ESCLARECIMIENTO DE LAS DETERMINACIONES DEL STRESS LABORAL

 

            Livia Sepúlveda E
                                     Horacio Foladori

 

  I.- DEMANDA Y PROPUESTA

 

      Este trabajo se origina en una demanda de intervención en la oficina de partes del Ministerio de Educación.

      Hechos significativos que originaron esta petición:

 

1. La detección de un caso de tuberculosis en la Oficina.

2. Grado de hacinamiento en la Oficina de Trabajo.

3. Alto porcentaje de licencias médicas.

4. Presencia de un alto índice de depresión.

 

      Se presentó una Propuesta aceptada en su totalidad.  El modelo de intervención consistió en organizar los inscritos, (20), en grupos, (2), para que las dependencias funcionaran normalmente. Ambos grupos trabajaron una vez por semana durante 20 sesiones  (6 meses), en un espacio adecuado para hablar.

 

II.-      DESARROLLO DEL PROCESO

 

      Las primera reuniones dieron cuenta de las expectativas y fantasías con que los funcionarios asistían. Pensaban que se trataría de un solo taller, porque la institución generó un mal entendido, tal vez para obtener la afluencia de los funcionarios a participar, lo que demostró que los problemas tenían larga data y que era ilusorio obtener esclarecimientos válidos con una sola sesión, como es habitual.

      En los cursos de capacitación a que asistían los funcionarios esperaban que “los expertos” les dijeran que tenían que hacer ante lo que acontecía en su oficina.  Tendieron a convertir a los consultores en intermediarios entre la Oficina y las Autoridades, por lo que, algunas de las primeras sesiones se transformaron en “Mesa de Negociaciones”, evitando hacer sus reclamos propios.

      Inicialmente, se atribuyó a “problemas familiares” la presencia de problemas en la Oficina, lo que implicaba plantear la cuestión en términos de “no nos metamos con la vida privada de nadie”, lo que constituía una resistencia férrea al trabajo grupal.  Consideraban amenazante el trabajo, ya que requería de un grado de confianza y de compromiso emocional, por lo que insistían en solicitar consejos, que permanecen como “exteriores” al sujeto y les permite ilusionarse con que ellos eligen si los aplican o no.

      Aunque cada subgrupo adquirió sus propias características, el proceso fue similar. El conflicto central del grupo fue  variando a lo largo del proceso (C.C.: es el lugar en el que aparece la mayor concentración de fuerzas antagónicas) pasando por diversas etapas.  Inicialmente se centró en los problemas internos de cada sección; posteriormente, apareció como conflicto con la institución; más tarde se polarizó en las Jefatura de la Oficina; más tarde se centró en los problemas internos de cada institución; más tarde se polarizó en un férreo cuestionamiento al Gremio para adquirir, por último, la tonalidad de los conflictos intra familiares.

 

II. 1.- MOMENTOS DE LOS CONFLICTOS PERSONALES

 

      La primera respuesta que los funcionarios se dan a sus problemas es que concurren al trabajo con una gran carga emocional producto de situaciones familiares conflictivas que los deprimen, enojan o alegran según como lleguen de sus casas.  Dicho argumento no toma en cuenta que, comparativamente, el mayor tiempo de sus vidas concientes lo pasan en el empleo y la explicación podría ser la contraria: que se llevan los conflictos del trabajo a la casa, donde llegan a comer y a acostarse.

 

II. 2.- En un segundo momento, superada la contradicción anterior, la Jefatura pasa a ser la causa de todos sus males. Se quejan que no son tomados en cuenta, que hay privilegios para los “regalones” y los “chupa medias”, que existe arbitrariedad en la “repartición” de beneficios económicos. Reconocen que el Jefe también está expuesto a las decisiones de las instancias superiores, las que son presionadas, a su vez, para obtener buenas calificaciones para no perder su “pega”.  El Grupo siente sensaciones de desamparo, de rabia y, al mismo tiempo, la necesidad de cautelar la figura de su Jefe: todos somos esclavos.  El conflicto central con la Jefatura lo constituye el abuso de Poder que estos ejercen por medio de la calificación. De estas dependen ascensos y la posibilidad de ganar unos pocos pesos más.

      La Calificación aparece como el único elemento que los funcionarios pueden controlar, vía un buen desempeño.

      La calificación y sus repercusión se convierte, así, en un conflicto central con la jefatura y es, al mismo tiempo, un tema que pone al desnudo toda la situación laboral actual, por lo que se convierte en un denunciante de la misma.

      La queja contra la Jefatura adopta el modelo de una situación “familiar”, como si estuviesen ante un padre malo que no trata a los hijos por igual y que se reserva las mejores tareas y funciones. Pero, a su vez, plantean que el Jefe debe “mandar” y manejar con “mano dura” las cosas de la Oficina. Este aspecto de la pasividad generalizada, -están a la espera de que el Jefe les indique el qué hacer (aparecerá de diversas maneras a lo largo del Taller como efecto de la resignación. (“Tirar la toalla”, “no se puede esperar retribución”, “no hay espíritu de cambio”).

 

II. 3.- Los conflictos entre Sub-secciones

 

      Cuando se les mostró que no todos los males provenían de la Jefatura, centraron el conflicto en disputas entre las secciones: quien tenía la Oficina más nueva, más cómoda o ventilada, a qué sección le tomó en cuenta la opinión para remodelar los espacios; a quiénes se les reconocieron las necesidades mínimas de confort y seguridad; quiénes trabajan más y quiénes son beneficiados. Por ejemplo, quiénes son beneficiados con la entrega de uniformes, uso de microondas y comedor. El conflicto fue hablando y analizando hasta disolverse.

      Los mismos funcionarios reconocieron que se había llegado a un acuerdo tácito, no sin violaciones a las normas de horarios implantadas. Esto permitió reconocer la baja tolerancia que tienen las diferencias entre ellos, como si pretendieran que todos fuesen uniformados al estilo de batallón.

 

II 4.- Momento de los conflictos con el trabajo.

 

      Superado el momento anterior, los grupos comienzan a reflexionar sobre el trabajo mismo, sobre las tensiones que genera, sobre la relación que mantiene cada quien con su actividad. El tema es neurálgico en la medida que inmodificable.  Todos dependen de otras instancias que están mucho más allá de la propia Oficina y, por tanto, no pueden hacer nada por resolverlos.  Veamos algunos ejemplos: el trabajo de la Sección Correspondencia se recarga excesivamente ya que una Oficina prevista para la Correspondencia Oficial debe trabajar el triple para cubrir todas las cartas personales (cuentas, cuotas, etc.), lo que constituye para ellos una falta de ética al utilizar mecanismos estatales en beneficio personal.

      La presión por terminar el trabajo en el día y cumplir con las normas del Estatuto Administrativo convierte el trabajo en una lucha contra el reloj lo que, generalmente, se resuelve quedándose hasta más tarde.  Sorprende el exceso de celo de los funcionarios que no escatiman sacrificios de su tiempo por cumplir con su Servicio que parece no tener ningún reconocimiento de parte de las Autoridades.  Los funcionarios se sienten “la cara pública del Ministerio”, especialmente la Sección al Público, donde existe una especial actitud y orgullo de brindar un buen servicio.  Dicen “somos la piedra de tope, los colegios y los Directores hacen y deshacen y uno está en la mitad, el Ministerio no puede hacer nada, la gente descarga eso en nosotros”. Sienten que nadie les informa de nada, y que las políticas inciertas del propio Ministerio, la mayoría de las veces contradictorias con las políticas de las Municipalidades, los presiona a asumir y hacerse cargo de problemas de las personas y sufrir las consecuencias del impacto que esto les produce.  Es evidente que no aparece claramente discriminado lo que es brindar información al público, de los reclamos que éste se cree con derecho a hacerle llegar al Ministerio.  (Padres y apoderados de los más diversos puntos del país, que son “peloteados” desde las entidades locales a la Oficina de Información).

      Si bien el objetivo de la Burocracia es la racionalización del trabajo, en la práctica las cosas no funcionan con eficacia.  Probablemente, las dificultades en la comunicación crea esta descoordinación.  A esto se agrega que el trabajo en sí es rutinario, (“hacer lo mismo aburre y mata”). La mayoría de los funcionarios se ha pasado 25 años de su vida realizando el mismo trabajo mecánico sin probabilidades de creatividad, sin cambios y sin estímulos, lo que gesta una sensación de desesperación.

      Los criterios de evaluación del rendimiento y de la calidad del trabajo están basados en un enfoque cuantitativo. Este enfoque neoliberal de tener que medir todo, afecta el funcionamiento de todo el Ministerio y de todas las acciones que este emprende.

      Lo cuantitativo, las diferencias esenciales, en sentido del trabajo y su evaluación aparecen pervertidos por la supuesta objetividad que los números aportan, cuando lo único que se toma en cuenta son los números.  Para los funcionarios, que viven el trabajo como una totalidad, el Ministerio, al tomar solamente la parte, los números, la estadística por el todo, distorsiona significativamente la realidad cotidiana, produciendo, además, un fenómeno ilusorio que enajena a los funcionarios, incrementando los niveles de sufrimiento laboral. El Ministerio se apropia de todo lo que tiene que ver con la relación entre trabajo-satisfacción-placer-realización personal, al valorar solamente las cantidades de trabajo. El Capitalismo Neoliberal parece violentar los límites de la enajenación producida por el trabajo.

      Se suma a esto la dificultad en aceptar los adelantos técnicos, que aparecen como persecutorios (“todo se va a computarizar. A uno le quitan el pensar”). Como el Ministerio no tiene una política de Psicohigiene que genere procesos que disminuyan las ansiedades ante la nueva tecnología aparece como si existiera una política tácita que las aumentara.

 

II 5.- Conflictos con la Institución

 

      Hay un momento en que los funcionarios toman conciencia de que los problemas con el trabajo no necesariamente se derivan de la naturaleza del trabajo en sí, sino que pasa por la manera en como la Institución norma la actividad laboral. Hay responsables que toman decisiones sobre cómo organizar y hacer las cosas a las que los funcionarios deben someterse.

      El problema está, entonces, en la manera como se ejerce el Poder sobre el Trabajo.  Allí, aparece la violencia en toda su magnitud.

      El Estatuto Administrativo legitima algo más que la necesidad de un ordenamiento y organización de la actividad laboral.  Lo que se pone en entredicho es si esta manera de hacer las cosas: manejo despótico del Poder, atropello de las necesidades de las personas, jerarquización arbitraria de las funciones, invalidación de las iniciativas personales y grupales, control irracional del tiempo y del espacio, valorización de lo cuantitativo sobre lo cualitativo, eficientismo, etc., es la mejor forma de hacerlas bien.

      Los salarios son insuficientes, inequitativos y caóticos. Los funcionarios colaboran entre ellos para juntar papeles sobrantes de las oficinas para venderlos y mejorar sus ingresos. Otros venden huevos, miel, etc.

      Sienten que los niveles de bienestar antes de la Dictadura eran muy superiores: tenían médicos, dentista, jardín de niños, comedor y posibilidades de comprar mercaderías básicas; además, que el Salario tenía un mayor poder adquisitivo. El Estatuto Administrativo incide desfavorablemente, ya que las malas calificaciones generan una baja del salario y una dificultad para ascender en el escalafón.  En este rubro, la impotencia es absoluta.  La angustia aumenta ante la posibilidad de jubilar, ya que lo acumulado no les alcanzará para sobrevivir.  Lo patético es que, a pesar de eso, dicen “que deben dar gracias a Dios de tener un trabajo”.

      Los niveles de corrupción, la falta de seguridad en los contratos de trabajo, las enfermedades y la desconfianza en sus representantes sindicales, configura una situación sin salida que genera un montón de angustia y de rabia que, al no poderse canalizar hacia afuera, termina apuntando a la propia personalidad en diversas manifestaciones de autoagresividad y desvalorización. La fractura que significó el Golpe Militar implicó una profunda distorsión de las relaciones laborales y en el clima de trabajo. En suma, esta marca permanente de miedo que persiste como en muchos otros sectores de la sociedad chilena ha permanecido abierta generando autocensura y sufrimiento.

 

      Preguntamos al grupo cuáles son las determinaciones del stress laboral. El grupo contesta “todas ellas”, lo cual no significa que todas operan con el mismo peso y tampoco que lo hagan de igual modo en todos y cada uno de los funcionarios.

 

CONCLUSIONES: ALCANCES DEL PROCESO

 

      El “espacio para hablar”, permitió al Grupo, poner en palabras, simbolizar situaciones, atribuir sentidos y producir, a su vez, nuevos sentidos, lo que permite transformar una experiencia impactante, traumatizante, en un acontecimiento que, al insertarse en una lógica, adquiere significaciones diversas.

      Las situaciones continúan permaneciendo, no hay olvido o represión posible, hay simplemente re-significación. Esto es suficiente para que el conflicto pierda buena parte dela intensidad que es vivida como traumática.

      El análisis progresivo que los grupos hicieron de las diferentes situaciones mencionadas hizo que los conflictos sentidos como antagónicos fueran perdiendo fuerza. El grupo operó como continente de descargas emocionales y como un espacio de solidaridad donde el compromiso colectivo permite pequeñas modificaciones, muchas veces suficientes para disminuir el sufrimiento personal.

      En el proceso de evaluación, los funcionarios reconocieron mejoría en las relaciones interpersonales y una mejor comunicación, comprensión y respeto entre ellos, lo que modificó los límites interpersonales en su convivencia diaria. El efecto catártico del taller significó una relajación en el clima laboral.  Reconocieron, además, que el análisis pormenorizado de la situación laboral, les permitió discriminar entre aquellos problemas que pueden ser abordados de manera individual y grupalmente de otros, que al ser estructurales requieren de conocimientos institucionales mucho más amplios, lo que implica un reconocimiento tanto de las potencialidades como de las limitaciones personales, lo que se hizo con no poco dolor y sufrimiento.

 

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