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El cuadrado de nueve puntos

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Franco  “Bifo” Berardi

25 Abril de 2006

¿Conocen ustedes la solución del problema del cuadrado de nueve puntos?

De esto habla Paul Watzklawicz en Change:

Casi todos los que buscan resolver este problema

introducen como parte de su solución una

hipótesis que, en cambio, hace imposible su solución.

La hipótesis es que los puntos formen un cuadrado

y que la solución deberá encontrarse adentro de

dicho cuadrado, una condición autoimpuesta que

por cierto no es entregada en las instrucciones.

La solución consiste en abandonar el campo. No

es lo mismo si nos consideramos fichas de un juego

cuyas reglas llaman realidad, o si los jugadores del

juego del que sabemos que las reglas son reales en

la medida en que las hemos establecido y aceptado”

(Watzklawicz-Weakland-Fish; Change. Sobre la formación y solución de los problemas; Astrolabio 197

 

1. Ni gobierno ni oposición

He esperado largamente antes de escribir este mensaje puesto que no me gusta ser identificado como anunciador de desgracias. Esto no corresponde ni a mi espíritu ni a mi intención. Hoy, dos semanas después, me permito compartir…mi opinión, mis previsiones y también mi propuesta.

El resultado de las elecciones políticas en Italia inaugura una situación en la que no solo será muy difícil gobernar para la mayoría de centro-izquierda, sino que será casi imposible hacer oposición social, ejercer una presión que le restituya al trabajo la utilidad y la renta que le ha sido sustraído en los últimos quince años (no solo en los últimos cinco). Incluso los aspectos más feos introducidos por la legislación pasada serán difíciles de remover.

¿Puede alguien creer que habrá fuerzas para trastocar la lógica de la ley 30? ¿Para borrar la infamia del CPT? ¿O que se puedan reducir los financiamientos a las escuelas privadas para restituir los recursos a la escuela pública y a la investigación? ¿O que estarán las condiciones para modificar el sistema comunicacional borrando la ley Gasparri e introduciendo el principio de la comunicación como derecho social? Aquí me detengo, pero si ustedes quieren, pueden continuar.

El problema no es que los números no existan en el Parlamento (que si bien son exiguos pero gracias a la cochinada de Carderoli podrían bastar). El punto es que la coalición de mafia luego de cinco años de gobierno (de ese gobierno), ha mantenido sus posiciones del 2001, mientras que en los otros países europeos quien gobierna pierde votos. En este sentido sería oportuno reconocer-por un problema de higiene mental y de realismo político- que la derecha ha construido una hegemonía cultural profunda y en consecuencia ganó sustancialmente las elecciones, aun cuando el centro-izquierda las ha ganado formalmente y por lo tanto tiene derecho a formar un gobierno e intentar gobernar.

La previsión es que la relación de fuerza social no hará posible una política (indispensable) de redistribución de la renta, de democratización del sistema de comunicación, de acogida e integración de los inmigrantes. Esta relación de fuerza es fruto de la sumisión a las políticas liberales que desde hace veinte años paralizan la iniciativa de la izquierda, y es fruto de decenios de dictadura mediática ante la cual la izquierda nunca ha movido un dedo, y de la cual incluso en varias ocasiones se ha hecho cómplice activa.

La fragilidad el gobierno Prodi es de tal magnitud, y la agresividad de la derecha está destinada a crecer (atentos a la plaza de derecha en los próximos meses, sobre todo en el noreste y en Roma), que no habrá espacio para una ofensiva social sobre la renta, ni habrá espacio para un traslado de recursos desde el monopolio televisivo hacia el circuito de comunicación social.

En suma, si no queremos que el gobierno Prodi se desmorone (con el que sigue) tendremos que calmarnos.

 

2. Un problema europeo

¿Y entonces?

Mi conclusión no es pesimista como el análisis. Al contrario, dado que no todo el mal llega para hacer daño, de esta debacle de la izquierda italiana podrá surgir un resultado extraordinariamente positivo si sabremos cambiar el escenario, saliendo del perímetro, tal como nos lo sugiere Watzklawicz.

Renunciar a una ofensiva social que podría hacer caer el frágil gobierno que hace de dique contra la inundación definitiva de la derecha italiana, más vale que sea canalizada en una dirección cien veces más apasionante: reabrir la cuestión constitucional europea que el No de los franceses y de los holandeses ha dejado en suspenso.

Es a Europa que el movimiento italiano debe plantear el problema de una regulación democrática del sistema comunicacional. Es a Europa que debe plantearse el problema de un salario de ciudadanía y de un mínimo salarial desde Timosoara a Liverpool. Son exigencias que el gobierno italiano ha instalado hace tiempo pero que no encontrarán respuesta alguna en el contexto italiano.

Desde hace tiempo hemos visto superponerse dos perspectivas, dos narraciones: por una parte la narración dominante es la del liberalismo infinito, la del Economist y del IMF. Este relato dice que hay que reformar, reformar, reformar, en el sentido que hay que reducir el costo del trabajo, aumentar el tiempo de vida laboral, incrementar la productividad, la competitividad, en una palabra, el aprovechamiento utilitario. Y cuanto más esta cura (a la que está sometido el planeta desde hace casi treinta años) produce devastación y miseria, tanto más habría que ser suministrada la misma cura.

Por otra parte hay, en cambio, una narración emergente, subterránea, implícita: la narración de un paradigma post-económico, el relato de una post-modernidad finalmente liberada de la obligación del crecimiento infinito, finalmente libre de plantearse el problema de la felicidad según parámetros que no sean solamente económicos.

 

3. Por una reescritura colectiva de la constitución europea como primera constitución post-económica

La creación de Europa hay que verla desde el punto de vista de demarcación y momento de elección entre estas dos narraciones.

La constitución europea ha sido rechazada porque la mayoría de la sociedad francesa y holandesa la sintieron como una reafirmación (quizás como una eternización) del paradigma economicista y liberal. Y por el momento no hay otra alternativa. Volver a iniciar la escritura de la Constitución europea significa construir dicha alternativa, a partir de un principio post-económico.

Tan solo un proceso que incluya millones de hombres y mujeres, y que vuelva a proponer los principios de la democracia moderna a la altura post-moderna de los problemas, puede escribir la Constitución europea.

La carta constitucional propuesta por el núcleo dirigente europeo (y rechazada por la opinión pública), volvía a proponer de maneras más o menos adecuadas, las soluciones políticas de la época moderna a problemas que la época moderna no conocía.

Las constituciones modernas no se plantearon nunca el problema de la televisión, porque cuando se escribieron no existía la comunicación electrónica. Tampoco se propusieron los problemas de gobernar la globalización porque cuando fueron escritas, la globalización no existía. No se plantearon el problema de la precarización porque no existían las tecnologías capaces de recombinar, seleccionar y poner a disposición de la sociedad ideas en este sentido: de una Italia deshecha puede nacer una Europa capaz de indicar una nueva perspectiva al mundo entero.

 
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