustia sin nombre,
correspondiente al pictograma de rechazo; en este caso, ninguna representación
se inscribe en la psiquis que está
sumergida en un afecto puramente fisiológico, no ligado.
En la vivencia
amorosa recíproca, el pictograma positivo engendra una pérdida de los límites
del Yo (Moi), un sentimiento de fusión con el Otro. Las representaciones
del registro primario, que aparecen en el encuadre terapéutico, evocan
contenidos de naturaleza grupal. Los enamorados están invadidos por ese
“sentimiento oceánico”,”sentimiento de unión con el gran Todo” que
Freud intentó analizar en 1921 en los términos siguientes: “En su orígen,
el Yo incluye todo…Nuestro sentimiento actual del Yo (adulto) no es nada más
que el resíduo, por decirlo así, reducido de un sentimiento de extensión
mucho más vasto, tan amplio que abarcaba todo, y que correspondía a una unión
más íntima del Yo con su medio (28)”.
¿No sería este un
llamado, de parte del especialista del alma individual,
hacia una concepción grupal del individuo mismo?
2.- SEGUNDO
ARGUMENTO: EL AMOR ES TAMBIEN AMOR
DE LA ESPECIE
Este argumento
valida el vínculo del amor a la especie, al grupo específico.
La riqueza del sentimiento
amoroso, la exaltación y la plenitud psíquicas que la acompañan, van a
florecer, podríamos decir, en la promesa, la realidad o el recuerdo mismo de
una unión íntima de los cuerpos, cuya finalidad consciente es el placer físico
y psíquico, y cuya finalidad objetiva biológica- y a veces la resultante- es
la reproducción. Las flores del amor nacen sobre la roca biológica de la
perpetuación de la especie.
La escucha analítica-en
cura individual, en terapia conyugal de la pareja, o en terapia
del grupo familiar- los fantasmas de deseo sexual amoroso se revelan a
veces bajo un modo defensivo en relación al placer sexual interdicto, pero a
menudo a título de primer componente, un fantasma de infantilizante, en un
plano inconsciente o preconsciente. El
lenguaje de los enamorados desborda en metáforas que evocan un deseo de niño,
una suerte de poema- sueño o placer de los cuerpos, placer psíquico, y deseo
de continuar la epecie se condensan, se desplazan y se simbolizan según la lógica
del proceso primario.
Más allá de las connotaciones edípicas seguras, más allá
del deseo inconsciente de identificación con la madre y con sus poderes
creadores (sobre lo que se centra toda la fantasmática kleiniana), el deseo
amoroso encubre inconscientemente un deseo de
hijo.
Hablando de la función
estructurante y regeneradora del amor, C. David (1971) utiliza la metáfora de
un nuevo nacimiento, de una nueva alma resultante de la fusión amorosa, “
pero que no figura en suma nada que deba asombrarnos,en principio, que la creación
de un nuevo ser viviente, de un niño, es en verdad
maravillosa”(op.cit.,p.63).
Pero el deseo de
engendrar no es sino metáfora en el inconsciente amoroso; es sin duda un
elemento fundamental. Me parece útil
recordar aquí lo esencial de la teoría del
amor de Schopenhauer (29), no a título de prueba sino en tanto ilustración,
exagerada en verdad, de mi hipótesis concerniente a la grupalidad inconsciente
del amor.
Schopenhauer señala
que el amor no ha sido-hasta entonces- tomado en consideración por los filósofos,
exceptuando cuatro de ellos, que muy pronto recusa. Platon porque “lo que
expone en el Banquete y Fedra no concierne en lo esencial más que al amor
homosexual griego”, Rousseau:”lo poco que dice es falso e insufuciente”,
Kant: “su discusión acerca del sentimiento de lo bello y lo sublime es
superficial y parcialmente inexacta por defecto de competencia” y por último
Spinoza: “ Es divertido, en razón de su extraordinaria ingenuidad” (30).
Luego, expone la
teoría del amor que se le impuso en el contexto de su concepción del mundo. El
instinto sexual es, con el amor a la vida, el resorte más poderoso que hace
actuar al hombre: es el fin último de casi cada aspiración humana. En lo que
respecta al componente sentimental,
“toda inclinación amorosa, por etéreas que sean
sus modalidades, tiene sus raíces únicamente en el instinto sexual.
Lo que rige la elección amorosa, es la especie”. “El fin último de
toda intriga galante…no es nada menos que la composición de la futura
generación”.
Los grados del
sentimiento amoroso, desde la inclinación más fugaz hasta la pasión más
violenta, no son sino función de la individualización de la elección. Pero no
se trata, en todo asunto amoroso,del bienestar o malestar de los individuos-
esto no es más que una ilusión- sino del bienestar o malestar de la especie.
Lo que los enamorados buscan
en el fondo, a través de sus
fogosos deseos, es “la constitución particular de la raza humana para los
tiempos futuros”.
Lo que aparece en la
consciencia individual como instinto orientado hacia un individuo, la admiración
de otro individuo, no es otra cosa que la intención de producir un individuo de
cierta naturaleza con el partenaire admirado.
Esta admiración objetiva no es sino una máscara
para engañar la consciencia, una treta de la naturaleza para
alcanzar sus fines: reproducir tal individuo. “Que tal tipo de niño
sea procreado, he aquí la verdadera finalidad, si bien ignorada por los
interesados en todo romance de amor; el modo y los medios de alcanzarlo son
accesorios”.
“La creciente
inclinación de los dos enamorados ya
es en realidad la voluntad de vivir del nuevo individuo que ellos pueden y
quieren engendrar”. La pasión amorosa en realidad se preocupa del ser a
engendrar y de sus cualidades.
En fin, para Schopenhauer , “el amor” bajo todas sus
formas, en todos sus matices, desde la atracción más frívola hasta el apego más
tierno, no es sino una expresión de nuestro querer vivir, de nuestra voluntad
de perpetuarnos en la especie. “La intención que inconscientemente nos guía
es manifiestamente la posibilidad de la concepción en sí misma”. “La
naturaleza no alcanza su fin más que inculcando al individuo cierta ilusión
gracias a la cual él mirará como un bien para sí mismo lo que de hecho no es
sino un bien para la especie”.
Ahora bien, ¿Qué
quiere precisamente la naturaleza? ¿En qué consiste ese querer vivir de la
especie? La intención de la naturaleza es “un crecimiento
de la especie tan considerable como posible”. Pero un instinto muy preciso, muy claro, y aun muy complicado
preside la elección tan delicada, seria y tan obstinada de otro individuo en vías
de la satisfacción de la necesidad sexual”. La especie tiene tres preocupaciones: -conservar “su tipo
normal, su tipo específico…es decir, la belleza física”; - dotar al
individuo por nacer de cualidades
psíquicas armoniosas; - corregir o neutralizar unas por otras, las
insuficiencias y las anomalías de los dos individuos enamorados, pidiéndoles
inconscientemente uno al otro las perfecciones de las cuales carece.
¿Cómo
la naturaleza realiza este “programa genético”(para hablar en términos
científicos actuales) del nuevo individuo?
Respuesta de Schopenhauer: en lo esencial, “obtendrá del padre la
voluntad o el carácter, de la madre, el intelecto, de ambos, la constitución física”.
Luego el filósofo se aventura en una descripción detallada de las
cualidades físicas o psíquicas que el niño toma de la madre o del padre: una
descripción marcada de falocracia y de racismo, que no prefigura para nada los
descubrimientos científicos de los genetistas.
Bajo sus aspectos
extremosos la “metafísica del amor” de Schopenhauer es el recuerdo de una
verdad primera: la pareja biológica esta consagrada a la especie. Por lo tanto
para nosotros no es de extrañar que el fantasma amoroso comporte un fantasma
grupal, familiar.
3. TERCER
ARGUMENTO : EL MATRIMONIO ES SIMBOLO GRUPAL
Este argumento
es del orden de lo consciente manifiesto, de lo social, de lo sociológico.
Los factores sociológicos
morales, económicos, jurídicos, contribuyen, al parecer, en nuestra época y
en nuestra cultura occidental, a disminuir la proporción de los matrimonios en
relación a las parejas no “regularizadas” pero constituídas de modo
relativamente estable. Sin embargo, el matrimonio siempre ha sido y aun en
nuestros días lo es ,una institución muy utilizada; y esta utilización no se
explica sólo por razones de seguridad para los esposos y los hijos producto de
la pareja, o por móviles y ventajas
económicas.
El matrimonio, civil y o religioso, corresponde a una necesidad de
“consagración” de una nueva célula social, de puesta al día social, y de
legitimación por el grupo, de intercambios sexuales que hasta el momento debían
quedar reservados, o a lo menos discretos.
El rito de matrimonio para sus usuarios- a veces repetitivamente-
responde a una aspiración de integración al grupo social, a una necesidad de
reconocimiento por el grupo social de la asociación de grupos familiares, de la
fusión – absorción de dos patronímicos, y de la mezcla de dos sangres que
perpetuará el grupo y más aun, la especie.
“Los enamorados están solos en el mundo”, “los enamorados viven
escondidos”. Estos aforismos no traducen, en último análisis, más allá del
pudor inherente al comercio de la intimidad, sino que la pareja amorosa se
fusiona de tal modo con el grupo social circundante
que ya no lo ve, ya no se siente distinta del medio que la rodea, y que el mismo
grupo social ya no la ve, reviviendo al unísono la experiencia afectiva de esta
pareja.
4. CUARTO ARGUMENTO : EL DESAMOR Y DESILUSION GRUPAL
Este argumento es la prueba más clínica y, a mi juicio, la más
convincente de la aspiración grupal de toda pareja.
Lo que el
psicoanalista escucha en la asociación libre de la terapia conyugal, o el
consejero conyugal en sus entrevistas de pareja, no alude evidentemente a
parejas felices, sino a aquellos que están en dificultad, en sufrimiento, en
desamor.
Me permito este
neologismo porque traduce la realidad psíquica profunda de las parejas en
ruptura: ellas viven, reviven fenómenos psíquicos
de la misma naturaleza que aquellos experimentados en el estado amoroso,
pero en negativo; su aparato psíquico desarrolla los mismos mecanismos de
defensa que prevalecen en el funcionamiento amoroso (negación,clivaje,idealización),
pero con un objetivo de desanclaje de los cuerpos ,uno respecto del otro y de
las psíquis, una en relación a la otra.
4.1
Una explicación clásica del desamor
Si
el fenómeno amoroso es el “prototipo normal de la psicosis”, el desamor
instala en la díada un funcionamiento mental que posee todas las virtualidades
psicóticas.
Ya
sea que estas parejas vengan a consultar con el propósito de reencontrar una
armonía de pareja o bien para romper la relación sin demasiado sufrimiento, o
que el deseo de ruptura sea el pedido de uno solo de la pareja, estamos
acostumbrados, más allá de la queja manifiesta, a oir la queja latente
:”Sufrimos en nuestro Yo de pareja, en esa parte de nosotros mismos que es el
otro. Ayúdenos, ya sea a restaurar la fusión de nuestros dos aparatos psíquicos,
o a separar, sin desgarrar demasiado, esas dos partes siamesas que no son sino
una. Deseamos ya sea reconstituir la envoltura que nos contenía de a dos, ya sea
a de-constituirla sin pesar .”
El psicoanalista en terapia conyugal permite a la pareja explorar el
exterior e interior de esta envoltura psíquica que contiene dos Yo.
Es sólo desde esta perspectiva grupal de la pareja-grupo de a dos, de la
“unidad-pareja”, de la “unidad dual”, de la “unidad-joug”
(N.Abraham), que puede ser acogida, en su profundidad vital, la queja de la
pareja en dificultad.
El desamor no es la ausencia de amor, la indiferencia; no es la vuelta a
lo neutro. Es el amor en aflicción, amor en nostalgia, podríamos decir “amor
en sufrimiento”(31). Es por esto que en el desamor encontramos las mismas
características del estado amoroso:pero el placer de indiferenciación de los
dos Yo se ha vuelto sufrimiento, nostalgia de esta indiferenciación.
Lo que era conyugal-placer mutuo de estar juntos bajo el mismo yugo- se
ha vuelto “subyugal”, sentimiento del yugo-horca,
sumisión insoportable experimentada como ataque a la individualidad.
He mostrado previamente(32) que
la pareja en dificultad aguda vivía como una entidad individual psicótica,
utilizando regresivamente mecanismos de negación de la realidad y de clivaje
buen objeto-mal objeto, buen-Yo mal –Yo. Regresión en la que hay tendencia a
que se instale una vivencia paranoide en relación al compañero internalizado
vivido como una parte del Yo que pone en peligro,desde el interior, la
integridad individual. El cónyuge
se ha vuelto un cuerpo extraño interno, un perseguidor interno.
La terapia conyugal analítica hará
aparecer las mismas fases de evolución que aquellas observadas en familias psicóticas, y en
particular la diferenciación entre aparato psíquico individual y aparato psíquico
de pareja. Es la toma de consciencia de estos dos niveles de funcionamiento psíquico
la que permitirá a los cónyuges ya sea recrear la envoltura continente
de sus dos Yo, ya sea hacer el duelo por este aparato psíquico común.
Las crisis de pareja que hemos podido observar y tratar aparecen así, a
través e nuestra experiencia clínica, como trastornos profundos del Yo
conyugal y no como simples dificultades de adaptación física y psicológica de
un individuo a otro. La
conceptualización de las dificultades conyugales en términos de
incompatibilidad de carácter o de defecto de adaptación nos parece llena de
malentendidos teóricos, y fuente de una actitud de manipulación psicológica
en profundidad. Las nociones de
“simetría” y de “complementariedad” apreciadas por la Escuela de
Palo-Alto, y cuyo mal manejo es, a juicio de V. Satir (1970) el origen de las
dificultades de la pareja, son a mi modo de ver, fruto de una perspectiva pragmática,
cuasi behaviorista, de la pareja encarada como un ensamblaje técnico, material
de dos aparatos aislados. Esta
aprehensión, desde el exterior, de los problemas de la pareja, nos parece
proclive a favorecer una manipulación inconsciente de los dos cónyuges por
parte de los terapeutas.
Una pareja resulta por cierto de la conjugación de dos individuos
distintos. Pero lo que constituye la esencia de la pareja,
y la naturaleza misma de sus dificultades, se relaciona en profundidad
con la constitución de un aparato psíquico común, más allá de los dos Yo
individuales. La pareja no es el resultado de una suma de dos Yo, sino que que
se origina en esta “psicosis normal” que es el estado amoroso, fusión de
dos psiquismos. La crisis de la pareja es un sufrimiento de este aparato psíquico
conyugal.
4.2.
Una interpretación grupal de la crisis dual
Mi experiencia clínica de los últimos años, y en particular la práctica
en terapia del grupo familiar completo (pareja e hijos presentes conjuntamente
en las sesiones) me permite hoy en día ampliar la comprensión de la dinámica
inconsciente del desamor y del proceso terapeutico emprendido por la pareja en
terapia conyugal o familiar.
Quiero hablar de la aspiración grupal de la pareja en sus
inicios y en su curso
amoroso, y de la decepción grupal experimentada cuando el “dos” se deshace
o se rompe.
Las parejas que conjuntamente vienen a pedir una “ayuda” de tipo
psicoanalítico, traen una queja, un dolor, un desprendimiento en relación al
compañero. Sucede como si sus amarras sociales
se hubiesen roto, como si ellos revivieran una adolescencia en negativo,
quiero decir, en carne viva y a psíquis abierta
. Los cónyuges se describen como si estuviesen perdiendo su pertenencia al
grupo; a su familia de origen, a su familia de adopción, pero también a su
grupo familiar del lugar o de la ciudad. Se sienten privados de comunión social
mientras que su comunicación diádica se ha vuelto imposible.
No haré más que citar aquí dos modos de funcionamiento,del tipo
actividad onírica, que aparecen en el curso del proceso terapéutico y que
testimonian el desanclaje vivido por la pareja; tales modos de funcionamiento
apelan en último análisis a una explicación grupal.
Mientras las producciones oníricas de los cónyuges están bloqueadas:
el espacio primario se ha vuelto
vacío, silencioso: ya no crea los escenarios de costumbre; el preconsciente está
como “cortocircuitado”, ya “no responde”.
El diálogo de los Yo se ha vuelto operatorio, metido en un realismo puro
y sin perspectiva. “Sería
necesario hacer algo, pero toda acción es vana. Pensar se ha vuelto imposible,
salvo pensar un puro afecto de dolor. Las psíquis han perdido su anclaje
corporal; los cuerpos han perdido su vínculo psíquico, su poder de
representación en la esfera mental.
Luego se constata una producción onírica desbordante, una producción
psíquica agotadora que da la imagen de psíquis solitarias, desligadas, que
intentan funcionar en puro psiquismo, buscando desesperadamente religarse,
revincular afectos a la deriva,desviados, buscando anclarse como antes en el
cuerpo del otro y en el cuerpo propio.
Sea cual fuere la resolución de estas parejas-separación o
reestablecimiento del vínculo amoroso- su funcionamiento actual es comparable a
aquel que caracteriza a las familias psicóticas, tal como lo describí
anteriormente (1981)
Volvemos a encontrar regularmente, al comienzo del proceso de la cura
psicoanalítica del grupo familiar, por una parte, un discurso manifiesto
operatorio que engendra una “relación inocente” entre los miembros de la
familia, por otra parte, una búsqueda inconsciente de fusión grupal.
El sufrimiento del grupo familiar es tan intenso que bloquea toda vida
fantasmática.
Para llenar ese espacio primario vacío,
se ve en un comienzo que uno de los miembros de la familia trae una
producción fantasmática y sueños cuyo tema es la ilusión grupal.
“Somos un grupo consolidado, homogéneo,sin diferencia de sexo ni de
generaciones”. A mi juicio aquí se trata de una tentativa de volver a
“casar” al portador de síntomas psicóticos, desviando al solitario hacia
el conjunto del grupo, y hacer que renazca a la vida grupal de la familia.
La pareja en des-amor, según mi experiencia clínica, presenta este
mismo modo de funcionamiento: todo transcurre como si, ante el silencio de la
mutualidad corporal desaparecida, los cónyuges intentaran vivir su díada a
modo del puro psiquismo,queriendo constituir una psíquis grupal indiferenciada,
sin cuerpo, sin sexo. “Poco importan los sexos,siempre que seamos una
pareja-grupo donde la fusión psíquica sea posible”.
Es así como la pareja regresa a la muy primera experiencia post-natal en
la cual la psíquis infantil se diluía en el aparato psíquico familiar.
Es en el curso del proceso terapéutico de pareja donde se volverán a
poner en circulación las imagos diferenciadas paterna y materna, masculina y
femenina, y los fantasmas originarios(castración,seducción, escena primaria).
Es en este momento cuando los cónyuges
estarán en condiciones de decidir por sí mismos el destino de su
pareja. Agregaría que en estas parejas, la restitución, en la cura conyugal,
de su pasado amoroso y en particular del
encuentro y descubrimiento amorosos, pone en evidencia que la elección mutua se
operó no tanto en las cualidades mismas del objeto amado sino más bien en una
óptica de sobreestimación de un objeto-grupo: la constitución de una pareja
representaba una evasión del grupo familiar de origen para realizar una fusión
con otro grupo-familia, y más aun, para ponerse en comunión psíquica con el
grupo social que los rodea. El amor era esencialmente huída grupal, tal como
todo amor es quizás, en el fondo, una búsqueda grupal.
CONCLUSIÓN
En
este trabajo intenté mostrar que la pareja como objeto de estudio y de
tratamiento requiere una metodología y una terapéutica apropiadas a este
objeto.
El tratamiento de la mónada- del individuo en relación dual
analizante-terapeuta- engendra, como toda la clínica lo atestigua, una
modificación esructural individual, por medio del reforzamiento del Yo (Moi)
individual. Pero cuando la demanda
analítica es una demanda específica de la pareja, tenemos el derecho a pensar
que tenemos que vérnosla no con dos mónadas,sino con un aparato psíquico diádico
en sufrimiento, una unidad dual perturbada.
Además, la reflexión proveniente de una experiencia clínica cada vez más
extensa, me llevó a proponer la hipótesis de la pareja en tanto grupo, del
“grupeja”(grouple) (Esta
condensación verbal, si no fuese
tan disfónica y semánticamente
osada ,ilustraría bastante exactamente mi propósito. Ver el análisis de R. Kaës(1972)
de este neologismo tomado de un lapsus de un animador grupal, en “el trabajo
psicoanalítico en los grupos”p.57), y a desear que otras investigaciones clínicas
profundicen esta interrogante: ¿ Existe el dos en tanto tal? ¿O no es más que
un artefacto que impide asir la realidad psíquica profunda de la pareja, su
origen y su naturaleza grupales? Es esta hipótesis la que ha inspirado mi técnica
terapéutica- un encuadre analítico para el tratamiento de las parejas- que
también es aquella de toda una corriente actual de terapia de pareja.
En el plano metodológico, para la comprensión científica de la pareja
enamorada, del descubrimiento y de la experiencia amorosa, me pareció necesario
recurrir al concepto de Originario, distinto de Primario y Secundario.
El estado amoroso fundado en la búsqueda del placer físico y psíquico,
y en el instinto de perpetuación del grupo humano, es la experiencia más
singular y a la vez la más anclada en la especie.
Para dar cuenta de ello y con el fin de paliar el debilitamiento de una
metapsicología amorosa centrada en el individuo, he privilegiado en este
estudio los puntos de vista tópico y genético.
El amor, en su aspecto innovador, creador, representa una regresión- en
el sentido más regenerador del término- al estado más arcaico, en el que
psique y soma intentaban su integración recíproca en un espacio psíquico aun
no individualizado, el espacio originario, que no puede ser sino un espacio
grupal. He intentado aproximar “este diamante negro de lo arcaico”, de lo
Originario (J.Guillaumin,1982), esta parte de misterio,”de carácter místico...y
que escapa aun a toda explicación racional”(S.Freud,1921,p.141) que tienen en
común el estado amoroso y la relacion hipnótica.
El amor es un sueño, un sueño realizado en parte. Pero, como todo sueño,
conlleva “un ombligo, el lugar en el que se hunde en lo desconocido. Los
pensamientos latentes que se quieren alcanzar mediante la interpretación no
pueden (entonces) sino permanecer
sin términos precisos y derramarse por todos lados en las redes enredadas de
nuestro mundo interno”. Desde este punto umbilical es donde “surge el deseo
del sueño, tal como el hongo de su micelio” (S:Freud, La interpretación de
los sueños).
Mi modesto deseo (no olvido la tarea ciega que es nuestra tara común,
pero también el empeño de nuestra espontaneidad,concerniente a nuestra
experiencia amorosa cotidiana y el dominio de lo Originario del cual proviene;
esta tarea ciega que hace particularmente molesto el control de nuestra
contratransferencia científica,hace que mis hipótesis no sean conclusiones
sino propuestas de investigación, que reclaman la confirmación de otras
experiencias clínicas en un campo relativamente inexplorado), mi deseo es pues
haber vuelto más racional esta parte ilógica del amor, remontando hasta su
ombligo, explorando su micelio grupal.
Y si el amor, por medio de los artificios del deseo mutuo y las tretas de
la especie, no es sino una aspiración grupal...Y si la pareja- tal como Freud
dice de la relación hipnótica, después de haberla comparado con la relación
amorosa y con la relación de las masas, sobre el fondo de horda prehistórica-
es, en sentido tópico pero también dinámico y económico, “una muchedumbre
de a dos”...
-------------------------------
(1)
Sin embargo, al final de este estudio nos preguntaremos con Schopenhauer,
si este amor puramente sensual, no psiquizado, exista realmente en estado bruto,
o si acaso no es reconstruído mentalmente, apres-coup, bajo esta forma bruta.
(2) A partir de 1962, en el
marco del Servicio de documentación conyugal, luego, en 1974, en el Instituto
de investigaciones sobre el niño y la pareja,de Grenoble.
(3) En los casos que supervisé
o traté yo mismo, nunca se practicó (por evidentes razones de secreto terapéutico,
de contratransferencia “insostenible” y por simple deontología) el método
de terapia de ambos miembros de la pareja vistos por separado por un solo
consejero conyugal, ni tampoco de dos análisis paralelos de los dos cónyuges
por un mismo analista. Es, sin embargo, el método práctico y preconizado por
R. Cohen (1979) en su artículo :” La pareja, lugar del Si y del narcisismo
“. El autor describe allí su larga experiencia de análisis paralelo de dos
miembros de una pareja en esos términos: “ ¿ Qué se constata .La sorpresa
del analista es grande. Para empezar, eso funciona. Y en casos duros de llevar
adelante, eso funciona mejor que todo otro método… segunda constatación:
durante tres, cuatro, cinco, seis sesiones, se trata de dos análisis, como si
esos dos seres jamás se hubieran encontrado!” (op.cit.p.73)
(4) La experiencia de los
asistentes conyugales de la Family discusión bureau ha sido relatada en la obra
de K. Bannsiter y col. “Problemas del matrimonio”,París,PUF,1959
(5) Me interesa señalar el aporte clínico que han constituido
para mí los numerosos casos de parejas, traídos a supervisión regularmente
desde hace dos decenios por los consejeros conyugales de Grenoble. La riqueza de
la experiencia clínica que compartieron conmigo compensa ampliamente la
contribución psicoanalítica que les brindé.
(6)
Children’s Hospital, Boston Child Development Unit
(7) Cf. B.Cramer “La psiquiatría del bebé” en La dinámica del
lactante, París,
F.S.F.,p.78
(8) Toda la obra de Freud contiene notaciones cursivas relativas al estado amoroso, pero estas no hacen sino retomar la teoría del estado amoroso enunciada en esos textos que tomo como referencia. No analizaré aquí “La moral sexual civilizada y la enfermedad nerviosa de los tiempos modernos “(1908),que denuncia la sociedad de principios de siglo como generadora de neurosis y dificultades sexuales al interior de la pareja, ni el tríptico “Contribución a la psicología de la vida amorosa”:
-
“Un tipo particular de elección de objeto en el hombre” (1910)
-
“Acerca del rebajamiento más general de la vida amorosa”(1912)
-
“El tabú de la virginidad”. Todos estos textos tratan la psicopatología de
la vida amorosa, lo cual no es mi propósito aquí.
(9) “Las transformaciones de la pubertad” (con las modificaciones y agregados de 1915 y 1920) en “Tres ensayos para una teoría sexual”.
(10) subrayado por Freud.
(11)
Estas bases clásicas son desarrolladas en las obras de J.G. Lemaire: “Los
conflictos conyugales”(1966); “Las terapias de pareja”(1971); “La
pareja, su vida,su muerte”(1979), y en “El estado amoroso” de C.
David(1971). Yo mismo he contribuído en la edificación y difusión de esas
bases en tres informes posteriores a los coloquios franco-suizos de consejeros
conyugales: “El instinto de pareja y el inconsciente”(Mulhouse,1972);
“Melanie Klein y la pareja”(Lausanne,1974); “El Si conyugal”
(Annecy,1975). Todos los números
de la revista Dialogue,órgano de la Asociación
Francesa de Centros de Consultoría Conyugal son un complemento muy útil a
aquellos textos de base. Por último señalo la obra de R. Marty escrita en
colaboración con los consejeros conyugales de Grenoble: “El Consejo conyugal.
Por qué y cómo”(1981).
(12) La segunda de las reglas del Método se enuncia así: “Dividan cada una de las dificultades que examinaré en tantas parcelas como se pueda y como sea requerido para resolverla mejor”
(13) Las películas de André Cayatte : Francisca o la vida conyugal y Jean Marc o la vida conyugal; aparecidas en las pantallas a principios de los 60, traducen bastante bien esta doble percepción de la realidad, o por lo menos, la desincronización de dos vivencias idénticas
(14) Ver J.B. Pontalis(1963) al que el concepto objeto-pareja le debe mucho,”El grupo pequeño como objeto”, en Según Freud.
(15) Esta perspectiva puede esclarecer el problema general de la distinción entre investidura narcisista e investidura objetal. Ver en particular: J.Cosnier (1970),P.Aulagnier (1979) y M.de M’Uzan (1976)..
(16) Esta síntesis es extraída de los capítulos I,II,V y VII de “La violencia de la interpretación” (1975). En el momento en que escribo estas líneas, llega a mis manos la Nouvelle Revue de Psychanalyse (Nro.26, Otoño de 1982),cuyo tema es “Lo arcaico”. A través de ricos aportes clínicos o teóricos, se constata que:
-
La mayoría de los autores asimilan lo Originario con lo Arcaico (concerniente a
este aspecto semántico, ver en especial el texto de J.M. Petot acerca de lo
arcaico y lo profundo).
-
La descripción que se hace de lo arcaico-originario se sitúa en un
nivel representativo, fantasmático, y no en un plano tópico.
-
En fin, ninguno de los autores hace referencia a la teoría de lo
Originario según P. Aulagnier- lo cual vuelve oportuna la restitución fiel de
esta teoría, fundamental para la comprensión de lo Originario.
(17)
En la presentación de esta teoría respeto la grafía utilizada por el
autor para este vocablo, conforme a la propuesta por S. Isaacs para designar el
fantasma inconsciente.
(18) “ A los ojos del profano bien educado…las cosas del amor no se pueden comparar con ninguna otra cosa; ellas son-por así decirlo- inscritas en una hoja a parte en la cual no debe encontrarse nada escrito” Freud: “Observaciones sobre el amor de transferencia” en la Técnica psicoanalítica, p. 117
(19)
S. Freud “El tema de los tres cofres” en Ensayos de psicoanálisis
aplicado,p.103. Restituyo el
contexto de esta frase, puesto que concierne al amor. Son las últimas líneas
de este texto publicado por Freud en 1913, donde él da una interpretación alegórica
de las tres figuras femeninas del tema shakespeariano: “Podríamos decir que
son estas las tres relaciones inevitables del hombre con la mujer, que aquí están
representadas: está la generadora, la compañera y la destructora. O también
las tres formas bajo las cuales se presenta, en el transcurso de la vida, la
imagen misma de la madre: la madre misma, la amante que el hombre elige a imagen
de aquella,y, finalmente, la tierra-madre, que lo vuelve a recoger. Pero el
hombre anciano busca en vano volver a asir el amor de la mujer tal como él lo
recibió de su madre en principio; tan sólo la tercera hija del Destino, la
silenciosa diosa de la Muerte, lo recogerá en sus brazos”.
(20)
Cf.A. Ruffiot,1981,p.10-12 y 90-92.
(21) Por cierto, los amores del período de latencia existen a continuación de la intensa efervescencia edípica, marcados por una mayor inhibición de la pulsión sexual en cuanto a su fin, lo que contribuye a que se desarrolle la tendencia tierna como formación reactiva. Pero a estos apegos de la latencia les falta lo que constituye lo genital propiamente dicho: el empuje fisiológico puberal y su corolario, el fantasma-acto de la complementariedad de los sexos (Y esto aún en nuestra época de educación sexual precoz).
(22) La adolescencia es” un período de transformación profunda, única en la historia del individuo, transformación en tres planos: biológico, psicológico y social”, Schonfeld (Fundador de la Asociación Americana para la adolescencia).
(23) ¿Acaso no es uno de los posibles sentidos de esta nota encontrada en los archivos de Freud: “Psiquis es extensa, no sabe de ello”? La explicación más comúnmente aportada es la referencia a la res extensa cartesiana: la psíquis se moldea a su continente corporal, que nos reenvía al pasaje clásico del “Yo y el ELLO”: “El Yo es antes que nada un Yo corporal…” Sin embargo, esta cita freudiana puede comprenderse de forma diferente: en una perspectiva grupal del psiquismo.
(24) Ver D. Anzieu (1974) en “El Yo-Piel” y (1981) “Algunos precursores del Yo-Piel en Freud”.
(25) Declaración extraída de un manifiesto “situacionista” de 1966, que extendía al matrimonio lo que expresaba crudamente F.Engels a propósito del matrimonio de razón, de conveniencia, de interés, que decía ser característico de la familia burguesa: la mujer “bien casada” no se distingue de la prostituída que “ porque ella no arrienda su cuerpo como una prostituta, sino que lo vende de una vez para siempre, como una esclava”.
(26) Ver el texto de 1908: “La moral sexual civilizada y la enfermedad nerviosa de los tiempos modernos”(que por cierto en muchos pasajes concernientes a las consecuencias de la masturbación o de la contracepción,está marcado por el tiempo y el contexto social en el que fue escrito). Freud estigmatiza los efectos de la moral conyugal de la época y constata “ cuán raro es encontrar hombres que tengan una potencia sexual normal y cuán a menudo se encuentran casos de frigidez en la mitad femenina de las parejas casadas dominadas por la moral civilizada,que es la nuestra(…). Para un pueblo, la restricción de la actividad sexual (preconyugal o, en el matrimonio mismo, por la contracepción de la época) se acompaña muy a menudo de un aumento de la ansiedad de vivir y de la angustia de muerte, lo que perturba la aptitud del individuo para gozar y su preparación para enfrentar la muerte;ello se traduce en una disminución de su tendencia a procrear y excluye de la participación a futuro a ese pueblo o ese grupo de personas”(en La vida sexual,p.44-45).
Ver también “Acerca del rebajamiento más general de la vida amorosa”(1912), donde la moral cultural es nuevamente puesta en cuestión: “El comportamiento amoroso del hombre de nuestra civilización actual tiene, en su totalidad, el carácter de la impotencia psíquica. La corriente tierna y la corriente sensual no se han fusionado más que en un escaso número de seres civilizados(…) La domesticación de la vida amorosa por la civilización conlleva un rebajamiento general de los objetos sexuales” (en La Vida sexual, p.61-63).
(27)
Sobretodo a continuación de los trabajos de J. G. Lemaire ya citados.
(28)
S. Freud,1929,p.7. Subrayado por mí.
(29) La Metafísica del amor” es un capítulo de los “Complementos del Mundo como Voluntad y Representación”. Mi texto de referencia es “Metafísica del amor, Metafísica de la Muerte”.(Tr.fr. 1964). Recuerdo que Schopenhauer muere en la época que Freud nace al mundo. La influencia en él del “gran pensador Schopenhauer” (seg.sus palabras) es innegable, no se encuentran menos de cinco referencias de este en la obra freudiana. Acerca de las relaciones conceptuales entre “el solitario de Viena” y el “solitario de Francfurt”, ver a P.L. Assoun, 1976.
(30) Y de citar “para la entretención del lector” la frase de la Etica: “Amor est titillatio, concomitante idea causae externae”.
(31) Acerca de la potencialidad de sufrimiento de la pareja, P.Aulagnier (1979) escribió que para que pueda existir el Yo (Je), es necesario que al menos otro Yo lo reconozca, que siga invistiéndolo y viceversa. Es este “ el registro de lo universalmente necesario para la preservación del funcionamiento del Yo”. El amor simétrico consiste en esto: “ cada uno de los dos Yo (Je) se revela al otro y es reconocido por el otro como fuente de un placer privilegiado y también como detentando un poder de sufrimiento también privilegiado” (p.169 y 171, textos subrayados por el autor).
(32) A. Ruffiot: el Sí conyugal (intervención en el coloquio franco-suizo de Consejeros conyugales, Lausana,1974); Melanie Klein y la pareja (intervención en el coloquio franco-suizo de Consejeros conyugales, Annecy,1975).
1
Traducción del francés realizada por Marcella Chiarappa C.- Del Texto
“La therapie psychanalitique du couple” – Inconscient et
culture,Bordas,París,1984