EXPERIENCIAS
CORRECTORAS EN GRUPO OPERATIVO
Escenas de
una Dinámica Grupal Operativa, en Tres Actos[1]
¿Cómo
puede una cosa
Crear
otra cosa
A
no ser que la otra cosa
Cree
la primera?
Como
puede un padre engendrar a un hijo
Si
no es que el hijo
También
engendre a su padre
Por
miedo de que yo dejase de existir,
Yo
te creé
(Extracto
de "Las Palabras del Padre", J,L Moreno 1920).
INTRODUCCIÓN
Como coordinador de mis grupos internos me siento llamado a hablar desde
el lugar de coordinado, mostrar aquellas angustias, aquellos fantasmas que se
corporeizaron en el devenir de un taller con enfoque operativo, de este modo
contar una experiencia movilazadora en el interjuego temporal
y siempre interpersonal del ayer, del hoy y del mañana.
Elisa Neuman me animó y ofreció su colaboración en esta empresa, viéndonos
extender nuestra acción en la Escuela que nos formaba como coordinadores de
grupos operativos.
La idea era hablar desde el rol de coordinado, acerca de lo que pasa en
la subjetividad del que se expone a formar parte de un grupo de este tipo, en el
fondo qué nos pasa en los grupos, ya sean familiares, laborales, escolares, en
esta sociedad.
Dejamos abierta la posibilidad de considerar este trabajo un emergente de
una sociedad maltratada por un padre terrible...
No teníamos sistematizada nuestra experiencia común, y al mismo tiempo
sentíamos que los procesos allí desarrollados dan cuenta de una experiencia de
cambio y aprendizaje que a menudo son difícilmente reconocidas para un
observador externo.
El trabajo se desarrolla narrando en un primer momento la experiencia
vivida, a partir de la cual ponemos en tensión y discusión algunas nociones teóricas
El primer problema al escribir este trabajo es de la misma índole de lo
que gatilló todo en las sesiones, es decir qué hacer con un espacio en blanco,
sin estructura, ni orden dado desde afuera, simplemente un enunciado...
ESCENAS
DE UNA DINÁMICA GRUPAL OPERATIVA
·
Nueve actores, alumnos de los últimos
cursos de la carrera de psicología, 4 mujeres y 3 hombres
·
Una coordinadora
·
Una observadora
·
Una sala de clases con sillas ordenadas
en círculo dos de las cuales se apartan un tanto del resto juntas son las del
equipo coordinador; es primavera, en una Universidad Privada del Chile de
mediados de los 90.
I
ACTO: LOS FANTASMAS
Escena
1: "En el banquillo de los acusados"
Tengo la sensación de que todo gira en torno a mí, y esto me produce
gran tensión, miedo y angustia. Todos están pendientes de mí, de mis gestos,
ademanes, palabras. Me siento permanentemente observado.
Doy por correcta la postura de las profesoras. Mí participación en el
grupo es escasa, por lo general observo lo que ocurre y anoto lo que pasa en un
cuaderno.
Escena
2: "Saliendo de la burbuja"
El temor al rechazo se hace realidad: -"Juani dice que le caigo mal
y que también le cae mal Yocelyn". Esto me remite a experiencias escolares
de estigmatización y aislamiento. Me duele, pero me consuela que también le
caiga mal Yocelyn, también me alivia el hecho de que Javiera "me
defienda". Al parecer la experiencia concreta de otro que me defiende me
permite reconocer que los rechazos no son nunca masivos. Me sorprende mi reacción
inmediatamente posterior, no me defiendo y le agradezco su sinceridad.
Reflexiono acerca del por qué me caía mal y por qué yo le podría caer mal,
en ese orden.
Me doy cuenta de que más allá de las simpatías y antipatías, los
seres humanos tenemos rasgos en común y utilizamos mecanismos similares para
sobrellevar situaciones ansiógenas.
Vivo en una burbuja y de repente alguien, un extraterrestre mete su brazo
dentro de la burbuja y me doy cuenta de que existe todo un mundo distinto allá
afuera, y me coge de la mano para salir, yo me resisto.
II
ACTO: CAMBIANDO DE LUGAR
Escena
1: "En el bando de los malos"
Me quedo pensando en mi relación con Yocelyn, nos habíamos hecho amigos
hacía poco tiempo, debo reconocer que no quiero estar otra vez en el grupo de
los excluidos, me inquieta, refleja la influencia de los demás en mi percepción
de los otros (la mayoría rechaza a Yocelyn). Me siento culpable por no querer
apoyar a Yocelyn (siento que si lo hago me perjudicaría).
Por primera vez estoy del otro lado, de los que se suman a la mayoría
del grupo y excluyen. Puedo entender mejor que la exclusión vivida en mi
infancia no sólo se explica desde mí sino también por procesos grupales.
En una sesión Yocelyn se pone a llorar, se amplía mi visión y pienso
como poder ayudarla (y ayudarme) a salir de esa pena. Recobro la importancia de
la espontaneidad, de expresar lo que siento en el momento. Los niños tienen
esta posibilidad, los adultos la vamos perdiendo y nos ganamos máscaras y
corazas que sólo acentúan la dinámica viciosa de sacarle la vuelta a los
problemas y al dolor.
Escena
2: "Aprendiendo a mirar(me)"
Tengo algo de temor; pero mi nivel de ansiedad, angustia ha disminuido en
forma notable en comparación con las otras sesiones. La tensión en el grupo va
desapareciendo. Hablamos de cosas concretas, de la malla curricular, de las prácticas
profesionales, de nuestro rol "agentes de cambio" o simples
“apagadores de incendios”, tecnócratas. ¿Cuál es el objetivo de estar
estudiando psicología?.
Me siento entonces, distinto a algunos miembros del grupo y similar a
otros, en cuanto a mis motivos de vida (aumenta mi auto-percepción y la
percepción de los otros).
Ahora defiendo el silencio, este tiene una significación distinta para
cada uno, pienso que soy distinto y me gusta serlo, me acepto distinto.
Surge otro aspecto que hasta hoy perdura: ¿qué hacer cuando termine de
estudiar la carrera?, ¿de qué manera innovar y ser feliz? Una cosa esta clara
no soy un desesperanzado.
III
ACTO: LA INTEGRACIÓN Y EL APRENDIZAJE EN ESPIRAL
Escena
1: "Momento de la integración y la diferenciación"
En la medida que el grupo, y yo mismo como parte de este grupo nos
centramos en la tarea puedo percibir con más claridad los procesos proyectivos
que se encubren en las simpatías y antipatía. Percibo que no tolero a Carlos
porque él me devuelve mi propia desesperanza que no puedo reconocer en mí.
Me siento inocente, cándido por pensar que puedo cambiar el mundo. Coca
me increpa directamente "¿por qué escribes siempre durante las
sesiones?". Desde antes me había incomodado tener que sacar cuaderno y lápiz
para escribir lo que ocurría, me apresuré a darle a Coca la explicación
"racional" que me daba a mí mismo asegurándole que luego reuniría
el material y lo presentaría como trabajo del ramo. Su pregunta me conectó con
las razones más profundas para explicar este actuar: me permitía hasta ese
momento reducir la ansiedad...
Me doy cuenta que me gusta ayudar a la gente, quiero escuchar la opinión
de todos, que se enriquezca la dinámica, si siempre nos quedamos callados no es
lo mismo, aprendemos más arriesgándonos, me alegra darme cuenta de esto,
pierdo el miedo al espacio inestructurado.
Comienzo a registrar las intervenciones del coordinador, en especial lo
referente al orden y el desorden. Orden y desorden, ambos son un orden dado
desde afuera, el problema surge cuando no podemos o no queremos darnos nuestro
propio orden y nuestras vidas giran en torno al orden o desorden de otros, nos
hacemos dependientes psicoafectivamente de los otros, esto no es sano y nos
causa ese miedo al que dirán, ese miedo a los fantasmas. Me sitúo en una
posición más cómoda que me permite evaluar mejor las interacciones de los
otros. No me siento tan observado como en un principio y pienso que esto también
le ocurre a los demás. Me preocupa menos lo que soy, lo que hago, lo que digo.
Reconozco que a través de esa atención obsesiva acerca de la opinión de los
otros (mis padres), me hago jugar el papel que otros me han asignado. Me atrevo
a criticar a los coordinadores del grupo. Manifiesto que la desestructuración
causa altos niveles de ansiedad innecesarios.
Hacia el final del electivo se van integrando muchos aspectos que han ido
surgiendo a lo largo de las sesiones. Parece cerrarse un ciclo del cual creo
salir mejor instrumentado, por lo menos con una visión más amplia.
Escena
2: "Una vuelta de espiral"
Uno de los integrantes señala su dificultad para abrirse por la
presencia de "ciertas personas en el grupo". Surge en mí la necesidad
de explicitar lo implícito, entender lo que está ocurriendo y ver que sucede.
Le señalo que está buscando excusas para no mostrarse. No lo logro, lo
enfrento directamente diciéndole que si le caigo mal, y esto le impide hablar
en el grupo es por que le importa el qué dirán, que le teme a esto. Esta vez
no oculto tanto mi nerviosismo por caerle mal a alguien.
Carlos me señala que le caigo mal porque "vendo una pomada increíble"
Me pregunto, ¿hasta qué punto esto será cierto?, si lo es, no me doy cuenta:
desempeño el papel que los otros (la autoridad) quieren que desempeñe?. Es una
explicación de por qué me siento siempre tan responsable y culpable de las
cosas que ocurren a mí alrededor.
Algo ha cambiado en mí, salgo del círculo que me impidió ver donde
estaba girando, salgo de la burbuja (aunque no me alejo mucho de ella) me
permito decir lo que siento, observar la reacción de mi interlocutor, lo veo
nervioso (tanto como yo), a la vez puedo mirar lo que ocurre con los otros
miembros del grupo frente a este hecho, todos tienden a apoyarme!!. Pienso luego
en que (como comenta la observadora en la devolución) todos tenemos o esperamos
tener en los otros a un padre terrible que nos sentencia y del cual debemos
protegernos, y no nos deja libre en ningún instante, nos asfixia. Pero a la vez
ese padre terrible es uno mismo constituido por aquellas cosas que no nos gustan
de nosotros mismos, es aquí donde surgen las antipatías, otros pasan a
representar eso que no podemos aceptar de nosotros mismos. Otras cosas que
relaciono en cuanto a perder el miedo al "qué dirán" es que este se
fundamenta en fantasmas, la realidad es siempre menos terrorífica que estos.
Actualmente, pienso que todas las personas tienen un lado agradable,
amigable con el cual puedo contactarme, cuando surja aquel padre e hijo terrible
que todos llevamos dentro.
El electivo termina, Yocelyn se ha retirado antes de él, pero nos hemos
hecho amigos y nos juntamos para hacer cultura en la Universidad, Juani ya no me
cae mal y creo que yo tampoco, ya no nos vemos como enemigos, algo similar
ocurre con Carlos, me atrevo a golpearle el hombro empatizando con su
preocupación él me responde afectuosamente, en fin nos vemos como compañeros
en una tarea común, la de ser psicólogos en una sociedad que enferma.
PD.
Supe que algunos de los integrantes solicitaron psicoterapia luego de esta
experiencia, entre ellos yo!
[1] Ponencia presentada por Cristian Idiáquez U. y Elisa Neumann G., en el Cuarto Encuentro de Experiencias en Grupo Operativo.