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El emergente de la ciencia o la ciencia del emergente

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El emergente de la ciencia o la ciencia del emergente

30 de Mayo de 2014                                                          Leonardo Montecchi

 

Y él me dijo: “¡Vuélvete! ¿Qué haces?

Mira a Farinata que allí erguido

Lo verás entero de la cintura arriba.

Había ya fijado mi vista en su mirada

Y él se erguía con el pecho y con la frente

Como teniendo al infierno en gran desprecio.

La Divina Comedia –Canto X ; 31-36

 

Hace 20 años, Armando Bauleo escribía en el prefacio del texto Cambiar: el modelo operativo del Sert de Rimini

“Se creó una Escuela de Prevención para formar operadores en el difícil ámbito de la prevención y de la psico-higiene. Emergente de la experiencia, la Escuela simboliza la necesidad de organizar un cuerpo conceptual y las posibilidades de una transmisión, con el fin de que las prácticas no sean simples anécdotas. Intentaré enfrentar el argumento del emergente desde el punto de vista de la escuela, es decir como una elaboración de la experiencia que no sea de simple nominación anecdótica pero tampoco una evidencia basada en estudios controlados o un meta- análisis. Es otro método.

En el centro de esta comunicación está el concepto de emergente, que no nace previo al fenómeno o mejor dicho, al hecho. Hay hechos, acontecimientos, eventos que no son emergentes y otros que lo son. Podemos entonces considerar emergente a un tipo particular de hecho o acontecimiento. Desde este modo de proceder sigo las dos primeras propuestas del Tractus de Wittgwnstein, filósofo que Armando Bauleo estudiaba, también por su amistad con Aldo Gargani, quien varias veces fue invitado a dictar seminarios en el Instituto Internacional de Psicología Social de Venecia. Dice Wittgenstein:

1.   El mundo es aquello que acontece

1.1. El mundo es la totalidad de los hechos, y no de las cosas

Es así que la ‘totalidad’ de los hechos, de los acontecimientos, constituye el mundo y, para volver al emergente, este es antes que nada un acontecimiento, un evento.  Digo acontecimiento porque el emergente acontece o ha acontecido en el mundo, pertenece pues a la dimensión de la experiencia, no es un flatus vocis, una emisión de hálito, un signo privado de referente. Tiene una realidad propia que es independiente del nombre, como dice Justiniano: “Nomina sunt consequentia rerum”. Es decir, primero viene el hálito luego, el concepto.     Si el emergente es un hecho, no es una cosa pero, siempre citando a Wittgenstein: “El subsistir de un estado de cosas, porque para la cosa es esencial la relación de un estado de cosas. Por lo tanto, ¿Por qué subsiste cierto estado de cosas y no otro? En otras palabras, ¿Qué hace que en un momento dado, en un mundo, ocurra un evento y no otro? Esta pregunta nos ubica en la dimensión de la causalidad, o sea en la concatenación de eventos. Ahora, dejando de lado tres de las cuatro causas de la concepción aristotélica, nos concentraremos en la cuarta, es decir, la causa eficiente.  Por causa eficiente se entiende aquello que ha producido el evento. En este caso tenemos que aislar dos eventos, el primero, que llamaremos causa y el segundo, que llamaremos efecto. Ambos eventos estarían ligados por un nexo causal para el cual el primero sería antecedente y el segundo, consecuente.  Esta relación causal es una implicación necesaria.

Massimo Bonfantini, en su apólogo sobre las tres inferencias de Peirce, pone en escena un hombre paleolítico, al que llama Petrus. Petrus está quieto pensando, mientras que afuera de su caverna, llueve. “Llueve-Observa” “y el terreno se moja”. Estos dos eventos están conectados en una ley que necesariamente los liga en un si-entonces. “Si llueve, entonces el terreno se moja”, o sea, la lluvia produce el terreno mojado.   Un evento, (la lluvia), produce otro evento, (el terreno mojado). Pero ambos eventos parecen implicarse recíprocamente, es por eso que, cuando Petrus ve que empieza a llover, comprende que el terreno se mojará, es decir está en grado de formular una premisa vía la ley de la causalidad. Sin embargo, como nos cuenta con agudeza Bonfantini, una mañana Petrus ve el terreno mojado y, consciente de la ley causal, apuesta las pieles reunidas, que durante la noche hubo lluvia, pero desafortunadamente para él, pierde todo, porque el evento antecedente no fue una lluvia sino una manada de elefantes que, luego de haber bebido en el río, orinaron en el terreno, mojándolo. En otras palabras, nos dice Peirce, no siempre un evento consecuente está ligado a un único otro evento antecedente ni deviene necesariamente su única causa eficiente, sino que el evento puede ser producido por una serie de causas de las que es posible hipotetizar una. Pero esta hipótesis no es suficiente para establecer el verdadero nexo causal. Para ello es necesaria una investigación que confirmaría o desmentiría la hipótesis planteada. En consecuencia, un evento es un hecho ocurrido en un lugar preciso, en un tiempo preciso.  Por lo tanto, si un evento aparece: el florero que cae, deberá haber otro antecedente que lo causa- en el sentido de producirlo- un choque, un tropiezo.   El florero se mueve porque se le aplicó una fuerza que lo movió. Este es el famoso principio de inercia, de la mecánica de Galileo. Un cuerpo mantiene su propio estado de quietud o de movimiento rectilíneo uniforme, hasta que una fuerza actúe sobre él.  No obstante este principio, que está a la base de determinismo y del mecanicismo, el nexo necesario causa-efecto, que para Isaac Newton es una ley natural, es negado por David Hume, quien contesta radicalmente que entre dos eventos, A y B, de los cuales uno antecede y el otro le sigue, se puede instaurar un nexo causal necesario. Para él, la frecuencia de la asociación no define su necesidad, como hemos visto en la inferencia de Peirce. Que el terreno se moje cuando llueve, no significa necesariamente que cada vez que encontremos el terreno mojado, haya llovido previamente, porque pueden haber pasado los elefantes, etc.

Para Hume, los nexos entre los eventos se constituyen sobre la base de costumbres. No existe un principio de uniformidad en la naturaleza que se haga cargo de considerar inmutables ciertos nexos asociativos muy frecuentes.    Es así que Hume de-construye el nexo causa-efecto como hecho real y muestra de él su aspecto de hábito, imaginario. De esta forma Peirce anticipa, cuando sostiene que la costumbre asociativa es uno de los modos mediante los cuales se fija la creencia. Así como Kant despertó del sueño dogmático, de la misma manera el pensamiento escéptico de Hume nos puede servir para salir del materialismo mecanicista, que considera los eventos de forma separada y los inserta en una concatenación determinista de causa-efecto que parece un elemento de la realidad, cuando, en cambio, no logra comprender la complejidad del evento. La causalidad lineal mecánica no toma en cuenta el contexto, puesto que aísla los eventos y los concatena como antecedente y consecuente según una sucesión de instantes a lo largo de una línea. La complicación se inicia cuando se toman en consideración eventos que no pertenecen al plano físico o bien el ámbito del evento se amplía a las reacciones químicas.

Stuart Mills, en 1843, escribe en su System of logic, que un conjunto de causas físicas se suman en el efecto que se obtiene. Por esta razón él habla de sistema homopático. Pero si tomamos en cuenta los reactores químicos como la causa de un efecto, es decir lo producido por la reacción química, nos damos cuenta que el resultado no está dado por la suma de las partes que componen la reacción.  Hay un plus que no se encuentra en los reactores iniciales. Mills habla, a propósito de esto, de efecto heteropático, que modifica cualitativamente las leyes que rigen el cuerpo en cuestión. Pero las leyes del idealismo ya habían afrontado esta cuestión con el concepto de totalidad. La totalidad es más, y a veces menos, que la suma de las partes. La introducción del concepto de totalidad nos permite salir de la idea de causalidad lineal y entrar en la dimensión de la retroacción de los efectos sobre las causas que los han producido. En otras palabras, debemos distinguir dos grandes corrientes que atraviesan el pensamiento en relación al tema del evento: el materialismo y el idealismo. Para el materialismo, el evento es externo al sujeto, pertenece a la dimensión de la realidad y está sometido a las leyes de la causalidad. No es así para Hume. Para el idealismo en cambio, el evento es puramente mental, es un modo peculiar del espíritu en su proceso de desarrollo. Aquí la causalidad es circular, en el sentido que los efectos pueden retro-actuar sobre las causas. Estas dos líneas de pensamiento encuentran su propio límite en el análisis del emergente.

¿Qué entendemos por emergente?

Si pasamos de los hechos químicos, de los que hemos hablado, a la biología, la complejidad se apodera de nosotros. Charles Darwin demostró que la naturaleza no es estática sino que, en el curso del tiempo, sufre procesos de cambio, que él llama evolución. Durante esta evolución natural aparecieron los vegetales, luego los animales, que a su vez sufrieron procesos evolutivos, y así sucesivamente. Pareciera el descubrimiento de la evolución de la materia, pero en este materialismo es imposible aplicar la causalidad lineal. Por ejemplo, la aparición del hombre   no se explica con un nexo causa-efecto, así como la aparición de la mente, de la consciencia, de la consciencia de la consciencia o autoconsciencia. De estos procesos evolutivos entendidos como “saltos cualitativos”, solo se puede hablar si nos salimos de la lógica formal aristotélica, basada en los principios de identidad, no contradicción y de tercero excluido. Al interior de la lógica formal no es posible entender cómo emerge el ser humano de una naturaleza que no lo contiene en ninguna de sus partes. Por esta razón hay hipótesis de intervención exterior, del Creador hasta el monolito alienígena de 2001, odisea del espacio. Emergente es, por lo tanto, un evento cuya causalidad no es lineal y que aparece en un momento preciso, en determinada situación, cuyos elementos, tomados por separado y sumados, no dan cuenta de este emergente que define la situación total agregando un plus que previamente no estaba. En otras palabras, el emergente no puede ser comprendido partiendo de los elementos que componen la situación de la cual emerge, sino que, partiendo del emergente se entienden los elementos de la situación. Marx escribe, en la introducción a la crítica de la economía política, de 1857: “La anatomía del hombre nos dará una clave para la anatomía de los simios. Los indicios de una forma superior que hay en las especies animales inferiores pueden comprenderse solo si esa forma superior ya es conocida”. Marx y Engels introducen la dialéctica en el materialismo y, sobre todo, esclarecen la ley de la transformación de la cantidad en cualidad atribuyendo un valor positivo a la contradicción. Escribe Engels en el AntiDuring:

“(…) casi en toda la química y ya en los diversos óxidos del azoe, en los distintos ácidos oxigenados del fósforo y del azufre, se puede ver cómo “la cantidad se convierte en cualidad”, y cómo, esta pretendida y confusa idea de Hegel puede, por decirlo así, verificarse en las cosas y en los fenómenos, sin que sin embargo nadie quede confundido y nublado, excepto During.”

Este texto de 1878 retoma el principio de causalidad heteropática, como decía Mills, y lo incorpora al interior de una visión dialéctica que da cuenta cómo puede emerger algo nuevo, imprevisto, desde una serie de elementos, en determinada situación.

El materialismo dialéctico comenzó su desarrollo independientemente de otras visiones del mundo, porque sus fundadores lo elaboraron como resultado de la lucha de clases al interior de la teoría, como decía Althusser. Es por esto que el pensamiento académico lo combatió constantemente.

El debate sobre cómo surge lo nuevo se desplaza, a fines del siglo, de la biología a la sociología y de esta, a la política. Por ejemplo: ¿la sociedad capitalista actual es la forma definitiva que ha asumido la vida del hombre, por lo cual la historia ha terminado? ¿O se prevé otra forma que debería realizarse? Y esta nueva sociedad ¿surgirá de la antigua naturalmente, o será necesario un “forzamiento subjetivo” para que nazca? A propósito de esto, Gramsci escribe:

“Es necesario implantar exactamente el problema de la previsión de los acontecimientos históricos para ser capaces de criticar exhaustivamente la concepción de la causalidad mecánica y reducirla a puro mito, que quizás fue útil en el pasado, en un período atrasado del desarrollo de algunos grupos sociales subalternos. El materialismo histórico y la filosofía de Benedetto Croce”.

Por lo tanto, el tema sobre qué es un emergente vuelve a la física, con el descubrimiento del campo electromagnético, las ecuaciones de Maxwell y la fuerza de Lorenz.  En este caso los fenómenos surgen desde un campo de fuerzas.  Georg Cantor introduce en las matemáticas el concepto de conjunto, que no es simplemente la suma de las partes que lo componen. En este marco, en los años 20 en Inglaterra, nace el primer emergentismo con el libro de Charles Lloyd Morgan, La evolución emergente.  Aquí, Morgan muestra cómo durante la evolución aparecen fenómenos nuevos e imprevistos, en relación al conocimiento de los estados evolutivos previos. Estos fenómenos, como la vida y la mente, no tienen nada de sobrenatural, pero no pueden deducirse de los componentes de los conjuntos a los que están asociados.

Morgan se refiere al efecto heteropático de Mills y no hace referencia alguna a la dialéctica y a la ley de la cantidad que se transforma en cualidad. También Henri Bergson se había interesado en la evolución, antes que los emergentistas, y a propósito de la aparición de la vida, del ser humano, de la mente y de todos los otros elementos que surgen de improviso de un estado evolutivo. Habla de evolución creadora.    Dice Bergson: “Cada día, bajo nuestros ojos, las formas más elevadas de la vida surgen de una forma muy elemental. La experiencia demuestra pues, que lo más complejo ha podido nacer de lo más simple, por la vía evolutiva”. La evolución creadora (Cap.1)

Pero, para explicar la emergencia de la complejidad desde lo simple, postula la existencia de un élan vital que pareciera poseer un estatuto ontológico propio, más allá de la materia. Sin embargo, el emergentismo británico aplicado a la evolución, se acompaña de la idea de campo psicológico, que Kurt Lewin retoma del campo electromagnético y de la idea de la psicología de la Gestalt, respecto a que un comportamiento surge desde un campo, así como la figura emerge de un fondo.

Llegamos así a los años 50, cuando Pichon-Rivière aplica el concepto de emergente a la psicopatología y define al paciente como emergente de su grupo familiar. ¿Qué significa esta afirmación?  Significa que lo que surge como síntoma en el campo individual es el resultado de una serie de interacciones de un campo más amplio, como sería el familiar.  El que surjan alucinaciones auditivas y visuales en una persona, no puede comprenderse con un mecanismo de causalidad lineal, tampoco es explicable desde las situaciones familiares previas. Aparece de improviso, surge y define una nueva situación para el campo al que pertenece.

El filósofo Charles Broad, en 1925, había precisado el pensamiento de Morgan, diciendo que los fenómenos retro-actúan causalmente en los sistemas a los que están asociados.  Esta cualidad no deducible e imprevisible es característica de los fenómenos con propiedad emergente.  Los estudios sobre la no linealidad de los fenómenos que llevarán a la teoría del caos, están a la base del concepto de comportamiento emergente.

Percy Bridgman, el físico norteamericano, famoso por su operacionismo, escribe en 1927:  “El comportamiento emergente de un sistema se debe a la no linealidad. De hecho, las propiedades de un sistema lineal son aditivas: el efecto de un conjunto de elementos es la suma de los efectos considerados separadamente, y en el conjunto no aparecen nuevas propiedades que ya no estuviesen presentes en los elementos singulares.  Pero si ahí existen elementos combinados, que dependen unos de otros, entonces el conjunto es distinto a la suma de las partes y aparecen en él efectos nuevos”.  P. Bridgman, The of Modern Physics. The MacMillan Company, N.York, 1927. Como vemos, Pichon aplica el concepto de emergente a la psicopatología y a la teoría de los grupos. Esta aplicación implica una mutación de la concepción determinista de la ciencia, encontrada en el psicoanálisis. De hecho, Pichon no funda una escuela de psicoanálisis, sino una escuela de Psicología Social. Por esta razón él cita a los autores norteamericanos, tales como Cooley y sobre todo George Mead, quien titula su capítulo “Mente, Sí mismo y sociedad”: la creatividad del sí mismo emergente. Es así como otra corriente confluye en el concepto de emergente elaborado por Pichon-Rivière, es la del interaccionismo simbólico, que concibe la mente como un fenómeno emergente.  Pero en la concepción de Pichon-Rivière, el emergente es también “la cantidad que se convierte en cualidad” del materialismo dialéctico.  José Bleger trabajó en este tema. Armando Bauleo me contó innumerables veces cómo Bleger y él tradujeron a George Politzer y, en el hermoso prólogo de la primera edición italiana de Simbiosis y ambigüedad, Bauleo recordaba la luz que se filtraba en su gabinete mientras trabajaban juntos. Otro autor que confluyó en la síntesis pichoniana del emergente es Henri Lefèvre y su materialismo dialéctico anti-dogmático. Bauleo, en su profundización del concepto de emergente, en Ideología grupo y familia, cita a Stephen Pepper y su texto World hypothesis: a sutdy in evidence, Berkley (CA), 1942, en el que el filósofo norteamericano precisa las 4 hipótesis del mundo:

1) El formismo, para el que existen entidades mentales que maduran sin la contribución del ambiente;

2) El mecanicismo, que ve los estímulos exteriores como causa del crecimiento individual;

3) El organicismo, para el cual el individuo construye por sí mismo su desarrollo  en interacción con el ambiente;

4) El contextualismo, que considera organismo y ambiente como elementos inseparables de una única totalidad.

El emergente, en la concepción operativa de grupo, se incluye evidentemente en la hipótesis contextualista. En ese texto, Bauleo cita también los aportes de la antropología de parte de Nadel. “La emergencia es pues, el resultado de una síntesis: es creadora de novedad, de una actualidad o de una nueva propiedad de una especia inexistente antes de la emergencia, y esta cualidad o propiedad nueva tiene eficacia causal y modifica el ulterior curso de los acontecimientos.

Lineamientos de antropología social.

Es así que Bauleo aporta novedad al concepto de emergente. En primer lugar aclara que emergente no se confunde con portavoz, indicando entonces una serie de interrogantes que se refieren al método clínico y de investigación y al estatuto epistemológico de la concepción operativa de grupo. El tema se vuelve central para la actividad del Centro de Investigación Internacional en Psicología Social y de Grupo. El CIR ha desarrollado sus investigaciones en los años 80 y ha elaborado el concepto de emergente para recoger el material, los datos de las investigaciones. Se elaboró un documento en el que se precisaba cómo recoger los emergentes de un grupo: en un primer emergente, uno central y uno final.

Un lindo artículo de Horacio Foladori, aparecido en el nro. 3 de la revista Ilusión Grupal, precisa la problemática relativa al emergente, citando también la posición de Gear y Liendo quienes, en su psicoterapia de la pareja y del grupo familiar, consideran el emergente en el grupo como la resultante de 5 presiones o fuerzas:

1) La presión lateral sintáctica de los miembros del grupo;

2) La presión vertical de la historia individual;

3) La presión que proviene de la tarea;

4) La presión del coordinador;

5) La presión del afuera, es decir de los ámbitos institucionales y comunitarios. Yo agregaría también lo global en el que el grupo está inserto.

Como vemos, vuelve el tema del emergente en un campo como un evento no rutinario, que aparece-como decía Bauleo- y puede dar sentido a la situación. Esta elaboración surge cuando el emergentismo británico es olvidado y el concepto de emergente es abandonado en el debate filosófico y epistemológico. No obstante, los estudios sobre los procesos no lineales aumentan, así como aumenta el interés hacia la auto-organización y la aparición imprevista e impredecible de formas nuevas. La meteorología es un estudio interesante sobre este tema. Es justamente en esta disciplina donde, tratando de prever el funcionamiento del tiempo, se descubrió que pequeñas variaciones pueden alterar el clima de manera imprevista.

Edward Lorenz habló sobre este efecto en un artículo de 1963, que luego se volvió proverbial, con el título de una de sus conferencias de 1972: “¿Puede, el aleteo de una mariposa en Brasil provocar un tornado en Texas?”. Se trata del famoso efecto mariposa, que nos transporta del determinismo a la teoría del caos. Los objetos de estudio del clima devienen fenómenos auto-organizados; por ejemplo, el vuelo de una bandada de pájaros y las formas consiguientes, o la dirección que toma un enjambre de abejas.

Todos estos estudios remiten a la idea de totalidad y causalidad no lineal.  Nace así un segundo emergentismo ligado a la cibernética y a la teoría de los sistemas. En particular quiero hablar de la inteligencia artificial. En los años 90, coordiné un grupo de investigación en el campo de la inteligencia artificial. Trabajamos para construir un sistema experto para diagnosis tipológica de la toxico-dependencia. Partiendo de lo que hemos llamado lógica de la diagnosis operativa del SERT de Rimini.  Este trabajo está contenido en el volumen Cambiar: el modelo operativo del SERT de Rimini, de cuyo prefacio inicié esta reflexión. El sistema se concentra en la diagnosis a través de un procedimiento de inferencia, que es descrito en el texto por Gianpaolo Proni. Nos concentramos sobre todo en ese procedimiento que Peirce llama abducción o hipótesis. Es decir, el caso o el evento que se presenta a la observación no subyace a una causalidad lineal por la cual, si está presente “esto”, entonces aplicando la regla que se ha establecido en las observaciones previas y constituyó una base de datos, será necesariamente “eso”, porque el nexo causal de la casuística es inferido desde la costumbre y, sobre todo, no contempla lo imprevisible.  La hipótesis puede referirse a una hipótesis improbable pero no imposible, así como el hecho que el terreno se moje por los elefantes y no por la lluvia, y necesita una estrategia operativa para confirmarla o desmentirla. Pero esta lógica del ‘si…entonces’, existe en una dimensión cognitivista o simbolista de la inteligencia artificial. Para esta teoría, la mente funciona como una máquina de Turing, o sea, como un cálculo simbólico de algoritmos cuya forma está dada por el árbol de Porfirio. Desde nuestra experiencia, esta concepción se detiene ante la contradicción. Para la lógica formal, el elemento de novedad debe forzosamente incluirse al interior de una categorización preexistente, un repertorio que sin embargo, por muy amplio que sea, no puede agotar en absoluto la complejidad. Respecto a esto, es ejemplificador el estudio de Umberto Eco sobre el ornitorrinco, el animalito que surge-hay que decirlo- como una novedad que contradice las clasificaciones previas. Por esta razón, la lógica de la diagnosis operativa aplicando el materialismo dialéctico atribuye –como dice Ludovico Gaymonat -: “ (…) una nueva y singularísima función, la contradicción existente entre momentos diversos del devenir, al considerarla como un nexo que, de dos momentos contradictorios entre sí, hace surgir un nuevo momento que, ubicándose en un plano más elevado, elimina los aspectos contradictorios de los dos momentos precedentes”. L. Geymonat, Actualidad del materialismo dialéctico. Con esta lógica hemos encontrado las redes neurales y el conexionismo.  Las redes no forman conexiones jerárquicas. Las neuronas tienen la posibilidad de comunicar con todos, no existen redes o centros que controlan la periferia. Cada centro es una periferia y cada periferia es un centro. Ahí no hay niveles jerárquicos que filtran las informaciones, los conocimientos son imaginarizados en una serie de nudos conectados entre sí, que pueden mutar. No existe una correspondencia anatómica con los centros de la red.  Si un centro es destruido, el conocimiento distribuido crea otro. Así, un caso o una situación que centralice el conocimiento acumulado, un evento imprevisto no lleva a la red a una repetición automática de todas las combinaciones que no logran clasificar el evento, sino que registra el evento como un elemento nuevo de base, para ampliar el área del conocimiento. Tal como lo hace el equipo que utiliza una epistemología convergente para aplicar distintos conocimientos disciplinarios al caso emergente desconocido. Esta investigación nos ha ubicado en el nuevo emergentismo que precisó el concepto de emergente al interior de un tipo de epistemología de la complejidad. En este sentido Edgar Morin, en el libro primero del método, publicado en 1977, retoma el tema de la emergencia y del emergente, y escribe: “La emergencia es una nueva cualidad respecto a los constituyentes del sistema. Tiene entonces el estatuto de evento, puesto que surge de manera discontinua una vez que el sistema se ha constituido, tiene naturalmente el carácter de irreductibilidad, es una cualidad que no se deja descomponer y que no puede deducirse de los elementos anteriores”. Cap. 2 La organización, III La unidad compleja organizada. El todo y las partes. La emergencia y los vínculos.

Volvamos entonces al emergente y a su ciencia. Se trata de entender cuál es la conexión entre los eventos para organizar –como nos dijo Bauleo- “un cuerpo conceptual y las posibilidades de transmisión, con el propósito de que las prácticas no sean simples anécdotas”.

Imagino ahora un grupo de investigación: nos hemos reunido desde hace tiempo, con cierta frecuencia. Una persona empieza a hablar del concepto de emergente. Algunas preguntas de alguien, luego un silencio. Enseguida breves discursos, precisiones o divagaciones, relatos sin un tema preciso, asociaciones. Se escucha que afuera está por llover. Se levanta un poco de viento. Nadie señala el clima exterior. Se sigue hablando. De improviso, un evento: la ventana de la habitación, que quizás no fue bien cerrada, se abre de par en par y entra al grupo una ráfaga de viento. La conversación se detiene. Hay un silencio. Alguien, inquieto, después de un rato dice: “Sabes que estaba pensando en ***” y dice el nombre de su maestro, muerto desde hace un tiempo, que había sido mencionado en la información.  Todos se miran. Alguien está conmovido hasta las lágrimas. Otro hojea nerviosamente las páginas de un libro. Otra, mira la ventana abierta. Alguien más dice: “¿No era él quien decía que el emergente era cualquier elemento a partir del cual la situación adquiere sentido?”. Otro interviene: “Hablábamos entre nosotros y se abrió la ventana con un golpe de viento”.  ¡Un emergente!  -pero fue él quien dijo que había entrado un fantasma-  Ya, pero todos lo pensaban ¿no es cierto?  Algunos asienten. Pero la causa de la ventana que se abre es el viento y el viento, por cierto que no es un fantasma. El viento es el movimiento del aire atmosférico…Pero tú estás hablando de mecánica; el viento sopla es la causa, la ventana se abre, he ahí el efecto. Pero eso no explica por qué nos hemos sentido tocados por la palabra fantasma, que no tiene que ver con la mecánica. ¡Claro!, tiene más que ver con la “onírica”  ¡Ah, qué simpático!

El hecho es que el evento apertura de la ventana, resonó en otro plano, no solo en el plano mecánico, por lo menos para mí, pero me parece que también para los demás el sentido de la apertura de la ventana no fue solo un asunto de cuerpos, con seguridad había otra cosa.  Es verdad, la apertura de la ventana es una apertura de la ventana. Pero esta ventana que se abre en ese momento particular, tiene un efecto incorpóreo. Ya no es una cuestión de cuerpos. Quizás quieres decir que si hay un efecto incorpóreo también hay una causa incorpórea. Parece que Deleuze tenía razón cuando hablaba de doble causalidad y de casi causa. Sí, pero él nos hace volver no solo a Hume sino también a los estoicos. Y entonces, ¿qué hacen? ¿comenzar con los mil planos y el cuerpo sin órganos? ¡Y por qué no! Pero me pregunto, es evidente que la ventana que se abrió nos conmovió. Por lo tanto, su efecto no fue solo físico- en lo que Bleger llama “campo ambiental”-sino que también se dio en el “campo psicológico”.  Y luego, cuando tú dijiste “parece que entró un fantasma”, el efecto también se manifestó en el “campo de consciencia”. Nos pareció evidente en quien estábamos pensando y tú le diste palabra a este fantasma común, cuando dijiste: “sabes que estaba pensando en ***”, asumiste el rol de portavoz, como dice Pichon. Pero entonces, ¿emergente y portavoz no son lo mismo?  Claro que no. El portavoz es un caso particular de emergente. Pero, con esta dialéctica y este materialismo blegeriano, me estás confundiendo.

Gran confusión bajo el cielo. La situación es excelente.

 
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