- Formación Grupal en la Escuela de
Terapia Corporal
- La
formación grupal en la Escuela de Terapia Corporal (E.T.C.),
entre
los años 1994 y 1997
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- Carolina
Lillo Contreras
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Terapeuta Corporal
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- Debo
decir que no me ha sido fácil preparar estas palabras, han pasado muchos años
desde que pasé por la experiencia de formación en la Escuela de Terapia
Corporal. He tenido que hacer una reconstrucción (de lo aprendido), por lo
mismo la inclusión de ciertos aspectos puede ser arbitraria.
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- Me
referiré brevemente a la Escuela de Terapia Corporal, para dar cuenta del
contexto en que se da esta formación grupal.
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- La
Escuela en esos años, esta recientemente funcionando, se abre en 1992 con
el objetivo de impartir la carrera de Terapia Corporal (T.C.) como única
oferta en términos académicos. Es una escuela pequeña, privada, sin
reconocimiento del Ministerio de Educación; cosa que en un principio
tampoco era de interés; posteriormente se hicieron algunos esfuerzos por
acceder a ese reconocimiento, pero no fructificaron.
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- En
su segundo año de funcionamiento, 1993, incorpora a la malla curricular,
grupo operativo, como un ramo más. Me parece también que es en ese mismo año
que se incorpora el psicoanálisis. Tengo entendido que esto surge como una
necesidad que la institución detecta luego de un año de estar entregando
la formación.
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- También
entiendo que es justamente ese año, 1993, en que varias corporalistas de la
Escuela, incluida la Directora, comienzan a formarse como coordinadoras de
grupo operativo, siendo parte de la primera generación de la Escuela
Pichoniana.
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- A
partir de 1993 se mantiene estable por varios años (luego se modifica, pero
desconozco como fue ese proceso que termina con el cierre de esta formación)
una estructura en la malla que se compone de 3 áreas: lo corporal (me
refiero a las distintas disciplinas corporales: feldenkrais, gimnasia
consciente, eutonia, musicoterapia, rolfing), psicoanálisis – grupo
operativo (G.O.) y anatomía.
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- Debo
aclarar que la Escuela se caracterizó por tener movilidad en la malla, se
hacían modificaciones incorporando y eliminando ramos.
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- Otro
aspecto particular es que los cursos eran pequeños, y el curso era el
grupo. En mi generación entramos 10, pero antes que terminara el primer
semestre éramos 8. Egresamos 8, aunque no las mismas. Un grupo integrado
por mujeres. En la Escuela la mayoría éramos mujeres. La formación de
terapia corporal era grupal.
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- Esta
formación se daba durante 4 años en horario vespertino, 3 veces a la
semana, con 2 clases cada día, una de ellas
siempre era de trabajo corporal (alguna de las disciplinas que
mencioné antes). Cada clase era de 1 hora y media
(2 horas pedagógicas de 45 minutos).
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- Con
respecto al encuadre de las sesiones de clases corporales:
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- Las
distintas disciplinas corporales distinguen claramente un espacio para la
vivencia y un espacio para la palabra dentro de cada sesión.
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- Indistintamente
de qué disciplina se tratara, se utilizaba una hora para la experiencia
propiamente corporal y la última media hora para verbalización de la
misma.
- Se
trabaja sin zapatos en una sala alfombrada, el suelo es un soporte muy
importante, habitualmente hay sólo cojines sobre el piso, se trabaja con
música, la luz es
indirecta, se usa ropa cómoda, es decir que no impida, ni limite el
movimiento y la respiración. Según el tipo de trabajo que se vaya a
realizar se incluyen elementos como globos, aros, pelotas, cañas de bambú,
telas, castañas de la india, instrumentos musicales, cojines de dimensiones
específicas, papelógrafos, lápices, greda, etc.
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- Es
importante señalar que el trabajo corporal puede tener instancias de
trabajo en parejas, individual y grupal, dentro de una misma sesión.
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- En
lo corporal se trabaja a través de consignas. A través de la palabra se señalan
las partes del cuerpo, se hace un recorrido por este, se precisan aspectos
anatómicos, se indica un movimiento pautado, se propicia la exploración de
otros movimientos, etc.
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- Esto
conlleva que el terapeuta no es modelo para un movimiento determinado, su
herramienta es la consigna. Se privilegia así que el movimiento surja
internamente y no como imitación de otro (un modelo externo) al que tendría
que seguir.
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- El
trabajo corporal es una aproximación al cuerpo distinta a lo habitual. Es
entrar en un contacto sensible, con uno y con el otro.
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- Permite
reconocer al cuerpo como un territorio propio (asunto no menor y nada
obvio). Permite des-enajenar el cuerpo que siempre es social, que siempre es
normado, que es relativo a la cultura en que estemos insertos, que registra
la historia de socialización del sujeto.
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- A
partir de la vivencia corporal se revela, entre otras cosas, nuestro patrón
postural, nuestros movimientos estereotipados, y lo que eso conlleva en la
dimensión emocional y afectiva.
- Se
abre un espacio a la “escucha” de nuestras necesidades, nuestros
limites, angustias, placer, tensiones, de cómo nos estamos viviendo, de cómo
nos relacionamos con el otro, etc. Es decir el trabajo corporal revela mucha
información de nosotros mismos.
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- Simultáneamente
se aprende a “escuchar” el cuerpo del otro. Por una parte entonces, se
desarrolla la autoobservación en un trabajo de percepción bastante
exhaustivo, al tiempo que se desarrolla la observación del otro, implica un
reaprendizaje (a través de la mirada, el tacto); se aprende a mirar y se
aprende a tocar. Es un aprendizaje que va hacia adentro, hacia un espacio de
interioridad y que desde esa interioridad va hacia fuera, hacia el otro y el
grupo.
- Se
valida la vivencia como una forma de aprehender las distintas disciplinas
corporales. Es decir, necesariamente estamos en un proceso de investigación,
donde el objeto de estudio somos nosotras mismas.
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- Esto
trae bastante complejidad para situarse en el lugar de alumnas que muchas
veces se confunde con el lugar de paciente. En cierta medida hay que
transitar permanentemente por ambos, cuando estamos en la experiencia
corporal estamos por una parte dejándonos vivir con nuestro cuerpo y con
las compañeras dicha experiencia, y por otra, estamos aprendiendo de la técnica
correspondiente, del método de esa técnica, de la forma de aproximarse a
la conciencia corporal de esa técnica.
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- A veces era difícil
salir de las sensaciones en que quedábamos inmersas para llevarla a la
palabra.
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- Fue
un proceso de integración el ir del cuerpo a la palabra. Así como también
ir y venir de la percepción de uno mismo a la percepción del otro.
Observar- observarse, escuchar- escucharse y viceversa
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- El
trabajo corporal para la formación de terapeuta corporal trae mucho
movimiento interno, surge bastante material de las clases corporales, hay
una intensidad emocional que, por momentos, dificulta el pensar. Como ya se
dijo en la Escuela se privilegia lo vivencial, se da gran importacia al
proceso, a la subjetividad, a la experiencia.
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- De
esta forma, varias veces el espacio de formación se tornaba regresivante,
en el trabajo grupal predominaban las depositaciones, era difícil abordar
la tarea de esclarecimiento, surgían las antipatías, las alianzas, surgían
los obstáculos epistemofílicos, el trabajo de discriminación se hacia difícil.
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- Hay
un momento en que necesito entender qué me ocurre con la experiencia, no sólo
vivir la experiencia. Ligarla con mi historia, ubicarla en un contexto.
Comienza a surgir la necesidad de un espacio terapéutico individual. Me
empieza a parecer éticamente indispensable que sea una condición para toda
formación que pretenda trabajar con procesos terapéuticos con otros. Es
difícil pensar que alguien que no ha vivido un proceso terapéutico propio
pueda ubicarse en el lugar de terapeuta (aunque todos sabemos que hay
bastante de eso).
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- Con
respecto a la formación en procesos grupales, teníamos el espacio de G.O.
propiamente tal y en el ramo de terapia corporal se adaptó un dispositivo
similar.
- Sobre
la inclusión de G.O. se puede señalar que durante los 3 primeros semestres
es un grupo de esclarecimiento, cuya tarea es trabajar sobre lo que nos pasa
con la formación como terapeutas corporales en la Escuela. Como se puede
suponer de lo antes expuesto, material hay bastante, a veces demasiado.
- El
G.O trabaja en sesiones de hora y media, una vez por semana, con un
coordinador y un observador rotativo. Este observador rotativo es una
integrante del grupo que se va ofreciendo voluntariamente de sesión a sesión,
de manera que todas pasemos por ese lugar. La modalidad, como se conoce, es
que registre los contenidos de la sesión, para que 15 minutos antes de
terminar, entregue una devolución. En este caso, comienza por dar cuenta de
cómo se ha sentido durante la sesión y que ha pensado. Después lee lo que
ha registrado, mientras el coordinador le señala algunos emergentes para
subrayar, y luego, en una segunda lectura, lee sólo los emergentes.
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- Los
contenidos que llevábamos al G.O tenían que ver con las distintas
asignaturas, los profesores, la escuela como institución, la dirección, lo
que nos ocurría con todo esto de estar formándonos como terapeutas
corporales, prácticamente todo era pertinente, nuestras historias
personales por supuesto. El G.O por momentos se inclina bastante hacia la
dimensión terapéutica.
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- Los
3 semestres siguientes, el G.O. cambia de tarea, comenzamos a aprender de la
técnica, se introduce la lectura de textos,
el coordinador es el mismo, el observador sigue siendo rotativo.
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- El
rol del observador es un aprendizaje que vamos haciendo sin darnos mucho
cuenta, llega un momento en que el coordinador ya no subraya los emergentes
y comienza a ser labor de la observadora de turno. Lentamente nos vamos
apropiando de este rol, aprendiendo a estar en ese lugar dual en que se
pertenece, por esa sesión, al equipo coordinador y al mismo tiempo se
pertenece al grupo de participantes.
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- Estamos
aprendiendo a escuchar lo implícito en el discurso.
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- Con
el cambio de tarea aparecen cuestionamientos.
Por ejemplo, la diferencia de hacer G.O sin texto y con texto. Sentimos que
el texto deja fuera la posibilidad de hablar de lo que nos pasa. Pasará un
tiempo para leer el texto a través de uno mismo, hacerlo pasar por uno.
Dando pie a la asociación libre.
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- El
último semestre el G.O cambia nuevamente de tarea, trabajamos sobre lo que
nos ocurre con nuestras prácticas y la proximidad del egreso de la Escuela.
Esta vez también cambia el coordinador. Continuamos con la modalidad de
observador rotativo.
- Como
se podrá observar el G.O. nos
acompaña durante toda la formación como terapeutas corporales, y es el único
“ramo” que permanece cada semestre hasta egresar.
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- Me
gustaría destacar que tanto en el aprendizaje de la formación grupal como
en el de terapeuta corporal, los ribetes terapéuticos son insoslayables,
necesariamente quedaremos implicados en el proceso de adquirir este nuevo
conocimiento.
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- Son
espacios en que se develan nuestros estereotipos, nuestras repeticiones,
donde se hace imposible permanecer intocados. En
“El Proceso Grupal”, Pichón
– Rivière (2001) dice:
- “Cuando
varias personas se reúnen en un grupo, cada miembro proyecta sus objetos de
fantasía inconsciente sobre varios miembros del grupo, relacionándose con
ellos según esas proyecciones, que se patentizan en el proceso de
adjudicación y asunción de roles”, (pág. 194).
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- Es
poco probable que se participe en un grupo operativo, o en un grupo de
trabajo corporal, ya sean de formación o no, y que el participante no se
modifique de algún modo. Son procesos de cambio.
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- En
terapia corporal trabajamos con la atención sobre nuestro cuerpo, con la
atención en la relación con el otro, nos modificamos, nos resistimos a
esas modificaciones, podemos volver a los patrones de movimiento conocidos,
luego podemos dar un nuevo giro en esos mismos patrones, en otro
acercamiento consciente, con paciencia, respetando el propio ritmo. En G.O
nos tocamos con las palabras, con las miradas, las palabras pueden ser ruido
para resistir al cambio, pero también pueden estar llenas de sentido.
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- En
el G.O ponemos el propio material a disposición del trabajo grupal. En
“El Proceso Grupal” Pichón – Rivière
nos aporta tres conceptos al respecto: la verticalidad, la horizontalidad y
el portavoz. La verticalidad como lo
referido a la historia personal del sujeto;
la horizontalidad en cuanto al proceso actual que se cumple en el aquí
y ahora en la totalidad de los miembros y portavoz
como el miembro del grupo que en un momento denuncia el acontecer grupal,
las fantasías que lo mueven, las ansiedades y necesidades de la totalidad
del grupo. Habla por todos, en él se conjugan la verticalidad y la
horizontalidad grupal (pág.158 Op.Cit.).
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- El
G.O en la Escuela de T.C no era fácil, como ya dije asistíamos a clases 3
veces por semana, en esos días nos veíamos en distintos tipos de espacios
de aprendizaje. No me he referido aquí a las clases de anatomía ni de
psicoanálisis que tenían otra metodología, (expositiva-participativa).
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- El
G.O era coherente con el interés de la formación de la Escuela de T.C de
integrar pensar y sentir. Desde lo corporal primaba lo perceptual; muchas
veces se sentía como algo total, suficiente, se idealizaba lo corporal, había
una ilusión de completud, de satisfacción, de poder prescindir de la
palabra. Esto lo entiendo y me lo explico, en parte, como una saturación de
lo recibido como educación formal en las instituciones que imparten educación
en este país; donde la razón, lo intelectual tiene un espacio hegemónico
para acercarse al saber como si fuera el único modo de hacerlo. Donde el
sujeto queda borrado como tal y se vive como un recipiente, pasivo.
- Donde
a nadie se le ocurriría preguntar por el sentir de este sujeto frente al
nuevo conocimiento.
-
- Desde
lo corporal nos estabamos dando cuenta que teníamos algo muy valioso y muy
querido: nuestro cuerpo. Nos estabamos apropiando de nuestro sentir,
validando nuestra subjetividad.
-
- Desde
este nuevo lugar lentamente se fue articulando una nueva palabra, una
palabra más conectada con la emoción. Quisiera sólo enunciar que era
mediados de los 90’, bastante reciente era la “democracia”, cerca
estaban aún los años de mordaza que todos conocemos, se puede decir que
hablar era un ejercicio reciente…habían sido años de condicionamiento:
de ocultar lo que se piensa, de disociar lo que se siente, que no se fuera a
notar que tengo opinión, ocultar la diferencia.
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- Paulatinamente con los
espacios de verbalización de cada disciplina corporal y el G.O. la palabra
dejó de sentirse como un quiebre, como la responsable de perder algo, cosa
que sucedía en un principio. Hablar nos ponía de manifiesto las
diferencias entre nosotras y eso se hacía intolerable. La palabra se hizo
necesaria, portadora de un orden, posibilitó organizar la información que
surgía en las distintas disciplinas corporales enseñadas, permitió
instrumentalizar aquello que nos pasaba, convirtiendo la vivencia en una
herramienta para intervenir.
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- Finalizando
lo expuesto, creo que el proyecto académico de la E.T.C era un desafío
importante considerando el peso que tienen las dicotomías como cuerpo –
mente o individuo – grupo.
-
- Era
un proyecto que requería más tiempo para poder desarrollarse; considero
que no es fácil reunir distintos campos conceptuales como lo corporal, lo
terapéutico, lo grupal.
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- Introducir
el desarrollo de lo corporal en un ámbito terapéutico, en este contexto
social, dónde escasamente la terapia tradicional tiene cabida y algún
grado de legitimación, no deja de ser bastante duro. Me refiero a que aún
no se entiende ni siquiera que los procesos terapéuticos toman tiempo y se
pretende, por ejemplo, que en cuatro sesiones la persona este bien.
-
- Todavía
el concepto de salud se restringe a la salud física y todos conocemos las
disociaciones con que se aborda; aún falta tiempo para legitimar la
intervención en salud mental.
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- De
esta forma, en Chile la E.T.C fue una apuesta ambiciosa, considerando el
contexto sociopolítico; innovadora en cuanto a enriquecer la concepción de
terapia, la concepción teórica con respecto al cuerpo como soporte del
cambio; lugar desde el cual se pueden superar o dejar en evidencia los obstáculos
epistemofílicos.
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- Queda
pendiente desarrollar otros temas al respecto:
- 1.
El cuerpo como primer soporte del yo.
- 2.
El proceso constitutivo del sujeto como un proceso inacabado.
- 3.
La discriminación con su componente de angustia.
- 4.
La aparición de los aspectos indiscriminados del yo en los procesos
grupales y en el trabajo corporal.
- 5.
Y porqué no, los prejuicios asociados a la T.C..
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- Referencias
Bibliográficas:
- Pichón
– Rivière, Enrique (2001). “El Proceso Grupal”, Nueva Visión, Buenos
Aires Argentina.
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- Santiago,
15 de Mayo de 2004.
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