UNA
VEZ
MÁS
LO
INSTITUYENTE
Y
LO
INSTITUIDO.
ELEMENTOS
PARA
UN
ANÁLISIS
PRELIMINAR
DE
DOS
EXPERIENCIAS
ESTUDIANTILES
El
objetivo de este texto es una invitación a reflexionar sobre las nuevas formas
de organización del poder llamado instituyente dentro del marco de estructuras
de relación ya instituidas (Castoriadis, 1976). Esta reflexión se desarrollará
comenzando por una previa contextualización histórica para luego mostrar dos
experiencias de estas nuevas formas de organización y terminar en una reflexión
en torno a las posibilidades de estas
nuevas fuerzas.
1. HISTORIA
En la segunda mitad del siglo XX una serie de cambios comienzan a gestarse. Se
incorporan nuevas modalidades de producción en las empresas, se aceleran los
procesos productivos, y al mismo tiempo se diversifican, centrándose en la
figura abstracta del consumidor. Comienza un salto tecnológico radical: la
informática y la tecnología digital, en general, implican una cambio en las
formas de trabajo. Ya nunca más el obrero industrial clásico, de la grasa y el
tornillo; ahora, por la misma dinámica de la especialización creciente
producto de la expansión de espacios de producción y consumo antes
desconocidos, los trabajadores son altamente calificados, es decir, el trabajo
se torna cada vez menos físico y cada vez más cognitivo. El progresivo
socavamiento de las instituciones de la modernidad clásica, y su reducción a
la pura formalidad, expresan el salto tecnológico existente.
La
caída del muro de Berlín, como lo fue la toma de la Bastilla en otro momento
de la historia, marca,
probablemente, la entrada a la nueva era: la entrada del nuevo poder
global. No “globalización”, sino “poder global”, aunque a los nuevos
demócratas no les agrade el término. Una sociedad burocrática, altamente
tecnológica y capaz de administrar la subversión por medio de la tolerancia
represiva ya señalada por Marcuse. Una sociedad que ejerce la dominación de
manera compleja,
altamente diversificada y que tecnológicamente coloca en los expertos el
nuevo lugar del dominio.
El
poder global, que es al mismo tiempo diversificado y centralizado, es un poder
que tolera la diversidad para anularla en su efectividad. La diversificación y
la preocupación de la burocracia mundial, por los aspectos subjetivos y
diversos de sus consumidores, antes que ser un indicador de la apertura de
mayores espacios democráticos, es la identificación de la democracia, libertad
y diversidad a la dominación. La misma sociedad actual se puede exhibir como la
dictadura de la democracia. La diversidad, la tolerancia, la democracia, han
resultado ser, en la práctica, las nuevas y más eficaces formas
de dominación.
En
este contexto, en que la tolerancia, antes que permitir la discusión, la
previene, en que la diversidad se administra localmente desde el merchandising,
en que la democracia, al fin, se reduce a la pura formalidad de ciertas
instituciones que no funcionan, es importante preguntarse sobre el carácter que
pueden asumir ciertas “nuevas” fuerzas instituyentes, ante el poder
instituido.
Sin
embargo esta pregunta no puede plantearse sin pensar que las instituciones clásicas
presentan un progresivo socavamiento. La pérdida del contenido regulador que
las caracterizaba, expresa el desplazamiento de sus funciones. Si bien la
legalidad de las instituciones clásicas se mantiene -en términos puramente jurídicos
y formales-, su función ha sido desplazada hacia otras y nuevas instancias del
nuevo poder burocrático. Véase que ocurre con lo que podríamos calificar de
Educación vía Internet, con el concepto de la empresa como una gran familia,
etc.
A
modo análogo, el Imperio Romano, fue socavado progresiva e inversamente
proporcional a la llegada del cristianismo al poder. La coexistencia entre la
institucionalidad del Imperio y el cristianismo, al mismo tiempo que destruyó
el poder del emperador, elevó a los cristianos al poder. Otra analogía
posible: el surgimiento de la burguesía en su coexistencia con la monarquía,
con instituciones formales que perduraron hasta que la burguesía logra la
conquista del poder político. Asimismo, hoy el poder burocrático coexiste con
las viejas instituciones creadas por la burguesía, eliminando su contenido, el
cual es transferido hacia otras formaciones sociales. Esta analogía permite
mostrar cómo las mencionadas “crisis” de la institucionalidad clásica,
antes que “crisis” expresan el proceso de institucionalización de nuevas
formas de poder. El llamar “crisis” a esta situación, no nos deja ver el
proceso de institucionalización de nuevos poderes, como nos señalaran Lourau y
los llamados institucionalistas. En este sentido, si el poder burocrático
implica un salto radical respecto de las anteriores formas de dominio, la
pregunta entonces es por las alternativas. ¿Cuáles
son las alternativas de organización de las fuerzas instituyentes en la época
del poder burocrático? A continuación mostraremos dos movimientos
instituyentes surgidos entre el año 2000 y el 2001 que, en la práctica y para
los fines de la presente exposición, se asemejan: El movimiento de estudiantes
secundarios, ACES, y el movimiento de estudiantes de la escuela de Psicología
de la Universidad Diego Portales.
LUCHA
En una de las tantas
ediciones del diario “El Mercurio” en esos buenos domingos, la ministra de
Educación Mariana Aylwin se molestaba con la asamblea de estudiantes
secundarios, ACES, puesto que éstos no tendrían representantes, y más aún,
decían que cada uno se “representaba a sí mismo”. Es a propósito de este
discurso, que hemos desarrollado las dos experiencias, puesto que el decano de
la escuela de Psicología y su cuerpo directivo repitieron la misma “queja”
contra la organización estudiantil.
Mariana Aylwin se quejaba de la falta de organización que según ella,
existía en esta asamblea. Asimismo, terminaba diciendo que dado que no existían
representantes estudiantiles, se confirmaba el hecho de que “eran solo niños”.
Pues bien, hemos de recordar que el país siguió sigilosamente las
manifestaciones de los secundarios, las calles fueron lluvias de piedras,
malestar, y los microbuseros por su lado, se exponían a la opinión pública
(que siempre es más pública que opinión) como los salvadores de una situación
sin salida, mientras tanto violaban y alzaban sus pasajes al más cruel
arbitrio. Los chicos del ACES, no estaban para bromas: no les habían entregado
el pase escolar del año anterior y los microbuseros querían que éstos pagaran
por uno nuevo. A pocas luces, esto era un robo, un robo con palabras solidarias
de los microbuseros y del gobierno, pero un robo al fin. El movimiento
estudiantil, recordemos se dividió: existía un movimiento mas ligado al
oficialismo y al parlamento juvenil y por otro lado el ACES. Los primeros
pensaban que se podía llegar a algún acuerdo respecto de los pasajes, los
segundos sabían que cualquier acuerdo
era la perpetuación del robo sufrido por el pase escolar. Aparece, sin
hacerse evidente, una división interna al interior de los mismos estudiantes:
lo instituido como nueva opción al interior de una posición que busca
cuestionar algo del orden dominante.
El ACES, se constituyó en una organización diversificada. En las
manifestaciones, perdía uno y salía otro, las decisiones se tomaban desde
asambleas que surgían espontáneamente en los distintos liceos o escuelas de la
capital. Los líderes del ACES no estaban jurídicamente proclamados, ni por
campañas, carteles o registros electorales: los “portavoces” se constituían,
simplemente, desde la dialéctica de los grupos mismos. El sistema rotativo al
interior de la organización entregaba movimiento constante al grupo, producía
“democracia efectiva”, por medio de las asambleas, lo cual a los ojos del
poder instituido externo aparecía como un caos total: no había representantes,
cada día cambiaban quienes iban a conversar con las autoridades, el movimiento
instituyente estallaba en las calles, en el pensamiento, en los medios de (in)
comunicación. Por supuesto, el poder instituido, infantilizó, como acostumbra,
las acciones estudiantiles, sin embargo, por cada infantilización del sistema,
una nueva manifestación hacía temblar las flaquitas piernas de la ministra. Al
respecto, es importante lo siguiente: si bien el ACES, surge en una coyuntura
muy particular, su acción se despliega de modo universal, puesto que cuestiona
a las instituciones clásicas: la “democracia representativa”, se ha
convertido en una “representación de la democracia”, pero no en la
democracia efectiva. Ellos revelan la complicidad de ésta con el totalitarismo
del poder global. Es decir, ACES cuestiona, la misma “democracia” que la
institucionalidad dice encarnar.
Un
año antes, en una Universidad de alto prestigio, un grupo de estudiantes de
izquierda (sin militancia) ganó las elecciones de Centro de Estudiantes. La
meta de este grupo era la disolución misma y la efectividad en la participación
de los estudiantes al interior de la escuela y la Universidad. En este sentido,
las primeras acciones de este Centro de Estudiantes, fue el hacer asambleas. Es
decir, por primera vez en la historia de la escuela de psicología de esta
Universidad, los estudiantes decidían permanentemente sobre sus acciones, desde
asambleas periódicas. Antes, las asambleas se habían constituido en la
coyuntura precisa, sin embargo, ahora se las planteaba como uno de los medios
posibles sobre los que se quería construir una acción estudiantil. Otro
detalle no menor: fue el primer Centro de Estudiantes que no tuvo cargos fijos,
tal como los establecía el reglamento estudiantil que, por supuesto,
no estaba redactado por estudiantes. La cuestión era pasar de ser
alumnos a ser estudiantes. El “diagnóstico”
con el cual se llevó a cabo el proyecto del nuevo Centro de Estudiantes
era el siguiente: la dictadura aplastó a todas las instancias de participación;
ahora el poder burocrático las administra y tolera, en tanto su poder negativo
logra ser anulado. En general, el despliegue de las asambleas, fueron in
crescendo: progresivamente más y más discusiones y personas se
integraban a las asambleas. Así, por ejemplo, en las asambleas comienza a
hablar personas que nunca habían hablado, a escribir en el muro aséptico, se
montan obras de teatro, se escribe poesía, es decir, en general, un movimiento
instituyente, construido a partir de las asambleas, comenzaba a tomar fuerza y
forma. La gota que rebalsó el vaso, sin duda fue el despido de un gran profesor
de la escuela. Esto movilizó, a una mayor cantidad de personas, y al mismo
tiempo a resoluciones más drásticas: se organiza una marcha a “Casa
central”, en conjunto con otras escuelas y la Federación de Estudiantes. Al
final, todo termina en un Paro de estudiantes. Por primera vez en esta
Universidad surge un Paro, de cuatro días, pero un Paro al fin. El poder
creador de Eros, lo instituyente,
parecía erotizar todo aquello que había estado desexualizado. Los
estudiantes, ya no eran alumnos, se habían constituido, quizás por vez primera
en Sujeto.
Lo
importante de esta breve reseña al movimiento estudiantil de esta Universidad,
es que en términos de organización interna, se asemeja a las formas del ACES,
el aspecto rotativo de su dirigencia, y su diversificada manifestación,
impugnaban directamente al poder instituido. Como el caso de ACES, el movimiento
estudiantil de Psicología cuestionaba las raíces mismas de una
institución que decía ser “democrática y pluralista”. Lo
interesante, es que los directivos, tanto del Estado, como de la Universidad, no
mienten cuando dicen que son “democráticos” y “tolerantes”, ya que
ellos han otorgado espacios de diálogo, categorías de representatividad y una
serie de posibilidades que caracterizan a una democracia representativa. Sin
embargo, lo que ocurre en ambos casos es que la institución los trasciende como
algo distinto que sus miembros: la tolerancia de las instituciones vigentes no
resiste una nueva posición que, con su práctica, venga a cuestionar algún
aspecto de ellas, con la amenaza de posibilitar elementos para su
cuestionamiento total. Las
conciencias católicas y bienintencionadas no se reconocen en la práctica que
los traiciona. En este mismo sentido, lo que cuestiona el movimiento
estudiantil, tanto como la asamblea de estudiantes secundarios, es la alienación
de la institución “democrática” en
su práctica totalitaria: la racionalidad es su propia irracionalidad, el
predominio de lo imaginario y la autonomización de las instituciones respecto
de la sociedad.
LA
LIBERTAD.
Hemos recorrido la lógica histórica del poder burocrático, y la posibilidad
de su cuestionamiento, por medio de la presentación de dos experiencias de
formas instituyentes de acción. Ahora bien, volvemos a la pregunta que da
sentido a este trabajo: ¿Cuáles son las alternativas de organización de las fuerzas
instituyentes en la época del poder burocrático? La belleza de esta
pregunta resulta de su condición histórica: su respuesta está en la práctica
misma. Probablemente, las nuevas formas de ejercicio de dominio por parte del
poder burocrático y global, dan origen a nuevas y
diversificadas formas de poder instituyente. Otros ejemplos se podrían
citar como los “movimientos antiglobalización”, o el movimiento zapatista
en México. Las formas altamente diversificadas de los nuevos movimientos
sociales, se constituyen así por un problema de realismo político, se trata de
asumir la materialidad de la historia en la época del poder global.
Ahora
bien, hasta el momento, las fuerzas instituyentes pueden hacer tambalear al
poder instituido, siempre lo han hecho. Pero la pregunta es si se puede
concertar una acción instituyente que sea al mismo tiempo universal y diversa.
La pregunta que debe quedar abierta es que tipo de acción instituyente puede
ser capaz de sostener una oposición efectiva en la sociedad que hemos descrito.
Una fuerza instituyente, que a modo de Eros, convierta a la vida en una misma
obra de arte, que erotice cada rincón del planeta humano, y supere la miseria
de la vida a que nos quiere condenar
el poder global. En que sentido las “nuevas” formas de hacer política
pueden dominar sus propios destinos y articularse como instituciones
radicalmente distintas a las que conocemos, no autónomas de la sociedad en su
conjunto, instituciones que sean capaces de superar sus burocratismos, sin
volverse en nuevas expresiones de las formas de organización tradicionales. La
respuesta está en la praxis histórica, en cual todos y cada uno somos
protagonistas.