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El emergente (in) esperado

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EL EMERGENTE (IN) ESPERADO

 

Lorena Naves Cabrera

Paulina Fernández Moreno

 

Desde Enero de este año hemos estado participando en un proyecto financiado por SENAME y ejecutado por el municipio de El Bosque, cuyo objetivo en sus inicio fue centrarse en el trabajo con jóvenes entre 14 y 18 años, consumidores de drogas, en especial pasta base.  En el devenir de nuestro trabajo hemos ido ampliando nuestra comprensión del problema y hemos constatado que es muchísimo más complejo y difícil de abordar de lo que pensábamos.  La adicción se nos presenta como forma de “solución” que encubre otras problemáticas que tiene que ver con el grupo familiar y finalmente con la comunidad donde se inserta el consumidor, por lo tanto el centro del trabajo ya no es el mismo que el del principio.

De alguna manera la elaboración de un Proyecto no puede separarse de la subjetividad de quienes lo pensamos.  Por eso tenemos la sensación de “Proyecto fantaseado” desde nuestro ECRO, nuestra posición socioeconómica y nuestro deseo.  Si el Proyecto escrito constituye nuestro discurso manifiesto, bajo éste podemos mirar nuestro deseo: primero sentirnos necesarios en el medio del problema, comprender, penetrar el discurso de la adicción y además, el deseo y la fantasía de la existencia de una demanda.

Finalmente hemos convocado a todos los jóvenes de la Población, tengan o no la condición de consumidores, ya que obstinarnos en la otra convocatoria “vengan los consumidores” (que nos demanda el Proyecto escrito, el SENAME, el Municipio, la comunidad en la que estamos insertos, la Sociedad), implicaba prácticamente la imposibilidad de aproximarnos y abordar el problema.

En el contexto de este Proyecto estamos llevando a cabo un Grupo Operativo que tiene como fin el acompañamiento a un Taller de capacitación en electricidad.  La tarea es trabajar el proceso de aprendizaje, las dificultades y ansiedades que pueden surgir en esta situación de cambio.

Este grupo está compuesto por 14 jóvenes de sexo masculino, de edades que fluctúan entre los 14 y 24 años.  La mayoría de ellos ha desertado prematuramente del sistema escolar, algunos tienen trabajos esporádicos, otros están desocupados.  Nos imaginamos que desde la posición de desocupados o del que no se adaptó al Sistema Escolar acercarse a una instancia de aprendizaje significaría reencontrarse con las dificultades y ansiedades que no les han permitido ser parte de la “normalidad”.  ¿Cómo nos paramos frente a este grupo?

Desde el momento en que pensamos en un diseño de las sesiones despertamos una fantasía sobre el devenir del grupo.  Este se perfiló en el imaginario de la coordinación a medida que discutimos las consignas o el sentido que pretendíamos que tuviera el proceso.  Recurrimos a las imágenes que hemos ido dirigiendo a lo largo de este año de encuentro con la Población, con el contexto.  Tuvimos la fantasía omnipotente de haber tomado todas las variables necesarias en el momento de elaborar el programa de trabajo, de poder “ponernos en el lugar del grupo” al momento de ponernos a pensar.

Pero, en el transcurso de las sesiones nos vimos sorprendidas, ya que los temas propuestos en el programa llevaban al grupo a la producción de emergentes inesperados por nosotras.

De acuerdo con Pichón “...el emergente constituye aquello que permite descifrar el proceso latente...” y según H. Foladori “...el emergente es la llave que nos conduce hacia ese otro nivel supra-estructural (lo latente) que da cuenta del discurso manifiesto...”.

 

¿Sin deseo y sin memoria?

 

El emergente in-esperado nos conduce al grupo real, rompe la ilusión de la coordinación, de alguna manera su memoria y su deseo.

“Las formas de reacción más o menos fijas, falta de plasticidad y prejuicios que aparecen como emergentes principales en un grupo”, según Pichón-Rivière, aparecen también emergentes en la coordinación de manera inesperada.

 

¿Qué nos pasa con esto?

 

Durante la sesión, una mezcla de angustia y confusión que a veces nos inmoviliza, nos deja sin palabras, emerge de la coordinación “no entiendo”, “¿qué digo?”, “no se cómo tomarlo”.

Parece que la pregunta que no podemos hacernos es “por qué me está pasando esto, con este grupo aquí y ahora; qué tiene que ver conmigo y qué con el grupo”.  La falta de práctica nos lleva a cerrar una oreja cuando abrimos la otra: la interna.  Algunas emociones nos invaden y dejamos de escuchar al grupo, o viceversa, mientras hacemos la lectura del grupo la oreja interna se tiende a cerrar, cómo integrar ambos canales, cómo distinguir las depositaciones del grupo sobre la coordinación de aquello que nos afecta porque tiene que ver con nuestros propios conflictos no resueltos.       En todo caso el efecto es el mismo para los dos casos, la imposibilidad de realizar una tarea: aquella de la coordinación.

Un emergente recurrente: los jóvenes se comparan la ropa, las marcas de los pantalones, las pintas.  En una sesión comienzan a compararse las zapatos, todos nos miramos los zapatos, la coordinación también se los miró y se comparó.  Nos invade la culpa, nuestros zapatos no son los únicos que tenemos, nos costaron caro, ¿qué estarán sintiendo ellos con esto?... En estas divagaciones dejamos de escuchar, el grupo desaparece para dar paso a la confusión y la angustia.

Nuestro deseo es incorporar el contexto, pero se nos escapa.  Nos dicen que pasan tantas cosas y nosotras no las vemos, llevamos un año ahí pero estamos afuera.  Por momentos entramos al contexto a través de sus relatos y lo que oímos a veces nos asusta porque no tenemos referentes vitales para empatizar, lo cotidiano para ellos es asombroso para nosotras:  Cuando termina la sesión comentamos, nos sentimos marginales de esa realidad.

Pichón dice que “el emergente es un mensaje a ser decodificado en términos de los universales”.

En el ejercicio de decodificar emerge nuevamente lo in-esperado:

El miedo a la pérdida de la estructura lograda y el miedo al ataque en la nueva situación a estructurar, el miedo y la resistencia al cambio, el sentimiento básico de inseguridad, los procesos de aprendizaje y comunicación, las fantasías básicas de enfermedad, tratamiento y curación.

Todos estos elementos son esperados desde nuestro ECRO, nuestras propias experiencias grupales y terapéuticas, de aprendizaje, en fin, desde otro contexto en el cual parece nos movemos desde una fantasmática menos literal, ¿más tendiente a lo neurótico?.

Lo in-esperado en este grupo es que todas estas fantasías aparecen casi de la mano con el acto, se acercan al borde, produciendo una realidad también más al borde...  Nos da la impresión que cuando en un miembro del grupo surgen fantasías de ataque él ataca, cuando aparecen fantasías de abandono él abandona al grupo y lo boicotea desde afuera burlándose de los que permanecen.

La estructura “lograda” parece ser tan porosa, que escomo si no hubiera una base de sustento o fuera muy frágil.  Por ejemplo, ante la dificultad de comunicarse que se manifestaba en que unos hablaban por encima de otros en un tono permanente de burla, pareciera que se produjo un acuerdo de callar a los más ruidosos, que a la vez son los marginales del grupo, promoviendo su expulsión.  “Cállate”, “Hablai puras tonteras”, “no seai estúpido”.  Como en la estructura de la enfermedad, el miembro de la familia que enferma para encubrir la angustia de todo el grupo, finalmente es expulsado.  Echarlo podría ser un movimiento más para seguir encubriendo.

Desde la coordinación vivimos la impotencia de rescatar a estos chivos expiatorios.

Viendo lo que estaba pasando, nuevamente nos encontramos sin las palabras para esclarecer la situación.  Recordamos  posteriormente que ese ruido nos permitía entender, teníamos el deseo de que desapareciera.  Si nos anulamos en la función de la coordinación, ¿es que de alguna manera nos hicimos cómplices de la expulsión?.  Paradójicamente, el grupo que permanece continua repitiendo el mismo patrón.

Pensando que nuestras dificultades de lectura e interpretación se originan en gran medida en la diferencia de contextos socioculturales.

¿Cómo leer en el discurso manifiesto del grupo miedo al cambio en un contexto donde suele haber cambios repentinos ligados a la muerte o a la destrucción?.

Si en este lugar parece haberse confabulado toda la sociedad y la cultura para que las cosas no cambien, porque de alguna manera este contexto sustenta todo el Sistema, cómo leer la resistencia al cambio.  La fantasía de que es imposible desamarrarse de ese contexto aparece en el grupo, pero también en nosotras.  Ya no intervenimos para el cambio, apenas alcanzamos a entender.

Nos da la impresión que la subjetividad de este grupo está determinada en gran parte por la subjetividad de la población, a través del discurso del grupo nos enteramos que la posibilidad de ataque es tan real como que en la esquina te pueden pegar un tiro o pueden llegar los pacos y bajarte los pantalones.  Nos cuesta mirar al grupo como grupo, lo que tenemos en mente es una muestra de la población.

El grupo nos lleva hacia nuestro sentimiento básico de inseguridad, nos asusta, nos da rabia, nos da pena cuando nos muestran que desde siempre ha primado lo inseguro, las casas no aíslan, los vínculos parentales no protegen, las necesidades básicas están insatisfechas, la vida y la muerte están fundidas, se vive otro tiempo, se vive otro espacio.

Tomamos para finalizar la pregunta de Eugenia Vilar “¿En qué medida el coordinador toma o debería tomar las diferencias socioculturales y el imaginario de los grupos con que trabaja?”.  Nosotros decimos: en pudiendo.....

“Es necesario afrontar, reconocer y atreverse a mirar de frente la propia subjetividad y no solo la paja en el ojo ajeno”.

En ese mismo texto ella menciona una reflexión de Nicolas Caperrós: “No podemos, como psicólogos, venir desde afuera a salvar un Sistema, a modo de seres redimidos de las contradicciones, intentando ganar a otros para compartir con ellos nuestro Paraíso.  Somos, en el mejor de los casos, un producto consciente de estas contradicciones, hijos de ellas quizás rebeldes, dotados de conciencias ambivalentes surgidas de la represión.

No podemos partir de una realidad que no existe.  Por otro lado es ineludible la aceptación del compromiso como tal y como hoy se aparece; delimitado o no, es lo que tenemos, no caben sustituciones fantasmáticas.

 
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