PSICOHIGIENE
Y GRUPO OPERATIVO*
Marta
Susana De Brasi
A través de una cierta enunciación crítica del campo de la
psicohigiene, como e las teorizaciones actuales sobre grupo, intentaré
desarrollar el tema para elaborarlo en su vigencia actual. Esta necesidad es
debida a la emergencia de problemas que he visto en estos últimos años tanto
en España como en Italia, a nivel asistencial y preventivo, que a mi entender,
requieren en estos momentos, una aclaración y delimitación de ciertos
conceptos con vistas a encarar algunos problemas prácticos.
El objetivo de este trabajo estaría centrado en la aplicación de la
concepción de los grupos operativos al campo de la psicohigiene, y algunas
reflexiones que son el resultado de nuestra práctica en este campo. En este
sentido sería de gran utilidad y enriquecedor para todos exponer aquí
nuevamente el modelo trabajado por nosotros en los años setenta y su posible
aplicación actual, a nivel de ambulatorio, de consultorios familiares o a nivel
hospitalario. Pero antes dos palabras sobre psicohigiene.
Sabemos que la psicohigiene como disciplina ha tenido diferentes
desarrollos según los lugares y circunstancias científico ideológica que
permitieron su creación. Sus primeras formulaciones surgen de la necesidad de
dar una respuesta global al problema de la prevención de la enfermedad.
Ya Caplan, en sus “Principios de Psiquiatría Preventiva” planteaba
la necesidad de llevar a cabo una planificación que tuviera en cuenta los tres
niveles de prevención (Diagnóstico Precoz, Tratamiento y Rehabilitación).
Para esto era indispensable la capacitación técnica del personal, y contar con
el apoyo de los organismos estatales o municipales, paralelamente al tratamiento
de sensibilización de la población. Creo que la importancia de este trabajo es
haber comenzado a plantear la problemática de la salud pública o higiene
mental. Sin embargó deja de lado o no se interroga sobre los alcances ideológicos
en la transmisión y ejercicio de un saber (que por su origen está emparentado
con la medicina y la psiquiatría) y el para qué y quiénes llevan a cabo esa
instrumentación.
Bleger en su libre sobre “Psicohigiene y Psicología Institucional”,
planteaba que se debía hacer una separación entre psicohigiene mental y salud
pública, asado en que la primera se sitúa sobre “las condiciones habituales
y cotidianas de la vida” y no gira como en las otras dos “alrededor de la
enfermedad”. Partiendo de aquí podemos decir que a través de la
psicohigiene, en su versión de psicoprofilaxis o de prevención, lo que se
busca en último caso es poder trabajar sobre la incidencia de los factores
psicológicos en los momentos críticos de la vida y en las situaciones de
cambio de los sujetos.
Para poder levar a cabo esta tarea, es imprescindible poder instrumentar
ciertas nociones psicoanalíticas que nos denla posibilidad de comprender, a
partir de la elaboración de esos elementos, las estructuras que determinan las
conductas de los sujetos más allá de sus manifestaciones aparentes o
sintomales. Estructura que tenemos que aprender a interpretar y conocer, si
queremos encarar la psicoprofilaxis en un ámbito institucional, llámese
consultorio familiar, ambulatorio u hospital.
Anteriormente señalé que me iba a referir al modelo de trajo
desarrollado por nosotros en una institución pública. No relataré toda la
experiencia, ya que existe bibliografía sobre ese tema[1].
Simplemente diré que se trataba de un Instituto de Maternidad y nosotros formábamos
un equipo de trabajo, compuesto de psicólogos, psicoanalistas y un sociólogo.
La demanda institucional era que nos ocupáramos de resolver ciertos conflictos
que aparecían en las embarazadas (por ej. Depresiones post- parto, etc.) y en
el consultorio de pediatría, con la frecuencia de enfermedades infantiles, que
suponían la existencia de factores psicológicos y familiares determinantes del
conflicto.
Cuando aparece un pedido de esta naturaleza, lo que debemos hacer es en
primer lugar organizar la demanda, es decir explicitar qué es lo que se nos
pide, para qué y cómo es vehiculizada la demanda. Para esto vamos reuniendo
todo el material que puede indicar y aclarar la demanda formulada. De esta
manera nos informamos del funcionamiento de la institución. Los servicios
asistenciales existentes, relaciones interservicios, relación interpersonal de
sus miembros, tipos de liderazgos manifiestos y latentes, áreas más
conflictivas y puntos más vulnerables por donde tienden a expresarse, tipo de
asistencia que brindan; por otra parte las necesidades de la gente que se
asiste, la posibilidad o límites de respuesta de la institución. Todo esto lo
hacemos para poder organizar esa demanda y observar la relación que hay entre
la finalidad asistencial explícita y de qué manera se logra esto o no, y poder
a partir de ahí encarar el plan asistencial, que no estuviera centrado
exclusivamente en la asistencial a los casos de patología individual (como hacía
la psiquiatría clásica), sino a las situaciones o conjuntos de personas (sea a
nivel técnico o a nivel de pacientes que tenían una incidencia actual en el
conflicto).
El grupo se presentaba así como la situación ideal para trabajar no sólo
los conflictos psicológicos que aparecían en ese momento crítico en los
pacientes, sino también los
afectos y ansiedades que se movilizaban en los profesionales en la asistencia.
Esto nos lleva a que tengamos que abrir el capítulo de grupo y la técnica
que empleábamos.
Siguiendo a Pichón- Rivière encaramos nuestro trabajo en la institución
a través de la implementación del grupo con técnica operativa, en los
diferentes sectores del personal técnico y de asistidos dela misma.
La finalidad que tenían esos grupos, era el de poder ayudar a resolver
los distintos tipos de obstáculos psicológicos que se desencadenan alrededor
de ciertas situaciones llamadas naturales (aunque se llame paciente a quien las
vive), como son el embarazo, paro, y el primer año de vida.
La interpretación de dichos obstáculos tendía a evitar la consolidación
de pautas de conductas estereotipadas, que si bien le habían sido útiles al
sujeto en un determinado momento de su vida, ahora aparecían como puntos
resistenciales que le impedían enfrentar adecuadamente y de una manera activa
la nueva situación. Por otra parte el grupo de profesionales, tendíamos también
a trabajar sobre los obstáculos afectivos que les impedían llevar a cabo su
tarea asistencial, tratando de llegar a consolidar la formación de un esquema
referencial asistencial común.
Esto nos llevó a confirmar la concepción operativa de grupo que rompe
con la distinción tajante entre asistencia y aprendizaje, sobre los obstáculos
que rodean y acompañan ciertas situaciones básicas de la vida, cuando las
encaramos para poder gestionarlas.
Es así, que la noción de operatividad, aparece como central en el
grupo, ya que nos brinda la posibilidad de instrumentalizar desde perspectivas
diferentes el mismo tema (por ej. Cuando las mujeres hablaban del embarazo y del
parto dando su opinión y planteando la problemática, como también lo hacían
los especialistas).
Esto nos conduce a plantear la necesidad de una concepción estructural
de grupo, ya que no se trata de ver a cada uno de los sujetos individualmente,
sino de cómo cada grupo, en el desarrollo de su proceso opera y sirve de estímulo
para las modificaciones en los sujetos a partir delas distintas maneras en que
estos abordan y elaboran sus tareas.
Es decir que ese operar, surge como resultado de la relación estrecha
entre pensamiento de ese grupo y los afectos puestos en juego en el interactuar
personal y no de algún integrante en particular.
Antes de explicar otros elementos de la aplicación de grupo a la
psicohigiene, tenemos un pensamiento sobre grupo, donde éste es visto, a partir
de conceptualizaciones sobre el psiquismo individual, ya que esto rompe la noción
de operatividad.
Me estoy refiriendo a la corriente francesa, representada por Didier
Anzieu. En su libro, “Il Grippo e L’Inconscio”, cap. VII[2]
Anzieu plantea, que uno de los organizadores básicos de un grupo “... mira a
constituir un aparato psíquico grupal a partir de cada aparato psíquico
individual”. En el cap. I del mismo libro dice: “La analogía entre grupo y
sueño que nosotros mismos hemos sostenido en un artículo de 1966... (el grupo
como el sueño es la realización imaginaria de un deseo reprimido) se refería
a la teoría freudiana inicial, es decir a la primera tópica. A a, la teoría
psicoanalítica de los grupos ha hecho progresos, gracias al recurso sistemático
a la segunda tópica”.
Estos párrafos son elocuentes ya que nos plantean que a nivel teórico,
la conceptualización que se hace sobre los grupos se basa en la aplicación de
la metapsicología freudiana. Los conceptos y nociones transplantados desde el
campo del psicoanálisis individual (que tienen su preciso lugar y validez) a la
experiencia grupal, corre el riesgo de hacer perder de vista la especialidad del
campo de lo grupal –el objeto que se quiere estudiar- y los fenómenos específicos
que aparecen en la dinámica grupal.
Creemos, sin embargo, que uno de los riesgos mayores de esta aplicación
casi total, puntual, de los conceptos psicoanalíticos, sea precisamente un
desfasaje entre teoría y práctica, quedando la experiencia como un aspecto
accesorio y sin importancia para la posterior elaboración conceptual.
Aquí nos podríamos preguntar, cómo la hegemonía y dominancia de una
ciencia en el pensamiento científico, se convierte
en un factor ideológico, cuyo efecto en la aplicación, tendería a
mantener la separación entre teoría y práctica ya legitimizada desde el ámbito
social, y que en última instancia tendería a neutralizar la operatividad en un
determinado campo –los grupos- y en la vida de los sujetos.
Esta referencia a la corriente francesa me surgió como una necesidad
para aclarar nuestro enfoque en el campo de lo grupal, centrado en una concepción
estructural y dialéctica y no en una problemática individual. Esta concepción
es la inaugurada por Pichón- Rivière, Bauleo y Bleger[3].
Volvamos a la noción de operatividad. Más allá de los alcances que
Pichón le daba a esta noción, para nosotros el operar sobre un campo, era la
posibilidad de interpretarlo. Podríamos decir que la utilización de los grupos
operativos era la búsqueda de una situación favorable (por la descentración
de la coordinación, por la lectura de emergentes y por la explicitación de la
latencia grupal), para interpretar tanto los obstáculos como las resistencias,
que aparecían cuando era necesario enfrentar una circunstancia determinada de
la vida de un manera novedosa.
Este era uno de los sentidos de la aplicación de los grupos operativos
en la psicohigiene, sea en la asistencia directa a los pacientes, en la
asistencia indirecta con el personal médico o en la asistencia combinada.
Ahora veríamos algunos de esos interrogantes que planteábamos a la
corriente grupal, sobre qué tipo de elementos opera un grupo cuando tiene como
tarea la psicohigiene, sea en el plano de la psicoprofilaxis o de la prevención.
En este punto retornan las viejas cuestiones ligadas al ejercicio de esta
disciplina. Una a mi entender es central: ¿La tarea de la psicohigiene es
consolidar un campo o cambiarlo?
Cuando nosotros trabajábamos en las situaciones de embarazo, parto y
puerperio y teníamos como objetivo la psicohigiene, apuntábamos a dos cosas:
por un lado a poner de manifiesto los resortes ideológicos que intervienen
inevitablemente y en forma velada, en la aplicación de una disciplina (en este
caso el saber médico) y por otro descubrir e interpretar los mitos y
prejuicios, que apresaban a los sujetos en una repetición impidiendo el
surgimiento de áreas creativas en su vida cotidiana, así como de proyectos
alternativos a lo instituido.
Con respecto a esto último hacemos nuestras las palabras de Agnes
Heller, en el sentido que “... todo prejuicio impide la autonomía del hombre,
disminuye su libertad relativa, respecto del acto de elección, al deformar y
consiguientemente estrechar la alternativa real del individuo”[4].
Para finalizar diría que si queremos llevar a cabo aperturas en una tarea de
psicohigiene, el grupo operativo nos brinda la posibilidad de un manejo flexible
en dicho campo, ya que posibilita la organización de áreas de creación que
pueden dinamizar las programaciones en cada campo.
Venecia,
1979.
* Publicado en “Grupo Operativo y Psicología Social” (comp. Armando Bauleo), Montevideo, IMAGO SRL, 1980.
[1] Los Síntomas de la Salud, Bauleo y otros. Ed. Cuarto Mundo. Bs. As. 1974.
[2] Didier Anzieu, Op. Cit. Editore A. Armando, pág. 9.
[3] Ideología, Grupo y Familia. A. Bauleo. Ed. Kargiemian. Bs. As. 1969. Temas de Psicología, J. Bleger. Ed. Nueva Visión. Bs. As. 1970. El Proceso Grupal (Pichón- Rivière y otros). Ed. Nueva Visión. Bs. As. 1977.
[4] Agnes Séller: Historia y Vida Cotidiana, 1966, pág. 91 y 92.