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Entrevista a Franco Berardi

“Si renunciamos a la comprensión, renunciamos a todo”

Franco Berardi

Entrevista

En su libro “Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto” (1), el filósofo italiano analiza los resortes del terrorismo suicida que golpea hoy tanto a Colombine (EEUU), Utoya (Noruega) como a las calles de París. Él ve ahí el síntoma de un cuerpo social despedazado por la puesta en competencia permanente inherente al capitalismo salvaje que engendra depresión y violencia.

Para presentarlo, Ud. prefiere calificarse de activista más que de intelectual, docente o universitario…¿qué recubre este término?

F.B.: Como muchos otros italianos, yo viví en París en los años 1970 puesto que fui amenazado por la justicia de mi país. Personalmente, por ser fundador de una radio libre sospechosa de organizar la insurrección en Bolonia. Francia entonces me aseguró una protección durante esos años duros, así como a muchos otros activistas. Pero todo lo que se me reprochaba era escribir libros y dedicarme a la radio. Mis armas eran únicamente las palabras, yo siempre he sido contrario a cualquier acción violenta, pues, desde los años 1970, me convencí que el combate principal había que llevarlo no a los aparatos políticos, ni tampoco a las calles o al Parlamento, sino a los multimedios. Me había percatado de la importancia de inventar nuevas formas de comunicación capaces de transformar las relaciones entre los hombres. Las primeras radios libres aliaban las comunicaciones horizontales, por la vía del teléfono, a una difusión mucho más amplia, sobre las ondas: en esto ellas prefiguraban Internet y las redes sociales. En los años 1970 y 1980, la emergencia de esos medios, a veces clandestinos, en cuyo seno los auditores podían tomar la palabra, produjo igualmente transformaciones en el corazón mismo del lenguaje. Para mí, el campo lexical es el terreno principal de la lucha puesto que él es el síntoma de la transformación de las relaciones sociales y productivas. El cambio de lenguaje debe ser también el terreno principal del combate para la liberación de los pueblos. Este combate debe ser llevado adelante más que nunca.

¿Qué mecanismos han llevado a la asignación, incluso al dominio por el lenguaje?

F.B.: los últimos decenios han sido marcados por la colonización del lenguaje: Al inicio de este proceso, que podemos situarlo alrededor del año 1977, que es la fecha de nacimiento de las radios libres en Italia, pero que también es el año en que Steve Jacobs creó la marca Apple y en que los Sex Pistols cantaba No future, la consciencia política y la práctica política se desplazaron al campo del lenguaje. La tecnología y el lenguaje han tenido una relación cada vez más estrecha que permitió al inicio la liberación de la palabra. Este fue el caso de las radios libres en sus comienzos y también de los inicios de la red de internet, de una transformación reticular de la informática. Helás, el combate no terminó pues, desde hace unos quince años, las empresas transnacionales de la publicidad y de la finanza han colonizado esa red.

¿Cómo esta información reticular ha nutrido su último libro, “Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto”, en el que Ud. analiza la multiplicación de los asesinatos de masa en los EEUU y en Europa?

F.B.: este libro tiene una historia particular. Mis otras obras son más teóricas, mis fuentes son entonces más académicas, más librescas. Cuando comencé a escribir este, yo estaba en Canadá, en las montañas, completamente aislado. Es por Internet que me enteré del ataque a un cine donde se proyectaba Batman. Un tal James Holmes, disfrazado como un personaje del film, disparó en la sala y asesinó a 32 personas. Él quiso atravesar la pantalla, entrar en la historia de la película y también, lo comprendí más tarde, en la historia de los EEUU. Me apasioné con ese crimen horrible. Era tan loco, tan inexplicable, que me pareció importante encontrar explicaciones para explicar lo inexplicable. Comprender es un deber, si renunciamos a la comprensión, renunciamos a todo, y sobre todo a encontrar líneas de fuga, posibles ostentaciones.

Es por eso que he buscado frenéticamente en Internet todo lo que podía encontrar sobre él. A través de los comentarios que habían sido publicados en la Toile, intenté penetrar el misterio de este caso, pero también otros ejemplos de matanzas de masa. Se trata de hecho de una forma de suicidio que concierne a todos los tipos de individuos, sin verdadera distinción de nivel de instrucción, ni de color de piel… El único punto en común de esos crímenes de masa es que son cometidos casi exclusivamente por hombres y se producen en países occidentales donde es fácil procurar un arma. Hay una correlación muy nítida entre la circulación de las armas y los asesinatos de masa por locos, en este sentido ello puede aparecer como una forma de suicidio colectivo de una sociedad que pone a disposición de los ciudadanos los medios para su destrucción. Eso, por otra parte, ha sido perfectamente mostrado en el film de Michel Moore, Bowling for Columbine.

A través de los diferentes casos que Ud. ha estudiado, ¿qué ha comprendido Ud. acerca de la génesis de esta locura asesina hecha posible por la disponibilidad de las armas?

F.B.: La adoración por la competición, que es el principio que exaltan las sociedades capitalistas, crea tal monto de frustración que engendra violencia como último recurso, como solución última para existir en un mundo en el que esos individuos se sienten apartados: “Ustedes siempre me han tratado como un imbécil, yo no logro ser el “ganador” que debería ser, entonces voy a desaparecer, pero antes, yo haré algo que hará de mí el vencedor de un momento”, escribió en su diario íntimo Eric Harris, uno de los autores de la masacre de Colombine, poco tiempo antes de pasar a la acción. Yo estudié las publicaciones en internet y los extractos disponibles de los diarios íntimos de los asesinos de masa, principalmente norteamericanos, y me di cuenta que muy a menudo se trataba-para ellos- de ser, por una única y última ocasión, los “ganadores”.

Nuestro mundo ultra-liberal ha abolido toda forma de identificación social. Nosotros ya no pertenecemos a grupos identificados, separados los unos de los otros, tal como

los ricos, los pobres, los trabajadores, los capitalistas: los políticos y los medios conminan a cada uno a erguirse en la cima. Las solidaridades son desvalorizadas en pro de una competencia encarnizada presentada como natural de la que se calla a los más débiles que ella es desigual. Además cada uno de los “perdedores” lo es a título individual. El análisis en términos de lucha de clases ha desaparecido de las páginas de la mayoría de los periódicos, por lo tanto todo “fracaso” molesta al individuo quien, aislado ya no puede considerarlo como una derrota social y porta de ella toda la “culpabilidad”. Partiendo de esta constatación, es bastante lógico que algunos individuos se vuelvan locos y se refugien en mundos paralelos en los que pueden encontrar su lugar. Esto puede ser confundiéndose con sus avatar en sus juegos de video preferidos, identificándose a los héroes de un film de acción, o tomando como moneda contante cualquier predicador de una secta o de una pseudo religión que les promete un mundo en el que serán reconocidos y tendrán un papel que jugar.

Ud. insiste en el carácter suicida de esos hombres que “pasan al acto”

F.B.: La mayoría de los asesinos que yo cito en mi libro se mataron a sí mismos. No se comprende la historia contemporánea si no consideramos a los terroristas como hombres suicidas o si se niega su muerte evacuándolos de las estadísticas de víctimas. Yo veo el crimen como indisociable de este sufrimiento psíquico suicida que se amplía como una mancha negra en este mundo donde, durante los últimos cuarenta años, el suicidio ha aumentado al 60%, según la Organización mundial de la salud.

Ahora; estas últimas cuatro decenas se caracterizan por la exacerbación de la conminación neoliberal y la virtualización, es decir la comunicación desencarnada que, combinada con la competencia agresiva, constituye, a mi modo de ver un peligro.

Sin embargo, no todas las víctimas del capitalismo se vuelven asesinos…

F.B.: es cierto, pero todos los capitalistas que explotan a los trabajadores, que, por ejemplo, les venden semillas estériles o pesticidas y los fuerzan a endeudarse como lo hace Monsanto, son todos asesinos invisibles … y no sancionados. Doscientos setenta mil paisanos se mataron en India, a menudo tragando el objeto mismo de su miseria, es decir los productos tóxicos que les habían sido vendidos por la multinacional.

En Francia, los empleados de France Telecom, llamada Orange después de la privatización, sometidos a una organización neoliberal del trabajo, los suicidios (por cierto que a una mínima escala) se han multiplicado igualmente. Se trata de un ejemplo emblemático entre miles de los que no se habla. Eso también sucede en la función pública, que es colonizada por los métodos neoliberales de administración.

Nos vemos confrontados a una fenomenología de la desesperación que tiene una explicación sistémica: la impotencia del pueblo para cambiar las condiciones de vida y de trabajo. Las últimas generaciones son atomizadas desde la escuela. El suicidio es entonces la única respuesta cuando ya no se tiene la posibilidad de rebelarse colectivamente, es el desembocar natural de un recorrido de soledad y de impotencia.

Ud. sin embargo dice que la desesperación no impide la alegría…

F.B. Efectivamente, yo concluyo mi obra así. No quiero mostrarme demasiado optimista. Por el momento, no estoy seguro de ver la posibilidad de mañanas de bonanza. No tengo la pretensión de tener una solución. La única estrategia realista es celebrar la autonomía, es decir el rechazo de ver la propia vida determinada por las condiciones de miseria ambiente. Se trata de comenzar un proceso de reconstrucción de una colectividad fuera de la alternativa ganadores-perdedores.

En una de sus obras, Carlos Castaneda le hace decir a su personaje don Juan: “Lo importante no es ganar o perder, sino ser impecable”, literalmente “sin pecado”, es decir que no tiene dependencia y no acepta ser definido por el otro, el enemigo. Lo importante hoy, y para cada uno, es aprender a definirse por sí mismo, no buscando ningún otro reconocimiento más que en la mirada de sus cercanos, sus amigos. Así podríamos lanzar las bases de un nuevo tejido social, sólido y justo. Yo propongo esta pequeña ética de la sobrevivencia feliz y posible, siendo que las condiciones de una inversión global de la situación no me parece, que se reúnan hoy. Quizás sea el caso algún día, pero a la espera de ello hay que sobrevivir. En lo que me concierne, la ironía me es de gran ayuda. Cuidado, yo no hablo de cinismo, sino de consciencia del hecho que la verdad no existe y que entonces no hay que dejarse aplastar por lo que nos presentan como tal.

(1) Matanzas: locos y suicidas en la era del capitalismo absoluto, de Franco Berardi, prefacio de Yves Citton, traducido del inglés por Paul Dardel, Lux editeur.

En las ondas de las radios libres: Franco Berardi, llamado también “Bifo”, es un filósofo y militante procedente del movimiento autónomo italiano de los años 1970. Militante marxista, cofundador de la radio pirata libre Radio alice, en 1977, él huyó de Bolonia donde era buscado por la policía por incitación a la insurrección por vía radiofónica, y se refugia en París, donde trabaja con Félix Guattari y Michel Foucault. Actualmente él enseña la historia social de los multimedios en Milán.

 

Guerra al Estado de derecho

Guerra al Estado de derecho

Giorgio Agamben

Revista Il sole 24 ore 30/03/ 2016

No podemos comprender lo que realmente está en juego el la prórroga de 3 meses del Estado de emergencia en Francia, si es que no lo situamos en el contexto de una transformación radical del modelo estatal, a la cual estamos habituados.  Es necesario antes que nada desmentir las apreciaciones de políticos irresponsables, según los cuales el Estado de excepción sería un baluarte para la democracia. Los hechos dicen perfectamente que en verdad es lo contrario. El Estado de excepción es el dispositivo mediante el cual los regímenes totalitarios se instalaron en Europa. En los años que precedieron el ascenso de Hitler al poder, los gobiernos social demócratas de Weimar se habían valido tan a menudo del estado de excepción que podemos afirmar que ya Alemania había dejado de ser una democracia parlamentaria, incluso antes de 1933.

Luego de su nombramiento, el primer acto de Hitler fue la proclamación de un Estado de excepción, que posteriormente ya no fue revocado.

Cuando nos sorprendemos de los crímenes que impunemente cometieron los nazis en Alemania, olvidamos que se trataba de actos perfectamente legales, puesto que el país se encontraba en un estado de excepción, en el que las libertades individuales estaban suspendidas. No hay razón para suponer que un tal escenario no vuelva a proponerse en Francia: no es difícil imaginar que un gobierno de extrema derecha pudiese sacar provecho-para sus propios fines- de un estado de emergencia, al que los ciudadanos ya fueron acostumbrados por los gobiernos socialistas.

En un país que vive en un estado de emergencia prolongado, en el que las operaciones policiales sustituyen progresivamente al poder judicial, se esperaría una rápida e irreversible disgregación de las instituciones públicas.

Hecho aún más verdadero por cuanto el estado de excepción se inscribe hoy en el proceso que está transformando las democracias occidentales en algo que ya es necesario llamar “Estado de seguridad” (Secutity state, dirían los estadounidenses). El Término “seguridad” se ha integrado totalmente en el discurso político, que podemos decir que las “razones de seguridad” han tomado de forma estable el lugar de lo que antes se entendía como “razones de Estado”.

Si bien esta nueva forma de gobierno no pueda explicarse en los términos del moderno estado de derecho, un análisis de su estructura está faltando actualmente. Intentaremos fijar por lo tanto algún punto, en vista a una posible definición.

En el modelo de Thomas Hobbes, que ha influenciado profundamente nuestra filosofía política, el contrato que consiente en transferir los poderes al soberano, presupone el miedo recíproco y la guerra de todos contra todos y el Estado sería el que pone fin al miedo. En el Estado de seguridad este esquema se invierte: el Estado se funda de manera estable en el miedo y debe – a toda costa-mantenerlo, porque de él extrae su función esencial y su legitimidad.

Foucault ya había demostrado que cuando el término seguridad aparece por primera vez en el discurso político francés, con los gobiernos fisiócratas antes de la Revolución, no se trataba de prevenir las catástrofes o las carestías, sino de dejar que ocurriesen para luego poder guiar y orientar hacia la dirección considerada más conveniente. Igualmente, la seguridad de la que hoy se habla no apunta a la prevención de los actos terroristas (algo por lo demás bastante difícil sino imposible, puesto que las medidas de seguridad son eficaces solo habiendo ocurrido el ataque y el terrorismo es-por definición- una serie de ataques imprevistos), sino a establecer un control generalizado y sin límite alguno sobre la población (de ahí la concentración en los dispositivos que permiten el control total de los datos informáticos de los ciudadanos, incluyendo el acceso integral al contenido de los computadores).

El riesgo aquí es la deriva hacia la creación de una relación sistémica entre terrorismo y Estado de seguridad: si el Estado necesita del miedo para poder legitimarse, entonces deberá producirse el terror o, a lo menos no impedir que se produzca. Es así como vemos algunos estados perseguir una política exterior que alimenta el mismo terrorismo que luego deberán combatir en su interior y mantener relaciones cordiales, incluso al punto de vender armas a países que resultan financiar las organizaciones terroristas.

Un segundo punto importante de definir es el cambio del estatuto político de los ciudadanos y del pueblo, que en otro tiempo era depositario de la soberanía. En el Estado de seguridad estamos asistiendo a una tendencia imposible de detener de despolitización progresiva de los ciudadanos, cuya participación en la vida política se reduce a los sondeos electorales. Esta tendencia es tanto más inquietante por cuanto había sido teorizada por los juristas nazis, que definían el pueblo como un elemento esencialmente apolítico cuyo Estado debía garantizarle protección y crecimiento. Según estos juristas, hay solo una manera de politizar este elemento apolítico: mediante la igualdad de estirpe y de raza, que deberá distinguirlo del extranjero y del enemigo.

No se trata aquí de confundir el Estado nazi con el Estado de seguridad contemporáneo.

Sin embargo, hay que comprender que si se despolitizan los ciudadanos, estos solo podrán salir de su pasividad si se los moviliza desde el miedo a un enemigo extranjero no solo externo (los judíos para la Alemania nazi, los musulmanes en la Francia de hoy).

Es en este contexto que hay que encuadrar el siniestro proyecto de revocación de la ciudadanía a aquellos que posean una doble nacionalidad, proyecto que lleva a recordar la ley fascista de 1926 sobre la desnacionalización de los “ciudadanos indignos de la ciudadanía italiana” y las leyes nazis sobre la desnacionalización de los judíos.

 

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Entrevista realizada por Soren Seelow

Para los desesperados el Islam radical es un producto excitante

Entrevista realizada por Soren Seelow

 

Entrevista realizada antes de los ataques perpetrados a París y Saint Denis, el viernes 13 de noviembre de 2015. Esta entrevista se realizó al psicoanalista Fethi Benslama, quien es profesor de psicoanálisis en la Universidad de París Diderot, en la que dirige la UFR estudios psicoanalíticos. Se interesa en el hecho religioso desde los años 1980. Su primer ensayo sobre la fundación subjetiva del Islam aparece en 1988     (La nuit brisée- Ramsay), algunos meses antes del asunto Salman Rushdie, del cual tomará la defensa luego que la Fatwa lo condenara a muerte. Su último libro, La guerre des subjectivités en Islam (Lignes, 2014). También dirigió la obra colectiva L’Idéal et la Cruauté, subjectivité et politique de la radicalisation (Lignes, 224 pag.). Fethi Benslama participa en la creación, apoyado por el gobierno, de un centro de acogida para jóvenes venidos de Siria.

En esta entrevista él intenta decodificar los resortes de la locura yihadista.

¿En qué el psicoanálisis ayuda a pensar en el éxito del islamismo en una parte de la juventud?

El fenómeno de la radicalización ha tomado una dimensión tal que necesita de una inteligibilidad desde la política, la historia y la clínica. Según los actuales hallazgos, dos tercios de los radicalizados censados en Francia, tienen entre 15 y 25 años, y un cuarto son menores. La gran mayoría está en esa franja moratoria del paso a la edad adulta que confirma la persistente adolescencia. Este período de la vida se da con una avidez por ideales sobre un fondo de revisiones dolorosas de la identidad. Lo que hoy llamamos “radicalización” es una configuración del trastorno de los ideales de nuestra época. Es este el ángulo de acercamiento que le compete al psicoanálisis: los ideales a través de los cuales se anudan lo individual y lo colectivo en la formación del sujeto humano.

La propuesta yihadista capta a jóvenes que están en desamparo por el hecho de tener fallas identitarias importantes. Esta propuesta les ofrece un ideal total que colma esas fallas, les permite una reparación de sí mismos, incluso la creación de un nuevo sí-mismo, es decir una prótesis de creencia que no sufra duda alguna. Estos jóvenes estaban pues a la espera, sin necesariamente mostrar disturbios evidentes. En algunos casos ellos viven tormentos a-sintomáticos o disimulados; son los más imprevisibles, a veces los más peligrosos, lo que luego se traduce al paso al acto violento, a través de testimonios tales como: “Era un joven amable, sin problemas, servicial, etc.”. En otros casos, las perturbaciones ya se han manifestado a través de la delincuencia o la toxicomanía.

 

¿Qué sucede cuando un joven encuentra ese “ideal total”?

La propuesta radical responde a una fragilidad identitaria transformándola en potente armadura. Cuando la conjunción de la oferta y la demanda, se realiza, las fallas se colman, se plantea un soporte. De esto resulta una sedación de la angustia para el sujeto, un sentimiento de liberación con aires de omnipotencia. Él deviene otro. A menudo adoptando otro nombre.

Se dan cuenta cómo se parecen los discursos delas  radicalizaciones, como si los sostuviera la misma persona: ellos abdican de una amplia parte de su singularidad. El sujeto cede en pro del autómata fanático. Dicho esto, no hay que confundir explicar y excusar: el análisis de la realidad subjetiva subyacente a este fenómeno no significa ni la locura ni la irresponsabilidad, salvo excepción. Además, el hecho “psi” no es un mineral puro, él se recompone con el contexto social y político.

Las fallas identitarias no son evidentemente el patrimonio de los hijos de inmigrantes  manes o de familias musulmanas, lo que explica que el 30 a 40% de los radicalizados sean conversos. Esos sujetos buscan la radicalización incluso antes de encontrar el producto. Poco importa que ignoren de qué está hecho ese producto, lo que interesa es que aporte la “solución”.

La prensa ha informado el caso de yihadistas que habían pedido on line la obra El Islam para los nulos.

Hoy, el islamismo radical es el producto más difundido en el mercado, vía internet, el más excitante, el más integral. Es la navaja suiza de la idealización para el uso de los desesperados de sí mismos y de su mundo.

En “La guerra de las subjetividades en Islam”, usted remite este fenómeno a la caída del califato (1924), ese “ideal islámico herido cuya hemorragia continúa en nuestros días”…

Los traumatismos históricos tienen una onda de propagación muy larga, sobre todo cuando una ideología los releva en las masas. Las generaciones los transmiten de modo tal que los individuos se viven como herederos de infamias, sabiendo o no los hechos.

El año 1924 marca el final del último imperio islámico, con 624 años de antigüedad, la abolición del califato, es decir del principio de soberanía teológico-político en Islam y la fundación del primer estado laico en Turquía. El territorio otomano es desmembrado y ocupado por las potencias coloniales. Los musulmanes pasan de la posición de amos a la posición de subalternos en su propia casa. Es el derrumbe de un zócalo de 1.400 años de antigüedad, el final de la ilusión de unidad y potencia. Se instala entonces la obsesión melancólica de la disolución del islam en un mundo donde él ya no gobierna.

El síntoma de esa ruptura histórica es el nacimiento, en 1928, de los Hermanos musulmanes, que es la traducción en organización de lo que podríamos nombrar la teoría del “Ideal islámico herido”, que hay que vengar.

El islamismo promete el restablecimiento del califato por la derrota de los estados. Esta reacción es proteiforme: literal, puritana, cientificista, política o guerrera. Ella vehicula el recuerdo del traumatismo y lo proyecta sobre la actualidad desastrosa de poblaciones que sufren las expediciones militares occidentales y las guerras civiles.

Este derrumbe histórico se acompaña de un crack inédito en el mundo del sujeto musulmán.

Es un hecho que las Luces llegan a la tierra de Islam con cañones; sin embargo, las elites musulmanas se volverán partidarias de las Luces, y de su emancipación política, a las que se opondrán los “anti-luces” que reclaman la restauración de la soberanía teológica y el retorno a la tradición profética.

Se evidencia entonces una discordancia sistémica en la relación que sostenía el sujeto musulmán con el poder.

Unos quieren ser ciudadanos de un estado, musulmanes, pero separados del orden teológico, otros, por el contrario, apelan a ser primero más y más musulmanes. De aquí emerge lo que he llamado la figura del “super-musulmán”. El islamismo aparece entonces como una defensa del Islam, tan encarnizada que quiere sustituírsele. Ella ha movilizado todos los anticuerpos de un sistema percibido en pérdida. Pero la defensa se ha vuelto una enfermedad autoinmune por cuanto ella destruye lo que quiere salvar.

¿Cuáles son los resortes de este reclutamiento?

El islamismo no apunta solo a la distinción entre el musulmán y el no musulmán, sino que al interior de los mismos musulmanes están los que lo serían totalmente y aquellos que solo lo serían parcialmente o que solo lo fuesen en apariencia, de cierta forma “islamoides”. Hay sospecha de deserción, acoso y culpa.

Como psicoanalista yo leo este período como una historia escrita a partir de las exigencias superyoicas de la tradición islámica. Un superyó en alerta permanente por deseos y temores colectivos de volverse otro: un “occidentalizado” o un occidental. La culpabilidad por vivir y desear está mucho más extendida de lo que se cree. Los tormentos se intensifican ahí donde hay infortunio y vergüenza de ser. Particularmente en los trastornos de identidad, el sujeto se dice que él no vale nada, que es una deformación, un desecho. El islamismo le reenvía ese mensaje en espejo: tú eres indigno porque no tienes fe ni ley, tienes la posibilidad de hacerte perdonar siendo un misionero de la causa: vuélvete un “super-musulmán”.

La oferta yihadista propone un des-atascamiento: la exfiltración por lo alto, por la salida de emergencia de la gloria. Así, el “desecho” se vuelve temible.

 

¿Cómo entonces interpretar el fenómeno del mártir, del atentado suicida?

El mártir es un sujeto que quiere sobrevivir desapareciendo. Para el candidato no es un suicidio sino un auto-sacrificio, el cual es una transferencia por el ideal absoluto hacia la inmortalidad. Él está muerto solo en apariencia; él permanece vivo gozando sin límite. Los que se comprometen a ello alcanzan un estado de melancolía sacrificial: ellos (se) matan para vengar la ofensa al ideal. A través del espectáculo cruel de los cuerpos dislocados, dejan una escena aterradora de destrucción de la figura humana del enemigo. No es tan solo la muerte, sino la anulación del otro, puesto que este es difícil de reconstituir para darle sepultura.

Respecto al autor de este acto, él está convencido de metamorfosearse en “super-macho” gozando sin fin en el más allá, de ahí la imaginería de las vírgenes eternas.

¿En qué la propuesta yihadista difiere de los movimientos sectarios?

Hay aspectos comparables, tales como la influencia mental, pero hay diferencias esenciales. En la secta, el individuo se somete a la teoría delirante del gurú, a su explotación económica y sexual. El yihadista en cambio, adhiere a una creencia colectiva muy amplia, alimentada por lo real de la guerra, en la que se le ofrece tomar un rol heroico, mediante ventajas materiales, sexuales y de poder.

La mezcla del mito y de la realidad histórica es más tóxica que el delirio.

El islamismo seduce tanto en los suburbios de Túnez como en las ciudades de Francia.

¿En qué él interroga nuestra modernidad?

El islamismo comporta la promesa de un retorno al mundo tradicional en el que el ser sujeto está dado, mientras que en la civilización moderna el individuo es una superproducción de sí mismo que lo obliga a un trabajo agotador; hay que tener los medios.

Algunos jóvenes prefieren hoy en día el orden reasegurador de una comunidad con sus normas que constriñen, la asignación a un marco autoritario que los alivia del desasosiego de su libertad y de una responsabilidad personal sin recursos.


 

El estado de consciencia de las bombas humanas

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El estado de consciencia de las bombas humanas

Leonardo Montecchi

 

¿Cuál es el estado de consciencia de una persona que ataca a mano armada en un concierto y asesina gran cantidad  de personas y que luego se auto-explosiona para aumentar las muertes?

En el libro Héroes, de Bifo, encontramos un análisis interesante de estas situaciones.

El 20 de julio de 2012, en el cine Aurora de Colorado (EEUU), mientras proyectaba El caballero oscuro-el retorno, James Holmes, vestido como tantos otros espectadores, como un personaje de la película, como Joker el malo, abre fuego, mata a 12 personas y deja a 58, heridas. Los espectadores, al comienzo no entienden de qué se trata, piensan que es una broma publicitaria. Asimismo en El Bataclán de París, al principio los espectadores pensaban que se trataría de un acto escénico y no de un ataque.

Anders Behring Breivik perpetró su ataque el 23 de julio de 2011, asesinó a 77 personas porque se considera “Salvador del cristianismo”.

El 24 de Marzo de 2015, Andreas Lubitz arrastra a su muerte a 150 personas que viajaban en el Air-bus A-320, del que es 2° piloto, porque está deprimido.

Desde mi óptica, estas tres personas, en el momento de perpetrar su plan se encontraban en un estado de consciencia modificado, que podemos definir como estado de trance.

El trance de Holmes parece ser muy similar a un trance de posesión. El personaje Joker se apoderó del Yo Ideal de Holmes. Breivik parece haber tenido más bien una suerte de trance chamánico, una modificación de la consciencia que le permitió ‘ver’ lo que estaba sucediendo y cómo se podría detener “La infección espiritual”. Lubitz se sobrecargó con el peso del ángel exterminador, identificándose a este en un trance apocalíptico.

Sin embargo, estos estados modificados de consciencia ocurrían en un sujeto, sin un contacto aparente con un grupo y mucho menos con ‘maestros’ de los que serían adeptos. Se trata de trances individuales.

El grupo de París, como los otros grupos que actúan habitualmente el medio oriente, parecen en cambio estar ligados a un maestro o a un grupo de maestros, con un vínculo muy fuerte, parecido al descrito en el pasado por Hasan-i-Sabbah, conocido también como el “Anciano de la montaña” quien, desde la fortaleza de Alamut enviaba a los adeptos de la secta al-Hassiyun a asesinar en las mezquitas y en los lugares simbólicos a sus enemigos y a los enemigos de los ismaelitas nazaríes. Se dice que los asesinos obedecían las órdenes-hasta incluso suicidarse-con un solo gesto del maestro. Este tipo de vínculo tiene que ver con la forma de trance que Georges Lapassade llama despótico.

Para pasar de un trance individual a uno colectivo es necesario el poder despótico. Lapassade, en su ensayo sobre El Trance, dice: “Para que el trance se colectivice se necesita la intervención activa de un poder organizador. Este poder tuvo que adueñarse del trance, hacerse cargo de él, organizarlo con el fin de utilizarlo y hacerlo utilizar al poder constituido”.

En consecuencia, los eventos de París nos muestran el surgimiento de un ‘ejército de sonámbulos’, tal como nos lo han descrito los Wu Ming en su novela. Se trata de personas condicionadas-por un poder constituido que las utiliza para sus fines- a actuar de acuerdo a un vínculo hipnótico muy potente.

No será fácil disolver ese vínculo. Si hay un sentido en este análisis es necesario partir del poder del déspota, volviéndolo inofensivo. Hay que de-construir ese poder y no es solo un poder militar.

Yo no sé si los sonámbulos se pueden librar de ser poseídos estableciendo vínculos horizontales. Me temo que la inducción del estado modificado debida a una orden, sea casi imposible de contrastar. Pero creo que aquí se juega la importancia y el sentido de pertenencia a la cultura de la libertad. Pienso que solo la idea no sea suficiente, es necesaria la práctica del cambio en las periferias europeas, un fuerte contraste no sólo a las prédicas sino también a las prácticas del fundamentalismo que invisten los programas sociales, y no solo en las palabras.

El nacimiento y desarrollo de vínculos sociales libres, que favorecen la circulación de los afectos y sentimientos. La construcción progresiva de una comunidad que viene.

 

BIBLIOGRAFIA

Franco ‘Bifo’ Berardi. Héroes. Baldini & Castoldi.

Henri Corbin. Storia della filosofia islamica. Adelpha.

Georges Lapassade. Saggio sulla Transe. Feltrinelli.

Wu Ming. L’armata dei sonnambuli. Einaudi.

Giorgio Agamben. La comunità che viene. Einaudi.

 

Bifo

Bifo: “Una sublevación colectiva es antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico”

La financierización de la vida y la virtualización de las relaciones generan nuevas formas

de malestar social. ¿Cómo puede politizarse ese sufrimiento?


Franco Berardi (Bifo), nacido en Bolonia (Italia) en 1949

Es una experiencia cotidiana: el trabajo en un contexto capitalista es principalmente el medio para un fin (la ganancia). Un trabajo indiferente por tanto a su contenido, vaciado de significado, determinado primordialmente por el dinero. Mantequilla o misiles: lo mismo da, lo importante es que el producto-mercancía venda en el mercado. Marx lo llamó “trabajo abstracto” y a partir de él definió el modo de producción capitalista y su carácter destructivo.

Según Franco Berardi (Bifo) -filósofo italiano, teórico de los medios de comunicación y las transformaciones del trabajo, implicado en movimientos políticos desde los años setenta-, dos niveles más de abstracción se añaden en nuestros días a la abstracción del trabajo: el gobierno de las finanzas (un poder sin arraigo local alguno) y las redes virtuales de comunicación (un intercambio simbólico sin cuerpos). La financierización de la vida y la virtualización del contacto generan según Bifo nuevas formas de malestar social, nuevas patologías, nuevos tipos de sufrimiento.

¿Puede politizarse ese malestar? ¿Qué formas de acción colectiva pueden reconvertir el sufrimiento en fuerza transformadora? La sublevación (edición española en Artefakt, edición argentina en Hehkt) reúne una serie de textos escritos por Bifo al calor de los movimientos de las plazas (primavera árabe, 15M, Occupy...). La sublevación, tal y como aparece pensada en el libro, es en primer lugar el levantamiento de los cuerpos explotados, estresados, deprimidos. El primer paso para la reconstrucción de un cuerpo social capaz de desafiar el dominio de la híper-abstracción digital y financiera.

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Abstracción financiera

1. ¿En qué consiste la abstracción financiera?

Bifo. Nombro así al conjunto de los automatismos financieros que subyuga la vida real y la producción, vaciándolas de energía y de poder político.

2. ¿En qué sentido la abstracción financiera vacía el poder político?

Bifo. Es algo muy obvio que todos hemos entendido en los últimos años: las instituciones de la democracia política no pueden nada frente a la prioridad de la abstracción financiera. La liquidación del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, el día mismo que propuso un referéndum sobre el “plan de ayuda” del BCE al Estado griego en 2011 fue la declaración final de la anulación de la democracia en el continente europeo. Las tradiciones humanistas e ilustradas quedaron igualmente barridas de un plumazo ese mismo día.

3. Explícate.

Bifo. El humanismo es esencialmente el movimiento por el cual la voluntad humana se emancipa de la tutela divina. Por su lado, la Ilustración proclama la superioridad de la Razón y de la Ley sobre la fuerza de los "animal spirits" del egoísmo económico. Pues bien, God is back, la potencia superior de lo divino sobre la voluntad humana regresa, pero ahora con la forma del capital financiero. Las leyes no tienen hoy ninguna fuerza frente a la circulación global de los algoritmos financieros, ni ante la potencia desterritorializada de las empresas globales.

4. ¿Pero no sido siempre así en la historia del capitalismo? ¿Por qué sería esto una novedad?

Bifo. Creo que la clase financiera es distinta a la clase que en los siglos de la modernidad conocimos como burguesía. La burguesía se enriquecía gracias a la explotación de la clase obrera, pero también gracias a la producción de bienes útiles para la vida social. Es una clase que acumula plusvalía a través de un proceso de producción de bienes útiles. Sin embargo, la clase financiera -o, mejor dicho: el conjunto de los automatismos financieros- se enriquece a través de la destrucción del valor producido, a través de la privatización de los bienes comunes. La plusvalía de las financias es una minus-valía desde el punto de vista social.

Por otro lado, la burguesía tenía una fuerte territorialización ciudadana y nacional, mientras que la clase financiera es una clase totalmente desterritorializada, incapaz de identificarse con ningún lugar específico.

Malestar social

5. ¿Qué efectos tiene la abstracción financiera sobre el cuerpo vivo de la sociedad?

Bifo. Ya no hay continuidad en la experiencia del trabajo: no se llega cada día al mismo lugar, no se cumplen las mismas rutinas, no se encuentra a las mismas personas. El trabajador mismo ya no existe como persona, es el productor intercambiable de fragmentos de tiempo/trabajo conectados en una red global.

El tiempo vivido por los trabajadores precarios se fragmenta -o, mejor dicho, sefractaliza- al tener que adaptarse constantemente a los requerimientos de la producción. Pero tengamos en cuenta que el cuerpo vivo tiene sus pulsiones, su sensibilidad, su tiempo y sus deseos. La abstracción financiera superpone un tiempo espasmódico, en constante aceleración, a la sensibilidad del cuerpo individual y colectivo.

6. Produciendo por tanto efectos a nivel individual y colectivo, ¿no? ¿Cuáles son?

Bifo. Las patologías causadas por la aceleración y la competición agresiva se manifiestan a nivel individual como una verdadera epidemia de sufrimiento mental, psíquico, emocional. Las crisis de pánico, los problemas de atención, la soledad competitiva, la depresión... A nivel colectivo, la consecuencia es la crisis de la solidaridad social. Cada individuo percibe a los otros esencialmente como competidores y no como cuerpos afectivos.

Abstracción digital

7. A la abstracción financiera se le añade una abstracción digital, ¿en qué consiste, cómo opera?

Bifo. La abstracción digital es el efecto de la aplicación de las tecnologías de virtualización a la comunicación entre los seres humanos y su operatividad se manifiesta como intercambio lingüístico sin cuerpo, como escisión entre palabra, cuerpo y afectividad.

8. En el libro analizas los efectos “éticos” de la virtualización del contacto, ¿cuáles son?

Bifo. Para mí, ética y estética están íntimamente relacionadas: la parálisis ética, la incapacidad de gobernar éticamente la vida individual y colectiva, proviene de una perturbación de la estesia, es decir, de la percepción de la continuidad sensible del propio cuerpo en el cuerpo del otro. De una comprensión erótica del otro. La virtualización del contacto produce un efecto de de-sensibilización emotiva, de soledad relacional, de fragilidad psicológica.

9. Quizá es algo que podemos entender mejor a partir de la diferencia que haces en el libro entre “lógica de conjunción” y “lógica de conexión”.

Bifo. La conjunción es un intercambio en el cual los cuerpos se ponen en relación recíproca de manera tal que cada comunicación se manifiesta como singular, irrepetible. La simpatía, es decir, el sentir compartido (sym-pathos), es la dimensión general del intercambio conjuntivo.

Pero mientras que la lógica conjuntiva implica la interpretación de la dimensión gestual, corporal y de las implicaciones emocionales (con sus ambigüedades y matices), la lógica conectiva reduce la relación con el otro a pura descodificación de una sintaxis, a un contacto funcional dentro de estándares predeterminados. Es el caso de Facebook.

El proceso de mutación que se desarrolla en nuestra época está centrado en el cambio de la conjunción a la conexión como paradigma del intercambio entre los organismos conscientes.

La sublevación

10. Entre 2010 y 2013 se activaron movilizaciones masivas en Inglaterra, Túnez, Egipto, España, Grecia, EEUU, más tarde en Brasil y Turquía, ahora en China... Las características y los objetivos de esas movilizaciones han sido muy diferentes, como diferentes son las condiciones políticas y culturales de los diferentes contextos. Pero tú consideras que esa serie de levantamientos forman parte de la misma onda, ¿por qué?

Bifo. Creo que sí, porque todas esas movilizaciones, incluyendo las que se dieron en las ciudades árabes, tenían desde el comienzo una misma voluntad de reactivar la solidaridad y la dimensión física de la comunicación social. Los trabajadores y los estudiantes rebeldes intentaron en primer lugar crear condiciones deconjunción directa, física y territorial para salir de la alienación virtual.

¿Por qué ocupar una plaza, una calle o un territorio cuando sabemos muy bien que allí no reside ningún poder político y que el sistema financiero no se localiza en una dimensión territorial? Porque la primera cosa que necesitan los trabajadores precarizados es la reactivación de una dimensión afectiva y territorial que permita reconstruir las condiciones emocionales de la solidaridad. Me parece que ese es el sentido de la toma de las plazas, de las acampadas. Una sublevación colectiva es en antes que nada un fenómeno físico, afectivo, erótico. La experiencia de una complicidad afectuosa entre los cuerpos.

11. ¿Cómo se “organiza” una política así, mediante qué formas, instituciones, etc.?

Bifo. Me gusta poner la imagen del mantra: el mantra es una respiración colectiva armónica, una metáfora de lo que en la dimensión política llamamos solidaridad. La organización que imagino no pasa a través de la democracia representativa, ni de una organización centralizada como fue el partido leninista del siglo XX. Tiene más que ver con el ritmo de un mantra.

12. ¿Qué balance haces de la onda de movimientos que se activó en 2011? ¿Qué potencias y límites ha encontrado?

Bifo. El balance es ambivalente. Por un lado, podemos decir que los movimientos de las plazas no lograron frenar ni un ápice la explotación financiera, la imposición de la deuda, la destrucción y privatización de los bienes comunes. En ese sentido podemos hablar de fracaso. Pero creo que debemos valorarlos desde un punto de vista evolutivo más largo. Estos movimientos han revelado la dimensión afectiva de lo social. Es la condición necesaria para emprender un movimiento de recomposición de los saberes comunes -científicos, técnicos, afectivos, organizativos- por fuera de la explotación capitalista.

13. ¿Cómo piensas una posible alianza entre lo digital y la dimensión “física” de la rebelión?

Bifo. Las nuevas tecnologías han sido y siguen siendo herramientas para la ampliación de la comunidad, aunque sólo virtual, y para la coordinación de iniciativas y acciones a nivel global. Pero sólo la presencia física y territorial puede activar la empatía y la solidaridad. Al mismo tiempo, en términos de eficacia, las acciones más exitosas en términos de sabotaje del dominio imperial han sido acciones como las de Assange y Snowden que se desarrollan en la dimensión digital. La acción subversiva es muy eficaz cuando se desarrolla en la esfera digital, cuando se infiltra en el interior de la dimensión algorítmica del capitalismo.

14. En España, varios dispositivos más o menos “partidarios” surgidos a partir del 15M apuntan a “tomar el poder político” en sus diferentes escalas (nacional, regional, municipal), aprovechando un vacío creado por la deslegitimación radical del sistema de partidos instalado en la Transición española, ¿qué papel crees o imaginas que pueden tener las instituciones estatales en la promoción del cambio social que proyectas en el libro?

Bifo. Las nuevas organizaciones políticas, como Syriza y Podemos, pueden ser muy útiles para la resistencia de los trabajadores, para la supervivencia en condiciones de empobrecimiento y disgregación social. Pero no creo que puedan hacer mucho contra el poder financiero, ni para favorecer la liberación de las energías intelectuales del trabajo por fuera de la dominación capitalista.

La frase "yes, we can" de Obama fue más un exorcismo contra la impotencia de la política y de la voluntad que un programa. El hecho de que la máxima autoridad mundial diga “podemos” es el signo de que algo no funciona, un sentimiento de impotencia que la política no puede admitir pero que es evidente. Seis años después de su primera victoria, Obama tiene que reconocer que no puede salir de la “guerra infinita” bushista, que no puede parar la devastación del medio ambiente, que no puede modificar la tendencia hacia la concentración de la riqueza.

No podemos, esa es la verdad. El tiempo de la voluntad y de la política se acabó. Tenemos que desplazar la energía social hacia una dimensión que no es ni la democracia representativa ni la subversión política, sino la imaginación de nuevas formas de organización del conocimiento y de la producción, la creación de una plataforma técnica y política para la auto-organización de la inteligencia colectiva (fuerza productiva principal del tiempo presente).

15. Creo que para tí la política consiste en una “mutación antropológica” (como decía Pasolini, aunque él la temía). ¿Cómo se puede pensar esa “mutación antropológica” por fuera del esquema revolucionario tradicional del “Hombre nuevo” que ha causado tantos estragos en el siglo XX?

Bifo. Pasolini temía justamente la mutación antropológica producida por el capitalismo tecnológico y global, y su miedo tenía buenas razones. Nos encontramos en la situación de uniformización y de violencia psíquica interindividual que él presagiaba hace cuarenta años. Tenemos que imaginar una salida antropológica de la mutación antropológica uniformizadora que impone el capitalismo global, pero una salida distinta a la del siglo XX.

Las utopías de la modernidad se fundaron sobre la exaltación testosterónica de la juventud. Fueron utopías violentas y esperanzadas (esto es, en última instancia desilusionantes, consagradas al arrepentimiento). Nuestra fuerza ya no puede basarse en el ímpetu juvenil, la agresividad masculina, la batalla, la victoria o la apropiación violenta, sino en el gozo de la cooperación y el compartir. Reestructurar el campo del deseo, cambiar el orden de nuestras expectativas, redefinir la riqueza, es tal vez la más importante de todas las transformaciones sociales.

 

CURSO ACREDITADO ECM DIRIGIDO A PSIQUIATRAS, ENFERMEROS, EDUCADORES Y PSICÓLOGOS

CURSO ACREDITADO ECM DIRIGIDO A PSIQUIATRAS, ENFERMEROS, EDUCADORES Y PSICÓLOGOS

Fabriano  (Italia) – 24 de Septiembre de 2015

Exponen: Franco Berardi-filósofo (Bologna); Ilaria Capecci –psiquiatra (Jesi); Antonello Correale –psicoanalista (Roma); Pierfrancesco Galli-psicoterapeuta (Bologna); Carlo Sanfelice-psiquiatra (Fabriano); Massimo Mari –psiquiatra (Jesi); Leonardo Montecchi –psiquiatra (Rimini); Giancarlo Nivoli-psiquiatra (Sassari); Paolo Pedrolli-psiquiatra (Senigallia); Alfonso Torterella- farmaceuta (Napoles); Federico Spandonaro –fármaco-economista (Roma); Antonio Ventriglio –psiquiatra (Foggia).

 

La psiquiatría y la gestión del mal

En Italia estamos asistiendo a un cambio veloz y progresivo en la manera de pensar la psiquiatría y obviamente-en lo implícito-la enfermedad mental. Estamos muy lejos de la época del compromiso político para que pudiesen abrir las instituciones totales; del tiempo de la construcción de emancipación progresiva para personas que, con los marcados mecanismos de identificación proyectiva, proyección y depositación de los aspectos rechazados por la sociedad y la familia, llegaban a desempeñar el rol de chivos expiatorios, víctimas sin jamás haber hecho mal alguno. Ya la lucha de este estigma -en lo privado y en lo público-que aísla y condiciona la vida de quien tiene la penosa desventura de perderse sí mismo por un tiempo breve, de perder la realidad, sus relaciones, sus proyectos y sus deseos, está muy lejos de ser vencida (pensando que en el plano nacional del grupo AGENAS sobre la residencia, la palabra “dimisión” no aparece nunca).

Hoy se propone con fuerza cada vez mayor, de modo inequívoco, un mandato social opuesto al precedente: en vez de liberar a las personas de sus cadenas, la psiquiatría pública debe efectuar un control social justamente en relación a individuos con una peligrosidad social confirmada por graves delitos precedentes. La gestión de estas personas, prerrogativa del Ministerio de Justicia y por lo tanto de la Magistratura de la policía carcelaria, de la Medicina y Psiquiatría legal, de la Medicina y Psiquiatría carcelaria, recayó en el Ministerio de Salud, en consecuencia, en las instituciones sanitarias.

Lo que está ocurriendo es que las instituciones de salud están en una terrible crisis de sustentabilidad a causa de los locos “cortes y racionalizaciones”.  Sin querer ser fáciles Casandras no es difícil prever una fuerte recaída en la calidad de los servicios de salud mental, los que deberán hacerse cargo cada vez más, sin formación específica, de los productos de un odio mal elaborado. El miedo, la fuga hacia burocratizaciones fáciles, las invasiones de personajes gravemente psicopáticos, afiliados a las varias camarillas, son fácilmente previsibles. Sin dejar de lado las eventuales y fáciles fugas desde la sede de internación, de personas que-por ejemplo- ya han asesinado (único criterio científicamente aceptado de peligrosidad de un paciente), que comportarán las acostumbradas especulaciones periodísticas sobre la peligrosidad de la enfermedad mental, sobre el estado de abandono de las familias, etc. Es así como una carga ulterior de estigmatización y segregación caerá fatalmente sobre la psiquiatría en su totalidad. Sin embargo, esperando una rapidísima revisión del código de procedimiento penal en los criterios de imputabilidad, por los cuales son restructurados cuanto antes los deberes, derechos y la custodia de los autores de delitos graves, tendríamos la posibilidad científica de estudiar y comprender un campo de la existencia humana hasta hoy inexplorado por nuestros servicios: el mal.

Intentaremos en una jornada de máximo compromiso, empeño y concentración, acoger estas clases magistrales para –posteriormente-llevarlas a la práctica en nuestros servicios, elaborándolas en nuestras reuniones de equipo.

Partiremos con una contribución filosófica, seguiremos con los aportes neurofisiológicos, psicofarmacológicos, socio-económicos, psicoanalítico clínico y de investigación y finalmente psicológico-social. Cerraremos con un debate- asamblea entre los participantes.

Dicha aproximación pretende construir paradigmáticamente una sensibilidad epistemológica convergente con el objeto de leer con un poco más de claridad este cambio actual al que están sometidos nuestros servicios.

Intentaremos por lo tanto buscar el mal dentro y fuera de nosotros, como dimensión de nuestro inconsciente y de la vida consciente, de la vida cotidiana en su inmersión biológica, en el sujeto colectivo con sus costos económicos, en la clínica con la   finalidad última – dentro de esta complejidad- de planificar las estrategias más actualizadas y adecuadas como siempre a nuestros servicios.

Temas:

Franco Berardi: “El mal o el bien, o bien, el mal y el bien”; A. Ventriglio, I. Capecci: “Las bases neurofisiológicas del descontrol de impulsos”: A. Torterella: “La prevención de los actos agresivos con las terapias Long acting y orales”; F. Spandanaro: “Los costos farmacológicos, sanitarios y sociales del mal”; A. Correale: “La estereotipia y el mal”; Pierfrancesco Galli: “Malestar en el archipiélago de la violencia: trabajadores Intelectuales y organizaciones de la falsa consciencia”; G. Nivoli: “Qué hacer ante el mal en psiquiatría”; L. Montecchi: “la gestión del mal en los grupos”; Mari: “Consideraciones finales”.

 

El cuadrado de nueve puntos

Franco  “Bifo” Berardi

25 Abril de 2006

¿Conocen ustedes la solución del problema del cuadrado de nueve puntos?

De esto habla Paul Watzklawicz en Change:

Casi todos los que buscan resolver este problema

introducen como parte de su solución una

hipótesis que, en cambio, hace imposible su solución.

La hipótesis es que los puntos formen un cuadrado

y que la solución deberá encontrarse adentro de

dicho cuadrado, una condición autoimpuesta que

por cierto no es entregada en las instrucciones.

La solución consiste en abandonar el campo. No

es lo mismo si nos consideramos fichas de un juego

cuyas reglas llaman realidad, o si los jugadores del

juego del que sabemos que las reglas son reales en

la medida en que las hemos establecido y aceptado”

(Watzklawicz-Weakland-Fish; Change. Sobre la formación y solución de los problemas; Astrolabio 197

 

1. Ni gobierno ni oposición

He esperado largamente antes de escribir este mensaje puesto que no me gusta ser identificado como anunciador de desgracias. Esto no corresponde ni a mi espíritu ni a mi intención. Hoy, dos semanas después, me permito compartir…mi opinión, mis previsiones y también mi propuesta.

El resultado de las elecciones políticas en Italia inaugura una situación en la que no solo será muy difícil gobernar para la mayoría de centro-izquierda, sino que será casi imposible hacer oposición social, ejercer una presión que le restituya al trabajo la utilidad y la renta que le ha sido sustraído en los últimos quince años (no solo en los últimos cinco). Incluso los aspectos más feos introducidos por la legislación pasada serán difíciles de remover.

¿Puede alguien creer que habrá fuerzas para trastocar la lógica de la ley 30? ¿Para borrar la infamia del CPT? ¿O que se puedan reducir los financiamientos a las escuelas privadas para restituir los recursos a la escuela pública y a la investigación? ¿O que estarán las condiciones para modificar el sistema comunicacional borrando la ley Gasparri e introduciendo el principio de la comunicación como derecho social? Aquí me detengo, pero si ustedes quieren, pueden continuar.

El problema no es que los números no existan en el Parlamento (que si bien son exiguos pero gracias a la cochinada de Carderoli podrían bastar). El punto es que la coalición de mafia luego de cinco años de gobierno (de ese gobierno), ha mantenido sus posiciones del 2001, mientras que en los otros países europeos quien gobierna pierde votos. En este sentido sería oportuno reconocer-por un problema de higiene mental y de realismo político- que la derecha ha construido una hegemonía cultural profunda y en consecuencia ganó sustancialmente las elecciones, aun cuando el centro-izquierda las ha ganado formalmente y por lo tanto tiene derecho a formar un gobierno e intentar gobernar.

La previsión es que la relación de fuerza social no hará posible una política (indispensable) de redistribución de la renta, de democratización del sistema de comunicación, de acogida e integración de los inmigrantes. Esta relación de fuerza es fruto de la sumisión a las políticas liberales que desde hace veinte años paralizan la iniciativa de la izquierda, y es fruto de decenios de dictadura mediática ante la cual la izquierda nunca ha movido un dedo, y de la cual incluso en varias ocasiones se ha hecho cómplice activa.

La fragilidad el gobierno Prodi es de tal magnitud, y la agresividad de la derecha está destinada a crecer (atentos a la plaza de derecha en los próximos meses, sobre todo en el noreste y en Roma), que no habrá espacio para una ofensiva social sobre la renta, ni habrá espacio para un traslado de recursos desde el monopolio televisivo hacia el circuito de comunicación social.

En suma, si no queremos que el gobierno Prodi se desmorone (con el que sigue) tendremos que calmarnos.

 

2. Un problema europeo

¿Y entonces?

Mi conclusión no es pesimista como el análisis. Al contrario, dado que no todo el mal llega para hacer daño, de esta debacle de la izquierda italiana podrá surgir un resultado extraordinariamente positivo si sabremos cambiar el escenario, saliendo del perímetro, tal como nos lo sugiere Watzklawicz.

Renunciar a una ofensiva social que podría hacer caer el frágil gobierno que hace de dique contra la inundación definitiva de la derecha italiana, más vale que sea canalizada en una dirección cien veces más apasionante: reabrir la cuestión constitucional europea que el No de los franceses y de los holandeses ha dejado en suspenso.

Es a Europa que el movimiento italiano debe plantear el problema de una regulación democrática del sistema comunicacional. Es a Europa que debe plantearse el problema de un salario de ciudadanía y de un mínimo salarial desde Timosoara a Liverpool. Son exigencias que el gobierno italiano ha instalado hace tiempo pero que no encontrarán respuesta alguna en el contexto italiano.

Desde hace tiempo hemos visto superponerse dos perspectivas, dos narraciones: por una parte la narración dominante es la del liberalismo infinito, la del Economist y del IMF. Este relato dice que hay que reformar, reformar, reformar, en el sentido que hay que reducir el costo del trabajo, aumentar el tiempo de vida laboral, incrementar la productividad, la competitividad, en una palabra, el aprovechamiento utilitario. Y cuanto más esta cura (a la que está sometido el planeta desde hace casi treinta años) produce devastación y miseria, tanto más habría que ser suministrada la misma cura.

Por otra parte hay, en cambio, una narración emergente, subterránea, implícita: la narración de un paradigma post-económico, el relato de una post-modernidad finalmente liberada de la obligación del crecimiento infinito, finalmente libre de plantearse el problema de la felicidad según parámetros que no sean solamente económicos.

 

3. Por una reescritura colectiva de la constitución europea como primera constitución post-económica

La creación de Europa hay que verla desde el punto de vista de demarcación y momento de elección entre estas dos narraciones.

La constitución europea ha sido rechazada porque la mayoría de la sociedad francesa y holandesa la sintieron como una reafirmación (quizás como una eternización) del paradigma economicista y liberal. Y por el momento no hay otra alternativa. Volver a iniciar la escritura de la Constitución europea significa construir dicha alternativa, a partir de un principio post-económico.

Tan solo un proceso que incluya millones de hombres y mujeres, y que vuelva a proponer los principios de la democracia moderna a la altura post-moderna de los problemas, puede escribir la Constitución europea.

La carta constitucional propuesta por el núcleo dirigente europeo (y rechazada por la opinión pública), volvía a proponer de maneras más o menos adecuadas, las soluciones políticas de la época moderna a problemas que la época moderna no conocía.

Las constituciones modernas no se plantearon nunca el problema de la televisión, porque cuando se escribieron no existía la comunicación electrónica. Tampoco se propusieron los problemas de gobernar la globalización porque cuando fueron escritas, la globalización no existía. No se plantearon el problema de la precarización porque no existían las tecnologías capaces de recombinar, seleccionar y poner a disposición de la sociedad ideas en este sentido: de una Italia deshecha puede nacer una Europa capaz de indicar una nueva perspectiva al mundo entero.

 

Las sospechas que rodean el acuerdo internacional Trans-Pacífico del que Chile es parte

Las sospechas que rodean el acuerdo internacional Trans-Pacífico del que Chile es parte

Brendan Smialowski | AFP



Medicamentos más caros, patentes más prolongadas, inversores extranjeros con poder sobre los gobiernos: son algunas de las consecuencias que -según sus críticos- podría tener el acuerdo Trans-Pacífico cuya negociación entra en su recta final esta semana en Hawai.

Un puñado de borradores del “Trans-Pacific Partnership” o TPP, filtrado por Wikileaks, ha llamado la atención sobre el fuerte énfasis del tratado en expandir la protección de los derechos y activos de las corporaciones como la propiedad intelectual -patentes, derechos de autor y bases de datos- que son mucho más valiosas para las corporaciones económicas modernas que el comercio tradicional de carga.

Para los críticos del proyecto, las propuestas muestran más una inclinación a la protección que al libre comercio, o un acuerdo más centrado en los beneficios de las corporaciones que en impulsar las economías y el desarrollo.

Pero sus defensores sostienen que la economía global moderna requiere un nuevo marco de reglas para proteger a las industrias del siglo XXI dependientes de la propiedad intelectual y que no están cubiertas por los pactos de libre comercio tradicionales como la Organización Mundial del Comercio (OMC).

Los 12 países involucrados -Australia, Brunei, Canadá, Chile, Japón, Malasia, México, Nueva Zelanda, Perú, Singapur, Estados Unidos y Vietnam- han acordado deliberar en el mayor secreto, con el objetivo de alcanzar un acuerdo que pueda ser aceptado o rechazado en su conjunto.

Los documentos filtrados también muestran grandes diferencias en muchos temas todavía en negociación. Pero lo que se ha filtrado preocupa a algunos políticos, académicos y miembros de la sociedad civil.

Medicamentos más caros

Muchas organizaciones de salud pública sostienen que las protecciones a la propiedad intelectual propuestas incrementarían los costos de los medicamentos y los cuidados de la salud.

Los borradores muestran una propuesta para que los nuevos medicamentos biológicos tengan una protección de 12 años, cuando incluso la administración del presidente Barack Obama quiere que el estándar en Estados Unidos se reduzca a siete años, para fomentar una mayor competencia y lograr precios más bajos.

También muestran un esfuerzo por complicarle a los países más pobres la producción de versiones genéricas de otros medicamentos, extender la protección de patentes a nuevas versiones de drogas ya existentes y para obligar a los gobiernos -especialmente el de Nueva Zelanda- a revelar sus datos internos de precios en el sector farmacéutico.

Los críticos sostienen que esto solo fortalecerá a las grandes compañías farmacéuticas.

“El principal objetivo es alargar y fortalecer los actuales regímenes de propiedad intelectual a través de nuevas normas que hasta ahora no han sido incluidas en acuerdos de libre comercio”, indicó Judit Rius Sanjuan, de la organización Médicos Sin Fronteras, indicando que esto “postergará el acceso a los medicamentos genéricos”.

“Esta es una prioridad fundamental para el gobierno de Estados Unidos (…), cambiar las reglas de la propiedad intelectual de los países”, sostuvo.

Otro objetivo del TPP es consagrar el periodo de protección del derecho de autor de 70 años que tiene Estados Unidos, que supera ampliamente los 50 años estipulados en el Acuerdo sobre los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual relacionados con el Comercio (ADPIC) de 1994.

La Fundación Electronic Frontier, un lobby de Silicon Valley especializado en los derechos y regulación vinculados a la tecnología, indicó a su vez que la extensión de los derechos de autor solo “enriquece a las grandes corporaciones de medios, no a los artistas en dificultades; obstaculiza a las bibliotecas, archivos, educadores y personas con discapacidades; y guarda bajo llave toda una serie de trabajos que pertenecen al dominio público”.

Más controles de internet

La fundación también ha advertido que los borradores muestran un esfuerzo para que los proveedores de servicios de internet en los 12 países sean los responsables de hacer cumplir los derechos de propiedad intelectual por parte de sus clientes en línea.

La medida llevará a “más medidas de censura en internet (…) en nombre del cumplimiento del derecho de autor”, sostuvo.

Otro punto polémico es el acuerdo sobre controversias (ISDS) que da a los inversores extranjeros el derecho de demandar a un gobierno en un tribunal extranjero por las políticas o acciones que dañan su inversión.

Este tipo de acuerdo de protección de inversiones ha sido muy criticado cuando ha sido usado, por ejemplo, por compañías gigantes como Philip Morris para demandar a Uruguay o Australia por sus reglas sobre el etiquetado de los paquetes de cigarrillos o la francesa Veolia a Egipto por subir los salarios.

Pero los defensores del acuerdo aseguran que las cláusulas sobre controversias ya están presentes en tratados de comercio bilaterales o contratos de inversión en todo el mundo, por lo que el TPP no cambiaría sustancialmente esto.

 

En La Cabina De Pilotaje

En  La  Cabina  De Pilotaje

Franco Berardi

 

Dicen que el joven piloto Andreas Lubitz habría sufrido de crisis depresivas y ocultado su condición psíquica a la empresa en la que trabajaba, Lufthansa. Los médicos le aconsejaron ausentarse del trabajo por un período. Este hecho no es para nada sorprendente: el Turbo-capitalismo contemporáneo detesta a aquellos que piden usufructuar de los permisos por enfermedad, y detesta mucho más aún cualquier referencia a la depresión. ¿Deprimido yo? Ni siquiera se hable de ello. ¡Yo estoy muy bien! Soy perfectamente eficiente, alegre, dinámico, enérgico y, sobre todo, competitivo. Hago jogging cada mañana y siempre estoy disponible para horas extraordinarias. ¿No es esta acaso la filosofía del low cost? ¿No suenan las trompetas cuando el avión despega  y cuando aterriza? ¿No estamos rodeados quizás ininterrumpidamente por el discurso de la eficiencia competitiva? ¿No estamos obligados casi a diario a medir nuestro estado de ánimo con la alegría agresiva de las caras que aparecen en los spots publicitarios? ¿Acaso no corremos el riesgo a ser despedidos si nos ausentamos mucho por enfermedad? Ahora los diarios (los mismos diarios que desde hace años nos llaman haraganes y tejen los elogios del desborde  de los ineficientes) aconsejan poner mayor atención a las asunciones. Harán cambios extraordinarios para verificar que los pilotos de avión no sean desequilibrados, locos, deprimidos, maníacos, melancólicos tristes y extenuados ¿No es verdad? ¿Y los médicos? ¿Y los coroneles de ejército? ¿Y los choferes de autobuses? ¿Y los conductores de tren? ¿Y los profesores de matemáticas? ¿Y los carabineros del tránsito? Removeremos a los depresivos. Removámoslos. Lástima que ellos sean la mayoría absoluta de la población contemporánea. No estoy hablando de los depresivos reconocidos, quienes también  aumentan en proporción creciente, sino de aquellos que sufren de infelicidad, tristeza, desesperación. Si bien raramente nos lo dicen y con cierta cautela.

La incidencia de las enfermedades psíquicas ha crecido enormemente en los últimos decenios y la tasa de suicidios (según el informe de la World Health Organization) ha aumentado al 60% en los últimos 40 años. ¿Cuarenta años? ¿Qué podrá significar? ¿Qué ha sucedido en los últimos 40 años para que la gente corra en masa hacia la ‘dama negra’? ¿Habrá quizás una relación entre este incremento increíble de la propensión a acabar con todo y el triunfo del neo-liberalismo, que implica precariedad y competición obligatoria? ¿Habrá quizás también una relación con la soledad de una generación que ha crecido frente a la pantalla recibiendo estímulos psico-informativos continuos y tocando cada vez menos el cuerpo del otro? No olvidemos que por cada suicidio logrado hay alrededor de 20 intentos sin éxito. Y no olvidemos que en muchos países del mundo (también en Italia) se invita a los médicos a ser cautelosos en atribuir que una muerte sea por suicidio, si no hay pruebas concluyentes de la intención del fallecido. ¿Y cuántos accidentes automovilísticos esconden una intención suicida más o menos consciente?

En cuanto las autoridades investigadoras y  la compañía aérea revelaron que la causa del desastre aéreo fue el suicidio de un trabajador que sufrió de crisis depresiva, hecho que ocultó, he aquí que en Internet se puso en marcha el habitual ejército de conspiradores. “Esto no es creíble”, dicen los que sospechan un complot. “Detrás de esto debe estar la CIA o quizás Putin, o quizás simplemente un gravísimo error de Lufthansa, que mantienen oculto.

Un escritor de viñetas que se firma Sartori y se cree muy chistoso, muestra a un tipo que lee un diario y dice: “Masacre Airbus, responsable el copiloto deprimido”, luego agrega: “dentro de poco dirán que también Isis está compuesta por depresivos”. Ahí está, bien. El punto es justamente este: el terrorismo contemporáneo puede tener miles de causas políticas, pero la única causa verdadera es el sufrimiento psíquico (y social, pero ambas cosas son solo una) que se está difundiendo en el mundo ¿Se puede explicar quizás el comportamiento de un shaheed, de un joven que se hace estallar para asesinar una decena de otros humanos en términos políticos, ideológicos, religiosos? Se puede por cierto, pero son habladurías. La verdad es que quien se mata considera la vida como un peso intolerable y ve en la muerte la única salvación y en las masacres, la única salvación.

Una epidemia de suicidios se ha abatido sobre el planeta tierra, porque desde hace decenios se ha puesto en marcha una gigantesca fábrica de infelicidad de la que parece imposible huir. Aquellos que ven un complot por doquier deberían dejar de buscar una verdad oculta y, en cambio, ponerse a interpretar de otro modo la evidente verdad. Andreas Lubitz se encerró en esa maldita cabina de pilotaje porque el dolor que sentía dentro de sí se había vuelto insoportable, y porque acusaba de este dolor a los 140 pasajeros y colegas que volaban con él y a todos los otros seres humanos que, como él, son incapaces de liberarse de la infelicidad que devora a la humanidad contemporánea desde que la publicidad nos ha sometido a un bombardeo de felicidad obligatorio, desde que la soledad digital ha multiplicado los estímulos y aislado los cuerpos, desde que el capitalismo nos ha obligado a trabajar el doble para ganar la mitad.

 
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