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Reflexiones sobre la transmisión intergeneracional y trans-generacional

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Reflexiones sobre la transmisión intergeneracional y trans-generacional

Simona Taccani

 

Reflexionar sobre lo intergeneracional y lo trans-generacional significa, a mi parecer, focalizar nuestra atención sobre la dualidad de la vida psíquica en la cual cada movimiento es procesal y está en equilibrio entre dos vertientes, una, el armonioso y constructivo vector de fantasmas, de pensamiento, de representaciones identitarias, de transmisiones vivificantes; la otra, aquella traumatizante y/o traumatizada, vector patológico de transmisiones en el que domina lo no representable, lo impensable, lo indecible, con su cohorte de secretos, de no dichos, de seudo- verdades mistificadoras  y pervertidoras.

Desde esta perspectiva los procesos intergeneracionales y trans-generacionales necesitan, para una comprensión clínica, de dos puntos de referencia esenciales: la ambigüedad y la tópica de los espacios psíquicos.

Ambos conceptos se completan mutuamente y se comprenden en referencia:

- Al interior y al exterior/al adentro y al afuera;

- Al antes y al después/ al pasado y al presente;

- Al Sí y al otro/ al narcisista y al objetal.

En su acepción más precisa, que es la más positiva, la ambigüedad designa la propiedad de aquello que reúne dos cualidades opuestas y participa de dos naturalezas distintas. Ambiguos son entonces los objetos, las representaciones y las relaciones que, en el origen y sustancialmente participan de dos naturalezas opuestas (no debemos olvidar la sombra que lleva a este término su acepción más común, que designa peyorativamente lo que es equívoco o dudoso) (Racamier, p.9).

A propósito de la topografía de los espacios psíquicos

Conocemos el espacio interno, el externo y el intermedio. A cada uno de ellos corresponde una realidad, “los dos primeros nos son familiares y son constantemente investidos”, el otro, intermedio, participa de las dos realidades, es ambiguo, polimorfo, es el lugar de la memoria o por lo menos, de una parte de ella, del juego, de la creatividad y de la creación artística, es el lugar de la inter-fantasmatización “ en la que los fantasmas individuales se intercambian y hacen escala en la vía de las relaciones de psiquis a psiquis, en el registro de lo inter-psíquico” (Racamier). Lo intergeneracional es la modalidad intersubjetiva de lo familiar, sea este nuclear o extenso.

Supone un intercambio actual entre generaciones, como sucede en el dispositivo de la terapia familiar o, en contextos bien diversos, en una fiesta de familia. La intersubjetividad generacional implica también – y esto a mi modo de ver es esencial – un estar juntos en el intercambio, no una síntesis sino una confrontación, no una fusión sino un cara a cara en la alteridad y en las diferencias. Lo trans-generacional  (de su prefijo latino trans, que indica a través, al otro lado, más allá), está asociado íntimamente con el sentido de pasaje y supone atravesamiento de espacios psíquicos, de tiempos históricos, de edades. En su sentido más amplio es precisamente esto: el proceso de transmisión a través de las generaciones, la trama y la escena inconsciente sobre lo cual se mueve, actúa y vive lo generacional. Constituye el fundamento de la herencia, ahí donde el heredero que, por un lado recibe herencias identitarias, de pertenencia, por otro, él mismo deviene actor en una línea generacional en la continuidad y en la transformación.

Desde la vertiente patológica de la transmisión trans-generacional, quisiera indicar algunas características esenciales. Lo trans-generacional patológico anula, en cierto sentido, lo posible que se va construyendo en la alteridad. La herencia deviene un vínculo constrictivo.

Lo trans-generacional en su vertiente patológica nos confronta con lo negativo, con la transmisión alienante e ineluctable que traspasa las generaciones y, segura de su superchería, constriñe al descendiente a una posición generacional obligada en la que la movilidad dialéctica del juego identitario está bloqueada, sin posibilidad alguna ni energía de transformación. Y esto nosotros lo constatamos cotidianamente en las constelaciones diversificadas de la clínica con las que nos confrontamos.

Como sabemos a través de Racamier, quien, en particular, ha sido el primero en describir la dinámica de lo recién mencionado… Designa un movimiento por el cual un antepasado, más o menos investido, más o menos mítico, pero dotado de significados particulares en la historia familiar, envía a uno o más descendientes de una o más generaciones (los así dichos “figurantes predestinados”): una herencia psíquica nefasta, un mensaje (códice), fantasmas (espectros), una maldición (destino, mal de ojo).

Cuerpo psíquico encapsulado y escindido (una hiel maléfica, una arma biológica), conglomerado de derivados pulsionales, afectos expulsados, degradados, fantasmas- no-fantasmas.

El movimiento (señalado, como decíamos, por el prefijo trans) de expulsión fuera de la psiquis de un sujeto ascendente en la línea generacional, debe estar dotado de una fuerza propulsiva intensa y violenta, en grado de sobrepasar los confines del espacio intra-individual de partida y de fracturar aquel hacia el cual esta especie de “cuerpo psíquico” (cuerpo como conglomerado de materia y energía psíquica bruta) está dirigido. Para que esta operación resulte, debe pues encontrar las condiciones idóneas a la llegada, descriptibles en numerosas configuraciones clínicas inherentes a la disfunción de los vínculos generacionales, intra e inter-generacionales, o sea, a la vulnerabilidad individual y familiar, en el preciso momento en que la familia está viva.

En otras palabras, esta operación de transporte psíquico trans-generacional “se logra” cuando supera y franquea los límites corpóreos y psíquicos de quien ha sido objeto de ello, cuyo equilibrio defensivo se encuentra en ese momento, por múltiples razones, en condiciones no suficientes como para afrontar el impacto de la expulsión. Discriminar tales condiciones en el dispositivo de trabajo, o sea en el encuadre que en esa situación se elige, es difícil pero, a la vez, premisa indispensable para la construcción de cualquiera intervención.

Eiguer se pregunta: “¿Cuál es la consistencia, la organización, la lógica de la realidad psíquica de la familia? ¿Qué vínculos establecer entre la realidad actual del grupo y lo que atraviesa cada uno en la singularidad de su historia y de su estructura?”

La aproximación clínico familiar es en muchas situaciones, por cierto no en todas, un instrumento analítico idóneo para dar respuesta a tales preguntas.

Con Gemma Pompei, en un trabajo reciente sobre la patología anoréxica en la adolescencia, hemos relevado cómo, en numerosos casos que hemos enfrentado (en diversos contextos, cuya constante es sin embargo siempre una orientación familiar), el síndrome anoréxico de la joven adolescencia se configura como una defensa ante un traumatismo-con frecuencia la muerte dramática e imprevista de un miembro de la fratria de uno de los padres) que atraviesa inter y trans-generacionalmente a los miembros de un grupo familiar. La pérdida –y los consiguientes movimientos anti- duelo – han anulado las capacidades de reorganización de la familia, superan las barreras generacionales, el espacio intermedio pierde consistencia y función.

Quisiera en fin aludir a los recursos terapéuticos. De lo que he intentado poner en evidencia está claro que los objetivos de fondo recaen sobre la temporalización y sobre la des-intrincación de los espacios inter-psíquicos, sobre la delimitación de límites y confines intra-subjetivos. Sencillo de decir-quizás- pero más complicado de hacer.

Viñeta clínica

“Yo, en mi familia soy un cuerpo extraño. Un cuerpo extraño que no se puede expulsar, pero del cual todos deben defenderse y yo me siento cargada de resentimiento”. Así me va repitiendo Giovanna, una mujer de 37 años, a lo largo de una secuencia de sesiones, con un largo recorrido de sufrimiento psíquico y de terapia a su haber.

Yo, siendo la última de una serie de terapeutas, la veo desde hace alrededor de un año, con sesiones semanales, cuya frecuencia he debido imponer. Ella hubiese querido un encuadre analítico intensivo a este respecto.

El tema del cuerpo extraño en el cuerpo familiar vuelve insistentemente, hasta cuando Giovanna me pide, de forma imperativa y apresurada, una sesión familiar: “la necesito, en este momento es vital, no puede negármela”. Consiento a esto, es complejo de organizar, pero lo logramos cuando regresa también el hermano segundo en nacer, quien vive en el extranjero, donde tiene una prestigiosa cátedra universitaria.

La familia está constituida así: el primogénito, predilecto e interlocutor privilegiado de la madre, el segundogénito, “la joya de la corona, tan bien criado porque creció fuera de la casa, en internado”, Giovanna la paciente, y por último, la menor, una hermana bastante más joven, “el fruto del último golpe y obra maestra de la hipocresía de mis padres, naturalmente cómo podían llamarla sino Chiara…”.

Llega el día de la sesión, llegan todos menos Giovanna. “Desde anoche a las 22 hrs. que tiene ataques continuos de vómito, ni siquiera logró telefonearle. No obstante nosotros vinimos”. Yo estoy “desplazada”, interdicta, un poco sorprendida y también muy curiosa. Los hago esperar y reflexiono (nunca como en esta ocasión lamento la no presencia del co-terapeuta), luego decido proceder con la sesión. La navegación es tranquila, colaboradora, normalmente defensiva, hasta que la madre, luego de mirar alrededor, intercambió una mirada significativa de entendimiento con el predilecto, se dirige a mí así: “Es casi bueno que Giovanna no se haya sentido bien, porque así puedo decirle que estoy convencida que es por mi causa que Giovanna haya tenido todos estos desastres, lo sabía desde siempre que, si fuese a tener una hija sería una tragedia”.  “Porque doctora, yo debo confesarle que por dos años, de los 13 a los 15, sufrí abusos sexuales repetidos de un tío, hermano de mi madre, que vivía con nosotros…”.

El neo-grupo de la sesión familiar-nos indica Evelyn Granjon, y también el neo-espacio (de su encuadre) –es lugar en el que lo intergeneracional y lo trans-generacional pueden interactuar menos destructivamente y en el que se pueden encontrar recorridos, conexiones y significados diversos. El encuadre familiar nos permite partir de la superficie, en la confrontación generacional en el aquí y ahora, es decir en un espacio y un tiempo garantizados por los terapeutas, y de la reconstrucción histórica del sufrimiento familiar. Partir de la superficie para alcanzar poco a poco los estratos soportados de lo indecible “nunca dicho”, de lo impensable “nunca pensado”. Así será posible el segundo tiempo del proceso terapéutico que se articula en el doble registro: * de un actual disponible por fin a la apertura de la palabra que comunica, del lenguaje que habla,  del discurso que liga y conecta; * de la reintroducción en el sistema circulatorio intra-individual  e intersubjetivo de la familia de fantasmas individuales e íntimos, que ahora pueden ser pensados, comunicados, compartidos.

La continuidad psíquica interrumpida por la violencia trans-generacional se reactiva y en la intersubjetividad familiar se puede iniciar y percibir la presencia de un área intermedia, lugar de intercambios psíquicos constructivos y creativos.

 

Bibliografía

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Balsamo M. (1994), L’altro che è in noi. Una riflessione sul transgenerazionale, en Interazioni, 1/1994, pp. 52-72.

Catarci P. (1994), Segreto, en Interazioni, 2/1994, pp. 156-158.

Cigoli V, Greco O., Segreto, en Interazioni, 2/1994, pp. 153-155.

Granjon E., Transmission intergenerationnelle et transmission transgenerationnelle, Congreso Internacional “¿Qué  psicoanálisis para la pareja y la familia?”, Nápoles 1-2-3, Diciembre, 2000.

Imber Black E. (1993), Secrets in Families and Family Therapy, Norton, New York.

Nicoló Corigliano A.M., Il transgenerazionale tra mito e segreto, en Interazioni, 1/ 1996, pp. 138-152.

P.C. Racamier, (1998), Vocabulaire de psychanalyse groupale et familiale. Editions du College de Psychanalyse Groupale et Familiale, Paris.

Pompei M.G. y Taccani S., L’anoressia come difesa contro un traumatismo familiare melanconico, en Interazioni, 16/2001.

Puget J., Wender L. (1992), la vie secrete des secrets, en Connexions, 60, 1992-2, pp.59-78.

Rouchy J.C., (1992), Receptacle d’un secret : jeux interdits, en Connexions, 60, 1992-2, 2, pp.89-105.

Zapparoli G.C. (1987), La psicosi e il segreto, Boringhieri, Torino.

 

  • Artículo extraído del texto Quale psicoanalisi per la famiglia? A cargo de Anna Maria Nicolò y Gemma Trapanese, Franco Angeli, Milán, 2005.

 

 
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