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¿Cómo coordinamos grupos?

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¿Cómo coordinamos grupos?

Graciela Jasiner

 

¿Cómo leemos lo grupal? ¿Cuál es la lógica de las intervenciones que cada uno de nosotros sostiene en sus prácticas? ¿De qué modos inventamos, producimos y sostenemos dispositivos grupales? ¿Cuáles son las marcas que nos convocan a ser coordinadores de grupos?

Saber de las marcas es permitir que la vida no se convierta en destino, porque las marcas de la historia de cada uno, en el mejor de los casos son estilo, si no serán destino.

Hay marcas que hacen causa, para que hayamos elegido demorarnos, “hacer pie”, como diría Heidegger, en esto de coordinar grupos. Coordinar grupos es una tarea compleja. Un coordinador no nace, “se hace “, y con trabajo.

Estoy planteando cuestiones que hacen a la formación del coordinador. Formación que, además de la adquisición de herramientas teóricas y recursos eficaces de trabajo, tendrá que transitar –seguramente- por un “trabajo” sobre sí mismo que permita a cada uno interrogar y conmover su propia posición. ‘Posición subjetiva’ de uno en la vida, posición al escuchar, al aprender y desde ya, al coordinar un grupo.

Sostengo entonces, que las intervenciones que se realizan coordinando un grupo tienen que ver fuertemente con estas ‘posiciones subjetivas’. Me preocupa hace tiempo, indagar lo que por ahora llamo “actitud del coordinador”. Muchos de nosotros acostumbramos a “enunciar” actualmente que el campo grupal es un campo complejo y problemático, pero ¿nos hemos detenido a indagar cuál es la “enunciación” que trasuntan nuestras palabras?

Tomo de Ana M. Fernández la idea de “actitud trans-disciplinaria”, modo que permitirá ver lo mismo de otros modos, sostener una tensión sin la compulsión a resolverla, anulando uno de los pares antinómicos y actitud de poder soportar la paradoja. Invitación a transitar la paradoja- que una y otra vez formulara Winnicott- no a resolverla.

Si todo recorrido por lo grupal es un laberinto de cruces enigmáticos, allí donde construimos un camino ‘seguro’, algo de la multiplicidad y lo incierto nos interroga de inmediato. En este sentido propongo recurrir a la idea de “paradoja” para abordar lo complejo y muchas veces contradictorio del Campo Grupal.

 

Los misterios de lo paradójico

“Vi al Aleph desde todos los puntos,

vi en el Aleph la Tierra,

y en la Tierra otra vez el Aleph

y en el Aleph la Tierra”

Jorge Luis Borges: “El Aleph”

El Aleph es un misterio que intranquiliza, es un infinito que a su vez está contenido en otro infinito, lo cual es paradójico. Remite a laberintos, enigmas y juego de espejos y, como toda paradoja, indica lo dilemático, lo no común.

La teoría sistémica estudia la paradoja en el circuito comunicacional de la familia del esquizofrénico: en el modelo del doble vínculo hay una incongruencia entre lenguaje y metalenguaje que genera paradojas en su lógica, por ejemplo: “Te ordeno que seas libre”. Ante la paradoja del paciente, el terapeuta sistémico propondrá una contra-paradoja terapéutica.

Etimológicamente paradoja (del griego paradoxos) quiere decir “contrario a la opinión común”. En este trabajo lo paradójico será usado como los caminos laberínticos, lo contradictorio y contrario a la opinión común. En una simultaneidad de contrarios, Alicia, de Lewis Carroll, crece empequeñeciéndose y empequeñece creciendo. Afirmación simultánea de dos sentidos, la paradoja destruye el sentido común, a la vez que el sentido único.

Propongo la figura de la paradoja para pensar algunas cuestiones de lo grupal, a la vez que paradoja como un modo de intervenir que pueda propiciar ciertos efectos. Resulta interesante en este sentido la propuesta de Pichon-Rivière de “aprender a pensar”, transformando el dilema en problema, ya que apunta epistémicamente a pensar unidades complejas en las cuales los términos antagónicos, contradictorios y alternativos pueden volverse complementarios. En el arte, ya el Surrealismo, corriente tan querida por Pichon, utilizaba elementos contradictorios en un mismo plano (Magritte). Si las paradojas son contrastes que no se asimilan, no se resuelven y, en cambio, se mantienen en una relación de tensión productiva, el pensamiento creador implicará siempre poder sostener algo del orden de lo paradójico, saliéndose de la lógica de “lo uno y lo otro” y dando cabida a lo heterogéneo, lo múltiple, lo diverso. La idea entonces, no es eliminar lo paradójico, sino abordarlo de modo tal que se convierta en un estímulo para pensar. Si algo produce asombro, que ese asombro devenga deseo de saber.

Los tiempos que corren

Vorágine de nuestros días. Universo de la visibilidad en que la Ciencia y la Tecnología prometen el dominio de lo real. Imperio del “Todo… y ya…”, de la falta de rituales y significantes sociales que propicien la tramitación de algún duelo posible. Trama masificada en que parecieran perderse las marcas, los trazos diferenciales de cada sujeto. Tensión permanente entre una tendencia a la masificación (globalización), al mismo tiempo que una fuerte tendencia al aislamiento y la fragmentación. Paradoja de nuestros tiempos, en que cuanto más se abre el presente, más se cierra el mundo. Universo de un tiempo circular, eterno, presente, de lugares que son “no-lugares”. Tiempos y espacios que parecieran no producir marcas en la Subjetividad. Tiempos en que los fundamentalismos aparecen como modos atroces de conseguir-aunque sea- una marca. El prototipo de nuestros días es-según Isidoro Vegh- Rambo: “muchas heridas en el cuerpo, pero nunca un gesto de dolor”. En fin, “Hay que esforzarse por no comprender enseguida (dice Lacan en el Seminario IV). Demorarnos-digo- allí donde tendríamos la tentación de precipitarnos.

Cuando hablo de preguntas no me refiero desde ya a una afirmación entre signos de interrogación, que espera una respuesta. Una pregunta no se responde, es lo que se trabaja. “La respuesta, dice Heidegger, es la desgracia de la pregunta”. El interrogante está a la espera de una contestación adecuada. La pregunta, en cambio, vacía, disloca, remite a una problemática que no se clausura.

La actitud del coordinador

Propongo que hay una cierta actitud del coordinador, en su posibilidad de demora, de encuentro con un vacío en su coraje de violentar el sentido común, en su posibilidad de soportar una tensión más que de conquistar una respuesta, o sea, en el animarse a sostener una paradoja que puede posibilitar la producción de una trama grupal, propiciatoria de anudamientos de subjetividades (“no hay nada peor que una existencia desanudada”). Redes grupales que permitan la producción de marcas singulares, bordeando el malestar, el vacío, la falta. O sea, no arrasar con el vacío, tal como se propone en el imaginario de nuestros días, sino bordearlo. Que la producción con otros resulte un homenaje a la pregunta, al vacío, y de ninguna manera su deceso.

La “actitud” en tanto posición y disposición del coordinador, se dirimirá seguramente en su relación con la Teoría, en el recorrido de su propia cura y en su relación ¿Por qué no? con las instituciones a las que pertenece.

Las intervenciones del coordinador

Pensar la subjetividad de nuestra época y ubicar la necesidad de que el coordinador esté atento a su propia posición subjetiva, nos conduce a la cuestión de las intervenciones del coordinador. Elucidar algunas de estas cuestiones permitirá desplegar el abanico de intervenciones. De lo contrario corremos el riesgo de ritualizar nuestras prácticas.

Pichon-Rivi}ere llamaba “unidad de trabajo” al trípode: existente-interpretación-emergente. Propongo sustituir la idea de interpretación por la de intervención ¿Cómo intervenimos? Se tratará de intervenciones que abran una disyunción, un agujero a un sentido consagrado, que abran el camino a un enigma, propiciando a la vez “ligaduras” subjetivas.

Proponía antes la paradoja como modo de escucha, y ¿por qué no, de intervención? La temática de las intervenciones del coordinador toma algo de la línea intervención-acción de los orígenes de lo grupal (la micro-sociología) y plantea un corrimiento de la interpretación como niña bonita, baluarte hegemónico de la operación psicoanalítica. Hablar de interpretación desde un marco más amplio que el clásico. Como reacción a este tipo de coordinación surgió un nuevo estilo en los últimos tiempos, que si bien tiene el valor de haber devuelto al grupo su protagonismo y de haber abandonado los lugares de certezas, a veces, entre un océano de preguntas, de infinitas esperas para no “violentar al grupo”, pareciera haber olvidado que el coordinador es un operador que interviene en el grupo, para propiciar que advengan condiciones de producción colectiva, pero que además-en tanto operador-deberá imprimir una direccionalidad a sus intervenciones. El coordinador de un grupo no dirige a los sujetos, pero sí dirige, conduce un proceso. Si bien proponemos un tipo de coordinación descentrada, corrida del lugar de liderazgo, que sostenga las condiciones de producción y descongele los sentidos cristalizados-usando una metáfora de Winnicott-: “el jinete debe montar el caballo y no ser arrastrado por este”.

El coordinador dirige un proceso grupal. Le otorga direccionalidad. Lo sepamos o no, las intervenciones que realizamos siempre operan en una dirección. Más vale entonces, comenzar a problematizar este tema para que el caballo no nos arrastre.

 

Bibliografía

Winnicott, D. –Realidad y juego – Ed. Garnica, Bs. Aires 1975;

Fernández A. M.- El Campo Grupal, notas para una genealogía –Ed. Nueva Visión, Bs.Aires, 1989;

Jasiner, G., Woronoswski M. –Para pensar a Pichon –Ed. Lugar Editorial, Bs. Aires, 1992;

Jasiner G. – La cura en los grupos: los caminos de una paradoja –Temas de Psicología Social –Ediciones Cinco, Agosto 1995;

Jasiner G. – Subjetividad y Duelos –Actualidad Psicológica;

Vegh Isidoro –Intervenciones en lo Real –Ed. Paidos, Bs. Aires.

 
Novedades Escuela
COMPLETAR FORMACIÓN COMO COORDINADORES GRUPALES

La Escuela de Psicología Grupal E. Pichon- Rivière hace un llamado a todas las personas que tengan interés en completar su formación como coordinadores grupales, a retomar dicho proceso enviando los siguientes datos al correo formacion@psicologiagrupal.cl

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