EFECTOS TERAPÉUTICOS DE LA PARTICIPACIÓN EN GRUPO OPERATIVO
He participado anteriormente de dos experiencias
de Grupo Operativo. Actualmente me encuentro participando en la tercera.
Todas ellas se han desarrollado como cursos electivos de la carrera de
Psicología en mi Universidad (Universidad de Chile) y el dispositivo
grupal, en líneas generales, ha constado (en todas las ocasiones)
de una sesión semanal, con una duración de 90 minutos, un
coordinador (profesor Horacio Foladori), un observador que es miembro del
grupo y se ofrece voluntariamente como tal (éste es un rol rotativo)
y que devuelve su observación al resto aproximadamente 20 minutos
antes de finalizar la reunión. El número de integrantes
del grupo ha sido fluctuante, nunca superando las 10 o 12 personas por
sesión.
Me parece importante destacar, antes
de comenzar con el desarrollo del tema, que en estas tres oportunidades
la tarea (explícita) ha sido el aprendizaje de algunos de los conceptos
de la técnica de Grupos Operativos. En ninguno de los casos ha habido
una intención explícita de abordar como tarea la terapia
(empleando la palabra terapia en el sentido de curación, sanación).
Ninguno de estos grupos ha sido pensado, a priori, como un grupo terapéutico.
Y, a pesar de este hecho, nuestro
operar como grupo ha acarreado consecuencias, a todas luces, positivas
en el sentido de una curación. La pregunta, en este punto,
se elicita naturalmente: ¿curarnos de qué ?. Para poder responderla
necesito dar un nuevo rodeo y referirme ahora, muy brevemente, a los supuestos
y mitos de mi carrera y mi universidad. Tomaré tan sólo dos
de ellos y los expondré a modo de aseveraciones.
La primera afirmación es: "el
concepto de aprendizaje que subyace a la mayoría de las cátedras
de mi carrera implica una concepción del sujeto que aprende como
esencialmente modular (entonces, más que sujeto, hay un "hombre
modular")".
La segunda es : "el estudiante de
psicología no necesita experimentar un proceso de terapia porque
la terapia implica la existencia de una patología y el estudiante
de psicología es, ante todo, una persona sana".
En este contexto, y recogiendo la
primera afirmación, desprendo un primer efecto terapéutico
del Grupo Operativo, en tanto éste postula un concepto de aprendizaje
que necesariamente rompe con la idea del "hombre modular" : ya no es más
posible fragmentarse a la hora de aprender desde que no hay un modo de
aprender que no implique introducir (o más bien, re-introducir)
al sujeto, completo, a la tarea de aprendizaje. El abordaje eficiente de
la tarea implica necesariamente integrar lo "subjetivo" (llámese
emociones, sentimientos, angustias). El "hombre modular" deviene, entonces,
durante el proceso grupal, en sujeto.
Este no es (fue), como sabrán,
un pequeño cambio. Tampoco es (fue) un proceso simple; tiene todo
un dejo, aún hoy, a temores, a resistencias. Imagino que para
ninguno de los que hemos participado de un Grupo Operativo ha sido tarea
fácil des-hacernos de nuestros esquemas referenciales antiguos,
de esos que actuaban (y actúan) saboteando la tarea. Al momento
de esta reflexión adopto la postura, quizá demasiado optimista,
que éste es un momento relativamente logrado en el grupo al que
pertenezco.
Redondeando un poco la idea, al menos en mi experiencia, me percaté de cosas tan cotidianas como que lo que sentía respecto de lo que aprendía incidía en mi proceso de aprendizaje; que el modo en que ocupábamos el espacio incidía en nuestro sistema de relaciones; que mi "yo-sentimiento" podía activarse en presencia de mi "yo-inteligencia", etc. Me sané, entonces (y nos sanamos, en el grupo) de vivir desintegrados, de vivir divididos.
Desprendiéndose del desarrollo de esta primera aseveración, y articulándose con la segunda, vino un segundo momento que también denominaría terapéutico : si lo que siento no puede ser marginado de lo que aprendo, no hay modo de que las penas y las angustias (que los normales también viven) dejen de incidir en mi proceso de formación como psicólogo. Entro así en contradicción con la segunda aseveración : quizá al estudiante de psicología sí le convenga participar de un proceso de terapia porque ya no podrá separar su sentir de su pensar, de su quehacer.
El tema se vuelve, en todo caso, más
complejo aquí. Por un lado, surge la posibilidad (¿la
necesidad ?) de que el estudiante se contacte con su propia locura (¿el
estudiante sana cuando se da cuenta que también está loco
?). Este proceso ha aparecido, con mayor intensidad últimamente,
en emergentes grupales del tipo "estamos locos, y más encima somos
locos reincidentes porque no es primera vez que estamos aquí". Se
han asociado muchas resistencias, asimismo, al tema del "estudiante loco",
que pueden plasmarse en las ansiedades (persecutorias) asociadas a la idea
de nuestro departamento de Psicología como un Hospital Psiquiátrico.
Me sano, entonces, en tanto puedo contactarme con mi propia locura, siempre
y cuando ese "momento de locura" sea funcional a la tarea y no se convierta
en un estado rígido del cual no pueda salir (de algún modo,
mientras sea una locura "como si" y no una locura vera).
Retomando la idea, el tema se vuelve
complejo porque una cosa es percatarse de la necesidad y la atingencia
de un proceso de terapia para los integrantes del grupo, y otra es esperar
que esa necesidad de terapia se introduzca como tarea en el operar grupal.
Y si bien antes mencioné los efectos terapéuticos del Grupo,
lo hice en tanto ellos tenían que ver con lo implícito, con
lo no planificado, con lo que sería problemático se introdujera,
desde la "oscuridad", en lo central de nuestro operar. Nuestro grupo
permanecería siendo, por decirlo de algún modo, "funcionalmente
terapéutico", en términos de nuestra consigna explícita,
mientras lo marginal (en el sentido de margen, de lo que está al
borde) no saltara al centro y viceversa.
En este momento pienso en una dificultad que expuso, en el día de ayer, el doctor Hernán Davanzo, y que guardaba relación con el cómo detener el grupo de aprendizaje antes de que éste se convierta en un grupo de terapia. Este será un tema que seguramente no encontrará respuesta en esta reflexión : la tarea de estar alerta a lo que atente contra el operar grupal, en relación con su tarea explícita, ciertamente es propia del coordinador (y no seré yo quien usurpe su labor, por mucho que lo desee).
Probablemente esta ponencia, en tanto emergente grupal, tenga mucho por pulir y deje muchas más interrogantes que respuestas. Probablemente ese sea, de algún modo, uno de sus objetivos, o quizá su objetivo completo.