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Bajo la Superficie de lo Cotidiano: Grupo Operativo con familias de alcohólicos y/o drogadictos

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BAJO LA SUPERFICIE DE LO COTIDIANO
Grupo operativo con familiares de alcohólicos y/o drogadictos

 

Susana Araya

Camila Reyes

 

1.- Descripción de la Investigación de Campo:

 

El grupo se llevó a cabo en la Unidad de Dependencias Complejas del Hospital Sanatorio El Peral, ex Open Doors, la cual está dirigida por el psiquiatra Dr. Lorca.

“El tipo de tratamiento que aquí se realiza tiene un carácter de integral, biopsicosocial, multidisciplinario y multimodal, centrado en la persona y la familia, en la cual se enlazan los avances científicos con la fuerza de la autoayuda proyectándose en una reinserción en la comunidad”[1].

El equipo de trabajo está compuesto por psiquiatras, psicólogos, asistente social, terapeuta ocupacional, enfermera, auxiliares y monitores (personas rehabilitadas que dirigen la mayor parte de las actividades grupales).

Los pacientes que llegan a esta unidad llegan con el diagnóstico de “alcohólico”, “adicto a [...]”, y ha sido derivados tanto de la atención primaria como secundaria del servicio de Salud Pública. Antes de ser hospitalizados van acompañados de un familiar o tutor una vez por semana y participan, por separado, de una actividad grupal de “pre-acogida” que consiste en informar acerca del funcionamiento de la unidad.

La capacidad de hospitalizaciones es de 15 camas para alcohólicos y 15 camas para drogadictos, ambos sectores están separados. El periodo de internación que dura un mes está dividida en dos etapas, una de “acogida” y la otra de “deshabituación”. El paciente tiene que regirse a horarios, realizar labores de casa, deportivas, agropecuarias, y dar cuenta al grupo de lo que ha hecho y de lo que no. También se realizan actividades grupales; de fase, de mujeres, de comunidad terapéutica, de recaídas, de confrontación y de emoción, se hacen intervenciones individuales y familiares, psiquiátricas y psicológicas, y también colaboran grupos de autoayuda como: alcohólicos anónimos, narcóticos anónimos y la unión rehabilitadora de alcohólicos de Chile.

Después de este mes comienza la etapa de “reinserción”, algunos pacientes continúan su rehabilitación en comunidades terapéuticas (Dar, Tú puedes, Manresa, Sta. Ana), otros vuelven al nivel primario o secundario y otros siguen asistiendo al Hospital durante aproximadamente seis meses a controles psiquiátricos  mensuales y a reuniones grupales de seguimiento.

En este contexto se empezó a invitar a participar del grupo a los familiares que asistían a las reuniones pre-acogida de los días miércoles por la tarde dirigidas por la asistente social de la institución. La consigna consistió en que se formaría un grupo pequeño, con un máximo de 15 personas, integrado por familiares de alcohólicos y/o drogadictos que hubiesen iniciado o no un tratamiento, para hablar de sus problemas, dificultades y de cómo ellos se ven afectados por la adicción. Como requisito no podían inscribirse personas con algún parentesco entre sí y las sesiones se realizarían en la sede social del hospital durante 14 sábados de 12:00 a 13:30 hrs.

Las personas interesadas en participar fueron inscritas y citadas para una entrevista, con el propósito de conocerlas y descartar patologías graves como: personalidad psicopática, depresión mayor, etc.

A lo largo del proceso las personas que estuvieron interesadas en participar y que se inscribieron para una entrevista fueron 37. De estos, los que llegaron a la entrevista en una primera o segunda citación fueron 13.

De la primera sesión asistieron 5 personas (1 hombre y 4 mujeres) entre las cuales se encontraba madre e hija, sin embargo, teníamos como objetivo reunir un mínimo de 6 personas, lo que fue explicitado al grupo.

En las 13 sesiones siguientes el grupo no alcanzó a tener un máximo de 6 integrantes, a pesar de haber seguido invitando a participar del grupo en las reuniones familiares de los días miércoles. A más de la mitad del proceso, 9 sesiones, asistieron sólo 2 personas. Y sólo un integrante (abuelo), asistió a todas las sesiones, excepto a una, que se enfermó. Es decir, que parte importante del trabajo estuvo centrado en conformar el grupo.

 

2.- Análisis del Trabajo de Campo:

 

La mayoría de las persona que solicita atención en el Hospital Sanatorio El peral, han acudido a otras instancias previas de atención, tanto primaria como secundaria, en las cuales no han obtenido buenos resultados. Esto nos hace pensar que los casos que acá llegan son los más graves y/o que las esperanzas de sanación están puestas en la internación custodial del paciente.

De acuerdo a esto último, es interesante ver cómo la internación del familiar está precedida de una serie de requisitos entre los cuales se encuentran asistir a reuniones para familiares semanales. Es decir, que lo que se supone debería ser un opción se transforma en algo obligatorio y sin mucha resonancia, ya que la mayoría de los familiares sólo asisten, es como si no estuvieran. Así, la internación para a ser una especie de premio al haber cumplido el resto de las etapas.

En este sentido, los familiares que acá asisten vienen con la idea de deshacerse del problema, de que alguien se haga cargo por ellos. En donde se les dice qué se debe o no hacer con el paciente. Y la propuesta que nosotras ofrecimos planteaba todo lo contrario, enfrentar el problema y las consecuencias que esto trae. Es así como sentimos constantemente el peso de lo que las familias y la institución espera de la rehabilitación y que evidentemente dificultó la captación de participantes.

Respecto al encuadre fue algo difícil de mantener, sentíamos que constantemente los familiares querían trasgredirlo, por ejemplo, llevando a la sesión a algún familiar.

Por otra parte, los pacientes psiquiátricos crónicos, interrumpían las sesiones para saber de qué se hablaba o para aportar alguna locura a la sesión.

Esto nos llevó a aplicar el modelo operativo de una forma muy rígida. Tanto, que las tres primera sesiones repetimos rígidamente el modo de operar en los módulos de formación, es decir, Susana anotaba su observación y yo era quien marcaba los emergentes. Así devolvíamos al grupo una mezcla de los emergentes que yo le marcaba con otros que ella creía importante devolver. Nos preguntamos qué de esto pudo deberse a nuestras propias dificultades de conformación como equipo y respectivas angustias, y qué pudo deberse a las características grupales e institucionales.

Nos preguntamos si las dificultades con reunir gente no tuvo que ver con el tema de la infidelidad. Tal vez, las familias sintieron la formación del grupo como un espacio paralelo y distinto al que ofrecía la institución. Y tal vez, si eran infieles podían perder lo que ellos habían ido a buscar; la internación del paciente.

¿Habría que preguntarse por qué el grupo funcionó, si en lo latente la institución no lo deseaba?. ¿Desde dónde surgió el deseo de tener una escucha distinta?.

Llama la atención que el director de la Unidad de Dependencias Complejas tenga un discurso que plantean cosas distintas de lo que realmente sucede. En una entrevista[2] él habla de que una de las causas de la adicción  son al falta de proyectos vitales, falta de proyectos sociales en nuestro país.

Este discurso calza con lo que sucede al interior de la institución, no hay proyectos que se lleven a cabo y los que hay no funcionan. Y es lo que se vio reflejado con el grupo que formamos, según los emergentes logramos la pre-tarea, pero no se alcanzó el proyecto.  Es decir, el grupo no sólo fue un espejo de lo que sucede al interior de las familias, sino también de la institución y porqué no, de nuestro país.

Esta investigación nos hizo recordar el rol social histórico que cumplen las instituciones psiquiátricas. Representar a un “gran papá” omnipotente que se encarga de salvar, a través de la custodia, a los que están fuera de la ley. En este caso, personas que se han alejado de trabajar, que en vez de producir, generan gastos, personas desadaptadas socialmente.  Pero , esta desadaptación es enfrentada homogenizando las patologías y los cuadros psiquiátricos, sancionando a los pacientes, aplicando modelos rígidos de tratamiento que no facilitan los cambios internos. En este sentido, pareciera que al promover la salud, lo que realmente hace la institución es perpetuar y validad la enfermedad.

En relación a los emergentes grupales, los temas que recogimos fueron: la dificultad para diferenciarse al interior de la familia (“por ellos soy”, “des-unidos”, “voy a cortar este tumor”, “yo me meto en tus cosas”), la falta o exceso de normas y límites hacia los hijos (“soy demasiado blanda”, “se acostumbró al maltrato”, “todavía le lustra los zapatos”) y las mentiras al interior de la familia (“25 años de silencio, cosas que nunca dije”, “des-velos”, “uno se arma su mentira”).

Por otra parte , a través de las entrevistas se detectó que la mayoría de los familiares habían estado, estaban o habían suspendido algún tratamiento psiquiátrico, siendo en su mayoría Trastornos Depresivos asociados a síntomas somáticos. Y los que no, reconocían en sí mismo este tipo de síntomas. Esto nos hace comprobar que el adicto no es el único enfermo en la familia, sino que es el enfermo menos tolerado socialmente, es el menos funcional y menos rentable, ya que generalmente no está produciendo.

 


[1] Entrevista al Dr. Daniel Martínez.

[2] La entrevista del Dr. Luis Lorca Tobar aparece en la revista ERA Adicciones, Nº4 (Agosto-Septiembre de 1999). http://www.chilemed.cl

 
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