A
continuación presento tres de las 45 crónicas que fueron escritas por los
funcionarios de los distintos consultorios y postas rurales de la Provincia como
parte del Programa de Emergencia de Salud Mental para la provincia del Limarí.
Participaron los consultorios de Montepatria, Punitaqui, Carén, El Palqui, Chañaral
Alto, Pichasca, Cerrillos de Tamaya y Jorge Jordán; los Equipos de Salud Rural
de Ovalle y de Combarbalá, y el Hospital de Combarbalá. Son escritos durante
el mes de Enero de 1998 en el contexto de trabajos grupales y recordando lo que
se vivió para el terremoto que el día 14 de octubre de 1997 ocurrió en la
zona.
Crónica
1
La noche es clara, la lluvia había
cesado, todo era quietud, nos aprontábamos a mirar un programa infantil, cuando
de repente se siente un movimiento bastante fuerte y continuo, las cosas se caen
y nos causó pánico y nerviosismo, unos gritan, otros lloran, ancianos que
rezan, murallas que se desploman, se corta la energía eléctrica, suena la
sirena de los bomberos, acuden
voluntarios a prestar ayuda a la población, por la calle cunde el pánico.
La noche es clara debido a que había luna llena, las líneas telefónicas
se cortaron, no había comunicación con nadie.
Durante la noche hay más de cien réplicas, no se duerme, la vigilia es
permanente. Al amanecer se puede
ver la magnitud del daño causado por el Terremoto, el ambiente es desolador y
hasta el día de hoy todo es incertidumbre, no deja de temblar y estamos a 13 de
Enero del año 1998.
Crónica
2
Eran las 22:05 hrs. del día Martes 14 de Octubre de 1997, cuando un
fuerte Terremoto sacudió a nuestra región, oscureciendo el ambiente, nuestra
mente y nuestros corazones, el pánico y la desesperación se apoderó de todos;
intenté caminar con mi niño en brazos para ponernos a salvo pero el salvaje
movimiento me impedía dar un paso, en un instante desesperado quise abrir la
puerta y no me fue posible, en mi afán de protegerlo no me daba cuenta de que
él se estaba asfixiando, casi sin sentido salí con mi niño, mientras la Posta
se derrumba, atravesando terrenos eriazos, junto a mi paciente con sus otros
pequeños hijos que en ese momento se encontraba en mi Posta y que yo hasta ese
instante había ignorado. Al buscar
refugio en casas vecinas, como a las 03:00 hrs de la madrugada varios vecinos
nos reunimos para darnos fortaleza unos con otros, el panorama era desolador, la
destrucción, la desesperanza y el miedo nos sobrecogían.
Más tarde empezaron a llegar las primeras ayudas, Carabineros, las
autoridades de la Municipalidad y del Departamento de Salud.
A pesar de mi terrible angustia reuní mis pocas fuerzas, para poder dar
atención y organizar a mi comunidad que estaba en las mismas o peores
condiciones que yo, el tiempo era malo, la noche anterior se
había dejado caer una fuerte tormenta y amenazaba con volver a llover y
nosotros en la intemperie. Pero a
Dios gracias todo ha ido volviendo a calmar lentamente, hoy atendemos en una
mediagua que nos sirve de Posta la que nunca ha dejado de funcionar, estuve y
estaré con mi sufrida gente de mi Posta de Barrancas.
Crónica
3
Hoy el pueblo de Cerrillos amaneció triste, la desesperación aumenta al
observar el triste y desolador panorama que ofrecen las casas, las familias se
acomodaron como pudieron ya sea en carpas o colchonetas tiradas a la intemperie,
por la seguidilla de réplicas que inquietaban más aun a la población, el
pueblo quedó sin sus suministros básicos, ya sea agua y luz.
Al paso de las horas aumentaba la consulta en Urgencia por neurosis justificadas y la tensión del personal
aumentaba por las horas de trabajo acumuladas y los daños sufridos en la parte
física del consultorio y la incertidumbre al no tener noticias de nuestros
hogares.
De lo Traumático a lo Divino
“un
fuerte terremoto de dos minutos
cambió la vida de todo un pueblo
y toda una región”
El
terremoto se convierte en una experiencia que ha marcado por su intensidad y por
su cercanía con la muerte. Ha quebrado lo externo, ha destruido las casas, los
objetos y acabado con vidas humanas. Además de los daños externos ha dañado
internamente. Ha dañado un equilibrio existente hasta ese momento, ha roto una visión y experiencia de mundo de una manera
repentina, brusca y dolorosa. En este sentido, esta experiencia se vuelve difícil
de elaborar e integrar a la vida, porque existe la percepción de un cambio
interno y profundo que insiste en dar una nueva visión de las cosas, una
realidad difícil de aceptar:
“ya
no podremos ser los mismos de antes, para eso tendrá que pasar mucho tiempo y
quizás nunca olvidaremos, nos dimos cuenta de lo pequeños que somos…”
Esta vivencia límite que evoca los temas de muerte y del final del mundo
compromete temas divinos; el acercamiento a lo religioso como posibilidad de
salvación y como superioridad que gobierna la vida. Esta experiencia se vuelve
traumática porque recuerda acerca de la pequeñez y de las limitaciones de los
seres humanos ante la inmensidad de la naturaleza; pero no sólo
recuerda la pequeñez humana, también recuerda de la dependencia de
fuerzas más grandes y superiores y, en ese sentido, conecta con temas
religiosos. El pedir, como una forma de entrega a la grandeza divina, como una
reacción rápida de aceptación de esta pequeñez humana:
“Muchos
de nosotros pensamos que el mundo se acababa, sin embargo la gente se unió en
votos de fe y esperanza.”
El
Miedo
Es
comprensible la reacción masiva ante este hecho tan extraño y amenazante para
la vida, ante la incertidumbre de lo que podría venir al día siguiente, ante
la incapacidad de control de los acontecimientos. Miedo a la muerte, miedo a lo
desconocido, miedo a esta naturaleza extraña y poderosa que presenta la
capacidad de mover la tierra y decidir el futuro. Desesperación por la
incapacidad humana de hacer algo, de frenar este evento, por la desprotección y
la inseguridad. Sólo queda una alternativa: arrancar. ¿A dónde? ¿dónde se
está a salvo cuando es el piso el que se mueve?:
“por
la calle cunde el pánico y la desesperación se apoderó de todos”
“las
personas estaban alarmadas, arrancaban con sus ropas, sin zapatos hacia los
cerros”
“Toda la gente corría despavorida
con lo puesto, sin ninguna organización y consternadamente horrorizados”
Y, finalmente, miedo ante estas fuerzas de la naturaleza que podrían
acabar con todo, que podrían poner un punto final a la vida. El miedo al dolor
y el miedo a la muerte creaban tensión y la expectación ansiosa se fue
contagiando. Se trataba de un temor compartido, profundamente humano y
comprensible:
“miedo
a que no terminara y la angustia de no saber qué estaba pasando, cómo estaban
las familias, los vecinos y la sensación de sentir o tocar la muerte.”
“la noche que fue la más larga de nuestras vidas, pues
todos esperamos una réplica que acabara con todo”
El Impacto
Entonces nos encontramos con la marca que deja el desastre, queda la
huella dibujada para siempre en la memoria de sus protagonistas. El impacto
resulta posible de notar no sólo en la reacción de miedo y angustia que generó
el evento en sí, sino que también
en el impacto que ocasionó las consecuencias de este desastre. El derrumbe de
las casas nos habla de un impacto visual a largo plazo, pues permanece la
presencia del terremoto tanto tiempo como permanecen las casas derrumbadas, no
se logra la integración de este evento a la vida mientras no se logre levantar
nuevas construcciones:
“con
impotencia veían derrumbarse sus viviendas que con mucho esfuerzo y privaciones
habían logrado construir, muchas veces con sus propias manos”
“el
interior de las casas centenarias destruidas, ilusiones perdidas, años de
trabajo en el suelo”
Y frente a este impacto, la necesidad de reconocimiento de la intensidad
del suceso para validar la intensidad del sufrimiento. Como paso necesario para
la reconstrucción resulta importante el poder nombrar el impacto que
tuvo el Terremoto, que refleje la intensidad del miedo vivido. El ponerle un
nombre posibilita la legitimación de la experiencia ante los demás, valida la
intensidad de la vivencia ante quienes no estuvieron presentes en ese momento.
En general existió la percepción de invalidación de la experiencia por falta
de reconocimiento:
“Las
autoridades no querían reconocer la magnitud de la catástrofe. Sólo diciendo
que fue un temblor y no un terremoto”
La Vida
Es así, cuando el tema del que se habla es la cercanía con la muerte y
el reconocimiento de la pequeñez humana, cuando el intento de control resulta
fallido y cuando la intensidad de la vivencia no resulta comprensible, aparecen
las señales que otorgan sentido a los acontecimientos; la cercanía con la
naturaleza como una forma de aproximación a la vida. Aparece lo ancestral, lo mítico,
los signos y las señales de la naturaleza como comunicación divina, como forma
que torna comprensible este repentino e inentendible movimiento:
“llamaba
la atención la excesiva calor que cubría nuestra ciudad a pesar de lo húmedo
y frío que estuvieron los días anteriores. Más extraño aún fue la extraña
brisa tibia que se sintió al atardecer y hasta momentos antes del movimiento sísmico”
“fue
un día lluvioso que contrastaba con lo caluroso de aquel día 14, en la atmósfera
se sentía que algo iba a suceder”
En la luna se ven anclados este conjunto de sensaciones, como
representación de una señal, como imagen que queda grabada en la memoria
colectiva. La luna como representación del Terremoto, es vista como un signo
que protege:
“hacía
mucho frío pero la luz de la luna no nos abandonó”
También
es vista como un signo que engaña:
“al
atardecer aparece la luna llena que sorprende con su luminosidad pensando que
será una noche hermosa y apacible”
y,
además, es vista como un signo que amenaza:
“
en la luna se formó un círculo, lo cual para los creyentes fue como un terror
a que siguieran sucediendo catástrofes”
Es una imagen que recuerda la experiencia del trauma
, el movimiento externo y el interno. La luna como símbolo histórico del
recuerdo de este hito.
Lo Humano
El terremoto también moviliza el intento de control de la naturaleza.
Pero esta vez la intención de precisión y de exactitud no resulta posible ya
que las confusiones rodean a la información, el impacto real del movimiento no
puede ser medido, las comunicaciones quedan bloqueadas, este fenómeno se escapa
de las manos. En muchos relatos se intenta precisar con exactitud el grado con
que se manifestó el Terremoto, intento que, al leer las crónicas en conjunto,
deja en evidencia el amplio margen de la confusión. Este intento fallido de
precisión nos refleja la imposibilidad humana de controlar el acontecimiento;
la necesidad de control, precisión y exactitud como forma de mantener la
seguridad, de acabar con la incertidumbre:
“…con una intensidad de más o menos 6 a 7…”
“…con la intensidad 6,8 -7 en la Escala de
Mercalli.”
“…fue
un terremoto grado 7,5…”
“…un
Terremoto grado 8 en la escala de Mercalli…”
“…un
movimiento sísmico grado 8,6…”
“…fue grado 8,7 en la escala de Richter…”
“…un devastador Terremoto grado 8 a 9 en la
escala de Mercalli…”
“…se había vivido un Terremoto grado 9…”
“…un Terremoto grado 9 a 10…”
“…de características de Terremoto de grado
10…”
“Hasta
el día de hoy poseemos la duda sobre el grado del Terremoto hipócrita. En la 1º
instancia 6,8, otros medios de comunicación informaron hasta el grado 10.”
La confusión se vio agravada por el aislamiento que ocasionó el
Terremoto a los ya tan aislados sectores rurales. Es en este sentido que la
incertidumbre aumentó y, de esta manera, el evento se tornó más inabordable y
menos comprensible aún:
“se cortaron las comunicaciones y los caminos de acceso, lo
que generó mayor confusión en los organismos encargados de prestar ayuda de
emergencia”
La Solidaridad
En medio de este evento, del pánico y del miedo, de la certeza de la
superioridad de la naturaleza por sobre el control humano, aparece el altruismo,
el amor por la vida y por los demás. En este momento, cuando se está entre la
vida y la muerte, es cuando se acude a la más vital reacción humana de unión:
“varios
vecinos nos reunimos para darnos fortaleza unos con otros, el panorama era
desolador, la destrucción, la desesperanza y el miedo nos sobrecogían”
“todos tratábamos de reunirnos en patios, calles, etc.,
ayudarnos y socorrernos mutuamente y tratar de comunicarnos con nuestros
familiares”
Estas crónicas y este análisis fueron realizados hace ya más de dos años.
En ese momento la idea era aportar en la validación de la experiencia como
forma de ayudar a la elaboración colectiva; además de aportar en la construcción de la memoria histórica, posibilitando
el conocimiento y la comprensión de este evento a las futuras generaciones. Se
pensaba realizar una publicación de las 45 crónicas acompañadas de este análisis,
con el fin de ser devueltas a quienes las escribieron; era devolver la fantasía
común a grupos que se encontraban
separados por kilómetros los unos de los otros. Finalmente me parece que eso no
se realizó.
En ese momento, mientras trabajaba para el programa de emergencia, el
tema en que pensaba permanentemente era el de los traumas colectivos y su
elaboración. Particularmente pensaba en el trauma vivido en septiembre de 1973
en nuestro país; pensaba en la rabia que generaba para los habitantes
del Limarí la confusión en el grado del terremoto, lo que me hacía pensar en
todas las confusiones y en la desinformación que existió en Chile posterior al
11 de septiembre de 1973 y en lo que eso generó.
También
pensaba en los diferentes
significados que adquiere el daño en quienes viven un desastre natural y en
quienes viven un desastre social; ya que en el primer caso la responsabilidad del desastre y del daño es de la naturaleza misma y no de la
mente humana como en el segundo caso.
Este trabajo permaneció guardado por más de dos años y lo volví a
leer el día que me re-encontré con algunos de los que eran mis compañeros de
grupo operativo cuando me fui y que me preguntaron por el terremoto. No me
parece que sea casual que hayan sido ellos los que me apoyaron para que yo
presente este trabajo, creo que de alguna manera estaban implicados en mi
partida, yo pertenecía a ese grupo y faltaban tres sesiones para que terminara
cuando me fui.
Finalmente, el derrumbamiento de las torres gemelas me motivó a retomar
este trabajo. El punto en común entre ambas historias es el derrumbe; sin
embargo lo que se derrumba en ambos casos es muy diferente. Sólo una imagen: dos grandes torres construidas con materiales
modernos, las más altas del mundo versus esas pequeñas casas construidas con
adobe, muchas de ellas por sus mismos habitantes.