Home Biblioteca Virtual Memorias 3° Encuentro Efectos terapéuticos de la participación en grupo operativo

Efectos terapéuticos de la participación en grupo operativo

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EFECTOS  TERAPÉUTICOS  DE  LA  PARTICIPACIÓN  EN  GRUPO OPERATIVO

 

Marianela Abarzúa Cubillos

 

 

He participado anteriormente de dos experiencias de Grupo Operativo.  Actualmente me encuentro participando en la tercera. Todas ellas se han desarrollado como cursos electivos de la carrera de Psicología en mi Universidad (Universidad de Chile) y el dispositivo grupal, en líneas generales, ha constado (en todas las ocasiones) de una sesión semanal, con una duración de 90 minutos, un coordinador (profesor Horacio Foladori), un observador que es miembro del grupo y se ofrece voluntariamente como tal (éste es un rol rotativo) y que devuelve su observación al resto aproximadamente 20 minutos antes de finalizar la reunión.  El número de integrantes del grupo ha sido fluctuante, nunca superando las 10 o 12 personas por sesión. 
Me parece importante destacar, antes de comenzar con el desarrollo del tema, que en estas tres oportunidades la tarea (explícita) ha sido el aprendizaje de algunos de los conceptos de la técnica de Grupos Operativos. En ninguno de los casos ha habido una intención explícita de abordar como tarea la terapia (empleando la palabra terapia en el sentido de curación, sanación).  Ninguno de estos grupos ha sido pensado, a priori, como un grupo terapéutico. 
Y, a pesar de este hecho, nuestro operar como grupo ha acarreado consecuencias, a todas luces, positivas en el sentido de una curación.  La pregunta, en este punto, se elicita naturalmente: ¿curarnos de qué ?. Para poder responderla necesito dar un nuevo rodeo y referirme ahora, muy brevemente, a los supuestos y mitos de mi carrera y mi universidad. Tomaré tan sólo dos de ellos y los expondré a modo de  aseveraciones.

La primera afirmación es: "el concepto de aprendizaje que subyace a la mayoría de las cátedras de mi carrera implica una concepción del sujeto que aprende como esencialmente modular (entonces, más que sujeto, hay un "hombre modular")". 
La segunda es : "el estudiante de psicología no necesita experimentar un proceso de terapia porque la terapia implica la existencia de una patología y el estudiante de psicología es, ante todo, una persona sana".

En este contexto, y recogiendo la primera afirmación, desprendo un primer efecto terapéutico del Grupo Operativo, en tanto éste postula un concepto de aprendizaje que necesariamente rompe con la idea del "hombre modular" : ya no es más posible fragmentarse a la hora de aprender desde que no hay un modo de aprender que no implique introducir (o más bien, re-introducir) al sujeto, completo, a la tarea de aprendizaje. El abordaje eficiente de la tarea implica necesariamente integrar lo "subjetivo" (llámese emociones, sentimientos, angustias). El "hombre modular" deviene, entonces, durante el proceso grupal, en sujeto. 
Este no es (fue), como sabrán, un pequeño cambio. Tampoco es (fue) un proceso simple; tiene todo un dejo, aún hoy, a temores, a resistencias.  Imagino que para ninguno de los que hemos participado de un Grupo Operativo ha sido tarea fácil des-hacernos de nuestros esquemas referenciales antiguos, de esos que actuaban (y actúan) saboteando la tarea.  Al momento de esta reflexión adopto la postura, quizá demasiado optimista, que éste es un momento relativamente logrado en el grupo al que pertenezco.

Redondeando un poco la idea, al menos en mi experiencia, me percaté de cosas tan cotidianas como que lo que sentía respecto de lo que aprendía incidía en mi proceso de aprendizaje; que el modo en que ocupábamos el espacio incidía en nuestro sistema de relaciones; que mi "yo-sentimiento" podía activarse en presencia de mi "yo-inteligencia", etc.  Me sané, entonces (y nos sanamos, en el grupo) de vivir desintegrados, de vivir divididos.

Desprendiéndose del desarrollo de esta primera aseveración, y articulándose con la segunda, vino un segundo momento que también denominaría terapéutico : si lo que siento no puede ser marginado de lo que aprendo, no hay modo de que las penas y las angustias (que los normales también viven) dejen de incidir en mi proceso de formación como psicólogo.  Entro así en contradicción con la segunda aseveración : quizá al estudiante de psicología sí le convenga participar de un proceso de terapia porque ya no podrá separar su sentir de su pensar, de su quehacer.

El tema se vuelve, en todo caso, más complejo aquí.  Por un lado, surge la posibilidad (¿la necesidad ?) de que el estudiante se contacte con su propia locura (¿el estudiante sana cuando se da cuenta que también está loco ?). Este proceso ha aparecido, con mayor intensidad últimamente, en emergentes grupales del tipo "estamos locos, y más encima somos locos reincidentes porque no es primera vez que estamos aquí". Se han asociado muchas resistencias, asimismo, al tema del "estudiante loco", que pueden plasmarse en las ansiedades (persecutorias) asociadas a la idea de nuestro departamento de Psicología como un Hospital Psiquiátrico.  Me sano, entonces, en tanto puedo contactarme con mi propia locura, siempre y cuando ese "momento de locura" sea funcional a la tarea y no se convierta en un estado rígido del cual no pueda salir (de algún modo, mientras sea una locura "como si" y no una locura vera). 
Retomando la idea, el tema se vuelve complejo porque una cosa es percatarse de la necesidad y la atingencia de un proceso de terapia para los integrantes del grupo, y otra es esperar que esa necesidad de terapia se introduzca como tarea en el operar grupal. Y si bien antes mencioné los efectos terapéuticos del Grupo, lo hice en tanto ellos tenían que ver con lo implícito, con lo no planificado, con lo que sería problemático se introdujera, desde la "oscuridad", en lo central de nuestro operar.  Nuestro grupo permanecería siendo, por decirlo de algún modo, "funcionalmente terapéutico", en términos de nuestra consigna explícita, mientras lo marginal (en el sentido de margen, de lo que está al borde) no saltara al centro y viceversa.

En este momento pienso en una dificultad que expuso, en el día de ayer, el doctor Hernán Davanzo, y que guardaba relación con el cómo detener el grupo de aprendizaje antes de que éste se convierta en un grupo de terapia. Este será un tema que seguramente no encontrará respuesta en esta reflexión : la tarea de estar alerta a lo que atente contra el operar grupal, en relación con su tarea explícita, ciertamente es propia del coordinador (y no seré yo quien usurpe su labor, por mucho que lo desee).

Probablemente esta ponencia, en tanto emergente grupal, tenga mucho por pulir y deje muchas más interrogantes que respuestas.  Probablemente ese sea, de algún modo, uno de sus objetivos, o quizá su objetivo completo.

 
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