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LA REALIDAD Y LA INTERPRETACIÓN EN LOS GRUPOS DE FORMACIÓN

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LA REALIDAD Y LA INTERPRETACIÓN EN LOS GRUPOS DE FORMACIÓN

 

Por Maurice Netter

Revue Evolution psychiatrique XLI, 2, Paris

 

Así como nos hemos planteado la cuestión de saber lo que es la realidad en la cura analítica individual  a partir de la constatación que la interpretación resolutiva debe explorar los tres campos, del real, del imaginario y del simbólico, asimismo, después de haber estudiado la originalidad de la interpretación en los grupos de formación, la cuestión de la realidad sobre la cual el interpretador podrá apoyarse  requiere ser profundizada.

En efecto, el objetivo psicoanalítico frente a la demanda de una persona o de un grupo, consiste en permitir  a los individuos recuperar la parte de sí mismos  alienada en una red compleja de sobre -determinaciones que en todo momento corren el riesgo de confundirlos  y de engendrar sufrimientos estériles.

El movimiento apropiado a este trabajo parte de la formación de una ilusión grupal gracias a la puesta en juego de las transferencias hacia el monitor, los miembros, el grupo vivido como totalidad y, finalmente, lo ambiental.  Todos estos diferentes aspectos y elementos condensados en esta ilusión son los que deberán ser analizados por los miembros de estos grupos, ayudados por la interpretación del monitor.

El estudio de cierto número de relatos escritos de grupos me ha mostrado que las interpretaciones más dinámicas recaen sobre los clivajes operados por los individuos, con  el fin de proteger  por un lado, el ideal proyectado en la formación, y por el otro, la integridad de su propia persona.   En efecto,  ellos aspiran a extraer de la experiencia de grupo un plus de potencia y de saber  o  saber –hacer  que los ponen a resguardo de la angustia social, por lo menos en cuanto esperan de esa experiencia una mayor riqueza personal.   Por otra parte,  ellos resienten la obligación de pasar por otros para perfeccionarse, como si se tratara de desmembrarse con el fin  de llegar a ser miembros de un cuerpo más perfecto.  A nivel de sus representaciones inconscientes iniciales,  viven un conflicto entre el deseo de acercarse al Ideal y el temor que, para hacerlo, sea necesario perderse a sí mismo.  Este conflicto es tan intenso que se mantiene en un imaginario poco elaborado.  Cuanto más pueda ponerse en escena en el grupo bajo la forma de una ideología que habitualmente se resume en esto: “para funcionar eficazmente hay que ser todos iguales, ¡ay del que quisiera  diferenciarse!”,   puede ser reconocido mejor en sus diferentes modalidades proyectivas.  Los fantasmas e imágenes en las que se manifiestan y se ocultan el deseo y el miedo a una potencia acrecentada son entonces explorados y utilizados en el registro simbólico, que permite una mejor aprehensión de aquello de lo que se trata, es decir de la realidad del deseo y de la distancia entre el Yo (Moi) y su Ideal, que entonces se puede transformar en investidura de la maduración progresiva.

En cada etapa de la formación: elaboración de la ilusión, análisis de la ideología y de la angustia social, paso al funcionamiento simbólico,  la interpretación es del mismo tipo si es correcta, es decir indica la sobre determinación de un objeto real, soporte de la transferencia y de la resistencia.

¿De qué realidad se trata?  ¿Cómo evoluciona el sentimiento de esta realidad?

A estas dos preguntas yo quisiera aportar algunos elementos de respuesta.  Los separo para la claridad del tema; se entiende que son los diversos aspectos de un mismo proceso.

 

I.LAS REALIDADES EN PRESENCIA Y EN INTERACCION

1)  LAS PERSONAS

 

a) Puntos de vista físicos ;

 

La edad de los participantes juega un rol no despreciable en las representaciones y las puestas en escena que se constituyen en los grupos.  Los “jóvenes”, los “viejos”, el “niño mimado”, el “muchacho neura”, son ubicaciones, por cierto ampliamente sobre determinadas, pero que parten de realidades percibidas inmediatamente.

El sexo es la diferencia más visible entre los participantes, aun cuando esta diferencia es objeto de una negación tenaz.  Un grupo en el cual todos los participantes son del mismo sexo conocerá eventos específicos, incluso si allí encontramos fantasmas y procesos comunes a todos los grupos de formación.

El número de representantes de cada sexo puede tener influencia. Un grupo compuesto por dos mujeres y once hombres no pudo sobrepasar la representación-pantalla de la familia matriarcal; muchos elementos proyectivos no pudieron ser analizados, en parte a causa del espejismo que paradojalmente suscitaba esa realidad.

Se podría agregar la raza y el color de tal o cual miembro de un grupo.  El racismo se encuentra allí puesto en escena de manera específica y las reacciones de culpabilidad adquieren un cariz más concreto que en un grupo mono-racial, o por lo menos sin individuos cuya diferencia física se ve claramente.   Aquí las personas se disputarán respecto a un ideal de no-racismo que hace eco al deseo de no diferencia;  allí el comportamiento del otro (por ejemplo una ausencia anunciada) acarreará una culpabilidad  (que se expresará a través del olvido del anuncio de la ausencia,  siendo esta vivida como el efecto de una falta de cuidado  referida a alguien de otra raza).

El aspecto físico de las personas es lo que se ve.  La importancia de la visión es muy grande en la constitución del sentido de realidad así como en sus distorsiones.

 

b)      Los determinantes sociales :

Aun cuando las personas se presenten o no, siempre se termina sabiendo que este es médico, este otro, psicólogo o pedagogo, o religioso, etc.  Se llega a saber que tal está casado, que tal otro no.

Ya no se trata de lo que se ve, sino de lo que se sabe.  Un ingeniero, por ejemplo, se encuentra entre cinco ”psi”.   El se cree inferior respecto del conocimiento y de la competencia en materia de análisis psicológico o sociológico.  Los cinco protestan;  ellos ya no se reconocen oficialmente por causa de los problemas que se plantean en el grupo; sin embargo al que se  tildaba de ingenuo, llega a ser el soporte de la resistencia de tipo obsesivo que se pone en juego; se critica su deseo de eficacia pero a toda costa se quiere organizar la discusión de manera rígida.

La realidad profesional es usada para enmascarar la angustia de despersonalización que concierne a los participantes.  Se podrían citar otros ejemplos como el de la mujer casada, madre de familia, que fácilmente es considerada como la que quiere transmitir una educación rígida y de principios, cuando el conjunto de los participantes resiente la ausencia de juicio moral de parte del monitor como una inseguridad, una posibilidad de abandonarse a sus impulsos eróticos o agresivos, incluso perversos.

Si se sabe que el monitor es psiquiatra, el deseo y el temor a ser cuidados (analizados, disecados) aparecerán primero en el plano manifiesto, que si se sabe que él es sociólogo, en este caso, tratarán de obtener  datos acerca de la importancia de los roles, status, etc. o sobre la posible transformación de la sociedad a partir de pequeños grupos como el que se está experimentando.  Lo que se puede saber de la realidad social de cada uno colorea la vida del grupo, orientando el deseo de agradar y utilizando esta imagen para poner en escena la resistencia.

c)       La realidad psicológica :

Cada persona llega al grupo con todo lo que ella es, todo lo que ha vivido.  Hablando como Watzlawick (1972), se puede decir  que ella constituye un sistema abierto.  Por un lado, posee una estructura mental, en el sentido en que se describen estructuras psicóticas, neuróticas, perversas o indeterminadas (estados- límite de Bergeret, 1975), es decir que ella ha instalado en el curso de su desarrollo cierto estilo de relaciones entre sus diferentes instancias (Ello, Yo, Superyo).  Por otra parte, ella es más o menos capaz de entrar en relación con otras personas en situaciones diversas.  Llega con una expectativa, un temor, una representación más o menos precisa respecto de lo que va a suceder.  Ha elaborado ella misma un sentimiento de realidad que va a ser puesto a prueba en el curso del seminario.  Este sentimiento tiene raíces complejas, que Racamier (1962) enumera y explicita.   Las resumiré así :

-la estabilidad de la diferenciación espacial entre interior y exterior con el momento crucial del reconocimiento  del extraño en la angustia (Spitz, 1963), aquel que Le Guen llama el no-Madre;

- la experiencia de la continuidad y de la sucesión temporal que corresponde a la mayor o menor estabilización de la investidura libidinal;

- la acción sobre el exterior, el aprendizaje de que el objeto real es modificable por la acción y no por el pensamiento, mientras que el objeto fantasmático es modificable por el pensamiento y no por la acción;

Todo esto recorta la constitución y la evolución de la relación de objeto:  “La génesis del real se confunde en lo esencial con la génesis de la relación de objeto”.  Tal como el objeto, la realidad es percibida antes de existir de modo consciente y diferenciada.  Se puede agregar la importancia de la génesis del esquema corporal y de la imagen de sí mismo.

Todo ello desemboca en una mayor o menor flexibilidad del aparato psíquico en sus dos dimensiones: primero respecto del filtro de los estímulos a través del sistema para-excitación que llega a ser una suerte de piel psíquica que protege y al mismo tiempo acoge y permite intercambios; enseguida en cuanto a las “regresiones necesarias  para la re-adquisición de experiencias  corporales primarias que dan un renuevo de frescura en el contacto con las cosas”.

Agregaré un elemento que no es sino un aspecto del conjunto  que acabo de citar: la génesis de la relación entre el  Yo y su Ideal.  La experiencia del grupo de formación pondrá a prueba esta relación, y según tal persona domine la necesidad de satisfacer a cualquier precio un Ideal exigente, heredero de la Madre de la cual la separación no ha sido jamás verdaderamente  lograda, o al contrario, un Superyo  flexible, heredero del complejo de Edipo, que hace presente la realidad de otro, tendremos, ya sea la aparición posible de un líder más o menos mesiánico, encarnando la resistencia mediante la ideología y la uniformidad, ya sea un participante capaz de sentir esa necesidad de omnipotencia, pero también de alejarse de ella para analizarla; éste raramente será un líder, su resistencia se expresará más bien por la necesidad de calmar a los demás y de hacerse el “serio”.

d)       El origen material de la demanda de cada uno :

Una persona cuyo empleador le paga el seminario estará en otra disposición que aquella que viene por sí misma y que financia su participación.  La primera corre el riesgo de sentir más fuertemente que la segunda los efectos de la ansiedad persecutoria, es decir de desarrollar primero las resistencias en su participación de  la ilusión grupal, resistencias que pueden tomar aspecto caracterial o aspecto depresivo, según la naturaleza afectiva de su relación con su empleador;  ella puede desear oponérsele o/y satisfacerlo.  Entre estos dos extremos se encuentran personas que inscribiéndose ellas mismas en el grupo, pero en el marco de la formación permanente que financia, etc…

Es difícil poner en el tapete esta realidad puesto que harían falta interpretaciones individuales, pero puede ser tomada en cuenta alusivamente en el contexto de lo que se pone en escena en un momento o en otro.

2)  LA INSTITUCION ESPECIFICA DEL GRUPO DE DIAGNOSTICO

Para responder a la demanda de formación de múltiples orígenes, existe o se crea un organismo que  instala el seminario, convoca a las personas y recibe los honorarios. ¿De qué está hecha su realidad que va a servir de referencia tanto a los participantes como al monitor?

Se puede distinguir, para la comodidad del análisis, el ámbito material, histórico y social, es decir la historia del grupo que arrendó el local y que propuso el seminario.  Más o menos conscientemente las personas saben algo de este emplazamiento, aunque no fuese por la reputación del monitor o del organismo en cuestión.

a)      El ámbito material :

El local, a condición que permanezca igual a lo largo de todo el seminario, no tiene una importancia capital; sin embargo su disposición, sus muebles, mesas y sillas, siempre son utilizados como elementos para agenciar  la conversación manifiesta y, de ser necesario, servir a la resistencia en momentos de tensión.  Por ejemplo, se quiere sacar la mesa  para “estar más cerca”, o poner una (si es que no hay) para “llenar el vacío”.  La habitación puede recordar una clase, un salón de vacaciones, la oficina de un director, o al contrario, parecer llena de tejidos y con sillones.

Lo que rodea el local tiene a menudo una importancia mayor, sin duda porque no está directamente bajo los ojos durante la sesión y puede prestarse más fácilmente a proyecciones y sueños.   Según esté situado en un inmueble anónimo en el centro de una ciudad o en un lugar habitual para prácticas de formación en el campo, en un hotel o en una institución de salud o de enseñanza, proporciona un material diferente que sin duda se puede comparar a los restos diurnos de un sueño.

b)      El ámbito histórico y social :

El marco material debe su influencia principal a la manera en que hace presente a la “institución que lo rodea”, su historia y su imagen de marca.

Esto es particularmente chocante en momentos-claves, cuando las personas aspiran a formar un todo homogéneo incluyendo al monitor, y que al mismo tiempo  ellos   temen  perder allí bruscamente su identidad, su escala de valores e incluso su unidad corporal.  En consecuencia  proyectan su conflicto en la institución, utilizando lo que saben de su historia, de su fundación y de su imagen pública.  Esta institución que los ha reunido  parece exigirles la puesta en juego de aquello que “tienen de más bajo” y al mismo tiempo prohibirles esto mismo en nombre de la respetabilidad.  Viven entonces una fase maníaco-persecutoria de la cual no pueden salir más que haciendo el duelo de lo que esperaban como plus de potencia y de protección de parte de la misma institución.  Este trabajo de duelo es ampliamente ayudado por la interpretación y el retorno a la realidad que ella comporta.

Este proceso de reconstitución de la realidad va a ser objeto de la segunda parte de este estudio.

 

II. –   LA EVOLUCION DEL SENTIMIENTO DE REALIDAD Y LA INTERPRETACION

1)      LA INSTITUCION DEL GRUPO DE DIAGNOSTICO

Habiendo sido presentadas todas las realidades enumeradas en la primera parte, el grupo de diagnóstico se pone en marcha siendo establecido como institución por el monitor  y dictando las reglas de funcionamiento.  Anzieu (1971) llama a esto: instalación del garante simbólico.  La regla esencial es la de la unidad de acción: la palabra y su libertad a la que corresponde la abstinencia que llamaré activa de parte del monitor.  Abstinencia de cualquier relación otra con el grupo y cada uno de los participantes más que la de garantizar las reglas e interpretar la resistencia en la transferencia, lo cual es una verdadera acción, una participación efectiva a la vida del grupo.

El indica también las reglas de unidad de lugar y tiempo. El conjunto de estas reglas  “constituye un sistema operatorio dotado de una coherencia interna”.  Este sistema permitirá que el sentimiento de realidad se restaure progresivamente a lo largo de la evolución del grupo, en el curso del paso de un funcionamiento de tipo ideológico a un funcionamiento de tipo simbólico.

2)      LA RESTAURACION DEL SENTIMIENTO DE UNIDAD CORPORAL

A TRAVES DEL RETORNO AL ESPACIO REAL

El nacimiento de una ilusión compartida constituye el movimiento esencial de la primera parte de un grupo.  Esta ilusión es la puesta en escena de la demanda dirigida al grupo (omnipotencia, reforzamiento del sí mismo) y de la angustia social concomitante.   Tan solo la constitución de esta ilusión en un movimiento transferencial puede permitir, mediante su análisis, una reorganización de las defensas que cada uno ha puesto en juego contra la angustia social en su primera infancia.  P. Castoriadis-Aulagnier (1974) expresa así esta necesidad de la experiencia analítica: “El lugar que el analista llega a ocupar en la experiencia no es una creación  de esta última: tan solo da cuerpo a la ilusión, siempre presente en la psiquis, de poder reencontrar en la escena del real, otro que garantice la certitud de los enunciados por los cuales el sujeto se define y define su modelo de la realidad. Ilusión que es causa y no efecto de la transferencia; el efecto transferencial será hacer creer realizable esta ilusión en el tiempo de la experiencia” (p.8).

El deseo de formar un grupo homogéneo anima a los participantes a llegar al seminario. Cada uno desea cambiar introduciéndose en un cuerpo nuevo, el cuerpo de los que saben lo que hay en el hombre, su génesis, sus reglas de “buen” funcionamiento, el secreto de su vida y de su muerte.  El percibe a los otros como objetos extranjeros con los cuales se ve convocado a hacer cuerpo: son a la vez externos y destinados a ser internalizados.  El siente la mirada del monitor y su técnica, como destinadas a fragmentarlo con el fin de recomponer un conjunto nuevo.  Se ponen en escena más particularmente fantasmas y afectos que apuntan al cuerpo fragmentado, a la despersonalización, a  los objetos parciales internos y externos.  Los procesos y conflictos de identificación se dan inicialmente bajo el dominio de la proyección y de la idealización, constituyendo los dos ejes del clivaje: exterior/interior.

La elaboración de la ilusión grupal necesita algunas interpretaciones de este clivaje en la medida en que él se presenta como una resistencia a esta elaboración, es decir a la transferencia hacia un objeto importante, constituyendo a la vez una realidad concreta y un soporte de la demanda: la mayoría de las veces se  trata del monitor mismo o del grupo en su relación con el monitor.  En este último tiempo el monitor es excluido a menudo ya que es sentido como no-asimilable,  él no puede ser similar a los otros y fusionarse en la unidad soñada.

En el estudio de cierto número de protocolos de grupos, encontré dos actitudes opuestas de parte de los monitores:  - ya sea la afirmación de la realidad del tipo, “estoy aquí, participo como todos ustedes”, o también, “el monitor forma parte del grupo, los observadores no son sino muebles”  (habiendo dicho los participantes: nuestros monitores).  Aquí se trata de un rechazo a la transferencia negativa de exclusión del objeto extranjero.  El desconocimiento de la demanda de un grupo superior y bien integrado bloqueó el desarrollo de la ilusión grupal.  El efecto de este tipo de intervención es un aumento de angustia y de agresividad a nivel de los afectos y el desvío de la atención de las personas hacia otra parte por temor a ser malos y quebrar algo en el aquí y ahora.

La otra actitud consiste en integrar un llamado a la realidad (el monitor ha hablado como otros miembros tomados en cuenta) en la actualización de la ideología, cemento aparente del grupo: “ Si se ha olvidado que yo he hablado, es quizás porque pensamos que el grupo no puede funcionar en tanto parcial, que le es necesario llegar a ser completo” .  Esta interpretación provoca cierta depresión en el curso de la cual las personas interrogan su culpabilidad, expresan su ambivalencia; la representación del grupo es, por un momento, desarticulada y cada uno se abre a un análisis más fino, y de a poco se vuelven a apropiar de los elementos proyectados en este proceso de idealización.

La formación de esta ilusión compartida, su análisis y la reapropiación de los elementos proyectados se reproduce  varias veces.   El grupo atraviesa entonces por una fase “maníaco-persecutoria”  reconocible por la subida de la tensión verbal, por una hiperactividad en la que se mezclan soliloquios, reclamos, altercados, y por la acumulación de generalizaciones.  La interpretación del clivaje interior/exterior bajo una forma apropiada a la ocasión acarrea una fase “depresivo-integradora”  que inicia  o retoma un trabajo de duelo, duelo del grupo como fuente de armonía, de bienestar, de potencia o de saber.  Duelo que permite la interiorización de una experiencia, de un conocimiento, de un encuentro.

Comprendemos que la interpretación de un clivaje fantasmático, por ejemplo entre el grupo unificado y el monitor excluido, o, más tarde, entre el grupo unido, muy integrado, y la institución externa amenazante, necesita apoyarse en una realidad espacial inmediatamente perceptible: la presencia física del monitor y el sonido de su voz, los límites de la habitación, así como una determinación precisa de la institución.  Sabemos la dificultad de conducir un grupo que ha sido propuesto por varios organismos;   es particularmente nítido cuando se encuentra en el marco de la formación permanente.  La ilusión grupal y el análisis de los clivajes son considerablemente más difíciles  ya que no se sabe muy bien quien es quien: a veces el trabajo de localización toma todo el tiempo de duración del seminario.

Para captar mejor este movimiento de interiorización y de restauración del sentimiento de realidad, resumiré el desarrollo de algunas sesiones de un grupo de diagnóstico en situación simple: propuesto por el CEFFRAP, al que pertenecen los monitores, está compuesto por personas que pagan de su bolsillo y que no tienen otro objetivo que el de satisfacer un deseo personal, más allá de cualquier formación oficial u otro curso.

Desde el inicio del grupo de formación aparece en los participantes el temor al desmembramiento, bajo la forma de rechazo a presentarse en las sesiones  (Las presentaciones se hicieron con profusión en las inter-sesiones por grupos pequeños).  Este rechazo es rechazo de presencia por miedo a la destrucción; la imagen del “huevo cerrado” traduce este temor, cada uno tiene miedo a perderse, a despersonalizarse y a lastimar a los otros.   El cuerpo individual así como el grupo son mantenidos a distancia.

El monitor señala la actitud de rechazo sin especificar su sentido y sus causas.   Los participantes sienten esta intervención como un reproche, reproche por no soltarse en la libre expresión.  Ellos temen la regresión hacia las primeras  emociones corporales en el contacto con los padres.  Quisieran suprimir al monitor tal como hubiesen querido hacerlo con sus padres todopoderosos (aunque no fuese cambiando de nombre).  Viven al monitor y le adjudican el deseo de cambiarlos, de despersonalizarlos para hacer de ellos un grupo. Ellos quieren controlarlo (leer sus notas), neutralizarlo (es incompetente).  El monitor interviene a propósito de sus notas para llevar este grupo a la realidad, este grupo perdido en el imaginario persecutorio, “él no es omnipotente puesto que puede olvidar, sus notas le sirven de memoria”. Este retorno a la realidad distiende la atmósfera y permite una primera expresión de los temores de destrucción; empieza a vivirse la regresión, pero aun con ayuda de conceptos y racionalizaciones.

La segunda etapa se caracteriza por la proyección sobre la institución CEFFRAP de los dos polos de la ambivalencia que subtiende el temor de despersonalización: ella es la buena institución, no puede dañar, tiene buena reputación, la hemos escogido por las garantías de presentar analistas serios.   Por otra parte, es también la institución peligrosa que instaura un proceso analítico fuera del marco muy conocido de la cura individual.

-Mauricio:  Traigo una conversación que tuve con Marisa.  Nos decíamos que el problema era saber qué rumbo se le da a esto, en qué consistía el grupo de diagnóstico.  Jean había dicho: “No estamos aquí para hacernos psicoterapia”.  Nos decíamos que es justamente el problema.  Hemos escogido el CEFFRAP porque se sitúa dentro de las perspectivas del psicoanálisis, que es la nuestra.  El esclarecimiento del psicoanálisis se sabe provechoso. Se desarrolla en un marco que permite que no se haga de manera salvaje o brutal para las personas.

-Raymond: leer un escrito, encontrar a alguien, hacer ortografía, es terapéutica

-Jean: Sí, pero en mi caso yo hablaba de terapia psicoanalítica

-Raymond: Tuve la impresión de que había un juicio de adaptación social, eso me irritó particularmente, me bloqueó, sentí cierta ironía, era minimizar el rol del grupo- T, y si hubiese un problema terapéutico, por otra parte lo sabría. Viví lo que Jean dijo como una barrera: tu no puedes ir más lejos.  Lo entiendo como una resistencia al cambio: eso aquí no cambiará mucho.

-Lucila: Lo he sentido durante todo el día como una demanda terapéutica de parte de todos.

-Raymond a Jean: Pensé que me decías: “No malgastes tus cartuchos, podrías utilizarlos mejor en otra parte”.  No te pido una caridad terapéutica.

-Jean: lo sentiste como paternalismo

La cuestión de los límites de un grupo-T, que puede transformarse en psicoanálisis de grupo, en psicoterapia. (El formula el deseo y el temor cercanos a la conciencia, luego va a explicitar el discurso inconsciente).

El temor fundamental que experimentamos como individuos: tener que ser despersonalizados, que quizás nos acerquemos a un fantasma de fragmentación (trae con prudencia un sentimiento vivido en un grupo de un fantasma individual arcaico ): es fundamental en lo que fue expresado ayer.  Una manera de expresar ese fantasma es hablando de los límites del grupo-T, de psicoterapia no lograda, destructora del individuo, yo creo, digo lo que siento, que hay temor en cada uno de nosotros, de diluirse en esta totalidad constituida por el grupo, figura materna, figura devoradora de Madre destructiva.

Mauricio agrega que comprende así “la necesidad de fusión expresada por las muchachas,  de que nos encontremos, nos queramos: es una defensa contra la angustia de fragmentación”  (¿Es un recuerdo de Bion, una comprensión de lo que sucede, un fantasma personal? Sin duda, un poco de cada uno).  Francine expresa su miedo a la elección, asimilado al envejecimiento, y manifiesta su temor a ser reintegrada aquí por su madre.  Un hombre, Raymond, habla del  final del grupo y la angustia de muerte; señala que ya se ha consolado de esto “ofreciéndose una buena comida”. A lo cual el monitor asocia: “después de la mala Madre, ¡la buena Madre!”.

El grupo aborda enseguida las cuestiones sexuales de manera personal, luego las relaciones hombres-mujeres en la sesión.  Al final de esta se discute acerca de los lugares alrededor de la mesa y “del deseo de verse cara a cara, mientras que aun sienten a las observadoras a sus espaldas”.

El temor a la fragmentación ha generado pues un desvío proyectivo hacia la institución.  El monitor interpretó esta defensa como miedo a perder sus límites corporales, su espacio individual.  En ese momento las personas  volvieron a tomar conciencia de la organización del espacio concreto de la habitación, que era “percibida antes de existir de manera consciente y diferenciada” (P.C. Racamier)

 

3)      LA RESTAURACION  DEL  SENTIMIENTO  DE  SI  MEDIANTE

LA  REINVESTIDURA  DEL  TIEMPO

Cuando la ilusión grupal está bien constituida, las personas experimentan al mismo tiempo la “felicidad” de la cohesión y el pánico a la locura: “El grupo nos corta del mundo externo. El grupo es una entidad superior a los individuos, exige una abdicación de Sí mismo.  Si el profesor es miembro del grupo, hay enormes peligros.  Dar la libertad en un grupo, es muy peligroso.  Un grupo que tiene continuidad es muy peligroso”.  Estas frases oídas en el curso de esta etapa indican claramente  el sentimiento de estar “fuera de sí”. A menudo esta impresión está ligada a la puesta en juego del clivaje bueno/malo.  Somos todos buenos, somos todos malos, sólo el grupo es bueno, etc.

Cuando es posible interpretar este clivaje, o por lo menos señalarlo, asistimos al paso hacia una fase depresiva en el curso de la cual las personas se plantean la cuestión de la Ley que permite juzgar y separar los buenos de los malos, luego vuelven al origen del grupo y a las reglas dictadas por el monitor.  En general, estas son recordadas correctamente, contrariamente a las alusiones de las primeras sesiones, que las deformaban.  De la Ley se vuelve a las reglas de funcionamiento, lo cual es un retorno a la realidad apoyándose en el “garante simbólico”; el tiempo efectivo es percibido de nuevo y el duelo del grupo ideológico ha comenzado.

Los participantes reconocen diferencias, toleran que cada uno exprese un sentimiento particular a propósito de la situación actual del grupo. A menudo se produce una primera aproximación a la diferencia de los sexos y de las generaciones.  La ideología del  ‘todos iguales’, del grupo homogéneo que absorbe a las personas en una totalidad más poderosa, es quebrantada.

Lo propio de la ideología es funcionar fuera del tiempo o en un tiempo mítico. El retorno al origen real del grupo permite la articulación de los fantasmas de los orígenes ligados al tiempo mítico, y la elaboración del sentimiento de continuidad y de evolución de sí mismo en la experiencia en curso.

Cuando las personas aíslan un elemento de la realidad como la Institución que los rodea, para oponerlo a los otros elementos del grupo, designando en la ambivalencia la fuente del mal o el origen del bien que se ha venido a buscar, ellas intentan mantener a distancia este elemento en relación a los otros.  De hecho, es el contacto o la relación entre los elementos originarios lo que se les aparece como peligroso, tal como la relación entre los padres que corren el riesgo de destruirse, o si encuentran placer y eficacia pueden olvidar o abandonar a los hijos.  Cada participante, a su manera, percibe la relación entre la Institución y el grupo a través de su fantasma de escena primaria sádica oral o sádica anal.  El retorno al origen efectivo del grupo, gracias a la interpretación del clivaje y de la proyección, restablece la continuidad entre la Institución, el monitor, las reglas de funcionamiento y la vida del grupo.

Despejados de la preocupación agobiante de tener que satisfacer a esta Institución-instancia (proyección del Ideal del Yo confundido con el Yo Ideal), las personas vuelven a encontrar bastante libertad para expresar los fantasmas subyacentes, de manera simbólica.  Hablan del grupo como conjunto de personas antropófagas, viajando por mar, que les hace vivir una experiencia secreta que no podrán compartir, etc.  En síntesis, ellos pasan del “idéntico a” al “así como”, del funcionamiento ideológico tirante e intolerante, al funcionamiento simbólico en el que el humor permite jugar en diferentes niveles de sentido, apoyando el sueño sobre la realidad percibida y ya no negada.

La interpretación, que en su movimiento introduce el recuerdo de una realidad sensible negada por un clivaje, acerca la distancia entre el imaginario y el real. Esta distancia, una vez percibida, deviene un vacío que va a llenar la elaboración de las resistencias y el enriquecimiento de las representaciones.  A su vez esta elaboración y esas representaciones re-situadas en el movimiento evolutivo del grupo, luego del retorno al origen efectivo, permitirán una comprensión de la realidad psicológica actual.   Los fantasmas individuales pueden, en consecuencia, ser compartidos en grados diversos, ya no en una coalescencia  que los reduce a un pequeño denominador común como la ideología, sino en un intercambio flexible que se asemeja a la creación poética.

Las personas van y vienen de fantasmas arcaicos de devoración a la realidad actual de las personas presentes, y se vuelven capaces de aprehender lo que sucede actualmente a la luz de sus experiencias pasadas. Ellas han adquirido o reencontrado la flexibilidad psíquica que les permite “saborear la frescura de las cosas”.

Desde el punto de vista de la relación de objeto, se puede observar que el grupo es vivido inicialmente como objeto fragmentado del cual se busca ansiosamente reunir a los miembros, luego como un objeto total al cual se pertenece en cuerpo y alma,  finalmente como un objeto perdido del cual se hace el duelo, recubriendo su autonomía.

Esta última fase no es la más fácil de franquear, y la contra-transferencia del monitor es puesta a prueba fuertemente. El mismo puede olvidar la realidad del tiempo o sobreestimarla.  Puede, por ejemplo, recordar brutalmente que tan sólo quedan dos sesiones, y señalar que podría hacerse un esfuerzo para seguir comunicando luego del pick alcanzado cuando se ha vivido la euforia del grupo total.  Se produce entonces una vuelta a lo imaginario, las personas piensan que no han alcanzado la perfección anhelada; se encierran en una conducta suicida y quieren dejar el grupo, por la magnitud del conflicto entre su Superyo y su Ideal del Yo: “Fíjate cuán débil o malo eres al no alcanzar ese Ideal”.  La herida narcisista es tal que el trabajo de duelo está detenido por un flujo de angustia social.

La pulsión de muerte es vuelta sobre sí misma en vez de contribuir en distinguir las redes asociativas demasiado condensadas.  Por el contrario, cuando la depresión final es suave y progresiva, esta pulsión de muerte puede transformarse en erotización del pensamiento (D. Braunschweig, 1971) y en investidura de la maduración. Por un lado, la experiencia del grupo es relativizada, y por otro, el futuro concreto es encarado como continuación de la búsqueda.

 

CONCLUSIONES

Toda referencia a la realidad es percibida como una frustración en relación al deseo de encontrar en el grupo un plus de potencia y sobre todo una comunión o una transparencia.

Para que este llamado a la realidad sea utilizable, la interpretación debe situarse, por lo menos alusivamente, como ubicada entre el exterior y el interior, como momento de la continuidad del período de formación, como reenviando a la relación con uno de los cuatro o cinco objetos de transferencia descritos por Béjarano (1972) y como distancia entre la ideología y la experiencia.

Entonces, la frustración sentida y que a menudo conlleva una fase depresiva, restablece la distancia necesaria tanto en la elaboración de esa vivencia como en su enriquecimiento ulterior.

Evidentemente esto supone que el objetivo del monitor no sea la satisfacción cuasi alucinatoria de los participantes en un encuentro místico sin tiempo.  Desde una perspectiva psicoanalítica, no se trata sino de ayudar a los participantes a desarrollar sus proyecciones sobre la realidad “social” con el fin de reconocerlas,  de volver a hacerlas suyas, y muy particularmente, de llevar al interior de ellos mismos la censura atribuida al “exterior”, con el fin de disminuir la angustia social y  sentirse más a sus anchas consigo mismos y en el contacto con los otros y con sus instituciones.

 

BIBLIOGRAFIA

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communication, Paris, Seuil, 286 p.

Traducción del francés realizada por: Marcella Chiarappa

 
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COMPLETAR FORMACIÓN COMO COORDINADORES GRUPALES

La Escuela de Psicología Grupal E. Pichon- Rivière hace un llamado a todas las personas que tengan interés en completar su formación como coordinadores grupales, a retomar dicho proceso enviando los siguientes datos al correo formacion@psicologiagrupal.cl

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