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Mecanismos defensivos ante el tema del suicidio

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MECANISMOS  DEFENSIVOS  ANTE  EL  TEMA  DEL  SUICIDIO



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El grupo operativo del que se dará cuenta en estas reflexiones, corresponde a una intervención realizada en un colegio durante un semestre.  El tema del suicidio reviste su importancia por cuanto en dicha institución, dos  suicidios ocurrieron en un lapso de un año, en el mismo grupo escolar.

Los suicidios, sorprendieron en ambas ocasiones al resto de los compañeros, a los profesores, a las autoridades y a alumnos de otros cursos que rápidamente relacionaron la situación del suicidio con la dificultad que el egreso de la enseñanza media suponía (Prueba de aptitud académica, abandono del lugar protegido, etc.).

Como "no hay dos sin tres" según reza un dicho popular, luego del segundo cundió el pánico en la Escuela cuyos participantes unánimemente se focalizaron a la espera del tercero; se sensibilizó así la observación para buscar próximos suicidas en potencia, no sin una dosis elevada de preocupación y angustia.

Mas allá de lo que el suicidio como tema y como acontecimiento moviliza en cada sujeto, interesa en esta oportunidad estudiar la manera en que fue abordado por el grupo operativo en cuestión. Integrado por alumnos que ya habían cursado buena parte de los estudios , el tema es sentido como muy próximo por los motivos señalados. La tarea manifiesta grupal está definida desde el aprendizaje que se realiza en la institución; en la tarea latente está presente inevitablemente esta historia institucional.  La inscripción a dicho taller es voluntaria.

Debe tomarse en cuenta que el tema del suicidio no es ajeno a ningún grupo.  La misma problemática de "la vida" lleva implícito el tema de "la muerte". Por tanto, se esperaría que el tema de la muerte y del suicidio fuese tratado como tantos otros en el proceso del grupo.  Pero en este caso particular no fue así.

La primera forma que el grupo tiene de tratar el tema es por su ausencia, vale decir, no tratándolo en lo absoluto. Durante buena parte de las sesiones, el grupo se nucléa aislándose del contexto institucional, generando una ilusión grupal común asentada en su propia "militancia" grupal y haciendo muy escasas referencias al contexto exterior. Si el tema no es nombrado, no existe; si ni siquiera se menciona la palabra "suicidio" , hay algo que no ocurre.  Se sabe que está pero se cree que se lo puede controlar mágica y omnnipotentemente a través del pensamiento.  Así, la disociación entre el adentro y el afuera protege contra el ingreso de la muerte, que en realidad es como tomar distancia con las pulsiones agresivas y sobre todo auto agresivas, autodestructivas.  No hablar de ello, ni siquiera nombrarlo se convierte en una especie de acuerdo tácito, en un complot.  El tema aparece así prohibido.

La disociación finalmente cede y varios miembros del grupo aumentan su grado de compromiso con el grupo y plantean sus angustias.  En este sentido comienza a verbalizarse entre los integrantes la presencia de ideas suicidas en varios de ellos y algunos intentos ya realizados.  Así, el grupo plantea su propio modelo de suicidio sobre dos aspectos: primero, los intentos realizados muestran que el suicidios es cosa del pasado por lo cual ya no hay motivos para angustiarse, prueba de ello es que podemos hablar de eso y no ocurre nada.

Segundo, si hablamos de nuestros suicidios no tenemos que enfrentarnos a los suicidios ocurridos en el colegio, no tenemos que reflexionar sobre los mismos y acerca de cómo nos impactó en ambas ocasiones.  Se ve entonces que el grupo si bien menciona el suicidio, lo hace también de manera disociada y para evitar conectarse con vivencias muy profundas que pudieran "despertar" los propios impulsos auto agresivos.  El suicidio en un grupo pequeño es más fácil de manejar ya que haciéndose "cargo" de sus propios intentos se evita el abordar otros que también son suyos.

Otra manera que justifica el no hablar del tema es el fantasma del contagio: comparan al suicidio con un virus, por lo tanto se transmite por la boca. No hablar es una forma de no ponerlo en circulación y evitar así que pueda
reproducirse e "infectar" a otros.  Esta idea tiene además una connotación sexual ya que el contagio se puede producir boca-boca.  Se fantasea entonces con esta idea de placer-muerte. ¿No se dice acaso que el orgasmo es a muerte?.  Evitar el tema es una manera de combatir la idea de un grupo suicida, de la fantasía de suicidio colectivo, si bien esta última aparece más seductora que la idea de suicidio personal.  Debe recordarse que el grupo siempre es el lugar de los excesos, de la bacanal, de lo que excede a la norma.  Es atractiva, por tanto la idea de un suicidio colectivo que ocurra en una bacanal, momento de mayor placer y de indiferenciación total.

La idea del suicidio colectivo implica moverse sobre cierto anonimato, por lo cual no tengo que hacerme cargo de las ansiedades que se generan. Además, puedo proyectar la culpa en otros y asumir toda la inocencia ante la resolución colectiva.

Pero el análisis de la situación de los propios intentos de suicidio no garantiza total impunidad frente al mismo. No es tan fácil disociar y al poco tiempo los alumnos comienzan a expresar cada uno a su tiempo, cierta búsqueda de tranquilidad a partir de una toma de distancia en la cual se alivian a sí mismos al comprobar que si el suicidio le sucede a otro; entonces, no es algo que les sucede a cada uno de ellos. Si el suicidio ocurre en otros grupos de alumnos, sus grupos, sus propios amigos no están involucrados y eso los tranquiliza porque mantienen al suicidio lejos. Claro está que la nueva disociación no se sostiene porque cada ausencia que se da en el grupo (siempre hay alguien que falta, es como si se rotaran) plantea entonces la preocupación de que a ellos ahora sí, les ha tocado: el ausente es fantaseado como un suicidio del cual se sienten en parte, responsables.

Reconocen el egoísmo que supone tal sentir y sin embargo... es un mecanismo que los preserva de la angustia de aniquilación.
Debe agregarse que el suicidio individual atenta contra la existencia y permanencia del grupo ya que es como la acción de un desertor. El grupo muere si se queda sin integrantes. Por eso, la angustia aumenta proporcionalmente a la disminución de los integrantes. El suicidio colectivo es una muestra de solidaridad, el suicidio individual es una manifestación de traición.

Complementariamente con el mecanismo anterior, se puede afirmar que el grupo está muy sensibilizado a toda pérdida, tanto del encuadre (llegadas tardes, ausencia de compañeros, dificultades para asumir la tarea, etc.) como de los diversos estereotipos que el grupo operativo va mostrando y ante los cuales se sienten en la  obligación de tener que elegir.  De hecho, está planteado el problema del cambio permanente; cambiar es siempre perder algo aunque en el cambio se gane también algo.  Sin embargo, la pérdida pesa más ya que es lo conocido que se va, mientras que lo nuevo es lo desconocido que viene y a lo cual aún no están acostumbrados. También se dan durante el transcurso del grupo pérdidas de objetos muy valorados y queridos (familiares, pololos, rupturas de relaciones familiares, desilusiones, etc.).  Ante cada una de todas estas pérdidas el suicidio se hace presente de manera indirecta; la relación con la muerte, la relación con los objetos muertos internalizados y sobre todo porque dichos objetos muertos o inválidos, pero sobre todo inmóviles, reflejan una y otra vez esa parte de cada uno que se pierde para la vida, así como la complicidad para sostenerlos en ese estado.  Pero a su vez, también se manifiesta como la angustia que preserva de otra angustia, la pérdida del objeto que justifica que como estoy tan preocupado por ésto, no puedo ocuparme de aquello.

Una manera de enfrentar estas pérdidas es con insensibilidad "no se que me pasa, pero no siento eso...", la que los sorprende porque muestra drásticamente el intento por dejar de ser .... humanos.  El bloqueo afectivo aparece una y otra vez a través de una fuga intelectualizante justificadora del control sobre sí mismos, imagen que pretenden vender a futuro como adultos

Desde la perspectiva grupal, la búsqueda del chivo emisario es una constante ante la cual hay que estar atento. Así, no es difícil que por la verticalidad de algunos integrantes se aproveche para depositarles la depresión existente en los restantes. La presencia de "alguien que está peor que uno" en el grupo se constituye en un elemento relativamente tranquilizador:" que se desespere él".  Este mecanismo también tiene su contrapartida ya que el grupo no puede dejar de vivirlo como un miembro (una parte de ellos mismos) que denuncia con su enfermedad, la enfermedad de todos.

Pichón-Rivière sostenía la teoría de las tres "D", la cual daba cuenta del proceso entre el depositario, el depositante y la depositación, como ha sido mostrado anteriormente. Ahora bien, el autor no dejaba de preguntarse por los efectos que dicho proceso generaba y que leía como cierta complicidad al servicio de la marginación. De este modo, el grupo se deshace, como en el caso del chivo emisario de culpas, agresiones y depresiones, en tanto logra que aquel que se constituye como miembro enfermo vaya siendo segregado sutilmente de la dinámica grupal, hasta que se ausente del todo, por períodos más o menos prolongados o de manera definitiva.

Algunas veces, la culpa que esto genera no puede ser resuelta de manera rápida por lo que muchas veces el miembro enfermo se convierte en tema de discusión de todos los demás, sobretodo cuando él mismo se encuentra ausente. Esta aparente preocupación del grupo por "rescatar" al miembro que según la coyuntura está apareciendo como el más enfermo, es una nueva forma de continuar con el proceso de depositación masiva, la  que además aparece como una defensa que insiste en la vertiente de hablar de otro para no hacerlo de uno mismo y de la manera en que cada quién participa, alimentando áreas depresivas o auto agresivas que permanecen enquistadas.

Asumir la grupalidad, vale decir, sentirse partícipe de una totalidad de la que uno es miembro y, por lo tanto, en parte responsable, supone un grado significativo de resolución de algunos conflictos básicos.  Debe recordarse que el proceso de individuación ha sido lento y dificultoso por lo que aunque el grupo se constituye como un espacio regresivo, ello no se logra sin ciertos riesgos.  Los miembros del grupo tienden a desligarse de esa co-participación en la totalidad grupal que los indiscrimina y una forma de hacerlo es casualmente negando el origen grupal de determinados trastornos. Por tanto, un mecanismo que se hace presente con insistencia es sostener que lo que le sucede a cada quien, como sintomatología, depende de la historia personal - leída como el anclaje de procesos colectivos familiares en el psiquismo individual - y que el grupo no tiene nada que ver con los proceso de proyección y depositación. En algunos casos, a través de la defensa más arcaica se llega a culpar al grupo del surgimiento de la sintomatología, lo que muestra con total claridad la enorme fuerza y energía que se le atribuye al grupo, gran poder de cambio que produce pánico.

Este aspecto tiene implicancias directas en el deseo de no querer saber de qué se trata la sintomatología depresiva de alguno de los miembros.  Si ni siquiera se, no tengo de qué preocuparme; para no saber, sólo tengo que mantenerme lejos, a distancia de los individuos que están afectados de ello.  El no saber es una forma de protegerse a su vez de ese saber que sí se sabe; pero que, como le gustaba decir a Freud, nunca quise reconocerlo.


octubre de 1999

 
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