EXPERIENCIA
GRUPAL EN LA TOMA DE PEÑALOLÉN.
Presentaremos
nuestra experiencia como coordinadores de un grupo en la toma de Peñalolén,
específicamente en el comité “la voz de los sin casa”. Este grupo, que se
realizó a lo largo de siete sesiones, se inserta dentro de un proceso de diagnóstico
comunitario, en el contexto de un proyecto de intervención en el cual se
encuentran trabajando estudiantes de psicología y arquitectura.
Para
introducir es necesario realizar una breve historia de la comunidad-institución
dentro de la cual se enmarca nuestra experiencia.
Un
grupo de pobladores se organiza con el fin de trabajar en torno a un objetivo
común: Tener un lugar donde vivir. La tarea que se proponen es tomarse un
terreno en Peñalolén, la cual se materializa el día 5 de Julio del año 1999.
Conseguido
dicho objetivo aparecen
nuevos desafíos, los cuales se traducen en diversas tareas, como lo son:
lotear el terreno entre los nuevos propietarios, levantar las viviendas y por
sobre todo defenderse de dos enemigos voraces que acechan constantemente por el
lugar : la fuerza policial y el propietario legal del terreno, el Sr. Miguel
Nazur, quien en reiteradas ocasiones intenta desalojar a los pobladores
sin lograr su objetivo.
Podemos
decir entonces
que la organización está en permanente ebullición, siendo operativa respecto
de sus propias necesidades.
Para
poder constituirse en una comunidad con la gratificación de ciertas demandas básicas,
la organización se divide el trabajo en comisiones, el requisito fundamental es
que al menos un integrante de las familias que ocupan el terreno
participen en ellas, hay mucho por hacer, un ejemplo de ello es la comisión
de seguridad cuyo objetivo es el de velar por el orden interno, resguardar el
cumplimiento de ciertas normas que velan por la buena convivencia, quienes no
cumplen con ellas son inmediatamente desalojadas del terreno .
Todas
estas labores están reguladas por una entidad
que se designa comité
“La voz de los sin casa”, el cual es uno de los tantos comités que
existen al interior de
la toma. Semanalmente se reúnen los directivos del comité con los
delegados de las respectivas comisiones y cuadrantes con el fin de
discutir las problemáticas de la organización. La consigna de éstas
reuniones es ”Trabajar siempre respetando la decisión de las bases”.
Con
el paso del tiempo la amenaza del desalojo cede paulatinamente, trayendo la
calma en los hogares recién constituidos. Y con la tranquilidad también llegan
otros beneficios como lo son la luz eléctrica y el agua potable. Entonces, se
ven satisfechas las mayores demandas básicas: hay techo, hay luz eléctrica,
hay televisores encendidos en algunos hogares ...al parecer ya no hay mucho
trabajo por hacer, la ebullición inicial tiene
algunos atisbos de lejana operatividad.
La
historia recién relatada la fuimos escuchando entre clase y clase en la escuela
para adultos, proyecto organizado por la comisión cultura de “la voz de los
sin casa”, a la cual llegamos para hacer clases a todos aquellos interesados
en dar exámenes libres. Fue en este contexto que algunos de nuestros alumnos,
bajo el conocimiento de que
somos estudiantes de psicología se nos acercaron para contarnos que tenían
algunos problemas. Nos pidieron entonces que nos juntáramos a conversar .
Configuración
del grupo:
Dado
que habían muchos interesados en hablar con nosotros acerca de sus problemas,
les propusimos juntarnos a conversar en grupo. Ellos aceptaron
la propuesta.
De
esta forma, el objetivo inicial que convocaba al grupo era
el de tener un espacio en donde poder hablar acerca de sus problemas de
la vida cotidiana.
Al
comienzo de la
primera reunión el grupo estaba envuelto en un diálogo de sordos, el
cual dio cuenta de la dificultad que presentaban los integrantes
para escucharse y pensarse a sí mismos dentro del grupo.
Con
esto establecimos el punto de pasaje o momento por el cual el grupo atraviesa,
caracterizado por un vivenciar caótico al interior de éste, lo que da cuenta
de la disociación latente entre lo individual y lo social, disociación común
a todo grupo que comienza a constituirse en torno a una tarea.
Al finalizar la primera sesión el grupo comenzó a elaborar una temática
común que giraba en torno a las divisiones y a la parálisis en que se
encuentra la organización, emerge ahí la sensación de “ estar de capa caída”,
una sensación de pérdida y de añoranzas del pasado y de la urgencia de tener
un lugar en donde “tirar la mierda” , es entonces cuando un miembro del
grupo dice de la necesidad real y urgente de tener un alcantarillado.
Durante
las reuniones siguientes los integrantes del grupo fueron rotando, entrando
unos, saliendo otros, no pudiendo establecerse un grupo definido, lo cual -a
nuestro parecer- habla de una baja pertenencia, entendida ésta como la
identificación de los miembros del grupo con los procesos grupales en
referencia a la tarea. Esto genera en nosotros ansiedad ya que veíamos al grupo
dentro de un escenario en constante cambio, y pensamos que esto no permitió-entre
otros factores- configurar un encuadre que facilitara el proceso grupal, debemos
decir que esta ansiedad se vincula además con el hecho de que era la primera
vez que coordinábamos un grupo.
Con
respecto a la tarea explícita que se habían propuesto, el grupo, estableció
como norma tácita no hablar de ella en grupo,
acudiendo así, individualmente por turnos a las siguientes sesiones , es
decir, hablaron de sus propios problemas cotidianos “casualmente” cuando los
otros miembros del grupo faltaban al encuentro.
Con
esto el grupo formó una coalición anti–tarea, lo que da cuenta por un lado
de la imposibilidad de pensarse como un grupo y de la dificultad para elaborar
el trabajo grupal, y, por otro lado, del clima imperante en el campamento,
caracterizado por la desconfianza y la división política al interior de la
organización misma. La voz de los sin casa se desarticulaba de la misma manera
como se estaba desarticulando el grupo.
Frente
a la irregularidad en la asistencia de los miembros del grupo, dos de las
personas que nos habían solicitado la realización de éste nos propusieron la
suspensión del grupo hasta que hubiese más gente dispuesta a comprometerse y a
asistir en forma regular a las sesiones, con lo cual
el grupo
decide terminar con los encuentros.
A
lo largo de las siete sesiones se pudo dilucidar una clara disociación
estereotipada entre el grupo y el individuo, la consecuencia de ello, desde
nuestro punto de vista, fue la paralización del grupo. Además, a través de
los emergentes situacionales pudimos constatar que los momentos de mayor cercanía
a la tarea fueron precisamente realizados individualmente, en este sentido sólo
hubo atisbos de lograr el trabajo en torno a temáticas comunes cuando se
hablaba acerca de la desintegración a nivel de la organización política en
“La voz de los sin casa”. Lo que da cuenta de que el grupo funciona
disociando aquello que acontece en la organización respecto de lo que pasa al
interior de los hogares.
Entendemos
que el grupo está conformado por una o varias instituciones, en este sentido el
grupo no se agota en sí mismo, sino que da cuenta de ciertas problemáticas y
conflictos políticos al interior de las instituciones. En este sentido, el
grupo da cuenta, habla de lo que pasa en los niveles superiores de una
organización o institución. Así, podemos entender los fenómenos
anteriormente mencionados al interior del acontecer grupal que coordinamos, esto
es una alta resistencia a trabajar en grupo, a escucharse dentro del mismo
y una constante disociación entre lo individual y lo grupal, como una
expresión del operar de la institución al cual el grupo pertenece.
De
alguna manera el comité “La vos de los sin casa” se convirtió en un fin en
sí mismo y no en un medio para lograr operar sobre las problemáticas para
las cuales se habían constituido, es decir , la organización se
burocratizó .
En
principio la necesidad vital de tener una casa propia fue la tarea común de la
organización, en donde todos los pobladores participaron de manera activa en el
proceso, existía un plan de lucha común, había una fuerte identificación con
los principios que guiaban los planes de acción y rondaba el deseo de
constituirse en el futuro en una población autónoma. Podemos decir entonces
que, logrado el objetivo de la apropiación del terreno y de la construcción de
las viviendas, culmina el movimiento instituyente, tornándose en una organización
instituida, con ciertas normas rígidas, sistemas de comisiones y reuniones que
adquieren un perfil completamente formal e inoperantes. Una organización al
interior de la cual no pueden ser asumidos los conflictos políticos en forma
explícita, sino que se traducen en problemas tales como alcoholismo, drogadicción,
violencia familiar, etc... produciéndose lo que Mendel denomina regresión de
lo político al plano de lo psicológico.
Es
así como entendemos la demanda inicial de quienes conformaron el grupo, como
una expresión de
la imposibilidad de hablar y abordar en forma directa y explícita la
problemática por la cual atraviesa la organización en su conjunto.
“Necesitamos de un lugar para sacar la mierda” es un signo que da cuenta del
momento por el cual atraviesa la institución.
A
través de lo anterior, pretendemos poner de manifiesto los límites de la práctica
psicológica cuando queda fijada -la mayoría de las veces- en la psicologización
de temáticas
tales como la pobreza, el alcoholismo o la violencia familiar, por
nombrar sólo algunos, y de la imposibilidad de plantearse como una disciplina
que mira, piensa y escucha más allá de lo psicológico, más allá de lo
individual, en un abordaje que sea capaz de conjugar y permitir pensar lo
individual, lo grupal e institucional, como momentos indisociables de la
vida.
Sabemos
que esta institución se organiza de manera estereotipada y que se encuentra en
un momento de paralización , pues bien, el tema es descubrir qué podemos hacer
como psicólogos sociales frente a esto... dejamos la pregunta abierta.
Bibliografía:
-
Pichón-Rivière, E. “El Proceso Grupal”. Ed. Nueva Visión. Buenos
Aires.
-
Mendel, G. “Sociopsicoanálisis” vol. 1. Ed. Amorrortu. Buenos Aires,
1973.
-
Bleger, J. “Temas de Psicología”. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires.
- Liendo, E. “Psicoterapia Estructural de la Pareja y del Grupo Familiar”. Ed. Nueva Visión. Buenos Aires, 1974.