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El divorcio: las consecuencias de la pérdida de la pareja amorosa parental en la psiquis familiar (Christine Leprince)

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AREA 3. CUADERNOS DE TEMAS GRUPALES E INSTITUCIONALES (ISSN – 1886-6530) N* 16 – Invierno 2012

EL DIVORCIO: las consecuencias de la pérdida de la pareja amorosa parental en la psiquis familiar

Christine Leprince1

 

Es un tema complejo que recorta puntos de vista jurídicos, sociológicos, psicológicos y loas recientes adquisiciones de la liberación de las costumbres y de la lucha de las mujeres por su libertad. Sin embargo, nuestra actividad clínica nos permite un retroceso de cuarenta años, y nos ha confrontado al enorme sufrimiento que conlleva esta ruptura de los vínculos familiares. Nuestra reflexión pondrá en evidencia la importancia de la pérdida de la pareja amorosa de los padres.

En la pareja, el apuntalamiento de los vínculos se constituye por la alianza sexual y por los vínculos narcisistas comprometidos en las elecciones de objetos amorosos, las identificaciones y las proyecciones del ideal del yo sobre el partenaire.

El deseo de hijo viene a sellar la alianza sexual de los padres garantizándoles, a nivel inconsciente, la continuidad narcisista y la identificación con la pareja parental de la infancia, permitiendo a la vez las satisfacciones del deseo sexual adulto. Él reconcilia y conflictúa en el inconsciente la pareja parental con la libido sexual adulta que tiene por función separar las generaciones y permitir abandonar las fijaciones infantiles ligadas a la dependencia de los objetos de amor parentales de la infancia.

Los hijos son entonces el garante y la continuidad narcisista vía el ideal del yo (moi) de los padres proyectado sobre ellos. Pero también son los representantes de la alianza sexual de los adultos y del triunfo de la sexualidad genital sobre los padres de la infancia (ver novela familiar). Ellos son la realización de un deseo incestuoso reprimido, desplazada sobre nuevos objetos.

  1. 1. Christine Leprince es psicóloga, psicoanalista SPP; psicoterapeuta familiar SFTFP, París

La pareja parental sexual

Es una representación inconsciente, enigmática, central, en el inconsciente de todo individuo. Ella estructura nuestra identidad en tanto sujeto y ser sexuado. Volviéndose una pareja parental, ella instituye los vínculos de filiación, que asegura nuestros narcisismos. Esta representación de la pareja sexual es portadora de los fantasmas inconscientes ligados al deseo sexual de todo niño, organizado un tiempo por el complejo de Edipo. Ella permite, gracias a la prohibición del incesto y a la abstinencia sexual en el marco familiar, la separación de cada generación, la distancia frente a la dependencia infantil obligándonos a construir nuestra propia pareja adulta al exterior de la familia.

El principio exogámico debe llegar a completar la interdicción del incesto

Esta pareja sexual permite la reproducción de la vida y apuntala la creatividad psíquica, pues ella, a partir del enigma que plantea, obliga a un trabajo fantasmático (fantasma de los orígenes).

La trans-subjetividad de la que habla René Kaës va a expresar las partes indecibles no pensables de los conflictos inconscientes, en el momento de los traumatismos psíquicos, de los cuales el divorcio es una de las representaciones violentas por la desligazón que conlleva.

En esta necesidad trans-subjetiva despertada por el traumatismo y el trabajo psíquico doloroso, los hijos serán los rehenes privilegiados- por un tiempo – del inconsciente familiar que expresa la violencia psíquica de la pérdida de la unión parental.

Es en esta perspectiva de trabajo en un a-posteriori que se sitúa nuestro trabajo.

El divorcio

El divorcio es una ruptura del contrato matrimonial que une en el plano jurídico a dos personas que habían decidido compartir en parte sus vidas sexuales, afectiva, económica y establecer lazos de filiación y de descendencia. Es un fracaso psíquico respecto a sus objetivos. Fracaso en el plano psíquico y afectivo respecto al ideal aportado por el matrimonio, la búsqueda de una inclinación amorosa estable y la constitución de una familia unida…

Por otra parte, el divorcio puede aliviar a los partenaires de conflictos insolubles y disminuir las tensiones evitando la violencia engendrada por este fracaso y la impotencia vivida ante la no transformación de los vínculos y de los intercambios.

Enfrentamos aquí una reflexión alrededor de las recaídas conflictuales durante y después del divorcio: las consecuencias psíquicas del divorcio en los vínculos familiares.

Se tratará de subrayar la importancia del traumatismo que implica el divorcio que, en varios casos, es una experiencia que provoca un trabajo psíquico doloroso, a veces no posible de superar y a menudo largo, que compromete a todos los miembros de la familia, abuelos y colaterales, así como a los amigos, y transforma los vínculos sociales al exterior de la familia.

En la familia, la complejidad de los vínculos conscientes e inconscientes, de los pactos narcisistas y de los lazos sexuales incluyendo las identificaciones y fantasmas inconscientes, puede desanimar bastante a los terapeutas que escuchan a las familias respecto al divorcio.

Nosotros nos limitaremos al esbozo de una reflexión en relación a la dinámica interna de la pareja sexual parental que se separa y subrayaremos la violencia de los vínculos que experimentan una regresión de la libido, y que-por desplazamiento- puede dirigirse hacia los hijos. Trabajo de reflexión que yo prosigo a partir de una escucha psicoterapéutica de parejas en sufrimiento, de terapias familiares e incluso de análisis de adultos que a-posteriori atestiguan traumatismos generados por el divorcio, trabajo de duelo tan particular, ligado a la pérdida del vínculo en la pareja sexual y en el partenaire, por cuanto éste es también un representante paterno o materno.

La pérdida del vínculo sexual

El propósito será esclarecer la importancia  de la sexualidad,  entendida como apuntalamiento de los vínculos de  pareja y de filiación. Es subrayar la función de la unión, a través de la pareja y la familia, de las dos corrientes libidinales, narcisistas y eróticas, siempre en conflicto, pero contenidas por los vínculos sexuales de los padres, los vínculos de filiación y las satisfacciones narcisistas que ellos permiten con los hijos.

El interés de estas cuestiones nos permite una mejor posición terapéutica y sostiene el interés por apuntalar a las parejas en disfunción,  antes y durante el divorcio, para evitar o paliar las violencias psíquicas desplazadas en los hijos pequeños y adolescentes.  Problema tanto más difícil por cuanto esa violencia en el núcleo de la familia y de la pareja parental toca tabúes de pensamiento fundamentales que protegen nuestra seguridad interna y nuestra identidad. Los fantasmas reprimidos están vinculados con los deseos inconscientes de asesinato de los padres y de ataque a la pareja sexual.

La contra-transferencia de los terapeutas se ve muy implicada por la llamarada de violencia respecto de la pérdida del objeto sexual que reactiva la violencia originaria ligada al objeto primario, cuando este es fuente de conflictos ambivalentes reprimidos. La pérdida del vínculo de amor por el objeto despierta una ambivalencia y provoca la desvinculación de los afectos amor-odio. Ella se redobla con una pérdida del vínculo con la representación de pareja unida y puede someter a los partenaires a un sentimiento de pasividad traumática, liberando afectos de odio y de miedo al abandono que serán proyectados sobre los representantes de la pareja perdida y los hijos. Tanto los terapeutas como los hijos son tomados como rehenes en una posición voyerista insoportable ante la exhibición de una escena primitiva asesina.

El interés metapsicológico de este tema nos permite revisar nuestras concepciones acerca de la importancia de los conflictos alrededor de la sexualidad al interior de este grupo particular que forma una familia, que articula a la vez la pareja sexual de los adultos con la pareja parental, ligada a los hijos en la reproducción de los lazos de filiación, y en la sucesión de las generaciones.

La separación de los padres: una violencia psíquica

Algunos ejes de reflexión esclarecerán la dinámica conflictiva interna particular que se juega en la pareja en el momento del divorcio y la violencia psíquica que provoca esta separación, hecho que obliga a los aparatos psíquicos a posiciones regresivas de la libido (pasajeras o patológicas).

Desligamiento de las pulsiones y de las representaciones inconscientes

El vínculo narcisista de los partenaires que sostuvo la alianza sexual de la pareja se apuntala muy a menudo en el deseo de hijo. Este descansa en las identificaciones positivas con los padres de la infancia. En el momento de la separación de la pareja, la alianza se deshace. Dos tipos de alianza están en el centro de este proceso y a veces en contradicción: la alianza sexual de la pareja basada en el deseo de los partenaires y la alianza narcisista, el contrato narcisista inconsciente. Este tiene como función ligar las representaciones positivas del ideal del yo (moi) y las representaciones negativas de los padres (partes clivadas y proyectadas en el cónyuge) según la naturaleza de las identificaciones inconscientes con los padres de la infancia.

Según las modalidades de la resolución del conflicto edípico y de la distancia de las imagos parentales infantiles, van a resurgir en el momento de la separación,  los contenidos inconscientes hasta ese momento mantenidos reprimidos por el contrato narcisista y sexual de los cónyuges.En ese momento de intensa agitación afectiva, los padres a menudo están tomados en potente un conflicto inconsciente, por vía de regresión provisoria provocada por el distanciamiento de la libido respecto al objeto sexual y la pérdida de ese objeto particular que, en el inconsciente, representa la unión de la pareja sexual. Tal como lo hemos dicho anteriormente, esa pareja sexual adulta era el garante de la separación respecto a la pareja de los padres de la infancia: ellos contenían los restos no elaborados de la culpabilidad edípica y de las pulsiones agresivas contra la pareja sexual de los padres de la infancia. Siendo también una barrera contra la regresión infantil y ese reprimido inconsciente. El desligamiento de la libido sexual respecto del objeto y su pérdida, el ataque al vínculo de esa pareja sexual por el divorcio, comportarán una  regresión narcisista de la libido que va a sobre investir el vínculo con los hijos. La libido sexual, desligada de su componente narcisista ligado a la pareja amorosa, puede desplazarse entonces al vínculo con los hijos mediante formas de influencia o de seducción. Desde esta perspectiva se podrá comprender las dificultades respecto a la tuición de los hijos. Siendo estos en parte los representantes del objeto perdido y de la unión sexual de los padres.

Duelo difícil de la pareja amorosa

El conflicto de odio que puede aparecer alrededor de la separación es provocado por fuerzas afectivas reprimidas, ligadas a las posiciones infantiles de cada partenaire frente a la pareja parental sexual de la infancia. La ruptura del vínculo (marcada jurídicamente como definitiva) hace aumentar el desligamiento de los afectos y representaciones mantenidos hasta ahora en los pactos de alianza y la pareja amorosa fundadora de los vínculos de pareja.

La regresión se opera sobre la base de una repetición inconsciente ligada al pasado edípico y al contenido trans-generacional, guardando las huellas de separaciones imposibles o violentas.  La culpabilidad inconsciente, ante el ataque de la pareja amorosa conyugal por el divorcio, y su pérdida, va a hacer surgir un fantasma de mala pareja sexual (depositaria de los sentimientos reprimidos de celos y de exclusión de la infancia) que llevará las huellas de un superyó cruel, haciendo difícil la separación. Esa mala pareja fantasmada va a vengarse a través del superyó de la pareja parental narcisista idealizada. Cada partenaire se siente excluido de la pareja sexual perdida. Frente a este retorno de lo reprimido, cada uno puede, mediante sus comportamientos y actitudes hacia el antiguo partenaire y los hijos, expresar afectos muy regresivos y agresivos. Por otra parte podemos constatar en la clínica las recaídas de esos conflictos conscientes e inconscientes sobre los vínculos con los abuelos y con los amigos cercanos. Nuestra escucha recaerá entonces sobre las huellas inconscientes de la culpabilidad ligadas a la mala pareja amorosa inconsciente en los lazos familiares.

La sexualización de los vínculos de la pareja enamorada era un garante contra las regresiones edípicas y las alianzas arcaicas de tipo simbiótico, o de influencia narcisista, ligadas a la pareja de nuestros padres.  Cuando ese pacto sexual y amoroso se rompe, lo que resurge es la ambivalencia afectiva ligada a la regresión infantil de la libido ante la pareja parental sexual de la infancia.

Es la pulsión sexual la que liga las pulsiones eróticas y agresivas y que protege de la ambivalencia ligada al narcisismo en la relación de objeto. La pérdida del deseo sexual provoca una regresión de la libido hacia el narcisismo y exige una reorganización de las representaciones del vínculo de pareja y del vínculo con los hijos desde una modalidad de-sexualizada.

Esta de-sexualización debe proteger a los hijos de las regresiones edípicas o narcisistas de los padres que se expresan ya sea en figuras incestuosas de seducción o bien en proyecciones arcaicas, idealización u odio persecutorio.  La problemática edípica de los padres, si está resuelta, garantiza la re -ligazón  de los afectos en los vínculos de los padres con los hijos. El conflicto agresivo o depresivo ligado a la pérdida, y entonces reprimido, y la libido sexual, se dirigen hacia nuevos objetos de amor. Desde cierto punto de vista, la pareja parental puede coexistir, puesto que el duelo por la pareja enamorada pudo hacerse y él continúa en el inconsciente de los partenaires apuntalando a la pareja parental en su versión de-sexualizada.

 

Desplazamiento en los hijos: desamparo y fantasmas

Cuando la regresión lo acarrea, los hijos son tomados en esa proyección odiosa de los padres hacia la pareja enamorada que ellos han conformado. La demanda de apuntalamiento narcisista de los padres, desplazada en los hijos, va a favorecer en estos ya sea la sumisión alienante a las imágenes arcaicas de malos padres o bien, producen identificación con el agresor desde la modalidad sádica o masoquista.  Estas proyecciones traban la elaboración de la agresividad de los niños ante sus angustias de pérdida de los vínculos familiares continentes y la pérdida de la pareja parental protectora.  Para los hijos, la pérdida de la pareja sexual enamorada de los padres es un daño a su narcisismo ya que ella es la base, el origen de su existencia. Además era una garantía contra los deseos incestuosos y las regresiones narcisistas de tonalidad posesiva.

Para los padres, los hijos son fuente de placer narcisista de continuidad de ellos mismos, de proyección de un ideal reparador de las heridas de la infancia.  En el inconsciente reprimido, ellos también son rivales potenciales frente a la vida y a los abuelos. Son investidos de un futuro y de una libertad. Los hijos apuntalan al mismo tiempo a la pareja y son apuntalados por ella. Agentes de ligazón entre los partenaires que se rencuentran en la imagen de sus hijos y vuelven a encontrar en ella a su cónyuge. Ellos también son un vínculo potente entre las generaciones. El divorcio de los padres también supone la separación parcial respecto a los hijos. Los conflictos se desplazarán de la pareja a la custodia de los hijos.  La separación va a implicar compartir este tesoro, reserva narcisista poderosa contra el desamparo por la pérdida de amor del objeto y del vínculo sexual. Pero los hijos- en una potente paradoja- siguen, a pesar del deseo de los padres de separarse, encarnando su lazo afectivo y sexual pasado. Eso, inconscientemente puede violentar a los padres, incapaces de elaborar la ambivalencia de sus sentimientos y el desamparo infantil frente a la pérdida del objeto y del vínculo de pareja.   Si se produce la desligazón amor –odio, la proyección amenaza el antiguo objeto amoroso y la pareja enamorada misma que debe desaparecer-pero también permanecer en tanto  objeto malo que canaliza el odio y la destrucción, así como impide la depresión.  El hijo es entonces el objeto, por desplazamiento, de esa proyección y de esa ambivalencia. Él es el representante del objeto malo (abandonado, abandonante) y el depositario del narcisismo herido. Nos enfrentaremos pues a una confusión de las representaciones y de los niveles trans- generacionales.  Los celos infantiles desligados, se expresan de manera desplazada sobre el antiguo partenaire o sobre los hijos, siendo estos los que han mantenido vínculos privilegiados con ambos padres.

En el a-posteriori del divorcio, por el hecho de la crisis familiar alrededor de él, el paso al acto y la regresión, en los hijos adolescentes, serán la expresión de un desamparo no formulado y un poderoso mecanismo de defensa frente al conflicto y a la desligazón de los afectos y de las representaciones no elaboradas.   Para resolver el conflicto posterior al divorcio, se les ofrecerán varias salidas a los padres:

El odio reprimido, ligado a la pareja conyugal sexual inconsciente de los padres, se desencadena contra la pareja parental actual. Los hijos, prisioneros de las proyecciones parentales, son vividos como portadores de la persecución o de la reparación imposible. De hecho, ellos son descuartizados entre dos narcisismos heridos.   En el caso de separaciones problemáticas, encontramos fantasmas reprimidos por la unión y el ideal de la pareja,  que van a resurgir con toda la violencia del odio infantil ante la impotencia y la separación: -fantasma de rapto de hijos; fantasma de un hijo para sí, que tiene como función colmar el narcisismo herido por la pérdida del objeto y amenazado por el odio proyectivo; - actitudes paradojales de los padres y de los hijos se entenderán como reacciones de angustia ante la regresión incestuosa o  la persecución. El hijo viene a ocupar inconscientemente el lugar del partenaire perdido; -actitudes de seducción o de rechazo habrá que comprenderlas como defensa contra la pérdida de apuntalamiento edípico. – En otros casos, la repetición inconsciente de antiguos conflictos va a producir escenas destructivas y un cortejo de síntomas que hacen un llamado a una continencia tercera y al emplazamiento de nuevos límites.

Habrá necesidad entonces de un marco judicial, de un tercero superyoico protector contra las violencias actuadas y las regresiones que ponen en peligro a los hijos.  Por cierto que un tercero jurídico será la última protección para restaurar los interdictos estructuradores y canalizar la desligazón.  Este tercero estructurador, interdictor y canalizador del odio proyectivo, tendrá el rol para el aparato psíquico familiar de un superyó continente, de abuelos protectores de una historia y de un deseo de continuidad de los vínculos (vínculos de filiación, orden genealógico) permitiendo el mantenimiento de los lazos de ambos padres con los hijos. Él podrá rehabilitar la verdad de la antigua pareja enamorada.

En el momento del divorcio, una falla viene a introducirse en el apuntalamiento edípico. Padres e hijos ya no estarán unidos en la misma representación de compartir con la pareja enamorada.    Nosotros hacemos la hipótesis que este ataque al vínculo de pareja conyugal que el divorcio produce es vivido en el inconsciente de la pareja como un tabú que vuelve a despertar una culpabilidad inconsciente enorme cuya consecuencia son actuaciones violentas, descompensaciones, clivajes en los antiguos partenaires. El odio infantil desligado, desplazado, puede actuar sobre los vínculos con los hijos, representantes inconscientes de la ligazón perdida de los padres.

Un trabajo de duelo y de re-ligazón de los afectos y de las representaciones alrededor de la pareja amorosa de los padres, será el eje terapéutico fundamental para los hijos y los padres, cuando es posible sostenerlos, en alternancia con sus hijos.

El impacto de la pérdida de la pareja enamorada de los padres tendrá una repercusión importante en la capacidad de los adolescentes y jóvenes adultos para conquistar una sexualidad adulta armoniosa y una pareja estable.

 

Bibliografía

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-2012, “El amor en la adolescencia”, Conferencia en Temps Fort- Lille (Publicación en curso).

 

 

 

 
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