UNA  VEZ  MÁS  LO  INSTITUYENTE  Y  LO  INSTITUIDO.  ELEMENTOS  PARA  UN  ANÁLISIS  PRELIMINAR  DE  DOS  EXPERIENCIAS  ESTUDIANTILES

 

 

CRISTOBAL DURAN ROJAS
RODRIGO KARMY BOLTON

 

El objetivo de este texto es una invitación a reflexionar sobre las nuevas formas de organización del poder llamado instituyente dentro del marco de estructuras de relación ya instituidas (Castoriadis, 1976). Esta reflexión se desarrollará comenzando por una previa contextualización histórica para luego mostrar dos experiencias de estas nuevas formas de organización y terminar en una reflexión en torno a las posibilidades de estas  nuevas fuerzas.

 

1. HISTORIA

    En la segunda mitad del siglo XX una serie de cambios comienzan a gestarse. Se incorporan nuevas modalidades de producción en las empresas, se aceleran los procesos productivos, y al mismo tiempo se diversifican, centrándose en la figura abstracta del consumidor. Comienza un salto tecnológico radical: la informática y la tecnología digital, en general, implican una cambio en las formas de trabajo. Ya nunca más el obrero industrial clásico, de la grasa y el tornillo; ahora, por la misma dinámica de la especialización creciente producto de la expansión de espacios de producción y consumo antes desconocidos, los trabajadores son altamente calificados, es decir, el trabajo se torna cada vez menos físico y cada vez más cognitivo. El progresivo socavamiento de las instituciones de la modernidad clásica, y su reducción a la pura formalidad, expresan el salto tecnológico existente.

La caída del muro de Berlín, como lo fue la toma de la Bastilla en otro momento de la historia, marca,  probablemente, la entrada a la nueva era: la entrada del nuevo poder global. No “globalización”, sino “poder global”, aunque a los nuevos demócratas no les agrade el término. Una sociedad burocrática, altamente tecnológica y capaz de administrar la subversión por medio de la tolerancia represiva ya señalada por Marcuse. Una sociedad que ejerce la dominación de manera compleja,  altamente diversificada y que tecnológicamente coloca en los expertos el nuevo lugar del dominio.

El poder global, que es al mismo tiempo diversificado y centralizado, es un poder que tolera la diversidad para anularla en su efectividad. La diversificación y la preocupación de la burocracia mundial, por los aspectos subjetivos y diversos de sus consumidores, antes que ser un indicador de la apertura de mayores espacios democráticos, es la identificación de la democracia, libertad y diversidad a la dominación. La misma sociedad actual se puede exhibir como la dictadura de la democracia. La diversidad, la tolerancia, la democracia, han resultado ser, en la práctica, las nuevas y más eficaces formas  de dominación.

En este contexto, en que la tolerancia, antes que permitir la discusión, la previene, en que la diversidad se administra localmente desde el merchandising, en que la democracia, al fin, se reduce a la pura formalidad de ciertas instituciones que no funcionan, es importante preguntarse sobre el carácter que pueden asumir ciertas “nuevas” fuerzas instituyentes, ante el poder instituido.

Sin embargo esta pregunta no puede plantearse sin pensar que las instituciones clásicas presentan un progresivo socavamiento. La pérdida del contenido regulador que las caracterizaba, expresa el desplazamiento de sus funciones. Si bien la legalidad de las instituciones clásicas se mantiene -en términos puramente jurídicos y formales-, su función ha sido desplazada hacia otras y nuevas instancias del nuevo poder burocrático. Véase que ocurre con lo que podríamos calificar de Educación vía Internet, con el concepto de la empresa como una gran familia, etc.

A modo análogo, el Imperio Romano, fue socavado progresiva e inversamente proporcional a la llegada del cristianismo al poder. La coexistencia entre la institucionalidad del Imperio y el cristianismo, al mismo tiempo que destruyó el poder del emperador, elevó a los cristianos al poder. Otra analogía posible: el surgimiento de la burguesía en su coexistencia con la monarquía, con instituciones formales que perduraron hasta que la burguesía logra la conquista del poder político. Asimismo, hoy el poder burocrático coexiste con las viejas instituciones creadas por la burguesía, eliminando su contenido, el cual es transferido hacia otras formaciones sociales. Esta analogía permite mostrar cómo las mencionadas “crisis” de la institucionalidad clásica, antes que “crisis” expresan el proceso de institucionalización de nuevas formas de poder. El llamar “crisis” a esta situación, no nos deja ver el proceso de institucionalización de nuevos poderes, como nos señalaran Lourau y los llamados institucionalistas. En este sentido, si el poder burocrático implica un salto radical respecto de las anteriores formas de dominio, la pregunta entonces es por las alternativas. ¿Cuáles son las alternativas de organización de las fuerzas instituyentes en la época del poder burocrático? A continuación mostraremos dos movimientos instituyentes surgidos entre el año 2000 y el 2001 que, en la práctica y para los fines de la presente exposición, se asemejan: El movimiento de estudiantes secundarios, ACES, y el movimiento de estudiantes de la escuela de Psicología de la Universidad Diego Portales.

  

LUCHA

    En una de las tantas ediciones del diario “El Mercurio” en esos buenos domingos, la ministra de Educación Mariana Aylwin se molestaba con la asamblea de estudiantes secundarios, ACES, puesto que éstos no tendrían representantes, y más aún, decían que cada uno se “representaba a sí mismo”. Es a propósito de este discurso, que hemos desarrollado las dos experiencias, puesto que el decano de la escuela de Psicología y su cuerpo directivo repitieron la misma “queja” contra la organización estudiantil.

      Mariana Aylwin se quejaba de la falta de organización que según ella, existía en esta asamblea. Asimismo, terminaba diciendo que dado que no existían representantes estudiantiles, se confirmaba el hecho de que “eran solo niños”. Pues bien, hemos de recordar que el país siguió sigilosamente las manifestaciones de los secundarios, las calles fueron lluvias de piedras, malestar, y los microbuseros por su lado, se exponían a la opinión pública (que siempre es más pública que opinión) como los salvadores de una situación sin salida, mientras tanto violaban y alzaban sus pasajes al más cruel arbitrio. Los chicos del ACES, no estaban para bromas: no les habían entregado el pase escolar del año anterior y los microbuseros querían que éstos pagaran por uno nuevo. A pocas luces, esto era un robo, un robo con palabras solidarias de los microbuseros y del gobierno, pero un robo al fin. El movimiento estudiantil, recordemos se dividió: existía un movimiento mas ligado al oficialismo y al parlamento juvenil y por otro lado el ACES. Los primeros pensaban que se podía llegar a algún acuerdo respecto de los pasajes, los segundos sabían que cualquier acuerdo  era la perpetuación del robo sufrido por el pase escolar. Aparece, sin hacerse evidente, una división interna al interior de los mismos estudiantes: lo instituido como nueva opción al interior de una posición que busca cuestionar algo del orden dominante.

      El ACES, se constituyó en una organización diversificada. En las manifestaciones, perdía uno y salía otro, las decisiones se tomaban desde asambleas que surgían espontáneamente en los distintos liceos o escuelas de la capital. Los líderes del ACES no estaban jurídicamente proclamados, ni por campañas, carteles o registros electorales: los “portavoces” se constituían, simplemente, desde la dialéctica de los grupos mismos. El sistema rotativo al interior de la organización entregaba movimiento constante al grupo, producía “democracia efectiva”, por medio de las asambleas, lo cual a los ojos del poder instituido externo aparecía como un caos total: no había representantes, cada día cambiaban quienes iban a conversar con las autoridades, el movimiento instituyente estallaba en las calles, en el pensamiento, en los medios de (in) comunicación. Por supuesto, el poder instituido, infantilizó, como acostumbra, las acciones estudiantiles, sin embargo, por cada infantilización del sistema, una nueva manifestación hacía temblar las flaquitas piernas de la ministra. Al respecto, es importante lo siguiente: si bien el ACES, surge en una coyuntura muy particular, su acción se despliega de modo universal, puesto que cuestiona a las instituciones clásicas: la “democracia representativa”, se ha convertido en una “representación de la democracia”, pero no en la democracia efectiva. Ellos revelan la complicidad de ésta con el totalitarismo del poder global. Es decir, ACES cuestiona, la misma “democracia” que la institucionalidad dice encarnar.

Un año antes, en una Universidad de alto prestigio, un grupo de estudiantes de izquierda (sin militancia) ganó las elecciones de Centro de Estudiantes. La meta de este grupo era la disolución misma y la efectividad en la participación de los estudiantes al interior de la escuela y la Universidad. En este sentido, las primeras acciones de este Centro de Estudiantes, fue el hacer asambleas. Es decir, por primera vez en la historia de la escuela de psicología de esta Universidad, los estudiantes decidían permanentemente sobre sus acciones, desde asambleas periódicas. Antes, las asambleas se habían constituido en la coyuntura precisa, sin embargo, ahora se las planteaba como uno de los medios posibles sobre los que se quería construir una acción estudiantil. Otro detalle no menor: fue el primer Centro de Estudiantes que no tuvo cargos fijos, tal como los establecía el reglamento estudiantil que, por supuesto,  no estaba redactado por estudiantes. La cuestión era pasar de ser alumnos a ser estudiantes. El “diagnóstico”  con el cual se llevó a cabo el proyecto del nuevo Centro de Estudiantes era el siguiente: la dictadura aplastó a todas las instancias de participación; ahora el poder burocrático las administra y tolera, en tanto su poder negativo logra ser anulado. En general, el despliegue de las asambleas, fueron in crescendo: progresivamente más y más discusiones y personas se integraban a las asambleas. Así, por ejemplo, en las asambleas comienza a hablar personas que nunca habían hablado, a escribir en el muro aséptico, se montan obras de teatro, se escribe poesía, es decir, en general, un movimiento instituyente, construido a partir de las asambleas, comenzaba a tomar fuerza y forma. La gota que rebalsó el vaso, sin duda fue el despido de un gran profesor de la escuela. Esto movilizó, a una mayor cantidad de personas, y al mismo tiempo a resoluciones más drásticas: se organiza una marcha a “Casa central”, en conjunto con otras escuelas y la Federación de Estudiantes. Al final, todo termina en un Paro de estudiantes. Por primera vez en esta Universidad surge un Paro, de cuatro días, pero un Paro al fin. El poder creador de Eros, lo instituyente,  parecía erotizar todo aquello que había estado desexualizado. Los estudiantes, ya no eran alumnos, se habían constituido, quizás por vez primera en Sujeto.

Lo importante de esta breve reseña al movimiento estudiantil de esta Universidad, es que en términos de organización interna, se asemeja a las formas del ACES, el aspecto rotativo de su dirigencia, y su diversificada manifestación, impugnaban directamente al poder instituido. Como el caso de ACES, el movimiento estudiantil de Psicología cuestionaba las raíces mismas de una  institución que decía ser “democrática y pluralista”. Lo interesante, es que los directivos, tanto del Estado, como de la Universidad, no mienten cuando dicen que son “democráticos” y “tolerantes”, ya que ellos han otorgado espacios de diálogo, categorías de representatividad y una serie de posibilidades que caracterizan a una democracia representativa. Sin embargo, lo que ocurre en ambos casos es que la institución los trasciende como algo distinto que sus miembros: la tolerancia de las instituciones vigentes no resiste una nueva posición que, con su práctica, venga a cuestionar algún aspecto de ellas, con la amenaza de posibilitar elementos para su cuestionamiento total.  Las conciencias católicas y bienintencionadas no se reconocen en la práctica que los traiciona. En este mismo sentido, lo que cuestiona el movimiento estudiantil, tanto como la asamblea de estudiantes secundarios, es la alienación de la institución “democrática” en  su práctica totalitaria: la racionalidad es su propia irracionalidad, el predominio de lo imaginario y la autonomización de las instituciones respecto de la sociedad.

  

LA LIBERTAD.

     Hemos recorrido la lógica histórica del poder burocrático, y la posibilidad de su cuestionamiento, por medio de la presentación de dos experiencias de formas instituyentes de acción. Ahora bien, volvemos a la pregunta que da sentido a este trabajo: ¿Cuáles son las alternativas de organización de las fuerzas instituyentes en la época del poder burocrático? La belleza de esta pregunta resulta de su condición histórica: su respuesta está en la práctica misma. Probablemente, las nuevas formas de ejercicio de dominio por parte del poder burocrático y global, dan origen a nuevas y  diversificadas formas de poder instituyente. Otros ejemplos se podrían citar como los “movimientos antiglobalización”, o el movimiento zapatista en México. Las formas altamente diversificadas de los nuevos movimientos sociales, se constituyen así por un problema de realismo político, se trata de asumir la materialidad de la historia en la época del poder global.

Ahora bien, hasta el momento, las fuerzas instituyentes pueden hacer tambalear al poder instituido, siempre lo han hecho. Pero la pregunta es si se puede concertar una acción instituyente que sea al mismo tiempo universal y diversa. La pregunta que debe quedar abierta es que tipo de acción instituyente puede ser capaz de sostener una oposición efectiva en la sociedad que hemos descrito. Una fuerza instituyente, que a modo de Eros, convierta a la vida en una misma obra de arte, que erotice cada rincón del planeta humano, y supere la miseria de la vida a que nos quiere condenar  el poder global. En que sentido las “nuevas” formas de hacer política pueden dominar sus propios destinos y articularse como instituciones radicalmente distintas a las que conocemos, no autónomas de la sociedad en su conjunto, instituciones que sean capaces de superar sus burocratismos, sin volverse en nuevas expresiones de las formas de organización tradicionales. La respuesta está en la praxis histórica, en cual todos y cada uno somos protagonistas.

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