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Entrevista a Franco Berardi

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“Si renunciamos a la comprensión, renunciamos a todo”

Franco Berardi

Entrevista

En su libro “Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto” (1), el filósofo italiano analiza los resortes del terrorismo suicida que golpea hoy tanto a Colombine (EEUU), Utoya (Noruega) como a las calles de París. Él ve ahí el síntoma de un cuerpo social despedazado por la puesta en competencia permanente inherente al capitalismo salvaje que engendra depresión y violencia.

Para presentarlo, Ud. prefiere calificarse de activista más que de intelectual, docente o universitario…¿qué recubre este término?

F.B.: Como muchos otros italianos, yo viví en París en los años 1970 puesto que fui amenazado por la justicia de mi país. Personalmente, por ser fundador de una radio libre sospechosa de organizar la insurrección en Bolonia. Francia entonces me aseguró una protección durante esos años duros, así como a muchos otros activistas. Pero todo lo que se me reprochaba era escribir libros y dedicarme a la radio. Mis armas eran únicamente las palabras, yo siempre he sido contrario a cualquier acción violenta, pues, desde los años 1970, me convencí que el combate principal había que llevarlo no a los aparatos políticos, ni tampoco a las calles o al Parlamento, sino a los multimedios. Me había percatado de la importancia de inventar nuevas formas de comunicación capaces de transformar las relaciones entre los hombres. Las primeras radios libres aliaban las comunicaciones horizontales, por la vía del teléfono, a una difusión mucho más amplia, sobre las ondas: en esto ellas prefiguraban Internet y las redes sociales. En los años 1970 y 1980, la emergencia de esos medios, a veces clandestinos, en cuyo seno los auditores podían tomar la palabra, produjo igualmente transformaciones en el corazón mismo del lenguaje. Para mí, el campo lexical es el terreno principal de la lucha puesto que él es el síntoma de la transformación de las relaciones sociales y productivas. El cambio de lenguaje debe ser también el terreno principal del combate para la liberación de los pueblos. Este combate debe ser llevado adelante más que nunca.

¿Qué mecanismos han llevado a la asignación, incluso al dominio por el lenguaje?

F.B.: los últimos decenios han sido marcados por la colonización del lenguaje: Al inicio de este proceso, que podemos situarlo alrededor del año 1977, que es la fecha de nacimiento de las radios libres en Italia, pero que también es el año en que Steve Jacobs creó la marca Apple y en que los Sex Pistols cantaba No future, la consciencia política y la práctica política se desplazaron al campo del lenguaje. La tecnología y el lenguaje han tenido una relación cada vez más estrecha que permitió al inicio la liberación de la palabra. Este fue el caso de las radios libres en sus comienzos y también de los inicios de la red de internet, de una transformación reticular de la informática. Helás, el combate no terminó pues, desde hace unos quince años, las empresas transnacionales de la publicidad y de la finanza han colonizado esa red.

¿Cómo esta información reticular ha nutrido su último libro, “Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto”, en el que Ud. analiza la multiplicación de los asesinatos de masa en los EEUU y en Europa?

F.B.: este libro tiene una historia particular. Mis otras obras son más teóricas, mis fuentes son entonces más académicas, más librescas. Cuando comencé a escribir este, yo estaba en Canadá, en las montañas, completamente aislado. Es por Internet que me enteré del ataque a un cine donde se proyectaba Batman. Un tal James Holmes, disfrazado como un personaje del film, disparó en la sala y asesinó a 32 personas. Él quiso atravesar la pantalla, entrar en la historia de la película y también, lo comprendí más tarde, en la historia de los EEUU. Me apasioné con ese crimen horrible. Era tan loco, tan inexplicable, que me pareció importante encontrar explicaciones para explicar lo inexplicable. Comprender es un deber, si renunciamos a la comprensión, renunciamos a todo, y sobre todo a encontrar líneas de fuga, posibles ostentaciones.

Es por eso que he buscado frenéticamente en Internet todo lo que podía encontrar sobre él. A través de los comentarios que habían sido publicados en la Toile, intenté penetrar el misterio de este caso, pero también otros ejemplos de matanzas de masa. Se trata de hecho de una forma de suicidio que concierne a todos los tipos de individuos, sin verdadera distinción de nivel de instrucción, ni de color de piel… El único punto en común de esos crímenes de masa es que son cometidos casi exclusivamente por hombres y se producen en países occidentales donde es fácil procurar un arma. Hay una correlación muy nítida entre la circulación de las armas y los asesinatos de masa por locos, en este sentido ello puede aparecer como una forma de suicidio colectivo de una sociedad que pone a disposición de los ciudadanos los medios para su destrucción. Eso, por otra parte, ha sido perfectamente mostrado en el film de Michel Moore, Bowling for Columbine.

A través de los diferentes casos que Ud. ha estudiado, ¿qué ha comprendido Ud. acerca de la génesis de esta locura asesina hecha posible por la disponibilidad de las armas?

F.B.: La adoración por la competición, que es el principio que exaltan las sociedades capitalistas, crea tal monto de frustración que engendra violencia como último recurso, como solución última para existir en un mundo en el que esos individuos se sienten apartados: “Ustedes siempre me han tratado como un imbécil, yo no logro ser el “ganador” que debería ser, entonces voy a desaparecer, pero antes, yo haré algo que hará de mí el vencedor de un momento”, escribió en su diario íntimo Eric Harris, uno de los autores de la masacre de Colombine, poco tiempo antes de pasar a la acción. Yo estudié las publicaciones en internet y los extractos disponibles de los diarios íntimos de los asesinos de masa, principalmente norteamericanos, y me di cuenta que muy a menudo se trataba-para ellos- de ser, por una única y última ocasión, los “ganadores”.

Nuestro mundo ultra-liberal ha abolido toda forma de identificación social. Nosotros ya no pertenecemos a grupos identificados, separados los unos de los otros, tal como

los ricos, los pobres, los trabajadores, los capitalistas: los políticos y los medios conminan a cada uno a erguirse en la cima. Las solidaridades son desvalorizadas en pro de una competencia encarnizada presentada como natural de la que se calla a los más débiles que ella es desigual. Además cada uno de los “perdedores” lo es a título individual. El análisis en términos de lucha de clases ha desaparecido de las páginas de la mayoría de los periódicos, por lo tanto todo “fracaso” molesta al individuo quien, aislado ya no puede considerarlo como una derrota social y porta de ella toda la “culpabilidad”. Partiendo de esta constatación, es bastante lógico que algunos individuos se vuelvan locos y se refugien en mundos paralelos en los que pueden encontrar su lugar. Esto puede ser confundiéndose con sus avatar en sus juegos de video preferidos, identificándose a los héroes de un film de acción, o tomando como moneda contante cualquier predicador de una secta o de una pseudo religión que les promete un mundo en el que serán reconocidos y tendrán un papel que jugar.

Ud. insiste en el carácter suicida de esos hombres que “pasan al acto”

F.B.: La mayoría de los asesinos que yo cito en mi libro se mataron a sí mismos. No se comprende la historia contemporánea si no consideramos a los terroristas como hombres suicidas o si se niega su muerte evacuándolos de las estadísticas de víctimas. Yo veo el crimen como indisociable de este sufrimiento psíquico suicida que se amplía como una mancha negra en este mundo donde, durante los últimos cuarenta años, el suicidio ha aumentado al 60%, según la Organización mundial de la salud.

Ahora; estas últimas cuatro decenas se caracterizan por la exacerbación de la conminación neoliberal y la virtualización, es decir la comunicación desencarnada que, combinada con la competencia agresiva, constituye, a mi modo de ver un peligro.

Sin embargo, no todas las víctimas del capitalismo se vuelven asesinos…

F.B.: es cierto, pero todos los capitalistas que explotan a los trabajadores, que, por ejemplo, les venden semillas estériles o pesticidas y los fuerzan a endeudarse como lo hace Monsanto, son todos asesinos invisibles … y no sancionados. Doscientos setenta mil paisanos se mataron en India, a menudo tragando el objeto mismo de su miseria, es decir los productos tóxicos que les habían sido vendidos por la multinacional.

En Francia, los empleados de France Telecom, llamada Orange después de la privatización, sometidos a una organización neoliberal del trabajo, los suicidios (por cierto que a una mínima escala) se han multiplicado igualmente. Se trata de un ejemplo emblemático entre miles de los que no se habla. Eso también sucede en la función pública, que es colonizada por los métodos neoliberales de administración.

Nos vemos confrontados a una fenomenología de la desesperación que tiene una explicación sistémica: la impotencia del pueblo para cambiar las condiciones de vida y de trabajo. Las últimas generaciones son atomizadas desde la escuela. El suicidio es entonces la única respuesta cuando ya no se tiene la posibilidad de rebelarse colectivamente, es el desembocar natural de un recorrido de soledad y de impotencia.

Ud. sin embargo dice que la desesperación no impide la alegría…

F.B. Efectivamente, yo concluyo mi obra así. No quiero mostrarme demasiado optimista. Por el momento, no estoy seguro de ver la posibilidad de mañanas de bonanza. No tengo la pretensión de tener una solución. La única estrategia realista es celebrar la autonomía, es decir el rechazo de ver la propia vida determinada por las condiciones de miseria ambiente. Se trata de comenzar un proceso de reconstrucción de una colectividad fuera de la alternativa ganadores-perdedores.

En una de sus obras, Carlos Castaneda le hace decir a su personaje don Juan: “Lo importante no es ganar o perder, sino ser impecable”, literalmente “sin pecado”, es decir que no tiene dependencia y no acepta ser definido por el otro, el enemigo. Lo importante hoy, y para cada uno, es aprender a definirse por sí mismo, no buscando ningún otro reconocimiento más que en la mirada de sus cercanos, sus amigos. Así podríamos lanzar las bases de un nuevo tejido social, sólido y justo. Yo propongo esta pequeña ética de la sobrevivencia feliz y posible, siendo que las condiciones de una inversión global de la situación no me parece, que se reúnan hoy. Quizás sea el caso algún día, pero a la espera de ello hay que sobrevivir. En lo que me concierne, la ironía me es de gran ayuda. Cuidado, yo no hablo de cinismo, sino de consciencia del hecho que la verdad no existe y que entonces no hay que dejarse aplastar por lo que nos presentan como tal.

(1) Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto, de Franco Berardi, prefacio de Yves Citton, traducido del inglés por Paul Dardel, Lux editeur.

En las ondas de las radios libres: Franco Berardi, llamado también “Bifo”, es un filósofo y militante procedente del movimiento autónomo italiano de los años 1970. Militante marxista, cofundador de la radio pirata libre Radio alice, en 1977, él huyó de Bolonia donde era buscado por la policía por incitación a la insurrección por vía radiofónica, y se refugia en París, donde trabaja con Félix Guattari y Michel Foucault. Actualmente él enseña la historia social de los multimedios en Milán.

 
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