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Vidas que se imaginan a sí mismas

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7 de Octubre de 2014                                                                        Leonardo Montecchi

 

Trabajar con los jóvenes es trabajar con los contextos.

Iniciemos preguntándonos ¿Qué significa ser jóvenes?

Quien casualmente leerá estas consideraciones se ubicará más acá o más allá de la barrera que define al joven y al adulto. Comencemos pues desde esta barrera. Comúnmente se piensa que el joven se está volviendo adulto y que el adulto ya “se habría vuelto”, es decir, ya habría completado el crecimiento. Este proceso está claro para los animales: pollito, pollo, gallo o gallina. El animal se ha vuelto lo que estaba en potencia en el huevo. Pero, para el ser humano la situación es más compleja porque bajo ciertos aspectos el crecimiento no termina nunca. El ser humano es incumplido, y yo me lo figuro cada vez más como en las aprisionadas, esculpidas por Miguel Ángel. Esas estatuas incumplidas que salen de la materia, formas que aparecen y desaparecen, movimientos continuos como las formas en la continuidad del espacio que Boccioni intentó capturar en el bronce. Por lo tanto no puedo ubicarme desde el punto de vista del adulto porque la adultez no es sino una forma de la ideología dominante, como sostiene Georges Lapassade (1). Luego recuerdo que en determinado período circulaba en el movimiento una afirmación: “No escuchen a aquellos que tengan más de treinta años”. No sé quién pudo decirlo o escribirlo, pero me parecía pertinente porque en ese entonces el que tenía más de treinta años se había comprometido con la guerra, odiaba el rock, el Pop y todos los movimientos. Se vestía como adulto y odiaba el pelo largo y las minifaldas. En otras palabras, más elegantes, se identificaba con el Super-yo   y ponía al yo a su servicio. Por esta razón, no escuchar a los que tenían más de treinta años significaba actuar como Pinocho (3), darle de martillazos al grillo parlante y seguir el propio camino. Todo esto fue llamado –por los que tenían más de treinta años- rebelión edípica. Los hijos que se rebelan rechazan la ley del padre hasta hacer estallar el orden simbólico dominante con la práctica de la imaginación al poder. ¿Por qué rechazar la ley del padre? ¿Por qué demoler el orden simbólico? Si esto lo hace un individuo, se vuelve una línea de fuga, una des-territorialidad (2) que subvierte el orden familiar, social, institucional y comunitario y deviene un flujo de codificados que agujerea lo semiótico dominante con la fuerza de un proyectil. Pero estas vidas que se imaginan a sí mismas y siguen los flujos de la producción deseante, se impulsan demasiado y no tienen la capacidad de ser comprendidas, quizás algunos artistas como Rimbaud, Campana, los de vanguardia, lograron transcribir algunas formas de un nuevo código semiótico de una ley sin padre, de un ser humano incumplido.

Más que estas han sido las segundas vanguardias, Ginzberg, Burroughs, Corso, ya habían percibido que “The times are a-changing”, como cantaba Bob Dylan, y cuando la explosión se ha vuelto colectiva ya no habrá esperanza. Ya no era el singular esquizofrénico, el genial Artaud de la situación, en oponerse a la ley del padre. Eran multitudes en todo el mundo, desde Japón a México, Desde Berkley a Pretoria, desde valle Giulia al barrio latino, desde Pekín a Praga. Cuando la onda partía desde la plaza de las Tres Culturas en México y llegaba hasta Rimini, siempre alta, había que tener los años requeridos para cabalgarla y sentir su fuerza y la potencia del cambio. ¿Qué tenían que ver los jóvenes y los viejos? Por cierto que no era un problema de registro civil. Basta con ver a Ungaretti en la oposición del festival de cine de Venecia.

Entonces, ¿Qué significa aquí este discurso? Como siempre, significa estar en sintonía con la onda, con el movimiento. Estamos asistiendo a un período de “llamado al orden”. Se dice que el 68, la globalización, el capitalismo, han destruido los valores.

Se elevan grandes lamentos para recordar de varias maneras los tiempos pasados, los periódicos, los libros. En general, los multi-media se llenan de elogios hacia los tiempos pasados.  Son viejos que añoran su niñez, cuando eran pequeños, o qué lindo era el pequeño mundo antiguo…Idioteces a las que no valdría la pena volver, a no ser por el hecho que estas nostalgias del pasado, ligadas desde siempre al pensamiento conservador, vuelvan ahora transfiguradas por los filósofos de izquierda, tales como Slavoy Zizek [5] y, en la versión italiana, por psicoanalistas como Massimo Recalcati [4] ¿Qué dicen? Me concentraré más en el pensamiento de Recalcati y en lo que él llama complejo de Telémaco que en estos tiempos sustituiría al complejo de Edipo.

De hecho, mientras el Edipo del sesenta y ocho se rebela contra el padre y lo mata, como en el mito, y luego se encuentra sin ley, practicando el incesto con su madre, Telémaco no tiene la fuerza para desatar la ley del padre, está invadido por los proci y espera el retorno de Ulises. Por lo tanto, no quiere matar al padre sino que activamente quiere su retorno para desafiar su ley. Para Recalcati la condición de “joven” hoy estaría visiblemente representada por Telémaco, que espera en la playa el retorno de Ulises.  Pero esta imagen –bajo una nueva forma- me parece la reposición de una ideología superada. Así como en los años 20 algunos artistas después de Dada volvieron a lo figurativo. Veamos más en detalle. Es verdad que la combinación dispuesta de las exigencias de los flujos del capital y la producción deseante han de-construido las barreras que existían en el planeta. Todo límite ha sido superado. Las comunidades, los estados, las naciones, las formas familiares y sociales, incluso el individuo y su cuerpo, la diferencia sexual, la manera de nacer, la forma de las relaciones. Cada limitación ha sido sacada. Lo que puede hacerse técnicamente se hace. ¿Esto es un mal? ¿Por qué? Quizás porque el conjunto de los significantes ya no se cierra con un significante principal. Tal como decía Lacan (8) “El significante que da significado a todo y ordena el caos”. Ese significante vacío, que él llamaba el falo, instituía la ley, cuya aceptación se ligaba a la aceptación del gran Otro, que no somos nosotros sino el conjunto de reglas de la comunicación.

Pero, yo pienso que este Otro generalizado-como lo llamaba Georges Mead o Super Yo, como lo llamaba Freud, no sería un tótem. Es decir, no creo que la ley provenga de un Sinaí, cualquiera sea la forma que ella tenga: voz externa al sujeto, escritura sobre tablas, etc., ella no es la materialización de un “espíritu” trascendente, cualquiera que este sea. Se trata en cambio del código del grupo social que desde lo implícito se hace explícito, nada de trascendente, el código no es la escritura de la voz de dios, sino el hecho de volverse explícito desde el conjunto de reglas que el grupo ha producido. Tomar conciencia de esto significa darse cuenta que no hay inmutabilidad en la ley y que cualquier relación entre un signo y un referente que configura un código simbólico, es absolutamente arbitraria, como nos dice Peirce (7) y es un producto de la comunidad que utiliza ese código.

No es el código el que produce la comunidad sino que es la comunidad la que produce el código.

Dicho lo cual se puede comprender que yo estoy convencido que habría una dinámica social que no está representada por un conflicto jóvenes/adultos sino por un conflicto entre un espacio instituyente y un espacio instituido de la sociedad, como decía René Lourau (14).

A menudo los conservadores confunden la institución con el aspecto instituido, hecho que los lleva a pensar que el “movimiento” está en contra de la institución. Este pensamiento es retomado especularmente por quien piensa que la verdadera fuerza del movimiento sería la de no dejarse enjaular por las instituciones y así se produce una “guerra permanente” que se basa en el equívoco de lo que sería una institución.

Una institución es un proceso permanente y dialéctico entre un aspecto instituido y uno instituyente.

Pensemos como ejemplo el mito freudiano de Totem y tabú [8]. En él Freud nos habla de un posible agrupamiento primitivo de seres humanos, descrito por Darwin, en el que el jefe posee para sí a todas las mujeres y aleja a los competidores. Mantiene el poder por la fuerza. De hecho, cuando se vuelve débil es derrotado y otro toma su lugar y asume el rol de mando del grupo. Este es un código social instituido. El relato mítico de Freud hipotetiza luego –como es sabido- la posibilidad de una coalición entre hermanos que llevaría al asesinato del padre, quien habría de ser devorado, instituyéndose así otra forma de organización social: La horda. La institución sería entonces la dialéctica entre el tirano y la horda.

Para Freud, la ley del padre volvería a instituirse bajo la forma de ley del tótem, es decir la voz del padre asesinado escuchada colectivamente, expresión del sentimiento de culpa y también de un deseo de orden, se volvería ley.

Es así como nacería el simbólico que-como intenté decir- no es otra cosa que la explicitación de las reglas de convivencia que ese grupo se ha dado.  Cuando las reglas se instituyen, ese instituido hace nacer un nuevo instituyente. Si esta dinámica se pierde la sociedad se institucionaliza y entonces la finalidad de las relaciones sociales ya no es el bien común sino la reproducción de lo instituido y de las relaciones de poder.

Volviendo a nosotros, el padre y su ley ha representado en occidente, pero no únicamente, sino dondequiera que hubiese sociedades basadas en el poder del padre, una forma instituida de relaciones sociales que producía una fuerza instituyente que no encontró nunca la fuerza para instituirse. Dicho de paso, el padre es una invención. Ha habido sociedades que no conocían al padre como rol social, sociedades que no conectaban el nacimiento de los hijos con la sexualidad, como ha mostrado Malinowski (13). Esto significa que la paternidad no es un acto natural, sino que es una función social que ha cambiado en el curso de la historia y que es distinta según las culturas del planeta. Entonces, ¿Por qué estos actos de lamentación por la desaparición de este padre autoritario, ‘hincha pelotas’, que sería la ley ya dispersa cuyo retorno se esperaría del mar, para echar a los proci y reponer el antiguo poder?

Un conjunto de nostalgias masoquistas.

El problema actual es completamente otro.

Podría representarlo de esta manera: la velocidad de cambio e interconexión de las partes separadas del planeta ha aumentado enormemente en los últimos 20 años. Este proceso muy complejo ha sido llamado globalización. Proceso que incluye una mutación antropológica radical. Ya Pier Paolo Pasolini, en los años 70, hablaba de mutación antropológica (9), de la desaparición del sub-proletariado de origen campesino y el advenimiento de una mentalidad pequeño burguesa dominante. Él hablaba de los dialectos sustituidos por el italiano de la televisión, pero se refería a Italia.

La globalización interesa a todo el planeta y produce nuevas subjetividades que no se adaptan a nacer, vivir y morir en el mismo territorio. La existencia de otro espacio, que antes ha sido mostrado en el cine, luego en la radio y la televisión, ha podido ser accesible por internet, por lo menos para un avatar, y esta posibilidad ha fortalecido el deseo de fuga desde un territorio avaro y ya estratificado por el poder, hacia un espacio imaginario en el que se proyecta el ideal del yo que sostiene el estado de conciencia modificado del migrante. Porque solo en un estado de trance (11) uno puede soportar los sufrimientos de atravesar el desierto, tirarse arriba de un bote inflable, ver morir a sus semejantes y pensar en desembarcar en una playa para prender nuevamente el celular, conectarse con los amigos de Estocolmo y obtener información de cómo encontrar un internet point para mandar informaciones a la red familiar y de amistades. Esta nueva humanidad des-territorializada, que se está dando bajo nuestros ojos, también está hecha de migrantes desde la propia familia, des- territorialidad: ‘¡arréglatelas!’, secesiones de los valores dominantes de competición y responsabilidad en busca de cooperación y solidaridad, cerrándose quizás al mundo circundante y viviendo como avatar, en el ciberespacio. Esta migración es la cifra de la modernidad, todos somos migrantes, inestables, precarios, sin puntos de referencia. En este sentido todos vivimos un “ver sacrum”, no solo los jóvenes por debajo de los 20 años.

En otras palabras, estamos obligados a migrar para encontrar un nuevo espacio, una nueva sociabilidad, un nuevo estar común, un nuevo código que necesariamente deberá comprender a todo el planeta. Ante esta migración multitudinaria el poder instituido de esta imaginaria “Sociedad de los adultos” está obsesionado por el control. Debe recodificar y volver a territorializar y, en consecuencia, entrar en los mundos de la vida prescribiendo comportamientos “adecuados” y castigando aquellos “equivocados”…

¿Cuáles son los comportamientos adecuados?   Aquellos que no crean problemas al status quo, los que no molestan a quienes mandan, los que no piensan y obedecen las órdenes. Por lo tanto, si la red permite el acceso a cualquier información en tiempo real, el problema para el poder no es “darnos a todos la posibilidad de acceder” reduciendo a cero el digital divide. No, la discusión se centra en cómo reconocer la información adecuada de la que no lo es, la verdadera de la falsa y así sucesivamente. Hasta llegar a proponer una censura de la red o un pedido de intérpretes “autorizados”.  ¿Autorizados por quién? ¿Quién debería decir esto está bien o esto está mal?

Recuerdo que la reforma protestante se acompañó de la invención de la imprenta de caracteres móviles, que llevó a la difusión de la Biblia en alemán hecha por Lutero. La interpretación de la Biblia ya no estaba ligada al clero. Era libre.

Un debate sobre la información en internet recuerda ese antiguo pero siempre actual problema de la libertad.

Los jóvenes son siempre los que deben ser tutelados de interpretaciones erróneas, de modo que el acceso al poder es simplemente un poder de censura de una clase de burócratas que se sostiene y mantiene en la ignorancia ajena.

Creo que Prometeo era joven cuando robó el fuego a los dioses para donarlo a los hombres. Es esto lo que siempre debemos hacer, cuidando de ‘no darle perlas a los cerdos’.  Es decir, ese fuego de conocimiento debe llegar ahí donde hay el deseo de conocer y de aprender. Es esto lo que se espera de una institución o de quien tiene la capacidad de comprender el timing para dosificar la información.

Porque es este el problema, este es el conflicto central de nuestra contemporaneidad: por una parte está la posibilidad de acceder al ciberespacio y a toda la información circulante, por otra parte no existe el ciber-time, por lo tanto- como dice Bifo (10)- no hay tiempo para leer y elaborar toda esta información.

Más bien son los tiempos en que domina una bulimia informativa que de ningún modo permite la elaboración de las informaciones. Esta falta de elaboración se plasma en acciones sin pensamiento, que constituyen la cifra de lo contemporáneo. Este es el verdadero problema que pareciera insoluble pero, a la vez, es la clave para acceder a una nueva forma de socialidad.

En el pasado estaba la familia en primer lugar y luego el grupo de amigos, ambos ayudaban a constituir el espacio afectivo que permitía la elaboración de las informaciones que llegaban del exterior y la posibilidad de transformarlas en un esquema conceptual, referencial y operativo personal. Ahora bien, como hemos dicho, el exceso de información proveniente del exterior o de ese interior/exterior-que son los multimedia- no tiene un contenedor cognitivo-afectivo adecuado para que esto pueda ser elaborado/digerido. Se dice que un niño ha aprendido más palabras de una máquina –del televisor- que de la propia madre. Este cambio lleva a la reducción del espacio del pensamiento, las informaciones no llegan a constituir un esquema conceptual y operativo personal, basado en la experiencia, sino que son actuadas así, sin intermediario, sin pensamiento. Actuaciones psicopáticas. Pero, si no existe el ciber-time para el individuo, existe el grupo, existe entonces la posibilidad de que un grupo o más grupos puedan elaborar las informaciones y apropiarse de ellas (12). Es este el pasaje importante y necesario: promover, favorecer, ayudar en la producción y la multiplicación de pequeños grupos que se toman su tiempo para pensar, para elaborar las informaciones y hacerlas propias creativamente. Estoy hablando de grupos reales, que también puedan partir desde encuentros virtuales pero que luego tienen necesidad de verse, de tocarse, de poner en juego los cuerpos alrededor de una tarea de aprendizaje o de juego. O de cura (15). Estos encuentros y estas peregrinaciones desde lo virtual a lo real y viceversa, son el aspecto creativo de la situación actual, y es en estos pasajes donde se inserta el control bio-político. De hecho, el poder busca de muchas maneras controlar lo que adviene: todo debe ser recodificado según un código de dominio prescrito por los algoritmos del capital (18) que tienen como objetivo la acumulación y no el bien común.

Por ejemplo, si una persona de 19 años pasa 8/10 horas de su tiempo navegando en la red, para jugar, construir relaciones, imaginar otras realidades, es decir, emplea el tiempo para sí mismo, se empieza a hablar de psicopatología, de dependencia de la red y así sucesivamente.  En realidad, lo que se teme es malgastar el tiempo, la dépense, como decía Bataille (16). En esta sociedad el tiempo no puede ser “malgastado”, debe ser vendido, para lo cual una agencia o un algoritmo bajo una forma cualquiera, convencerá a la persona de vender 8/10 horas de su tiempo a un call center de una multinacional en la que su tiempo alienado servirá para aumentar la red de relaciones, de falsas amistades, de dicha multinacional. En este caso nadie hablará de dependencia ni de psicopatología, todo calza y entra en la forma de control bio-político.

Nuevamente, se trata de promover usos para sí mismo y unir entre sí estas islas de la red que están fuera del control (17) porque así y solo así se trabaja para construir una comunidad futura y no para volver a proponer nostálgicamente realidades superadas o leyes de padres autoritarios que afortunadamente pertenecen al pasado.

Si no nos orientamos hacia el futuro corremos el riesgo del fundamentalismo, de la propuesta de vínculos comunitarios de territorio y de sangre bajo la forma de folklore-cuando todo va bien-o de enfermedad mental colectiva como forma de resistencia al cambio, acompañada de violencia e intolerancia.

En cambio, el horizonte está hecho de grupos operativos que pasan de lo virtual a lo real, trabajando alrededor de tareas que se han ido dando y utilizando un método de recombinación, o sea, mezclando elementos de distintas culturas, de distintas ideologías sin por eso yuxtaponerlos.

No se trata de favorecer eclecticismos o sincretismos de ningún tipo sino de permitir, mediante una forma de epistemología convergente, la emergencia creativa de las nuevas formas de socialidad y de vida común, para el momento actual del planeta.

 

BIBLIOGRAFIA

  1. Lapassade, G.; Il mito dell’adulto – Guaraldi
  2. Deleuze, G.; Guattari, F.  Millepiani – Utet
  3. Collodi, C.   Pinocchio
  4. Recalcati, M.;  Il complesso di Telemaco – Feltrinelli
  5. Zizek, S.; Organi senza corpo – La scuola di Pitagora
  6. Lacan, J.; Scritti - Einaudi
  7. Peirce, C.S.; Opere – Bompiani
  8. Freud S. ; Totem e Tabú –Boringhieri
  9. Pasolini, P.P.; Scritti corsari – Garzianti
  10. Bifo Berardi F.; Mutazione e cyberpunk –Costa&Nolan
  11. Montecchi, L.; Officine della dissociazione –Pitagora
  12. Montecchi, L. ; Varchi - Pitagora
  13. Malinowski, B. ; Il padre nelle psicologie primitive –Rizzoli
  14. Lourau, R. ; L’analyse institutionnelle – Editions de Minuit
  15. Bauleo, A. ; Psicanalisi e gruppalità – Borla
  16. Bataille, G. ; La parte maledetta – Bertoni
  17. Kelly, K. ; Out of control – Apogeo
  18. Pasquinelli, M. ; Gli algoritmi del capitale - Ombre corte
 
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