EL SUEÑO DE UN JARDÍN
“...soñé
que nos encontrábamos en el Jardín cuando comenzaba a temblar, como un
terremoto..., nosotras teníamos
que afirmar las paredes para que no se cayeran, ni la pensábamos, había que
hacerlo en vez de salir arrancando...”
Las instituciones no son solamente los
objetos o las reglas visibles de las relaciones sociales, tienen
un lado escondido que se muestra en lo no dicho, en lo reprimido y que
constituye lo que el Análisis Institucional se propone develar, descifrar,
interpretar. Sacar a la luz lo escondido pasa por reconstruir relaciones
de sentido entre elementos que aparecen dispersos.
Con esta idea partimos, a principios
del ´98, a investigar un requerimiento de “supervisión” del trabajo que se
realizaba en un Jardín Infantil que se ha definido como “alternativo”,
“especial”, donde además de niños normales se recibían niños con déficit
de algún tipo, en este caso eran niños diagnosticados como Autistas y algunos
con síndrome de Down. Situación
que según la Dirección del Jardín fundamentaba la necesidad de una
“supervisión”, tanto para ellas como para el resto del personal, ya que el
cuidado de estos niños generaba mucha tensión.
El Jardín contaba además con una piscina temperada que les permitía
ofrecer clases de natación infantil durante gran parte del año.
Una
vez analizada la información surgida en las sesiones diagnósticas se les
propuso realizar un trabajo de esclarecimiento y diagnóstico acerca de las
consecuencias que la actividad cotidiana en el Jardín tenía sobre quienes ahí
laboran. El
trabajo propuesto se realizaría bajo los supuestos de la técnica de los Grupos
Operativos desarrollada por Enrique Pichón-Rivière; desde esta perspectiva
nuestra labor sería desempeñada como un equipo técnico compuesto por un
coordinador (psicóloga) y un observador (psicólogo); con una duración de
quince sesiones luego de las cuales evaluaríamos la posibilidad de una nueva
propuesta de trabajo.
Esto implicaba trabajar con todo el
personal involucrado, en total nueve personas que se distribuyeron en dos
grupos: el primero estaba compuesto sólo por las tres dueñas que al mismo
tiempo eran la dirección del Jardín y su personal especializado; el segundo lo
componían seis auxiliares.
En un primer momento, el Grupo de las
auxiliares tendió a constituirse como un espacio para decir “cosas” como
quejas y críticas respecto del Jardín, de su administración y de la forma de
funcionamiento de las Tías como tías y como dueñas.
Aparentemente el compartir estas inquietudes en el Grupo era parte de una
estrategia que buscaba hacer cargo a la Coordinación de comunicar a la Dirección
del Jardín este aspecto del conflicto. Sin
embargo a poco andar el Imaginario de la Institución dio cuenta de acuerdos tácitos
y de reglas no dichas que ponían en evidencia un doble discurso que cruzaba
toda la Institución. Cuando hablamos de Imaginario de la Institución. nos
referimos a lo que Anzieu, D. entiende como la representación o auto
representación que todo Grupo tiene de si mismo.
En este caso el Grupo, a través del discurso manifiesto, actúa como si
de verdad tuviese claro el lugar que ocupan sus integrantes dentro de la
Institución y al mismo tiempo el grado de violencia que ésta ejerce sobre
ellas; entonces en el sueño aparece el terremoto “...nosotras
teníamos que afirmar las paredes, ni la pensábamos, había que hacerlo en vez
de salir arrancando..”. “...teníamos
que, había que hacerlo...”; en el momento nos preguntamos de qué se
hacen cargo, por qué, para quién. Aparece
aquí la consigna Madre de la normatividad implícita de este lugar “...aquí
todas tienen que apechugar, con lo que fuera, viniera de donde viniera...”
El Jardín es entonces mucho más que un lugar de trabajo, el quehacer cotidiano
se transforma en un medio para apuntalar las paredes que sostienen el SUEÑO del
Jardín, pero es como si soñaran el Sueño de las Dueñas, viviendo una
angustia ajena como propia, haciéndose parte de un proyecto que no les
pertenece pero que de algún modo las repara y las protege, al mismo tiempo que
las enfrenta a exigencias para las cuales no están preparadas.
Algunos emergentes dan cuenta de sus contradicciones: “...somos como una familia sin comunicación..., las tías
deciden...ellas se van, yo me quedo..., las tías nos dijeron lo que podemos
decir..., es mejor quedarse callada..., aquí uno guarda, guarda y guarda...,
hay que cuidar lo que uno dice y como se dice..., los que hablan siempre
terminan siendo atacadas..., me gustaría tener más formación para trabajar
con niños autistas..., los niños con problemas nos ponen en problemas... ”
Con el desarrollo de nuestro trabajo, y
a partir del material producido en el Grupo de las Tías-dueñas, fuimos
entendiendo que la imagen del Jardín como un Sueño condensa una historia
compartida por las dueñas, que arriendan la propiedad para crear un lugar de
encuentro que sirviera de refugio a los perseguidos políticos o para realizar
reuniones que en los años de la Dictadura eran una amenaza para la vida de las
personas. Entonces el Jardín era
la fachada, tal vez en estas situaciones surge la ley del “Apechugar”
mediante una lealtad incondicional que resultaba en un grado de exigencia altísimo
y por todas respetado, aunque al momento del llamado circulaba con fuerza la
culpa, la sensación de sentirse manipuladas, enrabiadas, absorbidas por el
trabajo; sobre todo las auxiliares de mayor edad que pertenecían al proyecto
desde sus inicios, ellas imponían un discurso a las más jóvenes y por tanto
las más nuevas, que pretendía hacer coherente el manejo del poder en la
Institución. El Jardín también
es la “Casita” donde las que van siendo madres llevan a sus hijos, en el
Imaginario de este Grupo la casita es un refugio, una cueva donde las
“leonas” jóvenes con sus cachorros pueden todo y casi contra todo; deciden
recibir a todos los niños que tengan problemas y protegerlos.
Afuera la realidad es enloquecedora y hostil.
Hoy perciben un terremoto como
inminente, el comienzo de la desilusión, de empezar a verse de una manera
distinta, que nada tenía que ver con la realidad actual.
La Casita v/s la Empresa, por primera vez parecían distinguir ambas y
sus diferencias. Mostrar las
consecuencias que tenía para ambos Grupos el esperar que todos siguieran
compartiendo el mismo Sueño fue un camino difícil y doloroso.
Gran parte de los contenidos del SUEÑO
del Jardín surgieron de la significación que le atribuían a la piscina, ésta
representaba el proyecto que con tanto sacrificio habían construido.
En un primer momento era una entretención que ofrecían sólo durante el
verano, luego le pusieron una carpa y un sistema que mantenía temperada el agua
de forma que pudieron adelantar y extender las temporadas de, ahora, clases de
natación; por último realizaron la inversión más ambiciosa construyendo una
piscina techada y temperada por medio de caldera, esto les trajo una deuda que
arrastraban como lastre permanente, que les servía para explicar muchas de sus
dificultades económicas, dificultades que comenzaban a afectar sus compromisos
laborales con las auxiliares, acudiendo el mandato latente de que todas debían
“apechugar” en los momentos difíciles, provocando en los otros la sensación
de culpa, como si el trabajo y el sueldo fuera un favor otorgado por la Tías.
Esto sirvió para mostrarles las dificultades que generaba la no
diferenciación entre los compromisos económicos que habían adquirido y la
responsabilidad que tenían para con sus empleados.
La piscina también representaba la
locura del trabajo, el “desbordarse” como metáfora de la interdicción. Durante la temporada alta, es decir los meses de verano, los
límites para definir el número de niños que podían matricular eran en
extremo elásticos, llegando, con frecuencia, a sobrepasar las posibilidades de
la infraestructura y del personal contratado.
Como bien lo describían eran semanas de locos donde no había un minuto
de descanso durante el día. La
enajenación del trabajar en la piscina, el temor ante la posibilidad de un
accidente, el calor sofocante, el espacio reducido producto del numeroso
contingente de niños; todos estos elementos configuraban la viva imagen de lo
que vivían en el Jardín durante el resto del año, donde el agua era la única
diferencia.
Entonces el Jardín sueña que hay un
terremoto, el terremoto es el derrumbe del SUEÑO.
el Jardín sueña que se va morir, apenas sostenido “...teníamos
que afirmar las paredes para que no se cayeran, ni la pensábamos, había que
hacerlo en vez de salir arrancando...”
El trabajo con los Grupos se constituyó
en una tarea dolorosa de permanente desilusión y constituiría el tema de otro
trabajo el analizar nuestra implicación.
Constatamos una vez más que lo no
dicho institucional se construye ocultando como se dieron los orígenes del
Proyecto y que opera como un mecanismo que perpetúa el no-cambio.
Al mes de terminada nuestra intervención
el Jardín redujo su jornada de funcionamiento sólo a la mañana, esta decisión
había sido tomada a mediados del trabajo realizado con nosotros producto de lo
que ellas llamaron “el darse cuenta”. En
la actualidad el proyecto es cerrar definitivamente en diciembre del ´99,
conservando el trabajo con la piscina, convirtiendo el lugar en un espacio
abierto para realizar talleres infantiles.
Agosto de 1999.